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7. Cenagal

La Coroneta · por Mahonesa · 09 de septiembre de 2026

Likán estaba a punto de volver a hacer que los caballos empezasen nuevamente a caminar cuando un tipo empezó a gritar a lo lejos.

–!ⲁⲛⲩⲏ ،ⲇⲁⲥⲁⳊ –gritó una persona a lo lejos.

Sus rasgos faciales son muy similares a Lyontari, vestía una chaqueta roja y pantalón de mezclilla azul grisáceo junto a unos zapatos de vestir y camiseta blanca de fondo, sufría de heterocromía con el ojo izquierdo de color verde y el otro rojo, su cabello era pelirrojo natural, aunque tenía una barba de color rubio claro.

–¿Qué carajos? –Lyontari parecía reconocer al tipo, aunque no parecía estar muy emocionado por verlo de nuevo.

El extraño se acercó más entonces, parecía querer acercar su rostro hacia Lyontari, pero este no parecía corresponder. –؟ⲁⲣⲩϭⲉⲁⲧ ⲫⲉⲁⲔ –él le preguntó, pero Lyontari no parecía hacerle caso en lo más mínimo. –⸮ⲁⲣⲁⲃ ⲛⲁⲙ ⲓⲫ ⲁⲕⲇⲣⲩⲕⲁⲉ ⲕⲁⲗ ⲩⲕⲁⲣⲭⲩⲉ ⲙⲁⲃⲩⲢ –preguntó el sujeto.

–!ⲁⲗ ⲓⲃⲁⲧⲗⲁⲉⲂ –respondió Lyontari algo molesto.

Sea lo que sea que el tipo le hubiese dicho, parece haber molestado a Lyontari, aunque al otro solo lo dejó confundido.

–¿Pero por qué entonces, Qasad? Nosotros siempre fuimos buenos compañeros, ¿acaso ya no lo recuerdas? –le dijo a Lyontari el tipo finalmente en arini.

–Eso ha quedado en el pasado.

–Claro, claro, lo vi en las noticias: «Profugo de la justicia, tras haber sido finalmente atrapado, fue tomado como esclavo durante un mes para pagar los daños causados»; aunque viendo en el lujoso carro en el que andas, sinceramente creo que me encantaría tener tu mismo trato.

–Esto es humillante, en realidad.

–Claro, claro... De todas formas no entiendo porqué no quieres que me conozcan ellos.

–Porque eres un prófugo de la justicia y en cierta forma quiero dejar eso en paz, además, podrían encerrarte.

–Nah. Yo también he comenzado a dejar esas viejas mañas. Ahora estoy en cooperación con la policía para que me retiren ciertos cargos –logró llamar la atención de Lyontari, haciendo que lo viese firmemente.

–Espera, ¿fuiste vos acaso el que trajo a estos policías a apresar a ese hombre?

–Así es, pero no te confundas, él es un brujo, sin duda alguna, pero no fue por eso, yo solo ayudé a capturarlo por estar involucrado en un caso completamente secreto en el que me pidieron ayuda.

–Pues me alegro por ti...

–Gracias. Así que..., por favor, salúdame bien –acercó el sujeto su cabeza hacia Lyontari.

Lyontari esta vez sí le hizo caso por lo que juntó su nariz con la de él de forma amistosa.

–Mucho mejor. ¿Y acaso no nos vas a presentar?

–Sí, claro... –Lyontari se devolvería hacia Káeli, Jadeít y Likán. –Él es un viejo amigo de mi tierra natal en el Reino del Fuego, del Estado de Masristán. Su nombre es «ⲯⲁⲫⲁⲚ» (Nafakh) o «Gǒguma» en arini –le dijo Lyontari a los presentes en el carro presentando a su amigo.

–Mucho gusto –diría Gǒguma a todos.

–Igualmente –responderían todos.

–En fin, creo que tengo que apresurarme o la policía va a pensar que hui. Nos veremos luego –Gǒguma se fue corriendo hacia la policía con el preso.

