¿Cómo podía comenzar una conversación ahora? Había tantas cosas que quería decirle. Sus logros, sus días, sus noches, sus derrotas, sus victorias. Había pasado por tanto estos últimos meses. Buscar un punto de inicio luego de contarle la verdad sobre Adarza era complicado.
En esa sala vacía, solo con las dos hermanas acurrucadas en el suelo, Rachel cerró los ojos. Los dedos de Chloe continuaban acariciando su cabeza, enrollándose a veces para jalarlo con suavidad, jugando las puntas o desordenándolo como ella lo recordaba.
—Mamá siempre tuvo razón.
—¿En qué?
—Si te arreglabas, serías deslumbrante. Mírate, eres una Rachel totalmente diferente —dijo entre risas, colocando una de sus manos en el brazo de Rachel. Para tener este tipo de músculos debió de haber entrenado muy duro, algo que Chloe no podía imaginar—. No te lo tomes personal; antes no tenías nada de malo, pero me hubiera gustado acompañarte en todo este cambio.
—Yo también hubiera querido escuchar tus ánimos muchas veces —respondió con una sonrisa—. De seguro hubieras sido muy estricta cuando me tocara entrenar, pero me llevarías comida a escondidas de Renate.
—¿Renate?
—Mi maestra. —Rachel levantó la mirada, relajando sus hombros al pensar en el rostro inamovible de Renate en sus primeros entrenamientos— Ella fue quien me motivó y me hizo darme cuenta de que tenía que hacer cambios.
—Entiendo. ¡Tengo que darle mis respetos a esa mujer! —Chloe apretó su puño libre, admirando por completo todo el esfuerzo que debió de poner Renate para encaminar a Rachel por un buen camino.
—¡Ella es admirable! Es fuerte, hermosa, toda una maestra en el aura y aunque parece tener cara de pocos amigos, tiene un corazón enorme. Yo de verdad la admiro. Es mi ejemplo a seguir como operador.
Chloe ladeó su cabeza, entusiasmada de ver tanto brillo en los ojos de su pequeña hermana, pero luego soltó un largo suspiro.
—Todo esto de los operadores y el aura me parece tan confuso. —Chloe se sentó, llevándose un dedo a su labio inferior, tratando de aceptar que su mundo estaba repleto de magia, cosas sobrenaturales y organizaciones secretas—. Me recuerda tanto a Harry Potter.
—Ja, ya quisiera tener las cosas tan fáciles como las tuvo Harry en sus inicios. —Racel se sentó. Resopló formando un puchero, cruzando los brazos por aquellas palabras.
—Y bueno, Harry era bonito de niño.
—¡Acabas de decir que me veo hermosa!
Chloe se tomó del estómago, riendo con fuerza por la cara de molestia de Rachel. Al terminar de reírse, tomó las mejillas de su hermanita, presionándolas con cuidado.
—Ay, solo juego, claro que eres hermosa. Aunque… No lo sé, me es raro verte con músculos, un abdomen definido. —Su mano fue al estómago de Rachel, tratando de apretar donde antes fue un estómago notable—. Voy a extrañar tanto esas lonjitas que tenías. ¡Eran adorables!
—¡Era una puta gorda!
—Ya, ya, no seas grosera. —Chloe abrazó con fuerza a la más pequeña, dándole palmadas en su espalda— Eras gordita, pero eras mi gordita malhumorada. Ahora solo eres malhumorada.
Rachel reía entre dientes. Chloe no había cambiado en nada, seguía siendo la misma dulce y juguetona mujer que adoraba a su hermana como a un ángel.
—Hay cosas que no pueden cambiar nunca —dijo, correspondiendo de nuevo aquel abrazo; ya ni había contado cuánto tiempo duraron abrazadas desde que aparecieron aquí—. ¿Tú que puedes contarme?... Ya sabes, ahora que estás…
—¿Muerta? —No le era fácil decir esas palabras. Estaba muerta, había dejado el plano físico de manera muy prematura e injusta; lo peor, dejó a la pobre Rachel sin familia alguna—. Bueno, no lo sé… Siento que hay algo en mi cabeza, como si fuera un ¿muro?, sí, un muro. Que separa ciertos recuerdos a los que no puedo acceder, pero desde que aparecí aquí sabía que llevaba tiempo de haber muerto y que te extrañaba. Te extrañaba como si llevara meses sin verte.
