Arthur tomó del cuello de su fino traje a Lawrence Logan. Estrellado al más bajo contra la pared de la habitación de hotel donde ambos ahora se encontraban, un nuevo hotel donde volvería a reencontrarse con su querido amigo, aunque no en las condiciones que él esperaba.
El empresario arrugó el rostro, ninguno utilizaba aura, pero la brusca ira repentina de su mejor amigo era suficiente como para provocarle un ligero dolor de cabeza.
—También es bueno verte siendo un hombre libre, hermano.
Esperaba una situación totalmente diferente. Una explosión de gratitud de su contrario, lágrimas y juramentos de hermandad debido a que había salvado su vida, pero lo único que tenía enfrente era al operador más fuerte, mirando a su salvador con el desprecio que tendría un humano hacia un mosquito que lleva una hora molestándolo antes de dormir.
Esperaba un golpe o dos, pero sin perder el contacto visual con su furioso amigo, Arthur solo lo alejó un poco de la pared para luego estrellarlo de nuevo contra ella.
—¡Ya deja de hacer eso, cabrón!
—¿¡Qué mierda tienes en la cabeza!? —bramó Arthur con la sangre ardiendo—. Leena quedó gravemente herida, apenas y sobrevivió, dos de tus hijos casi perdieron la vida y esos chicos normales... ¡Dios! No tengo ni que decirte lo mal que estuvo eso.
Cosmopolita esperaba cualquier cosa menos esta situación. Ni bien habían pasado 15 minutos de ser liberado de las garras de los Erradicadores, se puso al tanto de los eventos que ocurrieron en solo tres días con los Logan. Entre todo el alboroto, se descubrió la identidad del topo, algo beneficioso para ambos, pero obviamente, esta situación había sido totalmente orquestada por su hermano jurado.
Y esa era la peor parte. Un padre amoroso, un esposo que adora a su mujer sobre todas las cosas, Lawrence Logan había utilizado a toda su familia como un cebo desesperado para atraer a un grupo de asesinos incluso más desesperados que ambos hombres con la soga al cuello.
—¿No podías hacerle algún juego mental? ¿Torturarlo? Sí, apostaba todo a que Henry era el topo. ¿Por qué fuiste tan lejos?
—Eres listo, eres muy listo. —Lawrence frunció su frente ante aquellas preguntas sin sentido—. No te dejes guiar por tus emociones, Arthur. No podía torturarlo, ni hacer alguna cosa extraña, necesitaba todo un movimiento que de verdad lo vinculara con los Impíos o Henry solo luciría como un cordero de reemplazo al que amenacé para que se sacrifique por ti.
Arthur apretó sus dientes sin poder debatir con aquella lógica. Es verdad que necesitaban pruebas más sólidas, pero dejar a sus hijos a merced de asesinos solo para demostrar que él estaba en lo correcto era monstruoso, algo que esperaría por completo del líder de los Erradicadores, pero nunca de su más cercano compañero de batallas.
—No saben pelear, lawrence, por más que hayan entrenado hasta el cansancio, Lindsy y Luck no tienen experiencia en un verdadero combate con aura. Además, tú... Tú trajiste a Rachel.
Cosmopolita aflojó su agarre. Alejándose para observar la poco lujosa habitación del hotel, hasta que encontró una silla y fue a sentarse. Debía procesar eso último muy bien.
Lawrence sintió que había esquivado una bala. Soltó un suspiro con una sonrisa agradecida, dándole las gracias a los dioses que salvaron su cuello otro día más. Se acercó en silencio a su compañero, sacando una caja de cigarrillos que había comprado justo para Arthur.
—Gracias a Dios no me compraste una marca francesa.
—Algo tenía que hacer bien, ¿No?
Arthur resopló por su nariz, manteniendo una leve sonrisa mientras sacaba un cigarrillo para encenderlo. Por unos momentos, fue hipnotizado por la R dorada al costado del encendedor. Aquella joven rubia de gabardina cruzó su mente de forma fugaz, entonces un escalofrío recorrió su espalda, una sensación que no experimentaba desde su pelea contra el destello blanco, un miedo profundo.
—Rachel ha crecido mucho —dijo antes de calar del cigarrillo sin notar que aquella frase había sonado casi como un lamento—. Y tú la trajiste.