–Bueno, eso fue muy... raro... –dijo Káeli.

–Lamento lo que tuvieron que oír, sinceramente, no me agradó nunca mucho ese sujeto.

–No te preocupes –respondió Jadeít. –En fin, creo que ya es momento de partir nuevamente, ¿no lo crees, Likán?

–Sí, así lo creo yo también –diría Likán quien iba a decirles el arre a los caballos, cuando nuevamente hubo una interrupción.

A lo lejos, detrás de ellos, estaba corriendo una chica albina con ojos violetas quien estaba corriendo rápidamente hacia ahí. Ella se acercó hacia Likán.

–Eh, vos, dime una cosa, ¿se llevaron a la persona que vivía en este sitio?

–Sí, así es, hace un momento se lo llevaron hacia allá, ¿por... –diría Likán para detenerse por recibir un golpe en el estómago de la chica con un palo.

–Gracias y eso es por tu tonto cabello, ¿quién se tiñe el cabello así de horrible? –la chica salió corriendo en dirección hacia donde los policías se llevaban al tipo que ayudó Gǒguma a capturar.

–¿Pero qué le pasa a esta tipa? ¿Me ha visto cara de piñata para darme de palazos? –preguntó Likán un poco adolorido por el golpe.

–No te quejes tanto, has recibido peores golpes. Solo avancemos –dijo Jadeít.

–Sí, vuestra merced –él intentó calmarse mientras se sobaba la cabeza.

Likán hizo avanzar nuevamente a los caballos dirigiéndose a su destino nuevamente. Lyontari por su parte se quedó con una cara de asombro al ver a la chica, parece ser que también la conocía, esto solo lo notó Káeli, pero prefirió no decir nada ya que Lyontari no parecía estar cómodo con hablar de su pasado.

Durante el transcurso del viaje, Jadeít se preguntaba porqué la chica iría tras alguien como un brujo, ¿acaso ella estaría involucrada de alguna manera? Estuvo un rato preguntándoselo hasta que por curiosidad, decidió que quería ir y averiguarlo.

–Likán, ¿podemos hacer un desvío temporal? –le preguntaría Jadeít.

–¿A qué se debe?

–Tengo curiosidad de saber cuál será el destino del brujo al que apresaron, ¿no habría problema de tiempo si nos desvíamos a ver?

–Nos sobra algo de tiempo, así que creo que podemos hacer ese pequeño desvío y llegaríamos a tiempo.

–¿A ti no te molesta, verdad? –le preguntaría a Káeli.

–No, para nada.

Dicho eso, Likán puso en rumbo la carroza hacia la prisión donde se le estaba haciendo un interrogatorio al supuesto brujo. Tardaron unos cuantos minutos, pero finalmente llegaton. Los guardias hicieron una reverencia apenas vieron a Jadeít y les permitieron pasar sin hacer preguntas.

Dentro de las instalaciones los cuatro avanzaron hasta la sala donde se hacía el interrogatorio. Evidentemente no podrían interferir, pero podían ser espectadores. Al parecer, el sujeto conocido como «Sviti» no estaba siendo interrogado tanto por el uso de magia negra, sino específicamente por utilizarla para estar organizando un ataque hacia el gobierno.

–Muy bien. ¿No quiere confesar? –preguntó el oficial.

–No tengo nada que confesar, ¡yo no he hecho nada malo! –exclamó Sviti.

–Encontramos indicios de que querías crear una bomba voladora con magia negra para, probablemente, atacar la torre de la reina Jadeít.

–Eso no es cierto, ni siquiera soy mago, es imposible que pueda usar algún tipo de magia.

–Eso es verdad, eres incapaz de producir tu propia magia, pero hemos encontrado evidencias suficientes como para sospechar que estás usando una dragonites para fabricarla artificialmente.

