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#61 Un Mundo Inundado En Color

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 14 de septiembre de 2026

En el recibidor de la mansión Logan, un hombre acariciaba su descuidada barba creciente. A pesar de ser un operador, se veía algo viejo. Una clara muestra de cómo el estrés podía destruir a una persona. Soren Engel palmeó múltiples veces el bolsillo de su saco.

—¿Entonces decidiste no volver a casa?

—Sí. —Engel mantuvo una vista firme, sin apartarlos de la mirada de su padre en todo momento. Extrañada de lo bien que parecía tomarlo ahora mismo.

—¿Acaso ya no te importa la caída de nuestra familia?

—De hecho, me importó más de lo necesario, mucho más que a ti. Pero encontré un camino que quiero seguir sin importar el resultado.

Soren desvió su mirada; en lo alto de las escaleras, divisó la esbelta figura de una joven bastante baja, recostada a la baranda, observando todo sin demostrar interés alguno en la conversación.

—Vi los videos. —Agregó. Su mirada regresó a su hija. Dio unos pasos hasta quedar a pocos centímetros de ella, algo asombrado— Nunca me di cuenta de que estás a nada de alcanzarme.

—Soy muy alta. —Beatrice bajó su mirada un segundo, ignorando aquellos tacones negros que usaba.

—… Vi los videos, eres una operadora excelente, Beatrice. —Soren apretó el hombro de su hija, teniendo cuidado de no dañarla—. Si tienes algo en mente, no tengo intención alguna de entrometerme… La casa Engel tiene abiertas sus puertas para ti.

Alejó su mano, dándose la vuelta, dirigiéndose a la salida, donde Cosmopolita lo esperaba recostado a la gran puerta de madera blanca.

—Gracias por traerme, Arthur. Te debo una. —La frase usual que todos utilizaban al requerir sus servicios. Solo existían dos formas de pago con él: Dinero o un favor que cobraría en algún momento.

—Ni lo menciones.

La brecha espacial ya había aparecido delante de Soren, dando paso a la sala de su hogar en Dinamarca. Dio un último vistazo a su hija, que inclinó su cabeza en señal de respeto.

—Cuídate, papá.

Soren no respondió. Sí merecía aquellas palabras o no, era algo que solo Dios sabría, pero él no creía ser merecedor de tal amabilidad de parte de su hija. Sería hipócrita de su parte tratar de mencionar algo sobre lo increíble que era o lo mucho que lo enorgullecía en este momento, por lo que entró al portal que desapareció antes de que se dieran cuenta.

Arthur encendió un cigarrillo. Cerró la puerta, quedando fuera de la mansión para disfrutar de su vicio mañanero. Beatrice dejó salir todo el aire contenido en sus pulmones, con su cuerpo temblando del miedo.

—Ah… Fue… Mejor de lo que esperaba. —dijo entre jadeos mientras escuchaba las botas de Rachel chocar con los escalones a gran velocidad.

—¿No crees que fuiste muy amable con él? —cuestionó sin estar convencida de los acontecimientos—. Digo, mira lo que te hizo. Es una mierda.

—Sí, lo es. Su actuar es imperdonable; jamás olvidaré todo lo que pasé. —Beatrice controló su exaltada respiración, brindándole una cálida sonrisa a Rachel— Pero sigue siendo mi padre.

—¿Y lo perdonarás solo porque es tu padre? —Arqueó una ceja, curiosa y molesta por aquellas palabras.

—Jamás. —Beatrice negó—. Es más complicado que solo perdonarlo o que él pida disculpas, Ray.

—Eh. No sé, no comparto el sentimiento.

—Rachel Ficks. —Beatrice se cruzó de brazos, lanzando una mirada severa contra la más pequeña—. Las cosas que un operador no puede soltar terminan afectando su desempeño. Recuerda que el lado más crucial del aura está aquí.

Una uña pintada de azul con estrellas carmesí picó ligeramente la frente de Rachel, deslizándose con cuidado para colocarle su cabello detrás de su oreja. La niña de gabardina sonrió, asintiendo fugaz con su cabeza.