—Prefiero mantenerla lo más cerca posible por el momento, ella sigue siendo incapaz de usar aura. —Lawrence levantó su brazo, moviendo su mano en ligeros círculos para hacer énfasis en que era muy obvio lo que ahora decía—. Perdón por poner a tu hija en peligro, pero al parecer, salvó a la mía y a mi esposa, así que no me arrepiento de verdad... Incluso siendo normal, es talentosa, promete tanto como tú.
—Ella no debería estar aquí. —Suprimiendo sus intenciones de tirarle un diente a Law, Arthur cubrió sus ojos con su mano, quería gritar, quería golpear algo y, principalmente, quería alejar a Rachel lo más lejos posible de este mundo espantoso y podrido, pero por más que pensaba, ahora sería imposible y el hombre de piernas cruzadas frente a él lo sabía muy bien.
—Quizás fue el destino, una casualidad o la voluntad de un ser divino, pero ahora ella está aquí, donde debería estar. Lo más cerca de ti como sea posible.
—¡Lawrence!
—¡Esa niña ya no tiene a nadie! —Lawrence regresó el grito con la misma intensidad de Arthur, antes de tirarle el cigarrillo de su mano de un golpe—. ¡Su madre está muerta, su hermana está muerta! Lo único que la mantiene cuerda es su sed de venganza y que mi hija ha hecho todo lo posible para que no se sienta sola, pero esa niña ahora mismo necesitará a su padre.
El más fuerte era incapaz de mirar a Lawrence a su rostro mientras decía aquellas cosas, con desesperación buscó otro cigarrillo que consumió de una sola calada, necesitaba algo que calmara su mente ahora mismo.
El mundo de la operación estaba podrido, era más probable llevarte una puñalada por la espalda de tus socios que de los enemigos a los que constantemente te debías enfrentar para satisfacer a los Erradicadores, quienes mantendrán sus ojos y miras en ti hasta que des tu último aliento. No quería arrastrar a Rachel a esto, nunca lo quiso, pero el destino le había jugado una mala broma y ahora era el centro de un desastre con un objeto mágico.
—¿Encontraste a la copia? —La última oportunidad de alejar a Rachel de todo esto, que no tuviera que convertirse en otro número más para el gobierno.
—Desapareció por completo. Esa miserable puede reemplazar familias enteras sin dejar sospechas y así vivir encerrada en un sótano. Es precavida.
La esperanza se esfumó, si Lawrence no podía encontrarla, significa que no la verían hasta que ella misma quisiera dar la cara.
—Además, Ray está totalmente decidida a matarla. Lo veo en sus ojos, no dudará. Y nadie la hará cambiar de opinión... Aunque tengo más miedo de lo que haría si no lo cumple, es muy probable que termine colgándose.
Arthur no quería escuchar más, y que Lawrence ladeara su cuello fingiendo ahogarse con una cuerda no le ayudaba para nada. Rachel ya estaba en este mundo sin posibilidad de volver atrás.
Ahora solo quedaba apoyarla hasta que cumpliera su objetivo. Aunque en su alma esta elección pesara, lo mejor era darle toda la ventaja posible sobre los demás operadores de la nueva generación.
—Dejando eso de lado, sigo sin creer que pusiste a tu familia en riesgo por mí.
—Tú también eres mi familia y no dudarías dar tu vida para salvar la mía, estúpido adicto a la nicotina.
—Los iban a matar.
De nuevo, Lawrence frunció el ceño. Dándose cuenta de que Arthur no veía el panorama completo, incluso le causó algo de gracia. Negó con la cabeza varias veces, mientras que su mano temblaba ligeramente ante la sola idea de lo que pudo haber ocurrido si perdía esa apuesta.
—Baskerville no nos hubiera matado, estás equivocado —dijo con su piel algo más pálida, notando la confusión en la expresión de su hermano jurado—. Arthur, mis hijos llegarán a superarme una vez tenga la experiencia necesaria y maduren esas cabezas suyas. Lindsy es muy buena y busca evitar el asesinato la mayoría del tiempo, pero es un laboratorio químico andante que con solo tocar a alguien garantizaría su victoria, mientras que Luck es una computadora viviente, si evoluciona aún más, su habilidad se convertirá en el mejor espía informático que existe, y ni hablar de su habilidad, pensar que podría manejar decenas de aviones de combate a una distancia segura me pone los pelos de punta.
