Jadeít, Likán, Lyontari y Káeli volvieron nuevamente a su viaje hacia Poli de Emeralda. Káeli y Lyontari esperan poder vivir ahí, o en alguna ciudad cercana, mientras que Jadeít quiere ir a su observatorio, sin embargo, debido al contratiempo que se tuvo al comenzar el viaje, se estaba haciendo tarde y finalmente, la noche cayó. Likán detuvo los caballos cerca de una laguna que estaba en el bosque y comenzó a poner un campamento para dormir. Lyontari por su parte inició una fogata.
–!ⳋⲇⲣⲓⲧⲯⲀ –exclamó Lyontari y los leños que había puesto ardieron. –Maldición… –dijo mientras movía su mano rápidamente.
Káeli notó que Lyontari se había quemado con su propio hechizo. –¿Estás bien?
–No te preocupes por esto, es normal…
–¿No deberías intentar controlar el fuego primero para evitar quemarte?
–“¿Oh, en serio?”
–Solo digo que deberías intentar mejorar tu control del fuego antes de hacer otro hechizo. –Káeli frunció el ceño.
–¿Y cómo se supone que haré eso? Lo dices porque tu magia no te quema al usarla.
–Sí, mi magia no me quema, pero… mover la tierra o rocas contra la fuerza de la gravedad, no es algo tan sencillo. –Káeli se quedó pensando en silencio. –Yo creo que deberías comenzar intentando crear figuras con las ascuas que salen del fuego, la parte más superior del fuego.
–Ya lo he intentado… simplemente no sirve. –baja la cabeza Lyontari. –No entiendo qué es lo que hago mal.
–Bueno…, quizás aún no hayas entendido la naturaleza mágica del fuego, por así decirlo.
–¿A qué te refieres? –volteó a verla Lyontari.
–Bueno…, Jadeít dijo algo de entender la magia para poder crear un arma mágica, algo que ya se hace para para poder lanzar hechizos, pero… por lo regular la gente a veces lo aprende por sí sola, es algo prácticamente natural, tanto que a veces ignoramos que nuestra afinidad no lo es todo.
Lyontari se quedó en silencio pensándolo y entonces se dirigió a Káeli. –¿Te pasó alguna vez a ti?
–De hecho…, sí, muchas veces. –ella comenzó a hacer memoria. –Mis profesores me ayudaron mucho con la magia del aire, pero con la magia de la tierra y del metal fue otra historia.
–Entiendo… Me sorprende que hayas logrado aprender por ti sola.
–Soy buena siendo autodidacta, aunque no niego que me ayudaron mucho los esfuerzos de mis padres por enseñarme lo que sabían, no importa si fue mucho o poco.
–Creo que puedo entenderlo. –Lyontari volteó hacia otro lado y mientras el silencio se apoderaba del lugar cambió de tema. –A propósito, ¿por qué cuando Jadeít pregunta algo por lo regular solo toma en cuenta tu respuesta?
–Supongo que es porque eres mi esclavo: Los esclavos no tienen derecho a opinar.
Lyontari exhaló de frustración mientras veía el fuego –Sí, supongo que tienes razón…
Káeli se le quedó viendo a Lyontari, notando su tristeza. –Venga, no te pongas así… Antes de que acabe el mes serás libre nuevamente.
–Sigue siendo igual de horrible… –respondió insatisfecho Lyontari; Káeli suspiró y se quedó en silencio sin saber qué decir. –Creo que por eso es que existe esta alternativa para pagar tus deudas con la sociedad…, pocas personas personas aceptarían tomarla.
–Te arrepientes de esto, ¿entonces?
–No lo sé… –puso su mirada entre sus piernas. –Solo espero que esto acabe rápido.
Káeli volteó hacia el fuego, no le gustaba ver a Lyontari así, entonces pensó que quizá hacerle una pequeña broma le subiría el ánimo. –Sí, mientras tanto deja de estar tan triste, de hecho… ¡es una orden! –dijo Káeli, apuntándolo con su dedo.
–¿Qué? –volteó a ver a Káeli confundido. –No puedes ordenarme algo así.
–No, pero… si no lo haces, ¡te castigaré con comer una docena de pastelillos!
Lyontari no pudo evitar soltar una risa. –¿Se supone que eso es un castigo o un premio?
–¡Sí, porque serán superdulces! ¡Cuando las caries empiecen a brotar comenzará el verdadero castigo!
Lyontari solo se rio más. –Si así van a ser tus castigos ya no voy a saber si realmente quiero volver a ser libre o no.
–¿A poco sí? –dijo Káeli con una sonrisa. –¿No te da miedo que en algún momento me aproveche de mi posición?
