Jadeít había bajado a comer junto a Likán y Káeli.
–¿Qué te parece la comida? –preguntó Jadeít.
–No la he probado aún, pero realmente se ve buena.
–Muy bien, a propósito, ¿sabes cuándo vendrá Lyontari?
–No lo sé, debe estar bañándose actualmente, pero realmente no sé cuánto se tarde.
–Bueno, esperemos que no tarde.
Por su parte Lyontari estaba, en efecto, terminando de bañarse. Salió con una toalla y se fue a su habitación para secarse, tras eso se puso la misma ropa... Sí, él no es la definición de hombre que cuide mucho su apariencia, Jadeít por su parte se había sentado a la mesa al igual que Likán. Ella buscaba crear una plática con Káeli mientras llegaba Lyontari.
–Dime, Káeli, ¿qué tan bien manejas tu magia? –preguntó Jadeít.
–Pues, conozco varios hechizos, aunque sinceramente nunca tuve una gran educación mágica para el combate si es a lo que se refiere –respondió Káeli.
–Comprensible. Estuviste en un reino ajeno donde, como un civil cualquiera, no necesitarías usar la magia para combatir.
–Sí, solo aprendí a usar hechizos comunes –respondió Káeli.
–¿Sabes lo que es un arma mágica entonces? –le preguntó Jadeít.
–Jamás había escuchado de ellas.
–Lo supuse –le sonrió Jadeít. –Las armas mágicas son armas, sí, pero son forjadas netamente de magia.
–Creo que puedo crear una espada así usando mi magia.
–No, no, no..., la espada que creaste esa vez que peleamos no es una espada mágica, es solo una espada creada con magia, pero no deja de estar hecha de acero, no de magia.
–¿Y qué ventajas tiene un arma así? –indagó Káeli.
–Una espada así te permite realizar hechizos y sacar el máximo potencial de tu magia. El arma es diferente por cada tipo de magia, incluso si son magias mestizas.
–Eso me recuerda al Sacro Cetro, ¿tiene algo que ver? –preguntó Káeli.
–Sí, sí, em..., el Sacro Cetro es el arma de armas, el arma suprema de la magia, la magia de seis reyes, que solo puede usar el sultán –respondió Jadeít.
–Claro, porque cualquier niño que nazca con las 6 magias, por la maldición, morirá, solo el sultán no será afectado, al no nacer con esa combinación de magia.
–Quizá podría enseñarte a usar una, pero como tienes magia del aire, necesitarás aprender también a crear esa arma y fusionarlas, si no, será inútil.
–¿A qué se refiere? –preguntó con mucha curiosidad Káeli.
–Lo malo de tener dos magias, es que las armas solo se pueden formar con la combinación de todas las que poseas, a Likán le costó mucho por eso mismo.
–Entiendo..., supongo que será igualmente complicado para mí poder dominarla.
–El proceso es diferente para todos, hay personas talentosas en todas sus magias que tardan poco y otras que tardan más –dijo Likán.
–Eso es cierto también –confirmó Jadeít. –Ahora que lo pienso..., no te pregunté de dónde sacaste tu magia real.
Káeli no había pensado en aquella posibilidad, pero entonces recordó la leyenda del rey Fayr Cáonder, una donde el rey dejaba bastardos y después un hombre decide hacerse cargo del hijo bastardo y criarlo.
Káeli estaba pensando usar esa historia, pero se dio cuenta que no podría debido a que los reyes del aire la mayoría estaban muertos hace años en todo el mundo, lo que significaba que debía inventar otra excusa. Pensándolo detenidamente, finalmente llegó a una historia más decente.
–Mi padre tenía mi misma magia quien estuvo con mi madre, quien tenía la magia del aire, no sé si fue su abuelo o bisabuelo quien se juntó con un plebeyo dando como resultado a mi padre o abuelo. Lamento no tener respuestas concisas para vuestra merced, pero mi padre murió hace tiempo antes de poder preguntarle todo mi árbol genealógico, así que no lo sé.
–Interesante... tu sangre casi ha quedado intacta, incluso después de cuatro generaciones. Curioso sin duda –dijo Jadeít. –A propósito, no es necesario que me hables de vuestra merced, técnicamente eres casi una reina.
