Saltar al contenido
Explorar novelas

Capítulo 6. El deseo de la princesa

La copa divina · por msolfere · 15 de agosto de 2026

Cuando salimos del coliseo, vi que la princesa Mara se estaba retirando junto con su séquito, rumbo a su castillo de cristal. Tuve deseos de hablar con ella, pero tampoco quería dejar a mis amigos dado que necesitaban de mucho apoyo moral para sus respectivos combates.

Fue ahí que escuché a Ami decirles:

      Quizás podamos dispersarnos por hoy, ustedes deben entrenar y yo tengo que revisar la herradura de Princesa.

      Si quieres, te acompaño – le dijo Morgan – Descuida, para mí cuidar de animales es equivalente a entrenar.

      Yo solo haré estiramientos – dijo Jason – Claro, después de recorre la ciudad.

      ¿Y por qué no empiezas primero con los estiramientos, Jason? – le dijo Morgan, alzando una ceja – ¿No será que planeas algo?

Antes de que Jason le respondiera, me acerqué a él, lo tomé del brazo y le dije a Morgan:

      Resulta que le pedí a Jason que me acompañara por la ciudad. Descuiden, será breve.  

Jason se sorprendió, dado que casi siempre evito estar con él. Pero tras ver que Morgan y Ami daban su aprobación, no tuvo otra opción más que ceder.

Luego de alejarnos de ellos, le expliqué mi propósito de ver a la princesa, dado que planeaba usar mis propias influencias para girar los resultados del torneo a nuestro favor. En eso, Jason me dijo:

      Bueno, me parece buen plan. Pero no entiendo para qué me necesitas, si esta ciudad es lo suficientemente segura para caminar solo por las calles.

      No es por mi seguridad – le dije – En realidad, te traje conmigo por dos motivos: uno, para que Morgan comparta tiempo de calidad con Ami y, otro, porque quiero preguntarte sobre Zack y Jully.

      ¿Por qué de pronto te interesan esos dos? – me cuestionó Jack, con una expresión de fastidio – dudo mucho que hayan ingresado a la ciudad, persiguiéndonos. Los del clan “Sombra” prefieren evitar los lugares muy poblados, por eso se mueven en lo más profundo de los bosques y montañas peligrosas.

      Bueno, verás…

Respiré hondo, ya que era algo difícil de decirlo. Pero más allá de sospechar que los del clan “Sombra” querían ajustar cuentas con Jason, podía apostar que, en realidad, apuntaban sus armas hacia mí por causa del mapa. No se los había revelado antes a mis compañeros, pero en esos momentos no había marcha atrás. Debía advertirles que aun seguíamos en peligro. Y empezaría con Jason, para medir todas sus reacciones y juzgar mejor sus verdaderas intenciones.

Tras prepararme mentalmente, le expliqué:

      La verdad es que mi confidente… digo, la rata traicionera de lord Zero, le interceptó un mapa a un miembro del clan “Sombra”, en donde mostraba la ubicación del templo que protege la copa divina. Supongo que eso no les sentó nada bien, ya que alguien más se enteró de esa secreta ubicación y logró sacarles ventaja.

      Oh, no sabía eso – dijo Jason – ¿Y aún tienes ese mapa?

      Si lo tuviera, no te habría tomado como mi guía en primer lugar – le respondí – es que le había confiado a lord Zero el trayecto, así es que él lo tenía. El problema fue que, cuando lo atrapamos en esa aldea, ninguno de los guardias encontró nada parecido a un mapa. Sospecho que lo habrá quemado, extraviado o entregado a algún otro bandido. Te cuento esto porque se ve que tienes cierta relación con ese clan y pensé que podrías saber al respecto.

      Lamentablemente no puedo ayudarte – dijo Jason, poniéndose extrañamente nervioso – no sabía que existía ese tal mapa.

      ¿Y cómo sabes dónde se encuentra ese templo?

      Bueno, eso es porque…

Jason se enmudeció, como si no estuviera seguro de contármelo. Pero tras ver mi insistencia, decidió hacer un trato.