–¿Qué? Yo no dispongo ningún tipo de gema. Algo así es muy difícil de conseguir a menos que mates un dragón y dudo mucho ser capaz de hacer eso.

–Vos no, pero –el oficial sacó un retrato de él junto a la chica albina de antes –te vimos con ella, ¿sabías que es la hija de Ÿiros, uno de los opositores al gobierno?, y no solo eso, sino que ella en específico es conocida por ser la más grande cazadora de dragones por sus gemas de la actualidad, ella es tu fuente de dragonites.

–Yo no sabía eso. Apenas la conocí y ayudé porque se encontraba triste por la muerte de su padre reciente.

Ante aquellas palabras Lyontari se sintió muy mal. No podía creer que una persona que recientemente había visto hubiese fallecido.

–¿Ÿiros? Lo dudo..., pese a no ser un mago, él estaba más que preparado para cualquier enfrentamiento, especialmente con su dragonites: el Ametrino Incandescente –dijo el oficial dudando de la afirmación de Sviti.

–Es verdad lo que digo... Fue asesinado y encontrado en su taberna que estaba cerca de aquí, parece haber ocurrido en la madrugada.

Lyontari entonces recordó a la tipa tan sospechosa que vio Káeli aquella vez en la madrugada que se iban. Sin saberlo, ese día, sería el último que verían a Ÿiros. Lyontari se apartó de la habitación quien se sentía muy abrumado por la noticia. Káeli lo siguió. Ella entonces se acercó a él intentando compartir su tristeza.

–¿Crees que ella haya sido? –preguntó Káeli con una voz apagada.

–Probablemente... –puso su mano sobre su cabello mientras veía al techo. –No, ¡estoy seguro que fue esa maldita! –se estaba frustrando por la situación.

–Lyontari, cálmate –intentó acercarse.

–¿Cómo voy a calmarme? –apretó los dientes. –¿Sabes acaso lo importante qué era él para mí?

–No, no lo sé y sé que jamás podré comprender tu dolor al cien por cien, pero... creo poder saber lo que es perder a alguien que quieres –ella lo miró a los ojos. –¿Por qué crees que lo hayan hecho?

Lyontari bajó su cabeza hacia el suelo y tras haber pensado un poco los posibles escenarios por los que habrían atentado contra su vida, tomó un poco de aire y empezó a hablar nuevamente.

–Ÿiros era un gran tipo, amable y no juzga a nadie por su origen, habilidad, sexo, raza o gustos; es el tipo al que todo el mundo agrada, aunque tenga un humor algo negro.

–Lo sé, no suena a alguien que lo hubiesen matado además de alguien del gobierno.

–Exactamente. Aquel día, la tipa que vimos parecía llevar una ropa muy rara, pero me atrevería decir que era una especie de ropa militar.

–¿Pero hasta tal punto de matarlo? Él tenía algunas ideas en contra del gobierno, pero no creo que haya realizado ningún atentado.

–En eso te equivocas en cierta forma, Káeli –se recostó sobre la pared. –Hay algo que no te conté y está relacionado con él y Gǒguma.

–¿Qué cosa?

–Cuando yo llegué a este reino, Ÿiros fue para mí como un padre. Él nos enseñó a mí y a Gǒguma diferentes maneras de robar, estafar y fugarse para de esta manera poder sobrevivir en un reino como este y aunque nunca me sentí orgulloso de lo que hacía, siempre agradecí que él se esforzase en ayudarnos a mejorar y alimentarnos sin compromiso.

–Eso explica por qué nos dejó dormir en la taberna.

–Sí..., pero además de eso, él también participó en múltiples robos, pero sobre todo, este en varias ocasiones se encargó de dañar imágenes del gobierno como protesta a las injusticias que vive la gente de su clase.

–Oh, ya veo..., aunque me parece igualmente una razón horrible para matar a una persona, ¿por qué no solo se lo llevaron preso?

