Quizás fuera por todo lo sucedido y revelado en ese combate, pero cuando volvimos a encontrarnos con Morgan y Ami, ellos dos lucían mucho más cómodos y relajados el uno con el otro. La comerciante se acercó a nosotros y me dijo:
— Gracias por revelarme lo que Morgan guardó tantos años en su corazón, alteza. Nunca lo olvidaré.
— Ah, me alegro que… ¡Espera! ¿Me dijiste “alteza”? ¿Entonces sabes quién soy?
Ami comenzó a sonreír y yo miré a Morgan con el ceño fruncido, mientras este se excusaba diciéndome:
— ¿Qué podía hacer? Fue mi venganza por meterte en mis asuntos. Para que veas lo que se siente.
— ¡Uy! ¡Cómo te odio!
Todos comenzaron a reírse, pero luego nos callamos cuando vimos a Sansón haciendo acto de presencia en un extremo de la arena.
Jason hizo ejercicios de respiración, como si intentara relajarse por lo que estaba a punto de experimentar. Luego, se acercó a Morgan y le dijo:
— Observa cómo gano contra todo pronóstico y clasifico para la final. Estoy deseoso de enfrentarte, jefe. Ya verás que seré yo quien me alce con la victoria.
— ¡Jah! ¡Eso ya lo veremos! – dijo Morgan – pero, por ahora, solo seré un mero espectador, quien te dará todo su apoyo. ¡Suerte, campeón!
Ambos chocaron sus puños, en señal de camarería. Ami le dio un abrazo a Jason y le dijo:
— Ten cuidado, no dejes que te toque o estarás perdido.
— Descuida, princesa – le dijo Jason, mientras le daba un libero beso en el dorso de la mano – tengo un plan, si sale bien podemos salir juntos a cenar. Claro, si el jefe nos lo permite.
El presentador volvió a aparecer en escena para mencionar las reglas, como siempre. Jason se sacó su camisa a la par que Sansón, revelándose así el gran contraste que había en cada uno. Si bien Jason era delgado, tenía un cuerpo bastante trabajado, producto de tanto entrenar con el uso de diversas armas. Pero Sansón era puro músculo y fibra. Incluso su piel parecía una coraza natural capaz de repeler cualquier lanza que intentara atravesarla.
Noté que Jason sonreía con nerviosismo, pero siguió manteniéndose firme. Algunos espectadores comenzaron a murmurar entre sí y pude escuchar algunas frases como estas:
— ¿Es una broma? ¡Lo va a destrozar!
— Sé que Jason es fuerte, pero Sansón está a otro nivel.
— Creí que Jason no se presentaría. No estoy preparado para verlo sufrir en esta masacre.
Mi cabeza giró automáticamente hacia la princesa Mara, quien esta vez lucía bastante preocupada por el enorme desbalance entre ambos competidores. Pese a su orden, intuía que de verdad no quería ver a mis amigos sufrir, así es que supongo que si hay un poco de bondad en su corazón.
— ¿Están listos para el combate? – continuó el presentador - ¿Quién se llevará el corazón de la audiencia?
Todos gritaron al unísono:
— ¡Jason! ¡Jason!
Sansón gruñó y, mirando a Jason con odio, le dijo:
— Aún estás a tiempo de rendirte, chico bonito. Aunque si lo haces, decepcionarás a todos tus fans y te llamarán “perdedor” por el resto de tu patética vida.
— No te la haré tan fácil – le dijo Jason, mientras se ponía en posición de pelea – adelante, haz tu mejor golpe.
Una vez que el banderín fue bajado ante la señal del presentador, Sansón se lanzó directo a Jason, con los brazos extendidos para darle el abrazo mortal.
Pero nuestro ágil guía se hizo a un lado y consiguió esquivarlo. Dio un par de pasos por detrás y le dijo:
— ¡Lento!
Pronto, Sansón comenzó a intentar asestarle un golpe, pero por cada vez que movía sus puños hacia adelante, terminaba golpeando el aire ya que Jason seguía esquivándole y alejándose cada vez más, impidiéndole el contacto.
— ¡No huyas, cobarde! ¡Ven y pelea! – le desafió Sansón.
Jason llegó hasta el borde de la arena. Entendí sus intenciones enseguida: quería llevarlo hasta ahí para hacerle creer que estaba acorralado. Así, Sansón volvería a intentar golpearlo y Jason lo esquivaría, se colocaría en su espalda y lo empujaría fuera de la arena. Su rival sería humillado y tanto la princesa como el público estarían conformes por tal maravillosa jugada.
Pero Sansón resultó ser más astuto de lo que creíamos.