—Eres una mujer nueva, Beatrice.

—Verás, tuve dos buenos amigos y ejemplos a seguir que me mostraron que puedo llegar a ser mucho más siendo yo misma que siendo la niña perfecta que su padre buscaba.

La de vestido rojo extendió sus brazos; Rachel la estudió de arriba abajo con incredulidad, negando rápido con su cabeza. Los fuertes brazos de la danesa la envolvieron sin dejarle salida alguna. Beatrice cerró sus ojos, recostando su cabeza sobre la de Rachel, que, a pesar de tener mala cara, cedió poco después a ese cálido abrazo.

—Te lo debo, Rachel.

—No me debes nada, jamás hice algo pensando en ayudarte. —Rachel sonrió cerrando los ojos, separándose del abrazo de Engel, que juntó sus manos avergonzada.

—Me alegra tener una amiga a la que le guste Doctor Who.

—A todos en Europa les gusta.

—No. De hecho, no entiendo cómo a Zachary, siendo británico, no le gusta.

Rachel no creía lo que acababa de escuchar, y para enfatizar el chiste que vendría, formó una cruz en su pecho.

—Bendito sea ese pobre diablo y sus horribles gustos; no creo que tenga alma. —Ambas rieron por un momento. Rachel admiró por un momento el brillante rostro de Beatrice—. Bueno, supongo que es un adiós.

—No. —Negó con su cabeza, limpiándose una lágrima de esa larga risa—. Yo diría que un hasta pronto.

—Disfruta tu aventura. Creo que tendrás muchas cosas que hacer para independizarte y todo eso… Estudiar en la universidad.

—Sí, será algo difícil al inicio, pero es parte de avanzar. —Beatrice asintió, caminando hacia la puerta de la mansión—. Rachel Ficks, eres increíble… ¿Y sabes qué? Yo también. —Le guiñó un ojo a su amiga, abriendo la puerta, llevándose el mal olor del humo del cigarrillo.

—Geronimo, Beatrice. —Rachel regresó aquel guiño. Cuando la puerta se cerró, duró unos segundos observando la sala vacía. Metió las manos en sus bolsillos, negando con su cabeza mientras reía en voz baja. Una sensación extraña recorría su corazón. No se consideraba alguien que hubiera ayudado a Engel en nada, pero que lo dijera desde lo más profundo de su corazón le llevó a creer que solamente con su presencia había logrado ayudar a alguien a cambiar su vida para mejor. Este sentimiento era extraño, desconocido—. Geronimo.

 

 

Ellie intentó por todos los medios controlar su llanto, pero le fue imposible al recibir el abrazo de Lindsy. Las promesas se reunieron unos minutos después de la partida de Engel, que se despidió personalmente de todos a su modo. Rachel sabía que ella quería evitar justamente reaccionar igual que la maga latina.

—¡Fue tan divertido estar aquí! ¡Escriban mucho en el grupo! Los voy a extrañar tanto. —Ellie se separó del abrazo, limpiando las lágrimas de su rostro sonriente.

—Lo haremos, lo haremos, deja de llorar. —Taara palmeó la espalda de Ellie, sobresaltándose al ser sorprendida con un fuerte abrazo de su cuello— ¡Ellie! ¡Me llenas de mocos y te mato!

Ibb reía junto a Rachel, recostándose ligeramente en su paraguas. Observó a todos despedirse a su forma: Ne Zha chocaba los puños con los demás participantes; Lei Qiang era respetuosa como siempre, menos con Lindsy y Taara. Carol solo agitaba la mano; parecía estar ansioso por irse a comprar una casa en la ciudad.

—Vaya pintoresco grupo de operadores hay aquí, ¿no lo crees, cariño? —preguntó a la rubia a su lado.

—Así que de ti es que Taara tiene esa personalidad. Me alegra que solo se quedara con lo coqueto y no con lo mierda que eres. —respondió sin tapujos, cruzando sus brazos. La risa de la de ojos amarillos la incomodó ligeramente.