«Esto debe ser obra de Saint Germain». Supuso Rachel, entrecerrando ligeramente sus ojos. «Pero ¿de dónde saca las almas de los muertos? ¿Se guardarán en algún lugar especial de los ecos?»
No lo sabía, tampoco quería preguntar ni interrumpir las palabras de su hermana.
—Podría quedarme aquí por el resto de la eternidad escuchándote hablar, Chloe. —dijo Rachel con total sinceridad, recostándose de nuevo en el suelo.
Chloe miró con ternura a su hermanita; esas palabras la hicieron sentir como la hermana más afortunada del mundo, hasta que los segundos pasaron. Parpadeó múltiples veces, abriendo su boca en sorpresa.
—Ra-Ray. ¡No puede ser! Si-si tú estás aquí, entonces, ¿moriste? —Pálida, Chloe tomó los costados de su cabeza. Pensar en que Rachel murió tan joven fue suficiente para destrozar su humor. Estaba al borde del llanto.
—¡No! ¡No! Yo no estoy muerta. —Rachel se sentó rápido, tomando las muñecas de Chloe. Limpió algunas lágrimas que cayeron por las mejillas de su hermana mayor. Chloe sollozó con hombros temblorosos.
—¿En serio?... ¿De verdad no lo estás? —Rogaba a Dios por recibir una afirmativa a esa pregunta. Cuando Rachel asintió, Chloe sonrió, frotando su rostro contra el hombro de su hermanita—. No puedes morir joven, Rachel. Jamás te perdonaría si no te cuidas. Tienes que vivir muchísimos años, hasta que hayas tenido tu propia familia y vivido una vida plena como te mereces.
Rachel apretó sus puños. Su sangre hirvió de ira, de culpa. Cada una de esas palabras fueron balas en su pecho, pero obviamente esta ira no iba dirigida a su hermana.
—Debería haber sido al revés… —Susurró Rachel, dejando caer su cabeza en el hombro de Chloe.
—¿Qué? —La mayor buscó alejarse para verla, pero Rachel no se lo permitió.
—¡Debería ser al revés! ¡Quien debería estar muerta soy yo! ¡Tú no! ¡Marcus, no! Ni Jazmín, ni Albert, ni el director Daniel, ni el profesor Francis, ni Alexander, ni Ben, ni Richard, ni Noah, ni Caleb. ¡Nadie! —Rachel estalló, recordando los nombres de las personas que conoció y murieron por su culpa—. ¡Yo los maté! ¡Yo maté a cada uno de ustedes por mi estupidez!
Entre gritos desgarradores, Rachel, sin darse cuenta, abrazaba con demasiada fuerza a Chloe, pero la mayor no dijo nada. Escuchaba atentamente cada lamento, siendo todos múltiples puñaladas a su corazón. Que su hermana deseara a gritos la muerte en lugar de otra persona era algo que no pensó oír jamás.
—¡Yo me sentía sola!... No tenía nada más que no fueras tú; me alejé de los demás por completo luego de la muerte de mamá. —Rachel se limpió los mocos con su manga; empezaba a hablar con una notable dificultad debido al llanto— No quería acercarme a nadie porque simplemente estaba enojada con todos y desde antes ya ni quería socializar con otros. Ni sé por qué, simplemente fui una estúpida, pero cuando… Cuando apareció A-Adarza, yo creí que… Creía que había algo especial.
Rachel perdió la fuerza en sus brazos, dejándolos caer, hundiendo aún más su rostro entre el cuello y el hombro de Chloe, limpiando constantemente sus lágrimas contra su chaqueta.
—No pasó una semana y yo… ¡Y yo ya estaba tan ilusionada! Tenía hasta planeado contártelo unos días después de ese, pero tú… Tú moriste —Rachel sintió la mano de Chloe sostener la parte trasera de su cabeza—. Ella me utilizó, jugó conmigo y yo me dejé llevar porque creí que quizás había algo más en todo eso. “Wow, Rachel Ficks, la ermitaña descuidada encontró u-un espejo mágico. De seguro tendrá grandes aventuras junto a su compañera, que es igual a ella”.