      ¿Qué te parece esto? Si pierdo en los cuartos de final, te diré todo lo que quieres saber sobre mí y mi relación con el clan “Sombra”. Pero si gano, prométeme que te olvidarás del asunto. ¿De acuerdo?

      De acuerdo.

Cuando llegamos al palacio, los guardias colocaron sus lanzas en forma de cruz, bloqueándonos la entrada. Yo me acerqué, les mostré mi anillo y me presenté:

      Soy el príncipe Ricardo, del reino Estrella. Vine aquí para hablar con la princesa Mara de un asunto muy urgente, si es que está disponible.

Los guardias miraron fijamente mi anillo, como para asegurarse de que no fuera falso. Al final, retiraron sus lanzas y me dejaron pasar.

Jason procedió a seguirme, pero los guardias volvieron a bloquear la entrada con sus lanzas, impidiéndole el paso. Al darme cuenta de esto, les dije:

      Él viene conmigo.

      No se preocupe, alteza – dijo Jason – me quedaré aquí a esperarlo.

      De acuerdo, pero no te muevas de ahí. No me tardo.

Me sentó mal dejar a mi guía de viajes fuera, pero no tenía otra opción más que seguir las reglas de la ciudad. Todo eso para no dar una mala imagen que impidiera cualquier posible alianza a futuro entre ambos reinos.

Cerca de la entrada estaba un mayordomo quien, apenas verme, hizo una ligera reverencia y me dijo:

      Bienvenido, su alteza. Espero que haya disfrutado su estadía en Ciudad Cristal. Acompáñeme, por favor.

Lo seguí hasta llegar al trono, en donde se encontraba la princesa Mara. Su expresión era de pura serenidad y majestuosidad, el cual se acentuaba aun más con los pajes que le abanicaban el rostro con enormes abanicos hechos con plumas de avestruz.

Al estar frente a ella, la saludé con una reverencia y le dije:

      Princesa Mara, me complace que haya accedido a verme, pese a su apretada agenda. También le ruego mil disculpas por entrar a su ciudad de incógnito, pero es que tuve ciertos problemas en mi viaje y estaba ocultando mi identidad de mis enemigos. Espero lo entienda.

      Descuida, lo entiendo – dijo la princesa Mara – debió ser un viaje muy agotador y tengo muchos deseos de saber sobre sus aventuras. ¿Por qué no vamos a tomar un té en el jardín del palacio?

      Será un placer, su alteza.

La princesa y yo nos dirigimos al jardín, donde los sirvientes colocaron una pequeña mesa redonda con tazas de té y galletitas. Mientras bebíamos, ella preguntó:

      Y dime, príncipe Ricardo, ¿Cuál fue el motivo en que emprendió este viaje? Tengo entendido que su madre, la reina Luna, está gravemente enferma. ¿Fue eso lo que hizo que salieras? ¿Para buscar alguna cura de su enfermedad?

      En efecto, mi estimada – le respondí – es una larga historia y no sé si tiene el suficiente tiempo para escucharla.

      Adelante, soy toda oídos.

Fue así que le conté a la princesa Mara sobre mi emocionante aventura, de cómo me dispuse a buscar la copa divina para curar a mi madre, el ataque que sufrí por el camino de quien creí que era mi mejor amigo y cómo conocí a mis actuales compañeros de viaje. La princesa Mara quedó asombrada por mi historia y, cuando terminé, me dijo:

      En verdad has pasado por mucho, príncipe Ricardo. Pero me alegra saber que pudiste encontrar buenos aliados dispuestos a ayudarte. Entonces… ¿ellos están participando en el torneo?

      Así es – le respondí – pero estoy preocupado por sus contrincantes, escuché ciertas cosas de ellos y, la verdad, vine aquí para que me revelara cualquier información que pueda sernos útil en este combate.