Tal como lo preví, el terrible guerrero intentó golpearlo una vez más y Jason lo esquivó, yendo a un lado y dirigiéndose directo a su espalda. Pero apenas extendió sus manos para empujarlo, Sansón dio media vuelta y lo pateó en un costado, haciendo que se deslizara por unos centímetros hasta casi caer al suelo.
Lo único que pudo hacer Jason fue protegerse con sus brazos y, por su expresión, deduje que sintió muchísimo dolor.
Sansón, sin darle chances de escapar, corrió directo hacia él y procedió a darle varios golpes consecutivos en el torso. Jason escupió sangre y comenzó a tambalear, pero siguió de pie.
Pronto, el júbilo del público se tornó en un grito de pánico y el coliseo entero se transformó en un hervidero.
— ¡Increíble! – comentó el presentador - ¡Sansón leyó los movimientos de Jason y ahora lo está destruyendo sin piedad! ¿Podrá nuestro querido ladrón escurridizo librarse de esta?
Esta vez, los puños de Sansón aterrizaron en la cara de Jason, logrando romperle la nariz y algún que otro diente. Jason, como intento de defenderse, lo sostuvo de las muñecas y se preparó para derribarlo. Comenzaron a forcejear dando media vuelta, hasta que Sansón le propinó un fuerte rodillazo en el estómago, haciendo que perdiera el aliento.
Jason soltó las muñecas de Sansón y comenzó a caer de espaldas. Como estaba al borde de la arena, era claro que quedaría fuera y sería descalificado. Sin embargo, Sansón impidió su caída sujetándole del brazo y alzándolo sobre su hombro, con la intención de llevarlo de vuelta al centro de la arena.
— Esto recién está empezando – le dijo Sansón a Jason, mientras éste comenzaba a patalear, sin éxito – Ya siento tu corazón latiendo velozmente y tu respiración desesperada, me emociona tanto como no te lo imaginas.
Lo arrojó al suelo, sin piedad, haciendo que la arena se levantara. Ami se tapó los ojos con ambas manos, mientras Morgan presionaba los puños, como un intento de contener el impulso de subir en la arena para ayudar a su compañero.
— ¡Eso fue malvado! – le recriminé a Sansón, en voz alta - ¡Estuviste a segundos de ganar! ¿Qué pretendes impedirle que caiga fuera de la arena?
Sansón comenzó a reírse por mis palabras y, luego, me dijo:
— ¿Para qué dejarlo caer, si puedo divertirme más tiempo con él impidiéndole escapar? ¡Aquí la gente viene a ver sangre! ¡Y sangre es lo que verán!
Pronto, el público comenzó a entrar en pánico, mientras Sansón seguía riéndose. La princesa Mara cerró los ojos y giró la cabeza a un costado, sintiéndose vulnerable por la situación.
Jason se puso de pie y comprobé que, además de sus heridas abiertas, sus ojos se estaban entrecerrando. Era como si luchara por no quedar inconsciente y depender de la voluntad de su combatiente.
— Aún respiro, idiota – le dijo Jason a Sansón, con una voz ronca - ¡Te advertí que no te lo dejaría fácil!
— ¡Jah! ¿Así es que al fin vas a pelear en serio, cobarde? – le señaló Sansón, con una sonrisa retorcida - ¡Ven! ¡Es tu turno de asestar tu mejor golpe! Claro, si puedes.
Jason se acercó pero, en lugar de su puño, lo que hizo fue darle una patada en el brazo derecho de Sansón. Pero ni siquiera logró moverlo ni un milímetro, por lo que exclamó:
— ¿Pero qué demonios eres? ¡Es como golpear a una roca!
— ¡Vuelve a intentarlo! – le desafió Sansón.
Jason, esta vez, dio un par de vueltas en sí mismo para tomar impulso y volvió a asestarle una patada pero, esta vez, en dirección a su cabeza. Sin embargo, Sansón lo tomó del tobillo y, de un solo movimiento, lo derribó por el suelo.
De inmediato, se colocó encima de él y le inmovilizó los brazos, detrás de su espalda. Jason comenzó a forcejear y gritar, debido a que Sansón estaba dispuesto a fracturarle los huesos de la peor manera.
Afortunadamente, logró liberarse dándole un cabezazo al mentón. Pero de poco le sirvió porque Sansón lo pateó en el estómago para, luego, tomarlo fuertemente de la nuca y forzarlo a mirarlo.
— Te dije que te haría vivir el infierno – le recordó Sansón a Jason, mientras le daba una bofetada en una de sus mejillas – debiste quedarte en casa en lugar de venir aquí, haciéndote del gallo. Pero bueno, ahora tendré diversión garantizada.
A partir de ahí, Sansón siguió golpeando a Jason sin parar, mientras un desesperado público suplicaba que alguien detuviera la pelea. Morgan estaba que hervía de rabia, sintiéndose imponente por no hacer nada para terminar con ese suplicio.