»Ahora solo tengo tu sangre en mis manos… La sangre de todos los que hayan sido asesinados por Adarza y sus réplicas. Decenas, quizás cientos. Se escondió demasiado bien, ¡quizás lleva miles! Y todos son por mi culpa. ¿Y-y sabes que es lo peor? El día que fui a buscarte, ese día. Ese maldito día que nunca podré sacar de mis pesadillas… Te vi ahí tirada en el suelo y lo primero que dije —No pudo continuar, la sola idea de repetir aquellas palabras le enfermaba, pero debía de hacerlo, tenía que contárselo— Lo primero que dije… ¡Lo primero que dije es que tú no eras mi hermana!
Las caricias en su cabello se detuvieron. Rachel podía imaginar lo decepcionada que ahora mismo debía sentirse Chloe por aquellas palabras; tenía que decirlo. Quería que Chloe supiera la clase de basura que era Rachel Ficks. Su dulce hermana perfecta la había llegado a negar como su familiar en el peor de los momentos, además de causar la muerte de incontables personas.
—Yo prefería mentirme y decir que tú seguías viva porque no podía imaginar un mundo sin ti. —La rubia fue encogiéndose, deslizando su cabeza del hombro de Chloe hasta llegar a sus muslos, hundiendo su rostro en sus pantalones negros— Debí morir solo yo… ¡Nada de esto hubiera pasado si no hubiera tenido miedo! ¡Nada hubiera pasado si le hubiera enterrado el cuchillo en el cuello! ¡Pude matarla! ¡La tuve en el suelo, completamente a mi merced! ¡Nadie hubiera sido capaz de saberlo! ¡Si la hubiera matado ahí, al menos solo la sangre de un monstruo y una chica inocente estarían en mis manos en vez de la tuya! Pero dolería menos… Dolería menos.
»Lo repito cientos de veces en mi cabeza… que al momento de que ese reflejo habla, lo reviento contra la pared… Que nunca abrí esa caja por pereza y la boté al camión de la basura, donde fue aplastada. Que te conté directamente del espejo y que tú no confiaste en él desde un inicio, así que lo rompiste o lo llevaste a las autoridades donde algún erradicador u operador se hubiera hecho cargo. Que cuando ella me ofreciera esa oportunidad de verla, yo la rechazaba y desconfiaba, dándome cuenta de que planeaba algo malo. Que, en vez de haber corrido a casa para esconderme a llorar en mi cuarto, hubiera ido corriendo contigo a explicarte todo lo que pasó y hubiéramos ido con la policía, para que el caso terminara en manos de los operadores. Que Adarza no se hubiera enojado y que te hubiera dejado para después; entonces yo llegaba con Lindsy y te llevaba a ti y a Marcus conmigo.
Ninguna de esas posibilidades pudo ocurrir. “Hubiera” no era más que un escenario imposible, porque las cosas solo ocurren una vez. Ya sea algo tan simple como enviar un mensaje, apretar una tecla o tomar una decisión, por más que esas acciones se vuelvan cotidianas, cada una seguía siendo única por sí misma.
Nada podía cambiar, porque todo fue como únicamente debió haber sido, ya sea por su estupidez o no. Pero la gran culpable para Rachel Ficks, la villana de la historia no era solo la malvada réplica, ni el padre ausente y descuidado, porque al final, quien se dejó manipular fue Rachel.
Quien se enamoró de un espejo fue Rachel.
Quien aceptó darle más sangre al espejo fue Rachel.
Quien no fue a buscar a Chloe por miedo fue Rachel.
Adarza era Rachel.
La forma de la asesina demente suelta en alguna parte del mundo solo era otra forma del destino, de Dios o del universo para burlarse de que la verdadera gran culpable de todo solo era…
Rachel.
—Mamá estaría decepcionada de mí… y sé que tú también lo estás.
Los segundos fueron eternos; la sala se llenó de los llantos de Rachel, que ya no tenía nada más que decir.
—¿Terminaste? —preguntó Chloe, distante, molesta. Todo lo que Rachel esperaba, todo lo que sabía que ocurriría si algún día ellas dos volvieran a verse.