—Esa respuesta fue tan tú. Me encantan los operadores que son tan honestos. Sigue así, que vas por buen camino… Bueno, un enorme camino, pero vas bien. —Ibb caminó hacia el grupo, estrechando las manos de todos para despedirse, dejando atrás a la joven de gabardina.

—Chicos —Jack levantó su voz, aclarando su garganta. De no ser por su expresión tan serena, todos creerían que el rubio motociclista estaba nervioso—. Fue un honor competir junto con ustedes. No soy muy hablador.

—Y el cielo es azul. —Obvió Taara con una sonrisa.

—Gracias, Taara, me alegraría haberte preguntado —Jack continuó con una ligera sonrisa—. Me hicieron esforzarme al máximo y cambiar mi forma de pelear; al inicio pensé que mis únicos problemas serían Ne Zha y Ao Bing, pero me equivoqué… Gracias por ayudarme y espero haber ayudado a alguno aquí.

Ao Bing asintió con una sonrisa. Arthur llegó, abriendo un portal que cambiaba su destino cada que se acercaban las promesas.

—¡Taara, Lindsy! ¡Salgamos otro día! —Lei Qiang estiró su mano, mirando a ambas chicas antes de irse por el portal junto con Ao Bing y Ne Zha. Este último asintió con su cabeza en dirección a Rachel, despidiéndose con ese gesto pequeño de la niña recostada a la pared.

Zachary palmeó la espalda de Joao, que se retiró con una sonrisa. No volteó a ver a los demás, pero el silbante sonido de algo atravesando el aire lo hizo voltearse, atrapando una esfera blanca que Rachel había lanzado.

Con una pequeña sonrisa, Zachary lanzó la esfera al borde del portal de Arthur, partiéndola en dos, atravesando a Londres, dedicándole una rápida mirada al cosmopolita antes de que la imagen del portal cambiara.

—Ja, bastardo. —Rachel sonrió, usando sus hilos para recoger la mitad de la pelota y guardarla en el bolsillo de su pantalón; no quería dejar basura en el suelo.

—LOL a las ocho, que no se te olvide. —Fueron las palabras que Carol le dijo a Rachel antes de atravesar el portal y, poco después, los únicos presentes en la sala eran la Logan, Arthur y Rachel.

Lindsy miró a Rachel un instante antes de golpear a Arthur con suavidad en su costado. Arthur lo captó rápido, abriendo un portal a un paisaje reconocido para ambas; frente a ellas, una lápida de piedra muy bien cuidada permanecía justo como quedó hace casi un año. Rache, temerosa, se acercó al portal, tomando la mano de Lindsy antes de entrar con ella.

Arthur cerró el porta, ligeramente agotado. Abrir tantos portales al otro lado del mundo era muy agotador para él. Luego de cambiar la ubicación varias veces, sus reservas de aura se redujeron a mucho menos de la mitad.

Las horas pasaron, Arthur confirmó lo que necesitaba y por fin pudo volver a la casa principal de los Logan, apareciendo en uno de los pasillos del segundo piso. Saludó a Luz al pasar, que iba tomada de la mano con Violet rumbo a su habitación.

—¿Qué tal volver a casa luego de dos meses, Luz?

—Nada como el hogar. —Luz levantó su pulgar. Entró a su cuarto, mientras Violet se inclinaba como despedida a Arthur, entrando detrás de ella.

El de gabardina gris sonrió, rascando su mejilla, algo molesto por la escasa barba en su rostro. Apenas tuviera un momento libre, iría a afeitarse. Fue al estudio donde Lawrence debería estar trabajando. Allí lo encontró sentado detrás de un gran escritorio, rodeado de estanterías con libros que de seguro nunca había leído. Luck, como casi siempre, estaba sentado en un sofá en la esquina, frente a una laptop donde resolvía sus deberes.

—Hogar, dulce hogar.

—Dejar de traerte desde República Checa será un alivio. —Arthur saludó a Luck con su mano, sentándose en un sofá al otro extremo de la mesa donde estaba Luck.