Miré fijamente a la princesa, en señal de reproche. Aun si yo mismo estoy lo suficientemente desesperado por obtener el dinero para seguir el viaje, jamás pretendí que mis compañeros terminaran formando parte de una masacre. Sé que la princesa expresó su deseo y no daría el brazo a torcer, pero todo tiene su límite. Así es que, dispuesto a volver a negociar con ella, hice amago de acercarme cuando alguien del público gritó:
— ¡Miren! ¡Lo detuvo!
Volví a mirar a la arena y, en efecto, noté que Jason logró tomar de la muñeca a Sansón, con sus dos manos, para impedirle que siguiera golpeándolo. Este quedó impresionado, ya que juraría que no le quedaban más fuerzas para siquiera intentar defenderse de su ataque.
— Se acabó, Sansón – le dijo Jason, haciendo todo lo posible por contenerle el brazo – no volverás a tocarme de nuevo.
Fue ahí que le asestó un golpe certero en la entrepierna, haciendo que lo soltara al fin.
Mientras Sansón se retorcía del dolor, Jason se alejó varios metros y extendió los brazos hacia arriba, recibiendo la ovación del público. Era todo, solo debía esperar los diez segundos rogando que Sansón no se pusiera de pie otra vez y terminaría el torneo.
Pese a todo, debido a los golpes constantes que recibió, no soportó más y perdió el conocimiento.
Durante ese lapso, Sansón se puso de pie y miró fijamente a Jason. Mientras, el presentador reinició su conteo:
— ¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho! ¡Siete! ¡Seis! ¡Cinco! ¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos! ¡Uno! ¡CERO! ¡EL GANADOR ES SANSÓN! ¡JASON QUEDA FUERA!
En lugar de aplausos, solo hubo un abucheo generalizado y algunos restos de basura siendo arrojados en la arena. Pese al repudio del público, Sansón se acercó a Jason, lo levantó con sus dos brazos hasta tenerlo por encima de su cabeza y exclamó:
— ¿Quieren más? ¿Eh? ¿Quieren más? ¡Lo partiré por la mitad si lo desean!
Fue ahí que Morgan se acercó y lo empujó, logrando tomar a Jason desmayado antes de que se estrellara contra el suelo.
Ami y yo también nos acercamos y, lo que más me sorprendió, fue que la princesa también lo hizo, en compañía de sus escoltas.
Los soldados rodearon a Sansón, apuntándolo con sus lanzas. La princesa lo miró con reproche y, con los ojos vidriosos por contener sus lágrimas, le dijo:
— Sansón, eso fue cruel. ¿Acaso no conoces la piedad?
Sansón escupió al suelo un diente que se le aflojó durante el combate, quizás producto del cabezazo que le dio Jason cuando intentó fracturarle los brazos o del puñetazo que le propinó Morgan recientemente. Luego de eso, miró con un profundo odio a quien fuera su rival y, luego, le dirigió una mirada filosa a su próximo contrincante.
Pero en lugar de dirigirle la palabra, se giró hacia la princesa y le dijo:
— Cuando gane, me recibirás en el palacio y te hare mía.
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Jason recibió varias lesiones en diferentes partes del cuerpo, perdió algunos dientes y sus costillas se fracturaron. El verlo en ese estado tan lamentable, hizo que me doliera hasta el alma.
Cuando despertó, ya se encontraba en el hospital público, siendo atendido junto con otros participantes que aun seguían recuperándose de las eliminatorias pasadas. Jason me miró con pena y me dijo:
— Lamento haber perdido. Fue más difícil de lo que esperaba.
— Si te hace sentir mejor, lograste romperle un diente… y su “orgullo” – le dije, recordando la patada que le dio en la entrepierna – seguro que con eso queda imponente y no podrá poseer a la princesa.
Jason comenzó a reír, pero luego hizo una mueca de dolor ya que tenía fracturada las costillas.
— No te esfuerces – le dijo Ami – lo mejor será que descanses. Mañana será el combate final, ahora todo queda en manos de Morgan.
Me fijé en él, quien en esos momentos reflejaba una enorme furia en sus ojos. Era como si su sed de venganza despertara a su bestia interna, tal como sucedió cuando el caballero Florián le faltó al respeto a Ami en sus narices.
Jason estiró su mano hasta tocar el puño cerrado de Morgan y, cuando obtuvo su atención, le dijo:
— Confío en ti, jefe. Sansón será fuerte, pero le falta nobleza y humildad. Sé que puedes con él, te lo aseguro.
— Lo haré – le dijo Morgan – le haré pagar todo lo que te hizo sufrir en este jodido torneo. ¡Lo prometo!