—Chloe, no merezco seguir vi-
—¡Cállate! —Chloe la interrumpió—. ¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cá-lla-te! —Intentó calmar su respiración, pero le fue imposible. Volvió a tomar a Rachel de su rostro, obligándola a levantar la mirada. En un mar de lágrimas, Rachel vio el rostro afligido de la mujer de ojos marrones, que lloraba tanto o más que ella— ¡No vuelvas a decirme jamás que no quieres vivir! ¡Deja de decir esa estupidez! Eres una niña, apenas tienes 16 años y estás pasando por todo esto; es una desgracia. Nadie debería cargar con tanto a tu edad.
—Chloe, lo que hizo yo misma me lo bus-
—¡Cállate! —Chloe pellizcó las mejillas de Rachel—. No hables. ¡Te toca escucharme y será mejor que prestes atención, Rachel Ficks! Sí, fuiste engañada, y eso provocó muchas cosas malas, pero ahora mismo estás hablando de ti como si fueras Hitler, pero estás mal. El mundo no estaría mejor si tú hubieras muerto o murieras; quizás ese espejo habría terminado en las manos de otra persona. No lo sabes, pero no eres la culpable de nada, eres una víctima… ¡No! ¡Eres una superviviente!
«Te equivocas, Chloe».
—¡De seguro piensas que no es así! ¿Verdad? —
«Soy la razón por la que ya no estás. Yo te quité todo». Rachel quiso bajar la cabeza, pero Chloe no lo permitió.
—¡Mírame!... Mírame, ni se te ocurra bajar la mirada. Esta podría ser la última vez que nos veamos en un muy largo tiempo, así que aprovéchala. —Chloe soltó el rostro de Rachel, que se mantuvo por sí misma esta vez. Mantuvo una mirada decidida observando a la dolida rubia—. Tú no me mataste, ni a nadie de los que mencionaste. Fue Adarza la que lo hizo.
—Yo la liberé; sin mí, todos ellos
—¡Tecnicismos!
—¡Déjame hablar, maldición! —Rachel frunció el ceño.
—¿¡Para qué!? —Chloe acercó su rostro, tomando a Rachel de su gabardina gris—. ¡Para que sigas diciéndome lo horrible que te sientes! ¿Para escuchar cómo mi hermana se siente responsable de mi muerte? ¿Quieres que me compadezca de ti para que sigas revolcándote en tu sufrimiento, ya que te da más miedo soltarlo que aceptar que no eres un monstruo?
—¿¡Qué sabes!? —rugió Rachel. Apretó los brazos de Chloe, cruzando su mirada con la de ella, furiosa, estresada. ¿cómo podía decirle esas cosas a la cara?— ¡No fuiste tú! ¡Tú no viste a Rose verte a los ojos luego de saber que por tu culpa su amiga de la infancia estaba muerta! ¡No viste los ojos de Ben apagarse luego de ser apuñalado en el cuello! Lleno de miedo, sin entender por qué estaba a punto de morir, ¡por mí!
—¡Qué egocéntrica!
—¿Egocéntrica? —No comprendió por qué. Simplemente se sintió aún más enojada— ¿¡Egocéntrica!?
—¡Sí! ¿Desde cuándo eres el centro del universo? ¡Es que, si Adarza respira o bebe agua, tú le serviste el maldito vaso! ¡Ella pudo haber sido cualquiera!
—¡Pero no es cualquiera! ¡Soy yo! ¡Yo! ¡Nadie más que yo!
—¿Y cuál es el punto de atormentarte? ¿De cargar con ese peso? Suena mal, suena horrible, pero no puedes pasarte la vida culpándote de todo lo que ella haga, porque tú no eres ella. ¡Tú eres Rachel!
Rachel se levantó. Antes de que pudiera darse la vuelta para caminar por el cuarto y lanzar insultos, Chloe la tomó de su brazo.
—No fue tu culpa.
—Claro que sí, lo fue. —Rachel no quería mirarla, no quería gritarle, mucho menos tratarla mal, pero le era imposible separar a Adarza de ella misma.
—No. No lo es, y si lo hubiera sido, ¿qué? ¿Qué se supone que harás?