—Yo digo que dejar de interactuar con toda esa gente es un fastidio —comentó Luck con un ánimo notable—. Ser una celebridad es horrible.

Lawrence arqueó una ceja al escucharlo, miró a Arthur con una mueca burlona mientras señalaba a Luck con su pulgar. Consideraba aquellas palabras como una de las estupideces más grandes dichas por su heredero.

—Encontré el mercado específico. Mañana podremos proceder; tendré toda la tarde libre. —dijo Arthur levantando una pierna sobre la otra. De su gabardina sacó un cigarrillo de su caja para fumar un poco.

—Hey, hey. Maldito. —Lawrence se levantó molesto. Abrió el gran ventanal detrás de su asiento— Acaban de limpiar. Hay un muy rico aromatizante de vainilla que estoy probando.

—Lawrence, suenas como una perra.

—¿Qué fue lo que descubriste?

—En Libia, la ciudad de Gadamés. Ahí compré el espejo. —Arthur le dio otra calada a su cigarrillo, observando el ventanal de Lawrence que daba vista a los enormes departamentos algo alejados de la casa.

—¿Qué coño hacías en el norte de África?

—Encontré al hombre que me lo vendió. Dijo que un primo encontró el espejo en una exploración. Que venía en una caja muy vieja. —Arthur abrió un portal junto a él, estirando el brazo para sacar una caja forma cilíndrica; su exterior estaba recubierto de un tono verdoso pálido, desgastada por el paso del tiempo— Una píxide de bronce.

Lawrence atrapó la píxide; no tenía idea de dónde venía, pero esto era un avance.

—Aquí estuvo el pequeño bastardo durante Dios sabe cuánto tiempo. —comentó sonriente; una vivaz llama se encendió en su pecho.

—Tres mil, para ser específico.

—¿Desde cuándo eres arqueólogo?

—Yo no, pero el padre de Joao lo es. No tardó mucho en decirme su edad y que viene de Asiria, para hacerte el cuento corto.

—Y eso era…

Arthur suspiró.

—Fue un poderoso imperio al norte de Babilonia. No te voy a explicar toda su maldita historia; busca en Google.

—Grosero. —Lawrence negó con la cabeza, dejando la píxide sobre el escritorio.

—En fin, eso no es todo lo importante. El lugar donde lo encontraron eran unas ruinas extrañas a unas horas de la ciudad. Pero aquí viene lo curioso —Arthur sonrió levantando un dedo, un gesto que copió de Lawrence—. Según la historia que contó su primo, estaba viajando con unos amigos, pero terminaron entrando en un terreno lleno de bosque. No supieron cómo llegaron ahí o en qué momento se perdieron, pero encontraron una ruina antigua que les generó escalofríos. Con mucho miedo entraron, pero solo eran pasillos totalmente vacíos y viejos. Este tipo, el primo, encontró la caja en una de las habitaciones más cercanas a la puerta de entrada. La tomó y huyeron de ahí; no se atrevieron a volver, pero quienes fueron a explorar nunca encontraron el lugar.

—Una operación. Extremadamente poderosa como para manipular el espacio. ¿Cómo crees que entraron? —Lawrence se llevó una mano a la barbilla—. Luck, hipótesis.

Luck detuvo su escritura al escuchar su nombre. Había prestado mucha atención a la conversación, por lo que no fue tomado por sorpresa.

—Bien, una posibilidad es que haya alguna hora específica que abre alguna entrada a ese lugar… Ah, también podría ser que alguno fuera un operador. Si varios fueron a investigar, quizás como eran humanos normales, el único requisito era ser un operador para entrar.

—Buenas hipótesis, pero al final será pura suerte comprobarla. Arthur, encárgate.

—Me da curiosidad, no hablaron nada de un brillo extraño. —Arthur se levantó del sofá, terminando su cigarrillo— Si es una operación, ¿por qué no hay brillo?

