Saltar al contenido
Explorar novelas

Prologo

Humo y Cenizas: El Estandarte de los Muertos en Vida · por Tália The Crimson Wolf · 08 de agosto de 2026

Aún conservo la foto de todos. Descansa en la vieja mesita de luz, junto a mi cama...
Es un milagro que nuestros rostros aún se conserven en ella... una pena que ya se esté desgastando. Ni siquiera mi cuerpo resiste el paso del tiempo.

Pero mi memoria sigue intacta, como si todo hubiera sido ayer...

Fue durante el último verano de 1915, cuando la guerra ya daba señales de su inminente final. La Federación seguía retrocediendo ante el avance implacable del Imperio de Dragnassil, y mi pueblo tarde o temprano sería alcanzado por las llamas de la guerra. No podía hacer nada salvo sentarme en aquel catre maltrecho y maloliente, con el crujir de los muelles oxidados acompañando mis pensamientos.

A través de los barrotes de la ventana, el mundo seguía moviéndose. Las calles estaban llenas, el vapor de las cocinas al aire libre se mezclaba con el aroma del pan recién hecho y el carbón quemado. La ciudad pretendía actuar con normalidad, incluso cuando día a día, aquel niño mestizo, con la ropa harapienta y los pies descalzos, gritaba las noticias de la guerra desde la esquina. Sus manos estaban ennegrecidas por la tinta del papel barato que agitaba al viento, su voz apenas alcanzaba a sobreponerse al ruido de los tranvías.

— ¡El 3er Ejercito se retira del norte! —gritaba aquel niño a todo pulmón—. ¡Dragnassil avanza sin freno! ¡El Alto Mando dice que resistiremos!"

Las fronteras seguían cambiando, y nunca era a nuestro favor.

Ya me había resignado a que perderíamos la guerra. Con Ymir y su magnífico puerto en manos del Imperio, solo era cuestión de tiempo antes de que el ejército fuese empujado a las montañas. Y si no se firmaba una paz... después vendrían las praderas y las taigas de Eichernberg, y entonces... ya no habría dónde correr.

Los días pasaron y mis raciones de comida y agua fueron recortadas aún más. No recordaba cuando fue la última vez que comí algo que no fuera aquella masa húmeda negra de garbanzos sin sabor... extrañaba la comida de Papá y los dulces de mi hermana. 

Mi estomago rugía con solo recordar aquellos aromas...

— ¡El frente... el frente se une...! —gritaba aquel joven, desanimado, ya nadie le compraba periódicos y cada día, lo veía más escuálido—. ¡Berham ha caído... el 2do y 4to Ejercito se retiran...!

Berham era ultimo pueblo antes de llegar al mío si seguías la carretera que atravesaba el Torneskog, uno de los bosques donde de niña jugaba y que rezaba, devorara cuantas vidas imperiales fuera posible...

Pocos días pasaron y aquel niño ya no se apareció más en la esquina, me había encariñado de su voz... esperaba que le fuera bien allí donde estuviera...

Una mañana donde la luz del sol apenas entraba a través de la ventana, el fuerte repiqueteo de una porra golpeando los barrotes de las celdas atravesó el derruido pasillo mal iluminado. Todos nos despertamos apenas lo sentimos y por inercia me acerqué a los barrotes, esperando ver aquel atrevido elfo de larga melena y delicado cuerpo pasar frente a mí, guiñándome un ojo.

Llevaba gravado a fuego la silueta de mi cuerpo bajo la luz de las velas, mientras que yo, aun sentía el regusto de aquel licor barato de frutas...

De repente la puerta de mi celda se abrió con un oxidado chillido y el grito del jefe de pabellón resonó por todo el piso. El numero en mi uniforme fue el primero en ser gritado y al instante, unos guardias aparecieron frente a mí.

Me llevaron hasta la oficina de un oficial de aspecto viejo y poco arreglado, era la primera vez que lo veía, pero no le presté atención en absoluto. Simplemente observé cómo tomaba mi hoja de servicio, la leía por encima y tras ni siquiera mirarme, sellaba con un contundente golpe mi destino.

Mi hoja de servicio era solo otro trozo de papel en la pila de condenados. Un sello, un número, una orden. Eso era todo lo que yo valía para él.

— Soldado de Primera Clase, Ragna Lichter... —leyó en voz alta aquel vejestorio, ojeando rápidamente la pila de papeles sobre su escritorio. Su desagrado hacia mí y su cansancio eran evidentes en los constantes bostezos y muecas que hacía con cada palabra que parecía leer— Será asignada al 602º Batallón Penal... No esperamos objeciones de su parte, a menos que quiera ir al poste estando vendada...

— En lo absoluto... —respondí entre suspiros, riéndome para mis adentros, observando aquel sello rojo en mi hoja de servicio.

— Entonces retírese, Lichter, un tren la espera a usted y a sus nuevos compañeros... —ordenó, haciendo un descuidado gesto con su mano para echarme.

Esta vez los guardias siquiera me tocaron. Me levanté resignada y recorrí aquellas lúgubres instalaciones que me habían mantenido prisionera por quien sabe cuánto tiempo.

Antes de partir, me entregaron mi "nuevo uniforme". Aquel conjunto de tela olía a sudor, sangre seca y miedo... todavía conservaba el nombre deshilachado de su anterior dueño en la etiqueta, y los agujeros mal cosidos en el pecho narraban una historia demasiado trágica y extensa como para intentar averiguarla.

Después de vestirme, vinieron los pesados grilletes de metal, fríos contra mi piel. Luego, me empujaron dentro de aquel incómodo vagón, donde apenas pude sentarme junto a una veintena de desconocidos más. Todos vestíamos el mismo uniforme blanco con detalles negros y llevábamos, en los hombros, tres calaveras de lobo cosidas como un recordatorio de lo que éramos ahora: un sacrificio más para esta maldita guerra.

El tren resopló con esfuerzo, el vapor blanco nos daba la despedida mientras cubría el andén, como el humo de la artillería tras arrasar el campo de batalla, y aquel ultimo cigarro que me dio el guardia elfo por dejarle meter su mano en mi pantalón.

No fue el mejor trato de mi vida, pero aquel idiota tenía una debilidad por mí y un cigarro no se le niega a nadie...

Aquella estación llena de alambre de espino quedaba atrás, perdiéndose en la lejanía neblinosa que ahora representaba mi futuro, junto al recuerdo difuso de mi reflejo en el cristal de la ventana...

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Tália The Crimson Wolf en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: Rotos por nosotros · The Hi-Hats · Ira por la Injusticia