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Capítulo VI - Dalia

La Balada del Cuervo Negro - Parte 1: Tras la pista de un silbido - Terminado · por Alexander L. Caserez · 21 de julio de 2026

Dalia se quedó inmóvil, presa de sus pensamientos. Pensó que quizás había usado las palabras equivocadas.

O quizás solo debía de sincerarse más con Zinnia.

—Cómo odio tener que lidiar con estas cosas —susurró en voz baja.

Comenzó a caminar siguiendo a Zinnia.

Saliendo por la puerta principal, la vio. Las vio.

Estaban sentadas, Zinnia no podía ni ver a la pequeña a los ojos, sin embargo Pandora no parecía entender del todo, o simplemente no le importaba mucho. No se veía afligida, parecía normal.

—Bueno... quizás hacer esto sea más fácil de lo que pensé —se dijo Dalia a sí misma en voz baja.

Se acercó a ambas, podía escuchar murmurar a Zinnia.

Pandora volvió a ver a Dalia, no parecía molesta o triste, estaba tranquila.

—Hola —dijo Pandora mientras hacía un saludo con las manos.

Movía sus pies de un lado para el otro mientras estaba sentada, la banca estaba un poco alta para su estatura, sus pies no alcanzaban del todo a tocar el suelo.

—Hola.

Zinnia no dijo nada.

—¿Cómo estás? —extendió su mano hacia ella.

—Eres Pandora, ¿verdad?

Asintió con la cabeza, sin dejar de mover los pies. Extendió su pequeña mano también.

Tuvieron un apretón de manos, amistoso.

—Sí, tú debes de ser la cascarrabias.

Dalia frunció la ceja, torció un poco los labios haciendo una mueca extraña.

—O bueno, eso es lo que Zinnia dijo.

Dalia resopló.

—Claro. Sí... apuesto a que sí.

Zinnia seguía sin decir nada.

Dalia se sentó al lado de Pandora.

—Espero... poder encontrar las palabras correctas por una vez —dijo en voz alta.

Zinnia lo notó.

—Estás hablando en voz alta. Solo para que lo sepas —dijo, seca, sin ganas.

—Lo sé, sé que lo estoy haciendo. Esa era la idea.

Dalia levantó la cabeza, miró hacia el cielo. Tomó aire, dio un respiro profundo, lento. Cansado.

—¿Estás perdida, no? Tienes que regresar a casa.

Pandora se tomó un segundo.

—Sí, me perdí.

—Ya veo. Zinnia quiere ayudarte. Y quizás por eso le es difícil todo esto.

Volteó a ver a Pandora a la cara.

—Y aunque me gustaría apoyar a Zinnia... es complicado.

Pandora no dijo nada, solo escuchó. Sonreía de vez en cuando.

—Nuestro trabajo... bueno es difícil. Y peligroso.

—¿Has pensado en cambiar de trabajo? —dijo Pandora.

—Ah... a veces. Es solo que... Siento que es en lo que soy buena.

Hizo una pausa.

—Aparte, alguien tiene que hacerlo. Si dejara de ser lo que soy... —su rostro se relajó, aunque su expresión parecía más cansada de lo normal— muchas cosas habrían sido en vano. Personas que ahora están en un lugar mejor... quizás estarían decepcionadas de mí.

—Quizás yo quiera ser eso cuando sea más grande —dijo Pandora.

Zinnia y Dalia dieron un pequeño salto hacia atrás, no esperaban esa respuesta.

—... ¿Sabes lo que hacemos?

Pandora dudó.

—Mmm, Zinnia dijo que protegen a la gente. Eso es bueno.

—Sí... proteger a la gente.

—Pero... no siempre pueden proteger a todos —dijo Pandora, temblando—. Pero lo intentan, alguien tiene que intentarlo, ¿no?

Dalia no dijo nada, solo la observó con sorpresa, y un sentimiento extraño. Casi incómodo.

—Mi abuelo siempre intentó cosas por mí, mi abuela se quejaba mucho de él. A mí me hacía reír mucho, son recuerdos bonitos.

Agachó la mirada, observó sus pies estar sostenidos a escasos centímetros del suelo.

—Si él no lo hubiese intentado, quizás no tendría recuerdos bonitos de él. Pero lo intentó, aun cuando mi abuela le dijo que no iba a servir de nada.

Se quedó callada un segundo.

—Sé que no puedo ir con ustedes. Habría sido divertido.

Volteó a ver a Zinnia.

—Y sé que tienen que atrapar a un tipo malo. Odio los tipos malos.

Después giró la cabeza en dirección a Dalia.

—Me gustó hablar con ustedes. Son muy amables.

