Un hombre bien vestido caminaba por Atlanta con un gato negro en el hombro. El minino se lamía su propio hombro donde se había inyectado minutos atrás.
—Muy bien, minina, repasemos, la primera regla para destacar, es saber dónde te encuentras. Este traje sería llamativo en muchos lugares, aquí es apenas anecdótico. Las personas del distrito de negocios usan este tipo de ropa. Si llevara forma de mujer, quizá alguien comentaría sobre empoderamiento, pero resbalaría de su mente como si fuera de hielo. Lo siguiente es aprender a mirar. Casi todos ven, y juzgan, pero solo los expertos saben observar. Atenta.
Caminaron por una calle menos transitada, buscando personas en general.
—Bien, indícame con tu pata, ¿Cuál de estas personas está a punto de cometer un delito?
Hyde lo pensó un momento y señaló a una mujer que se bajaba de un automóvil, se había estacionado en zona prohibida.
—Decente trabajo linda, pero muy obvio, hay alguien más.
Hyde negó con su pequeña cabeza, no fue capaz de ver lo que le pedía.
—¿Ves al joven de allá? El de la capucha, está a punto de que le quiten su teléfono.
Hyde levantó la cabeza y observó con atención. El chico de la capucha pasó junto a dos chicas bien vestidas y maquilladas. Una de ellas hizo como si le cayera la bolsa de hombro, bajando un tirante de su top. cuando el joven no pudo evitar mirar, la otra le quitó su teléfono del bolsillo de la capucha. Todos siguieron caminando.
—Nos toca minina,usaremos el mismo truco, por la edad y estilo…
Los rasgos del hombre bien vestido rejuvenecieron, el traje se ajustó a un cuerpo que ahora era un poco más delgado, y pareció aplicar maquillaje, parecía un chico asiático.
Hyde bajó de su hombro y caminó frente a las dos chicas. que se detuvieron a mirarla y acariciarla. Acuclilladas en la acera.
—Oh, disculpen señoritas, mi pequeña Salem es algo traviesa, espero que no las importunara —la voz y el acento eran perfectos, como los de una persona acostumbrada a hablar en coreano, y con cierta musicalidad.
Las dos miraron arriba con los ojos casi en blanco, se levantaron despacio sin retirarle la mirada.
—Oh no, nada de eso, señor…
—Oh cielos, ya se escapa otra vez, lo siento señoritas, será otro día.
Las dos se quedaron conversando sobre la persona que se les había presentado. Mientras Venus y Hyde se alejaban apenas un poco. Minutos después, Hyde guió a Venus al lugar donde había escondido el teléfono robado.
—Bien hecho pequeña, usaremos un truco distinto para ponerlo en su lugar —mientras hablaba, se transformaba en una niña de unos ocho años, rubia y con coletas —ahora, te diré porqué era obvio lo que harían. Ya las habíamos visto antes, han estado dando vueltas por este sector. Nadie se “pasea” de esa manera y menos vestidas así. Una regla más importante todavía sobre el sigilo y el espionaje, es que nunca creas que eres la única ni la mejor, permanece atenta a otros que tratan de distraerte u obtener información de ti. Eso fue lo que pasó con aquella chica Sofi, que estuvo espiándolos desde el inicio.
Hyde bajó la cabeza, Venus respondió con una caricia.
—Ven, vamos a buscar tu ropa, tenemos mucho que hacer hoy.
—
—Tus diseños son en verdad impresionantes Motoko. Eres además una genio de los negocios, apenas puedo creer que les vendieras un diseño que nunca podrán producir.
—Gracias, pero creo que ahora va a criticarme.
—Intuitiva, en efecto, veo que te has limitado a la mecánica. Tus estudios y patentes no incluyen s no incluyen nada de química, biología o economía.
—Me concentro en lo que me gusta, y en donde puedo sacar provecho. De hecho sí tengo un master en tecnología biocompatible.
—Claro, para hacer mejores prótesis. ¿Has pensado en tejido cultivado para el exterior?
—Es decir, como piel alrededor de los componentes mecánicos…
—Me imagino que simplemente no se te ocurrió porque no es algo que domines.
—Un poco, sí…
—¿Tienes un equipo de investigadores?
—Un… ¿Equipo?
—Tienes amplios ingresos pasivos que no alcanzas a gastar, eres creadora y principal accionista de una empresa de tecnología. ¿Y eres la única creando patentes?
—Eso no es realmente una pregunta, ¿verdad?
—Sigues sorprendiéndome con tu perspicacia.
—Lo que trata de decirme es que habría conseguido mi meta de tener brazos y piernas realistas, casi indistinguibles, si me hubiera procurado un equipo multidisciplinar.
—Música para mis oídos. Mira, no voy a decirte que hagas nada, pero un poco de perspectiva nos sirve a todos, este consejo tuve que aprenderlo por la fuerza, y hace apenas diez años lo entendí. Ahora creo que estoy en camino de hacer del mundo un lugar mejor.
—Bien, puedo comenzar un proceso para elegir a los más adecuados.
—¡Por amor de dios niña! ¿Es que no tienes ni un departamento de recursos humanos?