–Oh, está bien, ¿pero no le importa si igualmente le hablo de usted?
–No, está bien, nos conocemos desde hace muy poco de todas formas –responde Jadeít volteando a ver al techo.
–¿La habré molestado? –se preguntó Káeli notando que había algo que parecía estarla estresando.
Lyontari estaba bajando las escaleras dirigiéndose al comedor.
–Vaya, finalmente has llegado –dice Jadeít.
–Buenos días, Lyontari –dijo Likán.
–Buenos días, dormilón –le dice Káeli.
–Buenos días a todos –dijo Lyontari mientras se sentaba en la mesa del comedor.
–Bueno, ya que todos estamos presentes, ¿comemos? –preguntó Jadeít.
Todos apoyaron la propuesta de Jadeít y comenzaron a probar la comida. Todos quedaron realmente satisfechos y muy gustosos, Likán sabía cocinar muy bien.
Una vez que terminaron todos de comer y dar gracias por la comida, se pararon de la mesa y comenzaron a retirarse de la torre para empezar el viaje. La carroza en este caso era jalada por caballos, por ende llegarían en menos tiempo del que tenían previsto Káeli y Lyontari.
Durante el viaje no hablaron mucho, había un silencio bastante incómodo, hasta que llegaron a una casa algo apartada de la ciudad, donde se escuchó a lo lejos a alguien gritando.
Unos policías estaban arrestando a un hombre que parecía normal, pero aun así, no solo lo tenían esposado si no además se veía que lo habían golpeado. Todos pusieron su mirada sobre aquel acontecimiento. Likán iría deteniendo a los caballos.
–¿Por qué lo están arrestando así? –preguntó Lyontari.
–Vos ya has ido preso, ¿acaso no lo hicieron así contigo? –le preguntó Káeli a Lyontari.
–Sí, pero no a ese grado, solo me arrestaron, mas nunca me golpearon así.
–Es un endemoniado –respondió Likán.
–¿Un endemoniado? –preguntó Káeli desconcertada y volteando a ver con detenimiento a la persona. –A mí me parece una persona normal.
–Ahora lo parece, pero hace tiempo reportaron que en esa casa se practicaba la magia negra, por lo que solo era cuestión de tiempo –respondió Likán.
–Oh..., vaya... –dijo en voz baja Káeli.
–Eh, Káeli –diría Lyontari acercándose a la oreja de esta. –¿Qué es la magia negra?
–Espera, ¿qué? ¿Cómo es posible que no sepas qué es la magia negra? –le preguntó Káeli.
–Te recuerdo que yo no fui a la escuela, así que realmente no sé muchas cosas –le respondió Lyontari.
–La magia negra es un tipo de magia especial, poderosa como ninguna otra y muy peligrosa –interrumpió Jadeít.
–¿Como las armas mágicas? –preguntó Káeli.
–No, esto va más allá –Jadeít le corregiría. –La magia negra es aquella que nace de la invocación de los poderes del mal, de un demonio.
–¿Pero cómo es posible que alguien pudiese invocar a un demonio? ¿No está consciente de las consecuencias? –preguntó Káeli.
–No sería la primera vez, ni tampoco la última, ahí tienes el libro de ‹La estrella del alba cayó a la obscuridad› de ejemplo.
–Cierto...
Jadeít estaba a punto de hacerle una pregunta a Káeli cuando un sujeto empezó a gritar a lo lejos. Lo que sea que fuese a preguntar, quizás sería otro día o se les olvidaría.
–!ⲁⲛⲩⲏ ،ⲇⲁⲥⲁⳊ¡ –gritó una persona a lo lejos.
Conforme la persona se acercó lo pudieron identificar mejor: sus rasgos faciales eran muy similares a los de Lyontari, vistiendo una chaqueta roja y pantalón de mezclilla azul grisáceo junto a unos zapatos de vestir y camiseta blanca de fondo; sufría de heterocromía con el ojo izquierdo de color verde y el otro rojo; su cabello era pelirrojo natural, aunque tenía una barba de color rubio claro.
–¿Qué? –exclamó Lyontari quien pareció reconocer al sujeto, aunque no parecía estar muy emocionado por verlo de nuevo.