—¡Cazarla! ¡Cortarle el cuello como debí hacer en ese maldito bosque!
—No eres una asesina.
—¡Lo soy! —Se dio la vuelta, encarando a su hermana, que la tomó de sus hombros, acortando la distancia entre ellas.
—¡Mamá no crío a una asesina!
—¡Mamá crío a una idiota!
—¡Mamá crío a una niña dulce con un enorme corazón! Algo crédula, como cualquier niño —Chloe agachó la cabeza, cerrando sus ojos con fuerza para levantar y volver a mirar directamente a los ojos de Rachel—, ¡no estaría decepcionada! ¿Sabes qué te diría mamá?
—¡Lo mismo que tú! Por eso no cuenta, eres mi hermana; a tus ojos solo soy una pobre inocente que cayó ante la manipulación de un monstruo. Pero yo no lo veo así; quienes perdieron a alguien por mí tampoco lo ven así.
—¡Rachel!
—¡No importa cuántas veces grites! —Rachel soltó toda su frustración en aquel grito. Observó a su hermana gruñir en respuesta, pataleando como una niña pequeña que no aceptaba el resultado de la discusión. Eso era su hermana mayor, una niña en el cuerpo de una adulta.
—¡No!... ¡Está mal! ¡Estás mal! —Chloe apretó el puente de su nariz.
Rachel estaba por hablar, hasta que su rostro fue tomado con fuerza. Un impacto fugaz la llevó a caer de espaldas. Se tomó la frente, dolida por aquel cabezazo propinado por Chloe, que la señaló desde arriba.
—¡No aceptaré que lances tu vida por la borda y vivas culpándote de todo! —rugió Chloe, con la frente roja debido a la fuerza del golpe. Se llevó las manos a la frente— Ay ¡ay! ¡¿Por qué tienes la cabeza tan dura?! ¡Cabezona!
—¡Me pegaste! —Repleta de lágrimas, Rachel se sentó en el suelo escondiendo su rostro entre sus piernas, abrazándolas con fuerza, hablando con dificultad. ¿Su hermana le había golpeado? ¿Cuándo Chloe la había golpeado en su vida?— ¿Por qué me pegas? No me pegues…
—Deja de creer esa basura. Los demás solo están enojados —Chloe dejó de sobar su frente volviendo a ver a Rachel con las manos en su cintura—, pero nadie verdaderamente puede culparte porque es muy fácil simplemente decir que eres una estúpida. Qué fácil es decir “Yo hubiera roto el espejo” cuando nadie estuvo en tu lugar. ¡No eres un asesino! ¡No eres un monstruo! ¡Eres una niña! Una de gran corazón. —Chloe se hincó sobre una de sus piernas, manteniéndose frente a Rachel— ¿Cuánto ha pasado?
—… Casi diez meses. —respondió con su rostro oculto en sus muslos.
Chloe perdió la compostura, dándose cuenta de que, en solo un mes, su querida hermanita cumpliría 17 años y ella no estaría para acompañarla. Se aguantó el dolor y el llanto; no era momento de pensar en sí misma.
—Eres terca como mamá, estoy segura de que todo este tiempo has estado tratando de enmendar tu error, ¿verdad?
—Sí.
—¡No te oigo! ¡Mírame!
—¡Sí! —gritó luego de levantar la cabeza, mirando nuevamente a los ojos de su hermana—. Con ayuda de los Logan me he entrenado… ¡Soy una operadora! Algo así como un mago. Puedo usar poderes, conocí a mi padre, entrené durante ocho meses para utilizar mis habilidades, luego estuve dos meses peleando y dando todo lo que tenía para prepararme en caso de encontrarla.
Chloe quedó sin palabras. Descubrir que Rachel era capaz de utilizar poderes era sorprendente, pero saber que conoció a su padre le era toda una sorpresa. Fue desarmada por completo, pero, como una buena hermana mayor, mantuvo la compostura, cruzándose de brazos.
—¿Crees que eso es lo que haría un monstruo? ¿Atormentarse durante meses buscando enmendar lo que hizo?
—¡Es lo mínimo que puedo hacer! ¡Yo la solté! ¡Yo soy la única que debe arreglarlo!