Dalia se descolocó. Como si algo estuviese golpeando su pecho, lentamente, y después acelerara el ritmo del golpe.

—Albaz... Está cerca de Friegsbourgh. No podemos llevarte con nosotros porque Zinnia y yo tenemos algo que hacer antes pero... —tomó un respiro— Aquí hay gente buena, puedo intentar conseguir alguien que te lleve a Albaz.

Volteó a ver a Zinnia.

—Hay diligencias que transportan gente y otras cosas... podría comprarte un lugar para que te lleven. Son muy cómodas, estarás bien. ¿Te parece buena idea?

Pandora observó a Zinnia.

—¿Te parece buena idea, Zinnia? Así no estarás triste.

Se puso de pie, tomó la cara de Zinnia con sus pequeñas manos.

—De una u otra forma me ayudaste, aun no regreso a casa, ¡pero lo haré! ¡Gracias a ustedes dos!

Zinnia tartamudeó.

—Yo... supongo que es lo mejor.

Pandora sacudió la cabeza de Zinnia.

—No es suficiente.

Zinnia abrió los ojos, sintió un golpe en su pecho.

—Tienes que decirme que no estarás triste. Si no, regresaré caminando sola.

Pandora se quedó pensando un poco.

—Aunque quizás me pierda.

Zinnia pareció exaltarse con eso.

—Y quizás ese tipo malo me encuentre si me pierdo por ahí...

Zinnia abrió los ojos de golpe, dejó escapar un respiro hondo. Por un momento su respiración se volvió errática.

—Basta, basta... lo entiendo. No necesitas... No voy a estar triste. Te lo prometo.

Pandora sonrió.

—Así se habla.

—Encontraremos a ese tipo, y no volverá a hacerle daño a nadie más —dijo Dalia—. ¿No es así, Zinnia? Somos un equipo.

Zinnia dudó.

—Sí, lo somos. Y lo vamos a encontrar.

—¡Yupi! Así se habla.

Después de una pausa, Dalia se levantó de la banca.

—Vengan, es hora de dormir, supongo. Busquemos una habitación suficientemente grande para las tres.

Observó el cielo.

—Ya es muy noche. ¿Estás cansada, Pandora?

Asintió lentamente.

—Poquito, me duelen mis piecitos. Una cama suena bien por ahora.

Zinnia se puso de pie, se colocó enfrente de Pandora, dándole la espalda.

—Anda, sube, yo te llevo.

La niña se trepó en su espalda sin objetar.

Comenzaron a caminar, la posada más cercana no estaba tan lejos, quizás a unos cinco minutos caminando.

La vida no se detenía, los sonidos aún estaban presentes en el ambiente, aunque en menor medida. Aún se podía escuchar algunos martillos golpeando el metal, el olor de algunas calderas, las ruedas de algunas diligencias entrando y saliendo del asentamiento, el bostezo de los guardias.

Sin que ambas lo notaran Pandora se quedó dormida.

—Creo que sí estaba cansada —dijo Dalia.

No hubo respuesta. Pese a los sonidos ambientales a su alrededor, el silencio de Zinnia era lo que más ruido le causaba a Dalia.

—¿Ahora me vas a odiar?

Tardó en obtener una respuesta. Ambas seguían caminando entre callejones, algunos más iluminados que otros. Zinnia cargaba a la pequeña en su espalda; aunque no parecía pesar mucho, algunas gotas de sudor comenzaban a resbalar por su frente, mojando sus mechones de cabello azul con cada paso.

—Yo... no dije eso —murmuró muy apenas.

Dalia resopló, apretó los dientes.

—Casi no has dicho nada —dijo mientras comenzó a observar el suelo al caminar.

—No sé qué decir.

—No sería la primera vez, pero al menos inténtalo.

—... Gracias. Supongo.

Dalia asintió. Que Zinnia hubiera logrado romper el silencio era suficiente; era una señal de que podían seguir adelante.

Con un gesto rápido y un poco torpe, le sacudió el cabello a Zinnia, despeinándola ligeramente.

—Perdón si te puse en una situación incómoda —dijo, mientras intentaba acomodarle los mechones de cabello a Zinnia—. Siento que, si algo le pasa a esa niña... no sé cómo reaccionarías.

Apartó la mano de la cabeza de Zinnia. Zinnia volvió a verla a los ojos por primera vez en un buen rato.

—Es lo mejor y lo sabes. La expondremos a un peligro si nos acompaña.

El rostro de Zinnia, aunque cansado, comenzaba a relajarse un poco.

—Lo sé. Gracias.