–No creo que seas capaz de algo así, por eso fue que acepté ser tu esclavo.
Oír aquel comentario a Káeli le hizo sentir una pequeña calidez en su pecho, pero no podía dejar ganarle el juego a Lyontari. –No deberías subestimarme, Lyontari.
–Oh, en serio, ¿y si no qué? –la miró retadoramente.
Káeli le devolvió la mirada y se acercó a él tranquilamente. –Kedayte ẏet –conjuró Káeli y Lyontari se quedó inmóvil.
–¿Eso es todo? –preguntó Lyontari sin perder su confianza.
–No, eso solo sería el comienzo… –se encorvó hacia él y puso sus manos rodeándolo. –Porque una vez que estés así… –lo tomó del mentón y le habló de cerca. –estarás a mi completa merced, Qasad –Lyontari no había perdido su sonrisa aún, pero el rubor que se hizo presente en su rostro le confirmó a Káeli que había conseguido lo que quería; le sonrió y se apartó. –Han sey libra.
Lyontari pudo sentir como podía mover sus manos nuevamente y apartó la mirada. –Está bien, vos ganas, pero no vuelvas a hacer eso. –pidió Lyontari.
Káeli soltó una pequeña risa y entonces cambió el tema. –A propósito, ¿qué piensas hacer una vez que se acabe tu contrato?
–Pues tengo que ayudarte a conseguir un trabajo, ¿recuerdas?
–Sí, pero… cuando ya hayas hecho eso, ¿adónde irás?
–Bueno…, la verdad, no lo sé…
–Supongo que te irás…
Hubo un silencio solo interrumpido por el sonido de la leña quemándose en aquel momento.
–Káeli, yo… –quiso decir Lyontari, pero Káeli lo interrumpió.
–No tienes que sonar amable, sé que quizá te parezca molesta y solo estés conmigo por compromiso, así que cuando tengas que irte, puedes hacerlo sin problemas. –se levantó y caminó hacia el bosque.
–Yo no dije eso… –dijo Lyontari en voz baja por lo que Káeli no escuchó.
Lyontari se puso a observar el ardor del fuego, intentaba pensar en aquellas palabras que ella le había dicho.
–Pues si me hace falta entender el fuego para controlarlo, probablemente nunca lograré controlar el fuego. –pensaba. –Pero supongo que si no lo intento, jamás podré entenderlo…
Lyontari intento seguir el consejo de Káeli, ya lo había intentado miles de veces, siempre salía mal y, de hecho, al principio, el fuego se le empezó a descontrolar, pero poco a poco se dio cuenta de algo muy obvio que nos había notado.
El fuego es la materia ardiendo, si lo tocas, siempre buscará una salida, por lo que si quería controlarlo, pero poco a poco veía cómo cada vez más conseguía controlar las ascuas del fuego, formando figuras cada vez más complejas. Lyontari estaba muy emocionado, él durante toda su vida había soñado con este día, ¿finalmente quizás podría controlar el fuego al fin?
Lyontari tenía que ir y enseñárselo a Káeli, pero recordó que no había vuelto, se le hizo muy raro, ¿qué tanto podría estar haciendo? Se desesperó de esperar que su amiga volviese, por lo que se levantó y fue en busca de ella al bosque donde no había señal alguna de su presencia.
–¡Káeli! ⸘Dónde estás‽ –gritó lo más fuerte que podía sin conseguir ninguna respuesta.
Lyontari caminó por el bosque donde lo único que lo alumbraba era la Mûn en una de sus primeras fases y que había empezado a ser cubierta por una nube. Lo único que veía Lyontari eran pinos y más pinos.
Estaba caminando cuando, finalmente, la vio: Káeli estaba ahí sentada en una roca sin moverse en lo absoluto. –¡Káeli! ¡Me tenías preocupado! –se acercó furioso hacia ella. –⸘Estás escuchándome‽ –preguntó al ver que ella no parecía inmutarse.
Lyontari siguió sin tener respuesta alguna de Káeli hasta que estando cerca de ella y comenzase a apartar la nube que tapaba la luz lunar fue que pudo observar con horror a su amiga: Su rostro había desaparecido y en su lugar, solo estaba su cráneo.
Lyontari gritó del susto y se hizo hacia atrás. –Káeli… ⸘Káeli, qué carajos te pasó‽ –no entendía qué estaba pasando, entonces la calavera se movió y volteando hacia él, se levantó y fue tras él. –⸘Dónde estoy‽ –corrió hacia atrás, pero se dio cuenta de que el camino por el que volvía ahora era un acantilado.