—¡Y vamos con ese ego tuyo de nuevo! Creer que eres la única que debería hacerlo, porque si no eres tú, nunca te sentirás bien contigo misma, es una forma de egocentrismo. ¡Quieres venganza y no te diré que esté mal! ¡Quieres detenerla para sentirte bien contigo misma, pero si sigues con esa mentalidad, no importa si la matas una o mil veces!... —El enojo en su rostro rápidamente se convirtió en pena y dolor; un terrible escenario pasó por su mente, uno que revolvía su estómago como nada lo había hecho antes— Jamás te perdonarás.
Chloe negó con la cabeza, levantándose, extendiéndole la mano a Rachel, que desvió su mirada por momentos antes de soplarse la nariz contra la gabardina por todo ese llanto.
—No merezco tanta amabilidad.
—Soy tu hermana, Rachel. Te amo, y jamás permitiría que te odies de esa forma, así que piénsalo bien. Cuando salgas de este lugar, recuerda mis palabras. Tú no tienes que cargar con el peso del mundo. —Chloe movió ligeramente su palma; Rachel reunió valor para mirarla a los ojos. Tomó aquella mano dulce y amorosa, levantándose del suelo.
Sin más que decir, Rachel regresó a abrazar a Chloe con fuerza, acariciando su espalda.
—¿Sabes qué te diría mamá? —Volvió a preguntar la mayor.
Rachel dudó.
—¿Qué me diría mamá?
—Te diría que está bien… Que todos cometen errores, que dejes que alguien capaz se encargue.
—¿No es demasiado irresponsable?
—¿Te parece más responsable dejarle la búsqueda de una loca asesina en serie con poderes sobrenaturales a una niña de 16 años? ¿En qué clase de mundo vives? —cuestionó Chloe, arqueando una ceja con una pequeña sonrisa en su rostro.
Rachel no pudo evitar reír por el tono de su voz; levantó la mirada, observando la sonrisa feliz en el rostro de su hermana. Ella imitó aquella sonrisa, separándose del abrazo.
—Dios, ¿no hay manera de convencerte? Eres demasiado cabeza dura.
—¿Tú me dirás eso a mí? —Chloe arqueó una ceja, colocando una mano en su cintura con una sonrisa retadora—. Rachel... Te amo.
—También te amo.
—Entonces es imposible que tú me hayas asesinado, porque eres mi hermanita menor, porque me amas, porque mi Rachel jamás me haría daño. —Lentamente, tomó las manos temblorosas de la pequeña niña con gabardina. A sus ojos, seguía siendo la dulce niña que decía groserías a escondidas de su madre, la que se robaba la comida de la nevera a escondidas, la que lloraba cada que el Doctor tenía que regenerarse y cambiaba de actor— Ray, yo estoy orgullosa de ser tu hermana, y si hay otra vida, reencarnamos o alguna cosa extraña que no comprendo… Yo mil veces elegiría volver a ser tu hermana mayor; si fuera por mí, jamás sería de otra forma.
—Yo… Yo también elegiría mil veces ser tu hermanita, Chloe. —respondió mordiendo su labio inferior, soportando las ganas de llorar.
—No fue tu culpa.
—¿No?...
—No. Claro que no fue tu culpa.
—¿No fue mi culpa?
Una idea inconcebible para Rachel. ¿Cómo no podía ser su culpa? ¿Alguien de verdad podía decirle de forma tan descarada a la causante de todo que dejara de culparse a sí misma?
¡Sí! ¡Claro que había alguien tan descarada como para ignorar cualquier lógica posible! ¡Obviamente tenía que ser Chloe Ficks quien dijera esas palabras con total seguridad! Solo una Ficks podía ser tan descarada como otra.
—No fue mi culpa…
—Así me gusta, Ray. —Chloe sonreía, palmeando el hombro de la pequeña— Deja de culparte por todo lo que ella haga. Ir por la vida deprimida y gritando a los cuatro vientos que las víctimas de Adarza son tus víctimas no te hará mejor persona, tampoco te hará sentir mejor. Aléjala de ti o jamás podrás ser feliz. Créeme, todo tu viaje será en vano sin importar lo que hagas si mantienes esa forma de ver las cosas.