El eco de sus pasos resonaba en los callejones, acompañado de vez en cuando por un suave ronquido de Pandora.

—Si algo le pasa, pensarías que fue tu culpa por no haber hecho algo, aun cuando es algo que no puedes controlar —continuó Dalia, con la mirada fija en el camino.

Zinnia no respondió.

—Cargar con ese tipo de pensamientos... Es difícil. Por mucho tiempo crecí creyendo que yo tenía la culpa de la muerte de mis padres. Cargué con ello mucho tiempo. Hasta que Vic me hizo entender que no era así.

Zinnia abrió la boca un poco, pero no habló.

—Tardé en soltar ese pensamiento. Pero él tenía razón. Me apoyó, no me juzgó. Su padre fue igual, ambos me apoyaron.

Guardó un silencio involuntario.

—Todos creían... creían que quizás yo sería problemática.

Alzó la mirada, miró el cielo por un momento.

—Pensaban que quizás sería igual que ellos. Mis padres no eran los más ejemplares.

Bajó la mirada, abrió sus manos. Comenzó a verlas con atención, como quien recuerda haberlas usado sin querer. Cerró los puños.

—Ahora puedo decir que... sonará extraño. Pero una parte de mí piensa que ellos están mejor muertos.

Zinnia abrió la boca, intentó hablar. No pudo encontrar las palabras. Dejó escapar un suspiro errático, casi involuntario.

—Aunque sin ellos dos... yo no estaría aquí. Intento averiguar si eso es algo bueno o no.

—Eso... no lo sabía —dijo Zinnia apenas, intentando evitar ver a los ojos a Dalia.

Dalia sacó un mechero de su gabardina, comenzó a jugar con él.

—No tenía planeado contarte eso, no pronto.

Negó con la cabeza rápidamente, sin soltar el mechero.

—No. Es mentira. No tenía planeado contártelo.

Volteó a ver a la espalda de Zinnia, Pandora seguía dormida, sus ronquidos no se detenían.

Dalia sonrió de reojo.

—Pero entonces aprendí que puedo confiar en ti. Espero que no te moleste escuchar esto. Solo... soy sincera.

—No... no me molesta —dijo mientras los ronquidos de Pandora resonaban en su oreja, frunció el ceño.

—Oh... ¿Quieres que la cargue yo? No había notado que no traías puestos tus tapones para los oídos.

Zinnia negó con la cabeza.

—No, no hace falta. Puedo soportarlo —dijo con tranquilidad, aunque se podía observar que le molestaba un poco.

Dalia no se opuso.

—El papá de Vic... Recuerdo que solía decir que no era justo juzgar a los niños por los pecados de sus padres. Vic y su padre confiaron en mí cuando nadie más lo hizo.

Volteó a ver a Zinnia a los ojos.

—¿Sabes lo duro que es que nadie confíe en ti teniendo solo siete años?

Zinnia no dijo nada, quería pero no podía, sentía un nudo en su garganta.

—Es algo que un niño no debería de experimentar nunca. Dejé de ser niña muy temprano. ¿Quieres lo mismo para ella? ¿Quieres que vea el horror que existe fuera de su burbuja? Incluso fuera de tu burbuja.

—... No.

—Hay cosas que no puedo deshacer, y cosas de las que me arrepiento. Pero nunca pondría a una niña en una situación similar o peor a la que yo estuve. ¿Puedes entender eso?

—No... pero puedo intentarlo.

—Eso es suficiente para mí.

Hizo una pausa breve, intentando recordar algo. El momento volvió a su cabeza después de unos segundos.

—Recuerdas... ¿Recuerdas la conversación que tuvimos antes? Lo de tu apellido.

—Sí, lo recuerdo bien.

—Bueno, por mucho tiempo hice todo lo posible para que las personas alrededor dejaran de ver a Elizabeth McGill, y que solo vieran a Elizabeth.

Se llevó la mano a la nuca.

—Y creo que me enfoqué tanto en eso que llegó un punto en que al verme al espejo dejé de ver a Elizabeth.

Respiró hondo.

—Y a veces solo veo a Dalia, siento que Elizabeth no sabría qué hacer.

Zinnia la interrumpió.

—Pues... yo estoy viendo a Elizabeth justo ahora. Creo que Dalia... dejó de ser Dalia cuando comenzaste a preocuparte por Pandora.

Dalia no dijo nada, sintió que por un momento se quedó sin aliento.

—Gracias por todo. En serio. Eres la persona más real que conozco. ¿Eso es suficiente para ti? —dijo sonriendo, apenas. Una sonrisa torpe, pero gentil.

Dalia respondió con una sonrisa.

—Lo es, es más que suficiente.

 

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