Puzzle ya se estaba acostumbrando a la vergüenza, el intelecto y estatus de Saturno deberían ser suficientes para que se comportara humilde, pero él estaba haciéndola sentir una estudiante novata que no entendía la diferencia entre la rotación y el torque.
—Lo tengo, solo creí que debía hacer esto yo misma.
—¿Por qué? ¿Eres experta en alguno de esos campos? ¿Conoces el mercado laboral y las fluctuaciones de sueldos? ¿Tienes una agenda con miles de contactos? Lo primero que tienes que contratar es un CEO. Y un jefe de proyectos. Vas a poner el desarrollo de tus soñadas prótesis en manos de otras personas. Tú serás la jefa, supervisarás, aprobarás y les darás acceso a las patentes que consideres apropiadas. Tampoco vas a quedar fuera.
—¿Y cómo sabe que voy a hacer todo eso?
—Porque si no lo haces, voy a hacerlo yo, usaré las patentes que hiciste públicas y pagaré por las que no. Si tengo que comprar tus empresa completas, lo haré. El mundo necesita esta tecnología, y una forma de llevarla a todos los que la necesiten.
—No, por favor, solo… ayúdeme a hacerlo bien —la voz de Motoko hablaba con más verdad que sus palabras, su inseguridad estaba ahí, clara como el día, a flor de piel.
—Claro además te presentaré a mi abogado para que lleve todo el asunto legal, ese hombre es un tiburón.
—¿El planetario Neptuno?
—Adoro ese joven y avispado cerebro tuyo. Me dijeron que debía entrenar tu intelecto, pero lo que haremos tú y yo, son negocios. Vamos a cambiar el mundo para bien. Te lo prometo.
—
Lo primero que se probó Noelle, fue un vestido verde, con motivos de flores, parecido a lo que usaba en el jardín. Unos zapatos bajos del mismo color le daban ese aspecto de inocencia que enmascaraba algo más. Pero algo estaba fallando, no se veía, ni se sentía como debería.
—¿Será que tengo tanto tiempo así que ya no estoy cómoda con la ropa? Tengo los tatuajes desde niña.
—No lo creo, yo también creo que aunque te queda perfecto, algo está mal… —de pronto, un leve sonrojo se dibujó en la nariz y orejas de Eiji —creo, que ya sé que es.
—¿En serio? No te quedes callado como tonto. Dime.
—Es que, has estado usando tu top deportivo y tu short como ropa interior cuando te lo pruebas. El vestido está pensado para cuando tu pecho… está digamos, más libre.
—Pero no tengo nada debajo, necesitaría comprar… —se le ensanchó la sonrisa —por estas cosas te amo, vamos a la sección de lencería, voy a comprar algo lindo que te guste buscar bajo mi nueva ropa.
—Espera, ¿qué dijiste?
—Oh, ya sabes, para que te entretengas chico mirón…
La cara de Eiji ya era un tomate y estaba apunto de pasar a niveles de rojo no visibles para el ojo humano.
—No, me refiero a… que dijiste que me amas.
—¿Lo dije? Oh Bondye. Yo, lo siento, es que… solo se me salió, no es gran cosa, o sí…
—Yo también te amo.
El beso que se dieron no fue tan pasional o salvaje como el primero en sus sueños, ni tampoco tan discreto o casual como el primero real. Fue natural, justo en todo sentido. Sin inseguridades ni pretensiones. Ya conocían del otro sus labios, sus sabores, sus manías. Donde uno flaqueaba el otro compensaba. Estaban ya lejos del cortejo. Eran una pareja de hecho.
No mucho después, caminaban de la mano fuera de la tienda, cada uno con una bolsa llena de las mejores prendas, en opinión de Noelle por lo menos. De repente el domar a las sombras no era lo más importante del día.
—Amor, ¿puedes cuidar mi ropa nueva por favor?
Sin esperar la respuesta, Noelle se cubrió de sombras, y salió en auxilio de una niña en peligro de caer de las escaleras eléctricas. Eiji miró la escena sin intervenir. No debían saber que iban juntos.
Quince minutos después, ella reapareció como si viniera llegando, usaba otro atuendo, el que tenía en la bolsa cuando se fue.
—¿Esperaste mucho? —les encantó pretender que estaban en una cita.
—No, acabo de llegar.
—Ha sido lindo hacer esto, los maestros fueron amables en no detenernos.
—Pero, tenemos un deber.
—Volvamos. Hagamos esto de nuevo alguna vez, cuando creemos un mundo en el que esta sea nuestra única preocupación.
—
—Sigue corriendo chico moneditas.
Coinflip estaba corriendo vuelta tras vuelta en la enorme pista, sin usar su velocidad.
—Sabe que por mucho que entrene no puedo moverme mucho más rápido.
—Quien sabe, dime, ¿viste todos los objetos que escondí en las gradas?
—¿Qué? no me dijo que escondería…
—Exacto, cuando vas a una velocidad extrema, no sabes qué hay más adelante, tienes que observar. ¿Crees haber visto algo inusual?