Rachel miró a los ojos de su hermana; contra esa brillante mirada ingenua no podía mentir, no podía negarle nada. Bufó al sentirse totalmente indefensa ante su hermana mayor, que le era mucho más complicada de enfrentar que Carol, Zachary o Beatrice.
—Gracias, Chloe. —Rachel sonrió.
—No me des las gracias, esto es lo que hacemos las hermanas mayores… Esto es lo que hace la familia, y no creo ser la única que te apoya… Mencionaste a los Logan, ¿verdad? ¿Y a Lindsy, tu compañera de clases?
—Ajá.
—¡Ooh!, hace tanto que no escuchaba de esa cosita adorable.
Rachel no supo a qué se refería. Chloe, al notar la expresión confundida de Rachel, terminó por jalarle el cabello.
—¿No recuerdas? La obra. La obra donde estuviste con Lindsy en sexto.
—¿Qué? Yo no estuve en ninguna obra con Lindsy Logan. —Rachel se esforzó por recordar; estaba totalmente segura de que no lo había estado— Yo hice esa obra de muy mala gana por obligación, pero en ningún momento estuvo Lindsy.
—Ay, por amor de… ¡Agh! —Chloe se rindió—. Eres terrible. Como sea, Lindsy también es eso de… ¿Operadora?
Una ligera sonrisa se formó en el rostro de Rachel, que fue adornado por un leve tono escarlata en sus mejillas. Chloe no entendió al principio, pero al ver a su hermana de esa forma, volvió a acercarse, apegando su frente con la de ella.
—¿Qué es Lindsy Logan para ti?
Rachel se sintió nerviosa por los inquisitivos ojos de Chloe, que parecían querer ver dentro de su cabeza para no esperar la respuesta y obtenerla ella misma.
—Ella… Jaja, ella es mi-
Antes de que pudiera terminar, Chloe dio un chillido agudo. Todo su cuerpo tembló de la emoción, observando a Rachel con una sonrisa gigantesca.
—¡No puede ser! ¿Tienes una novia? Bueno… ¡No espera! —Chloe extendió su mano hacia Rachel—. O sea, ese no puede ser, es porque… Ya sabes, eres tú. Más antipática que villana de telenovela.
—Ey…
—Pobre Lindsy, que tiene que soportar esa cara amarga todos los días. La compadezco.
—¡Eeey! —Cada palabra que salía de la boca de Chloe solo enfurecía más a Rachel.
—¡Broma! —dijo Chloe entre risas, jalando a Rachel al suelo, sentándose de nuevo junto a ella—. Vamos, cuéntamelo todo. Dejemos de pelear y cuéntame toda tu aventura. ¡No omitas ningún detalle de tu relación con Lindsy! Como soy tu hermana mayor, debo ver si esa chica te conviene.
—¡Es la más dulce y amable persona que una vez podrás conocer! Es hermosa, inteligente, fuerte y lo más importante. ¡Me ama! —Nerviosa por contarle esto a su hermana, terminó por contarle todo lo demás de su historia.
Desde el viaje a Francia, cómo salvó a Luz, su humillación frente al congreso, su entrenamiento con Renate. Con emoción narró cada batalla que tuvo, contó el horrible pasado de Beatrice Engel. Insultaron juntas a Andrei Vasíliev.
Chloe escuchaba cada detalle, emocionándose, enojándose, conmoviéndose. Esto no solo era el tiempo de Rachel sin que Chloe estuviera presente, era el cambio de su hermana. Toda esta historia no era más que el gran paso de Rachel para superar sus problemas, y eso la hacía sentir orgullosa hasta el punto de llorar en ciertas partes.
Luego de una larga historia, risas y llantos que duraron horas, Rachel y Chloe miraban el techo de nuevo, tomadas de la mano, entrelazando sus dedos. Satisfechas, con sonrisas en sus rostros.
—Has pasado por toda una travesía.
—Lo sé.
—Eres maravillosa, Rachel.
—Tú también, Chloe. Eres la hermana más maravillosa que pude tener. —Rachel volteó su rostro, observando cómo la pelinegra se levantó. Rachel, confundida, hizo lo mismo. Los segundos pasaron, pero Chloe no dijo nada.
—¿Chloe? —Rachel fue la primera en romper el silencio.