—No nos vamos a poner técnicos con esto. Concentrémonos en encontrar el lugar y, con suerte, averiguar más sobre este espejo. —Lawrence buscó uno de sus caros habanos, lanzándolo a Arthur, que lo atrapó con cuidado— Toma un regalo.

—Papá, ¿por qué una caja de asiria terminó en un lugar tan extraño de Libia?

—No sé, deja voy y pregunto. —Lawrence entrecerró los ojos, golpeando múltiples veces el escritorio con sus dedos— Le avisaré a Rachel para que se preparen.

—¿Llevaré a Rachel?... ¿Qué? —Arthur frunció el ceño, negando con la cabeza—. ¿Estás loco? No vamos a llevarlos.

—Claro que sí, Arthur. Piénsalo. —Lawrence se levantó de la silla, acercándose al más alto por pocos centímetros— Un momento perfecto para que hables con tu niña y le demuestres que no eres un padre incompetente; de seguro esto subirá puntos.

Arthur no se veía para nada convencido, a lo que Lawrence le colocó una mano en su mejilla para que lo mirase a los ojos.

—¿Por qué esa cara? ¿Acaso no la tuvimos entrenando casi un año para que pueda defenderse sola? Quizás no sea peligroso.

—Ese no es el punto. —Arthur resopló con su nariz, apartando la mano de Lawrence— Hasta para los operadores, esto es un evento que sobrepasa nuestro entendimiento. Toda una zona alterada con aura y el efecto ha perdurado tres mil años. Quizás esto sea algo de lo que se deba encargar el AFRAT de Baskerville.

Lawrence, boquiabierto. No quería involucrar al equipo de asalto de Baskerville. Estiró sus brazos a los lados, levantando la voz con una furia notable.

—¡No seas marica! ¡Eres el maldito operador más fuerte del mundo! Tú puedes cuidar muy bien a esos mocosos; además, Lindsy también estará presente y sabes de lo que es capaz. —Lawrence dio la vuelta, rodeando su escritorio para tirarse en su silla.

—¿AFRAT? —Luck miró a Arthur curioso.

—“Anti-natural Field Recon and Assault Team” en inglés.  —Arthur se cruzó de brazos—. Una división especial de los erradicadores que se encarga de temas paranormales.

—¿Por qué nunca he escuchado de él?

—Porque solo lo descubres cuando estás tan arriba en la cadena de mando como nosotros, las tres casas, o en el peor de los casos, estás en la mira para ser reclutado por ellos. —respondió Lawrene negando con la cabeza. Luck estaba sorprendido por la mirada fija de su padre. Lawrence no quería ni recordar las historias que había escuchado del AFRAT.

—No es que sea algo que nos guste mencionar. Ahí pasan cosas horribles —Arthur cubrió a Lawrence—. Créeme, tendrás una vida mejor si no sabes de qué se encarga AFRAT.

Luck asintió, aunque su curiosidad solo crecía mucho más, pero por la cara de su padre, no parecía ser un misterio agradable de resolver.

—Lawrence, deberíamos decirle a Baskerville.

—Arthur —Lawrence lo miró a sus profundos ojos azules—. Podemos con esto. Confía en mí, en ti y en tu hija.

—Bien, bien —gruñó Arthur, apretando el puente de su nariz—. ¿Qué haremos con Dexter?

—Ese pequeño bastardo no le dirá todo a Baskerville, no le conviene cuando se trata de su querida jefa.

—Bien. Mañana partiré. —Arthur se dio la vuelta, abriendo un portal a su habitación. Entró sin despedirse, cerrando el portal antes de que Lawrence se diera cuenta.

Lawrence extendió su mano, pidiéndole a Luck que se retirara. Su hijo obedeció, despidiéndose como cualquier operador, inclinando su cuerpo. Al estar solo, se relajó por completo en aquella silla, mirando el techo de su estudio. No podía describir cómo se sentía en ese momento, pero le era mucho más difícil mirar a Arthur a los ojos.