–Personas como él están en una situación así. Él es extranjero, igual que yo, pero además no posee magia, ambas cosas son repudiadas en este reino, pero sobre todo lo último, hay un odio tan grande por ello, que muchas veces creen que pueden tratarlos como animales, sin darles algún tipo de derecho.

–Qué horrible...

Por su parte en el interrogatorio parecía ser que Sviti estaba logrando algunos avances en comprobar su inocencia.

–Yo no usé magia negra, es tecnología.

–¿Así que confiesas haber creado una bomba, pero sin magia negra, sino con un líquido negro al que llamas petróleo, un tipo de combustible?

–Sí, pero yo no creé esa bomba para atacar al castillo.

–¿Entonces para qué?

–Yo..., bueno..., quiero construir un cohete para viajar a la Mûn –bajó la cabeza Sviti.

Aquel comentario despertó el interés total sobre la reina Jadeít, ella se dio cuenta de lo importante que era lo que el chico intentaba hacer realmente.

–¿Un cohete dices? ¡Por favor! Ya se ha intentado miles de veces llegar a la Luna con magia y solo ha resultado en fracasos colosales, ¿te crees que me voy a creer una mentira semejante a esa?

–No es una mentira. Estoy intentando crear a base de petróleo un impulso constante para poder salir de la atmósfera. Hemos fracasado porque hemos usado magia, pues esta agota el cuerpo físico de una persona al ser usada de forma constante, sin embargo, con un recurso natural tan abundante como lo es el petróleo, podríamos llegar a las estrellas.

–Pues a menos que consigas a alguien que confirme lo que estabas realizando, no creo que vayas a salir de aquí.

Jadeít no se contuvo de ninguna manera y entró en la habitación sin permiso. –Disculpe, tengo algo que decir al respecto.

Jadeít mintió para que dejasen salir al chico, afirmando que ella había visto también los lanzamientos y aseguraba jamás haberlo visto con la hija de Ÿiros. Una vez que dejaron salir al chico, Jadeít y los demás se reunieron algo lejos de la prisión donde sorpresivamente se encontraba la hija de Ÿiros.

–¡Ẇulpes! –dijo Sviti al verla.

–¿Cómo lograste que te dejasen salir?

–La princesa Jadeít fue quien me ayudó. Convenció a los oficiales y así pude salir –volteó hacia Jadeít. –Muchas gracias nuevamente, vuestra merced

–No hay de qué.

–No le des tanto crédito, solo hizo lo correcto... –dijo Ẇulpes.

–Aun así, de no ser por ella, yo no estaría aquí –le respondió Sviti. –Vamos, no toda la gente que tiene magia tiene que ser una interesada o mala persona.

–Sí, supongo... No eres tan mala como pensé –dijo Ẇulpes volteando a Jadeít. –Incluso... quizás podríamos ser amigos si este mundo fuera más justo. Muchas gracias, no olvidaré esto que hiciste –comenzó a retirarse y Sviti la siguió.

–¿Pero qué se cree esa mocosa? –preguntó Likán.

–Está bien. Gente como ella ha sufrido mucha discriminación, por lo que suelen estar siempre a la defensiva.

–Claro... –diría no convencido del todo Likán. –¿está segura de lo que hizo, vuestra merced?

–Por supuesto. Como te dije... la ciencia es nuestro futuro para alcanzar las estrellas. Veo en él un futuro brillante y confío que esto dará sus frutos algún día.

Káeli oyó las palabras de Jadeít y se sorprendió por aquello, nunca pensó que una persona como la reina podría ser tan compasiva con los "paganos".

–Ella parece ser sensata... Quizás... –pensaba Káeli si ella sería capaz algún día de entender que ella no buscaba matarla, hasta que comenzó a recordar todo lo que vivieron el primer día.

Lyontari notó lo pensativa que estaba así que llamó su atención. –Ey, ¿qué es lo que tanto piensas? 

–Nada... una tontería imposible –respondió Káeli y se dirigió al carro.

 

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