—Tal vez… algo amarillo sobre el muro en la primera curva, me llamó la atención.
—Algo es algo. Inténtalo a toda velocidad.
—No creo que…
—Inténtalo carajo, los pretextos no logran nada.
Lanzó la moneda y un instante más tarde, estaba en el mismo lugar, con las manos en las rodillas, jadeando.
—¿Y bien?
—Nada, pude hacer el recorrido, pero los alrededores son un borrón.
Mercurio aparecía y desaparecía, no dejaba de moverse, acariciaba su barbilla, pensando. Al final tuvo una idea.
—¿Has intentado ir más lento?
—¿Mas lento? ¿No perdería el propósito?
—Te mueves tan rápido que si pudieras adaptarte, podrías viajar por el país. Si solo te vas a mover en la ciudad o en un cuarto pequeño, ¿de verdad necesitas ir al máximo?
—No tengo idea.
—Trata.
Lanzó la moneda, trató de moverse despacio. Al principio parecía que sus poderes lo aceleraban siempre al máximo, pero poco a poco le pareció ver un poco de movimiento. Se llevó cerca de detenerse, y empezó a adaptarse. Los objetos cercanos se veían. Se detuvo, impaciente.
—Parece que avanzamos, estando estático pude verte un poco esta vez. ¿Cómo te fue?
—Creo que sí puedo regular la velocidad. Creo que pude distinguir un poco.
—Voy a arrojarte estas pelotas, tienes que atraparlas con un solo lanzamiento de moneda.
—Creo que es un poco pronto…
—Ahí va la primera, la segunda voy a lanzarla del otro lado de la pista.
Lanzó la primera bola y Alfred consiguió atraparla, sabía empezar movimientos calculados, trató de correr al otro lado de la pista y pudo ver cómo pasaba a su maestro, si se detenía del todo, terminaría la velocidad. Fue más lento, hasta que pudo ver que le lanzaban la pelota, pudo verla un instante pero al intentar cambiar de dirección terminó tropezando y saliendo del estado acelerado.
—Eso salió mejor de lo que esperaba, hay espacio para mejorar, si puedes controlar tu velocidad, vas a ser invencible, hijo. Lo primero, dejar los pretextos.
—Oiga, si funciona, lo que sea.
—
Diez personas, tarde por la noche, en la sala del dormitorio Z. Nueve, si no se cuenta a Saturno, cuya presencia era meramente un símbolo y una voz en el sistema del edificio. Cada joven héroe y su mentor. Con tanta gente, algunos, es decir las parejas jóvenes, se sentaron en el suelo.
Nadie creyó nunca ver a Coinflip tan sudado, pero a Hyde le fascinaba, se frotaba para impregnarse de su olor. Los mentores estaban en los sillones. Venus usaba la forma infantil pero se sentaba con las piernas cruzadas como una persona mayor y con cierta elegancia.
Solo faltaban dos personas.
La puerta del sótano-gimnasio se abrió para dejar entrar a un hombre enorme que cargaba a otro sobre el hombro, lo dejó caer en medio de la sala.
—¿Qué carajo? —gritó Puzzle asombrada —Kelvin no puede cansarse, ¿cómo es posible?
—¡Já! —el general Stevens se veía contrariado —Este recluta es mucho ruido y pocas nueces. Abajo es un congelador, y no fue suficiente para que completara la rutina. La próxima vez lo haremos al aire libre, tal vez el sol sea suficiente.
Cuando a todos se les pasó el asombro. Hyde miró a Venus.
—Entonces, ¿Qué va a pasar ahora? ¿Nos llevarán para entrenarnos en sus casas?
—No podemos dedicarles tanto tiempo, tenemos deberes y vidas. Esta última es muy importante para mí. Pero vendremos de vez en cuando y estaremos en contacto. La milicia no está contenta con este plan, pero tampoco van a objetar. No pensaban decirles que son nuestros reemplazos hasta que fuera, ya saben, necesario.
—¿Y cuál es la prisa ahora?
El general tomó la palabra.
—El mundo no va a perdernos tan pronto, no somos tan viejos. Pero va a necesitar héroes mejores, que hayan logrado superar sus limitaciones. Siempre hemos creído en su potencial.
—¿Incluso en el nuestro? —Coinflip lo dijo señalando a Kelvin y a sí mismo con la cabeza. Hyde lo apretó con brazos cubiertos de pelo suave, si no tenía cuidado le rompería las costillas.
—Sobre todo en el de ustedes, no seré yo quien mencione sus errores, nos hubiera gustado verlos crecer poco a poco. Y dejarlos vivir un poco. Pero creemos que pronto podríamos tener una crisis. El mundo se llena de guerras, y muchos chicos están desapareciendo en los países fuera del pacto de la milicia unida.
—Temen que los usen en la guerra, —dijo Puzzle, sin mirar, estaba furiosa —y nosotros tendremos que ser la respuesta.
—El pacto dice que no podemos participar en una guerra. Solo podemos luchar contra otras personas con poderes. O detener algo que se vote en el consejo como amenaza global.
Se hizo un largo silencio.
—Lo peor sería, que empezaran a aparecer emblemas.