 

 

—Así que ahora vamos al desierto. Estamos bajando la calidad, Arthur. —Jesse se recostó a la mesa de la sala con una sonrisa. Obviamente, muerto de emoción por asistir a otra misión.

En el centro del grupo principal, Rachel, petrificada, mantuvo su mirada en el operador de cabello teñido. Había una pista, una pista a la cual podía aferrarse para descubrir de dónde vino el espejo maligno que arruinó su vida. No era la ubicación de Adarza, pero justo terminando su entrenamiento, encontraban un lugar relacionado.

—¿Qué estamos esperando? ¡Muévete! —ordenó frunciendo el ceño. No quería perder ni un solo segundo.

—Señor Arthur, déjeme, voy un momento por mi bolso con bombas y podremos partir. —Jazka salió corriendo de la sala, dejando a Alice sentada en un sofá, escuchando todo en silencio.

Dexter sostenía su celular, enviando la ubicación proporcionada por Arthur antes de guardarlo. Una sonrisa brillante se formó en su rostro.

—Excelente. Ya era hora de que la investigación avanzara; debo decir que fue muy deficiente su progreso. —Comentó burlón, pero no obtuvo ninguna respuesta que no fuera un leve asentimiento.

Lindsy tomó la mano de Rachel, que temblaba un poco debido a la emoción y los nervios. La entendía a la perfección sin que dijera ni una palabra. La rubia la miró por un momento, asintiendo con total seriedad. Frotó su cabeza con la de ella, entrelazando sus dedos con sus manos. Quería hacerle ver que ella estaba ahí. Poco a poco, el temblor desapareció, aunque su mirada continuaba perdida entre la desesperación y el odio.

Lindsy detestaba ver esa expresión que colocaba en sus peores momentos. Solo indicaba que ella aún no superaba nada del odio que sentía por Adarza. Pensó en pedirle a Arthur que a ella la dejaran, pero conociéndola, Rachel armaría un escándalo.

—Mantente a mi lado en todo momento, Ray. —Susurró Lindsy. Rachel asintió.

Con todo el grupo preparado, el portal de Arthur apareció. Rachel fue la primera en aventurarse sin soltar la mano de Lindsy, saltando por encima del borde del portal, aterrizando sobre una duna de arena en la que casi se resbalaba.

—¡Ah! —Lindsy sostuvo a Rachel, acariciando su espalda. Levantó su mirada, observando el vasto desierto incandescente.

Hasta donde alcanzaba la vista, dunas de arena se alzaban en lo que parecía ser un arduo camino si llegasen a caminar. A lo lejos, montañas de arenisca y piedra caliza alzándose majestuosamente en un terreno hostil para la vida humana.

—Es bellísimo. —Jazka sacó su celular, al igual que Jesse. Ambos tomaron fotos del lugar— ¡Qué majestuoso pisar tan bello desierto de la madre tierra que dio origen a las primeras culturas! ¿A que es impresionante, Alice?

—Sí. Supongo. —Alice encendió su aura, al igual que los demás operadores.

—¡Sí, con bellísimo se refieren a este calor hijo de perra! —se quejó Rachel; no llevaba nada de tiempo bajo el sol abrasador, pero por debajo de su camisa y gabardina, su piel empezaba a sudar.

—Tú eres la única perra idiota que traería una gabardina al… desierto. —Grace detuvo sus palabras al darse cuenta de cómo Arthur avanzaba, arrasando la parte inferior de su gabardina sobre la arena y piedras.

Jesse le guiñó un ojo a Grace, golpeando su costado ligeramente, pidiéndole que posara para una foto. El pelirrosado sonrió, sacándose su chaqueta roja mientras daba pasos hacia atrás. Siguió sus indicaciones para tomarse varias fotos; los demás se adelantaron siguiendo a Arthur.

—No me voy a quitar la gabardina. —Con su aura, caminar sobre la arena representaba un esfuerzo mínimo; se deslizó de la duna, soltándose del agarre de Lindsy, que la imitó alegremente.

—Bueno, tú eliges rostizarte viva.