—Ya es momento, ¿no crees?
Su corazón dio un brinco, estrujándose dentro de su pecho ante aquellas adoloridas palabras.
—¿No puede durar más tiempo? Yo no sé si podré… Verte de nuevo.
—Así es como debió ser desde un inicio. ¿No? —Chloe no se dio la vuelta, pero Rachel intuía que había una gran sonrisa en ese rostro. Ella extendió las manos a sus lados— ¡Somos tan suertudas! Yo estoy muerta, y, aun así, tuve la oportunidad de despedirme de ti. ¡Podré descansar sabiendo que estás viva y que tratas de mejorar con cada día que pasa! ¡Mi Rachel no está sola!... Gracias, Dios…
Rachel abrazó a Chloe por su espalda, hundiendo su rostro en ella, hasta que la mayor se dio la vuelta para corresponder aquel abrazo.
—No hagas ninguna estupidez… Bueno, sé que Lindsy te detendrá; confío en el juicio de mi cuñada.
—¡Chloe!
—Come sano, haz ejercicio, sonríe mucho y… ¿Cómo era? —Entre lágrimas, Chloe esbozaba una sonrisa brillante, que relajó el corazón de Rachel—. ¿Cómo decía el Doctor? Tantas veces que me hiciste verlo contigo y lo olvidé.
—Él decía.
—No, no, ya lo sé… Sé gentil, corre rápido, ríe fuerte… ¡Y nunca comas peras!
Ambas hermanas rieron al mismo tiempo. Rachel se dio cuenta del fuerte apretón en su ropa. Chloe tampoco quería soltarla, pero ella tenía razón. Ninguno de sus esfuerzos funcionaría de verdad si no la dejaba ir. Se apartó gentilmente, con cuidado de mantener sus manos sobre las de Chloe en todo momento.
—Si mamá te viera…
—Siempre me está viendo... y sé que estarás con ella mirándome, deseándome suerte y quejándote cada que algo malo me pase. —Rachel bajó la mirada, dejando caer una lágrima. Lo siguiente que sintió fue el cálido beso de Chloe en su frente.
—Adiós, Rachel, espero verte de nuevo en muchos años —susurró, chocando su cálida respiración contra la frente de su hermana—. Te amo.
—Volveremos a vernos, Chloe… Espérame.
Rachel abrió sus ojos, quiso acariciar las mejillas de su hermana, pero sus manos no alcanzaron a nadie. El cuarto blanco había sido reemplazado nuevamente por un cúmulo de estrellas a lo largo de toda la infinitud a su alrededor.
Como si hubiera despertado del mejor de sus sueños, Rachel limpió su llanto con una sonrisa. Quizás no estuvo de acuerdo con muchas cosas mencionadas por Chloe, pero había algo que nunca podría refutar.
Su hermana la amaba, y ella también amaba a su hermana.
—Saint Germain. —Rachel se dio la vuelta, observando al hombre limpiarse las mejillas rápidamente con un pañuelo— Gracias. Tú… Tú me diste la oportunidad de volver a verla.
—Yo no te di nada, así que no me agradezcas —contestó Saint Germain, levantándose de su asiento—. Ese era el verdadero deseo que había en tu corazón.
El conde colocó una mano sobre la cabeza de Rachel, quien se dejó acariciar sin oponer resistencia alguna. Alarmado, Saint Germain se mostró verdaderamente sorprendido ante su repentino cambio.
—Dime, Saint Germain… ¿Quién eres y qué es este lugar?
—Eso ya te lo respondí. —dijo confundido.
—No. —Rachel negó con la cabeza—. Vivo con un hombre que se cree Jimmy Fallon. Sé cuándo alguien me da un discurso barato que escribió en media hora y luego se lo memorizó.
El conde parpadeó múltiples veces antes de estallar en fuertes carcajadas, llevándose una mano a su rostro. No podía creer que fuera Rachel quien le dijera esas palabras.
—Bien… —contestó, lo que llevó a Rachel a asentir con una sonrisa; no había desconfianza, ni asumía intenciones ocultas en Saint Germain; ahora solo eran dos amigos a punto de conversar— Te mostraré realmente quién soy y qué es este lugar. No quiero oírte quejándote.