La princesa se mantuvo en silencio, como si reflexionara sobre mis palabras. Al final, dijo:

      Tanto el caballero Florián como el guerrero Sansón son hombres muy ruines y vulgares, de la más baja calaña. Quizás Florián sea querido por el público, pero solo yo sé lo que es ese hombre: una persona despreciable, que se cree superior por ser de la alta sociedad y trata a sus sirvientes como perros callejeros. Por otro lado, el guerrero Sansón es la bestialidad en persona, su sadismo ha causado pesadillas hasta al más valiente del mundo y nadie quiere meterse con él. En verdad me gustaría que tus amigos los derrotaran para, así, no tener que casarme con ninguno de ellos.

      ¡Espera! ¿Qué no era que solo tendrías una cita con el ganador? ¡Nadie dijo nada de una boda!

La princesa Mara dio un ligero suspiro de fastidio, tomó un pequeño sorbo de su té y, luego, continuó:

      Cuando mi padre falleció, yo me quedé a cargo del reino y establecí el Consejo Real en esta ciudad, por su alta seguridad. Su última voluntad fue que me casara con el ganador del siguiente torneo que se celebraría luego de su muerte, ya que pensaba que solo un hombre fuerte y valiente es digno de ser mi esposo. Por supuesto, es un secreto a voces porque solo si una princesa le pide una cita a un chico, este tiene derecho de cortejarla y pedir su mano en matrimonio.

      A ver si entendí – le dije – en este reino, la forma de casarse con una princesa es si ella le pide a un chico salir en una cita. ¿Verdad?

      Así es – dijo la princesa – aquí las chicas dan el primer paso y como a mi papá le preocupaba que yo jamás pedí citas con ningún chico, pues ha decidido que mi futuro esposo sea el campeón de este torneo. Y para nada quiero que sea uno de esos dos sujetos, por eso quiero que tus amigos los derriben y se alcen con la victoria.

Me preocupé, dado que si Morgan ganaba el primer premio, tendría que casarse con la princesa. Afortunadamente, ella tuvo el detalle de aclararme lo siguiente:

      Que una princesa pida una cita a un hombre no lo obliga a pedir su mano en matrimonio. Si tus amigos no están interesados, respetaré sus deseos y los dejaré marcharse contigo a culminar su viaje. Es más, no solo se llevarán los veinte mil florines, sino también les daré un carro blindado, que resista a toda clase de disparos y ataques con balas de cañón. Pero, a cambio, quiero que me prometas que vencerán a esos dos, pase lo que pase.

      ¿Y si fallamos? – le pregunté.

      Entonces se quedarán confinados en esta ciudad para siempre, como castigo por no cumplir con las órdenes de una princesa que los dejó atravesar los muros sin siquiera anunciarse de forma oficial.

Tragué saliva, ya que sentí que metí la pata bien a lo hondo. Aunque logré hacer que la princesa mostrara su apoyo a mis compañeros, en contraposición hice que nos mantengamos confinados en ese lugar. Era cierto que mi padre podría interceder por mí para que me dejaran salir, pero el resto de mi equipo no correría la misma suerte.

Lamentablemente, no había nada que pudiera hacer. Solo era un príncipe de un reino lejano, que entró a una ciudad desconocida ocultando su identidad y buscando negociar con una princesa, de quien no sabía nada. Lo único que podía hacer era obedecer sus reglas y rezar a Dios para que nada malo nos pasara.

Me levanté, hice otra reverencia y le dije:

      Prometo cumplir con su deseo, princesa. Mis amigos se encargarán del caballero Florián y el guerrero Sansón en persona, se lo puedo asegurar.

      Gracias, príncipe Ricardo, por acceder a mi humilde petición. Ahora, si me disculpas, tengo mucho que hacer.

Salí del palacio con un sabor amargo en la boca. Pensé que, si no hablaba con la princesa, quizás las cosas podrían ser mucho mejor. Es decir, en caso de que Jason y Morgan perdieran, de igual forma podríamos salir de la ciudad en cualquier momento, aunque nuestro viaje se extendería un poco más por falta de dinero. Pero ahora estábamos forzados a ganar sí o sí para no solo obtener el premio sino, también, recuperar nuestra libertad.

Cuando me encontré con Jason en la entrada, le expliqué mi charla con la princesa. Este se quedó pensativo y, con su peculiar optimismo, dijo:

      Entiendo que la princesa no quiera saber nada de esos dos, hasta a mí me dan asco, especialmente Sansón. Así es que, independientemente de sus deseos, de igual forma sentiríamos un gran placer derrotarlos.