—Rachel —Arthur alzó su voz sin detener o aminorar sus pasos—. Utiliza tu clarividencia.

Seguir sus órdenes no era algo que le gustara, pero mientras él liderase esta expedición rápida en busca de la verdad del espejo, se vería obligada a seguir sus órdenes hasta cierto punto. Con su clarividencia activa, Rachel se detuvo, incrédula, asombrada, maravillada. Su vista cambió por completo; a la distancia, una gigantesca masa colorida se alzaba.

—¿Qué carajo es eso?

Ni siquiera con su aura encendida pudo captarlo antes, lo que la aterró. Si había tanta aura concentrada en un solo lugar, debería ser imposible que no se den cuenta, pero al juzgar por las miradas confundidas de Lindsy y los otros operadores, además de Arthur, solo un usuario de clarividencia era capaz de verla o percatarse de su existencia.

—¿Co-Cosmopolita? —Rachel preguntó con su voz temblorosa, deteniendo su paso.

—Creemos que es una barrera que cubre el lugar donde encontraron el espejo. —Redujo la explicación tanto como fuera posible. Con Dexter presente, menos es más.

—¿Cómo se ve, señor Arthur? —Jazka caminó al lado de Arthur, mientras que Rachel volvía a caminar al ser jalada por Lindsy.

—Como la mayor concentración de aura que he visto jamás. —Sereno por fuera, inquieto por dentro, Arthur maldijo a Lawrence. Sabía muy bien que esto debió dejárselo a Baskerville.

«Esto es ilógico, ¿cómo es posible que esto lleve 3000 años activo? Debe haber operadores afines a manipular el aura fuera de su cuerpo, quienes lo mantienen». Pensó. De ser así, estarían entrando en las garras de un culto maligno de quién sabe cuántos operadores, o decenas de ellos o algunos tan poderosos que superaban al cosmopolita en reservas de aura.

No saltaron directamente al lugar en los portales de Arthur para asegurar la zona con su clarividencia; ningún operador se encontraba cerca del domo de energía invisible, pero no podía decir lo mismo en el interior de este.

Al llegar al borde de la barrera, Rachel tragó saliva. Se vio obligada a apagar su clarividencia. La presión ante tal cantidad de aura era enorme, similar al Júpiter de Taara, pero sin caer al suelo.

«¿Cómo es posible que él no se inmute ni un poco?» Se preguntó con asombro, observando la espalda del operador más fuerte del mundo, que se detuvo a varios pasos de aquella barrera, la cual ahora Rachel era incapaz de ver.

Jesse continuó avanzando; Arthur detuvo sus pasos. Entonces el de coleta azul asintió con la cabeza mirando al frente, viendo solo una gran expansión de aquel desierto, más piedras, rocas, dunas y muchas más dunas.

—¿Qué hacemos ahora?

Arthur, con un gesto, le pidió esperar, adentrándose en aquella barrera de aura. Con dos simples pasos, aquella vista desértica cambió en un instante, como si hubiera sido teletransportado por sus propios portales.

Regresó sobre sus pasos, recuperando el panorama anterior, escuchando las exclamaciones de su grupo de adolescentes.

—¡Volvió! —gritó Dexter con una sonrisa, incapaz de ocultar la emoción al encontrar un lugar tan interesante.

—Señor Arthur, desapareció un momento. —Informó Jazka; a su lado, Rachel corrió ignorando lo que acababa de ocurrir, atravesando aquella barrera sin dudar. Arthur la siguió— Ah… bueno.

—¡Adelante! —Jesse corrió, pero en su lugar, pasó de largo del punto donde todos desaparecían. Grace observó eso con cierta gracia, pues Jesse tardó unos segundos en darse cuenta de que solo corría cual estúpido.

—¿Qué? —Dexter levantó sus manos, ligeramente molesto—. ¿Solo deja pasar operadores? ¡Pero si un grupo de personas entró aquí!

Jazka asomó su cabeza; al confirmar que el trío continuaba a salvo, relajó sus músculos, regresando al desierto. Apagó su aura, luego entró de nuevo en la barrera sin problema alguno.