Fue entonces que la estrella familiar llegó a su cabeza, ninguno de los dos debía mencionarla siquiera. Sus reservas de aura eran anormales, un prodigio que desarrolló una habilidad antes de siquiera tener diez años, además, había demostrado que era posible para ella no dejar fluir ningún tipo de emociones al momento de combatir. Luz Logan, en 10 o 15 años más, estaría entre los diez operadores más fuertes del mundo.
—Él los hubiera convertido en armas, y me hubiera mantenido vivo para mantenerlos controlados. Eso me da más miedo que nada.
Arthur observó al segundo hombre más calculador y frío que conocía temblar de miedo ante la sola idea de que sus hijos se convertirán en las armas perfectas contra su voluntad. Parecía que, para él, ese destino era incluso peor que la muerte. Arthur estaba totalmente de acuerdo y ahora imaginaba a Rachel en ese caso si su potencial fuera tan alto como el de los tres Logan más jóvenes.
—Por esta misma razón quería mantenerla alejada... Esto es solo mi culpa. —Otro gran arrepentimiento había sido agregado a la lista de Arthur. Se levantó de su asiento buscando otro cigarrillo, pero se arrepintió al momento de tocar aquella caja.
—Hice lo necesario para salvarte y asegurar que mis niños no fueran armas... Tú y yo siempre tenemos que hacer lo necesario cuando llega el momento. —respondió Lawrence con una amarga sonrisa burlándose de ambos hombres, logrando mantener la calma al fin.
—Estamos malditos, Law. Y me temo que, al parecer, así serán nuestros días hasta que nos llegue la hora. —respondió Arthur bajando su mirada con un tono más apagado—. Diría que ojalá me llegara rápido.
—Pero siempre la esquivas —contestó Lawrence burlón, antes de levantar su dedo índice y seguir—. Además, Ahora tienes asuntos con Rachel, no puedes morirte hasta que lo hayas solucionado.
El Cosmopolita asintió con la cabeza al escuchar las palabras de su mejor amigo. Lawrence se levantó, limpiándose las manos contra sus hombros. Revisó la hora de su celular y se dio cuenta de que había pasado ya bastante tiempo aquí, era hora de ir a la sala de atención de operadores para ver si los demás se habían despertado.
—¿Quieres que te lleve?
—No, no. Tranquilo. Igual debo recoger a alguien a quien ahora le debo una.
Arthur asintió, manteniéndose en silencio mientras observaba a Lawrence de reojo. Recordó que le faltaba hacerle una pregunta muy importante.
—¿Cómo sabías que él era el topo?
Ante la pregunta, Lawrence sonrió ligeramente y luego caminó hacia la puerta, negando con su cabeza.
—Ni a ti puedo decirte eso, pero siempre tengo mis métodos, no lo saqué de la nada. —Lawrence se detuvo en la puerta, observando al de mechones blancos iguales a los suyos. Poco a poco esa cara de idiota arrogante que tenía fue desapareciendo—. Pero puedo confirmarte que también Henry North no es el único, solo era un peón de la verdadera molestia en el congreso.
Arthur no dijo nada, confiaba en el juicio de su compañero, pero si el trabajo aún no estaba terminado, entonces podía esperar que más cosas ocurrieran de aquí a un tiempo. De seguro ese último clavo por sacar se mantendría calmado ahora que su peón fue capturado.
—A propósito, ¿Ahora qué harás con Rachel? —Quería saciar su curiosidad. ¿Cómo Arthur podría apoyarla?— Estoy casi totalmente seguro de que dará un discurso convincente, pero será ignorada.
—Bueno —Arthur lo pensó un momento antes de que un portal apareciera junto a él—. Un espectáculo. Sabes que todo aquí debe ser un circo para llamar la atención.
Lawrence asintió, abriendo la puerta detrás de él Ya dispuesto a marcharse, escuchó las palabras de su hermano jurado que esperaba oír desde un inicio.
—Gracias, Law.
Lawrence estaba por demostrar su "humildad", pero antes de que le diera tiempo, al darse la vuelta ya no se encontraba rastro de Arthur ni del portal. El empresario soltó un suspiro de resignación antes de salir de la habitación con una sonrisa.
—Ni lo menciones, Arthur, no fue nada.