      ¿Y no te aterra saber que, si pierdes, te quedarás confinado en esta ciudad para siempre? – le pregunté

Jason lanzó un par de carcajadas, logrando llamar la atención de unos cuantos transeúntes. Cuando se calmó, me dijo:

      No soy como el jefe “odio a la gente” que vive en su cabaña del bosque. Por mí, no me importaría quedarme dentro de esta ciudad siempre y cuando me dejen recorrer las calles libremente y hacer lo que quiera. Y quizás, así jamás me preocupe por tener que toparme con esos dos…

Sus ojos se oscurecieron apenas al mencionarlos. Pensé que de verdad les guardaba tal rencor como para no querer pronunciar sus nombres, aunque sabía a quiénes se refería. Otra vez tuve deseos de preguntarle sobre su pasado, pero me contuve dado que quería mantener la promesa que nos hicimos antes de entrar al palacio.

Cuando llegamos a la posada, Ami ya estaba descansando en su habitación. Morgan, por su parte, nos esperaba en el carro, mientras revisaba nuestras pertenencias. Apenas nos acercamos, preguntó:

      ¿Dónde estaban? ¡Me tenían preocupado!

      Morgan, tengo buenas y malas noticias – le dije - ¿Cuál quieres escuchar primero?

      La mala, por supuesto – respondió Morgan.

      Bien. Resulta que me decidí a visitar a la princesa Mara para hacer que los resultados del torneo giraran a nuestro favor. Ella accedió a ayudarnos a cambio de que uno de ustedes dos resulte el campeón o, de lo contrario, nos confinará en esta ciudad para siempre.

      ¿Qué? – dijo Morgan, abriendo muy grande los ojos - ¿Pero por qué? ¿Qué le pasa?

      Y ahí viene la buena noticia – dijo Jason – continúa, Ricardo.

      Gracias, Jason – dije – la buena noticia es que, al parecer, ni Florián ni Sansón son del agrado de la princesa. Si los derrotamos, ella accederá a darnos no solo el premio, sino también un carro blindado para continuar nuestro viaje sin sufrir ataques sorpresas.

Morgan quedó sorprendido, ya que la idea era usar el dinero para comprar el carro y provisiones. Pero si la princesa gentilmente nos cedía uno que, aparte, resistiera las balas de cañón, tendríamos dinero de sobra para, incluso, comprarle una propiedad a Ami.

Hablando de ella, Morgan seguía preocupado de que nos escuchara desde la distancia. Lo noté cuando giró su cabeza en dirección a la ventana de su habitación. Pero como estaba cerrada, respiró aliviado y nos dijo, en voz baja:

      Tanto Ami como yo amamos la libertad. Sé que ella planea establecerse en la ciudad con su negocio, pero también quiere tener la posibilidad de volver a viajar a futuro. Si se entera de que podríamos quedarnos confinados, se preocupará más de lo que ya está. Lo mejor es no decirle nada sobre esto.

      Morgan, siento que la estás excluyendo de todo – le dije - ¿Qué tanto la va a afectar las condiciones de la princesa? Ella quiere ayudarte y se siente culpable por no hacerlo, al menos explícale lo que sientes. No hace falta dar tantos detalles. ¿No lo crees?

Morgan negó con la cabeza, pero mostró una expresión de preocupación. Al final, con una voz muy triste, nos dijo:

      Ella me dedicó toda su vida, fui un incordio para su carrera como acróbata y, a medida que me cuidaba, la edad le pasó factura y ya no pudo actuar nunca más. Fue por eso que decidí dejar el circo, para que triunfara sin tener que estar pendiente de mí en todo momento.

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a msolfere en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: Corona de flores rojas · El Clamor de Libertad del Mundo que Perdí · 𝐻𝒶𝓈𝓉𝒶 𝓁𝒶𝓈 𝑒𝓈𝓉𝓇𝑒𝓁𝓁𝒶𝓈