Lyontari volteó a ver a su “amiga” horrorizado de la escena de ver cómo se acercaba, él entonces lanzó bolas de fuego una tras otra hacia Káeli, pero solo la atravesaban. Lyontari no pudo más y se puso en posición fetal esperando el destino que sea que le fuese a tocar, deseando que todo lo que estuviese viviendo fuese solo un sueño cuando escuchó una sonrisa aguda a lo lejos.
Lyontari seguía algo asustado, pero al ver que no pasaba nada, subió la mirada y ya no encontró a su amiga y el camino estaba nuevamente ahí. Lyontari no entendía nada y buscándole una explicación buscó la fuente de aquella risa. Él no se esperaba ver que la fuente de aquella risa era un zorrillo con un mechón rojo en la cara.
–¿Qué es esa cosa?
–Tu mayor expectante. Fue muy divertido ver cómo estabas muriéndote del miedo, casi te orinabas en los pantalones –dijo el zorrillo rojo.
–¿Vos hiciste eso? –preguntó un poco molesto aunque aún algo asustado.
–Obviamente, ¿nunca habías visto un zorrillo rojo acaso? Estos humanos…, cada vez son más asustadizos, se nota que la falta de guerras los ha hecho unas gallinas. –se rascó con sus patas traseras el cuello.
–¡No deberías asustar así a la gente, estaba buscando a alguien importante!
–Sí, claro, Káeli supongo. La chica si no mal me equivoco está al este, no, al oeste, sí, sí.
–No me fío de ti… Iré al norte primero. –respondió Lyontari corriendo.
–Qué malagradecido, todavía que le doy las direcciones equivocadas, no me da ni las gracias…– Dijo el zorrillo rojo para después retirarse.
Lyontari estaba corriendo rápidamente hasta que finalmente la vio finalmente, Káeli estaba a lo lejos y aunque Lyontari quiso saludarla, algo le llamó la atención que le impidió hablar. Káeli parecía estar manteniendo una hoja flotando, pero no como si la moviese con el aire, no, estaba completamente quieta…ella estaba usando magia del tiempo. Káeli sintió un escalofrío de la espalda como si alguien estuviese observándola, por lo que volteó y al ver a Lyontari se asustó.
–Káeli…, ¿qué estás haciendo?
–Lyontari, eh…, solo practicaba magia del aire, intentaba mantener una hoja flotando.
–¿Y por qué la hoja no estaba moviéndose? ¿Por qué ni siquiera se sentía que estuvieses haciendo un ciclón de aire para mantenerla ahí o algún soplón? ¿Por qué parecía que estuviese… ¡parada en el tiempo‽
–Lyontari, no es lo que parece, yo solo… –quiso hablar Káeli cuando Lyontari comenzó a marcharse.
–¡No te creo nada! –comenzó a correr.
–¡No te irás a ningún lado, ni dirás nada a nadie y es una orden! –gritó Káeli activando el hechizo del contrato de esclavitud, lo que hizo que Lyontari se detuviese en seco.
–¡Maldita sea! –dijo Lyontari molesto por no poder moverse. –¡Esto está mal, Káeli, todo lo que quieres hacer está mal y por tu culpa casi me matan! ¡Si te descubren, me intentarán matar a mí también de nuevo!
–Pero yo no quiero hacer nada…
–⸘Y la profecía‽
–Yo no quiero matar a nadie, ni derrocar ninguna corona, mucho menos lastimar a Jadeít… –su voz comenzó a romperse. –Yo… solo quiero tener una vida normal… –se quedó en silencio y luego comenzó a llorar.
Lyontari la miró y se le hizo un nudo en la garganta. –¿Debería creerle? –pensaba. –¿Entonces por qué el rey Jikán dijo esa profecía sobre ti?
–Las profecías no son cien por ciento ciertas y, aun así, el futuro es lo único que se puede cambiar. Hace mucho que probablemente cambié mi destino, desde el día que viajé desde el pasado hasta el futuro, ni siquiera estoy en el mismo contexto de esa profecía… –dijo con dificultad.
–Bueno, en eso tienes razón… esa profecía debió haber sido cumplida hace siglos…
Káeli se acercó a Lyontari se quitó las lágrimas, respiró hondo y lo miró fijamente. –Lyontari, sé que apenas y nos conocemos, no sé ni con qué cara te pido esto, pero yo de verdad no quiero hacerle daño a nadie, solo quiero una vida normal…
Lyontari se quedó pensando su respuesta un momento, pero su corazón ya le había dicho hace tiempo qué creer. –Te creo –suspiró.
–¿Lo dices en serio, Lyontari?
–Puedes dejarme la sentencia de no decirle nada a nadie si quieres, pero lo digo en serio.
–Gracias…
–No me agradezcas… Volvamos al campamento con los demás.