—Parece que solo permite entrar a gente que pueda usar el aura o descienda de algún operador.

—Que coman un chicle bomba de Grace si no pueden pasar mientras te tocan. —Indicó Arthur. Cuando volviera, le llevaría una buena comida a Luck, pues su suposición resultó ser correcta. Al menos uno de esos hombres descendía o era un operador. La barrera les permitió pasar a todos porque estaban en el mismo vehículo— Un ligero tecnicismo, no es tan perfecta.

—¡Árboles espinosos! —Rachel señaló a su alrededor, reconociendo aquellos árboles indudablemente. El mismo tipo de árbol con el que Jazka atacó a Lindsy ya hace bastante tiempo. La explicación de Clara continuaba grabada en su mente.

Desentonado por completo con su exterior, dentro del domo el ambiente cambia a uno mucho más vivo y acogedor. Decenas de árboles adornaban el lugar, al igual que un alto césped verde que llegaba a sus talones. En el centro de todo, un lago cristalino que reflejaba la luz del sol. Rachel se dio cuenta de que incluso la temperatura era mucho más soportable.

Jazka, luego de sostener a los muchachos y lograr entrar con ellos, aplaudió con fuerza aquel lugar magnífico.

—Incluso en un lugar tan inhóspito y hostil, la tierra nos regala este pequeño pedazo de paraíso. La naturaleza obra de forma misteriosa, pero justa.

—Esas ruinas no me gustan para nada. —Comentó Alice en voz baja junto al alto alemán de cabello largo y negro. Sus ojos no se apartaban de las ruinas blancas semiderrumbadas pasando el lago— Parece un lugar para rituales satánicos. ¡Quizás aquí practican paganismo!

—¿Por qué es lo primero que se te ocurre al ver un oasis tan bello en el medio del desierto? —Dexter la miró con curiosidad.

—Ruina maligna, separado del mundo, suena a mierda diabólica. —dijo la gótica cruzándose de brazos con una sonrisa, totalmente convencida de que estaba en lo correcto.

Arthur le cedió una a Dexter; no podían clasificar este lugar como algo que no fuera un oasis, un pequeño trozo de paraíso en este desierto gigante, pero seguía sin sentirse seguro. Un portal apareció, Arthur lo tocó y en un momento ya estaba frente a las ruinas de piedra caliza.

Acarició una de sus paredes; la estructura en sí tenía una forma triangular, parecida a una pirámide. En el centro, una gran puerta que formaba un arco con grabados que no reconocía para nada. Dentro del edificio, hasta donde alcanzaba la vista de Arthur, había un pasillo lleno de puertas y, al final de todo, escaleras que conducían a zonas subterráneas del lugar.

Alice tomó fotos a cada grabado que encontraba; era muy probable que Lawrence estuviera interesado en el origen de aquella estructura blanquecina piramidal; no estaba de más algo como esto.

—No siento nada con mi clarividencia. —dijo Rachel a Lindsy. Quiso entrar en aquella estructura, pero Jazka la detuvo colocándole una mano en la frente.

—Somos sus guardianes, permítame. 

Rachel asintió; Jazka fue el primero en entrar, luego Arthur. Detrás, Dexter se acercó al lago para tomar algo de agua en sus manos y beberla. Jesse lo miraba preocupado, pues uno no sabía qué clase de cosas raras podían ocurrir por cualquier acción cotidiana.

—¿No se te caerá la piel como en Cabin Fever? —Al terminar esa oración, Dexter lanzó agua al rostro de Jesse, que corrió en seguida para ahorcar al pelirrojo. Grace golpeó a ambos en sus costados, obligándolos a comportarse.

El grupo entero entró detrás de Jazka y Arthur, que exploraban lados contrarios de la edificación abandonada. Las puertas eran abiertas, pero, ya sea para su decepción o bienestar, las habitaciones estaban vacías a excepción del polvo acumulado por siglos.

Toda la sala principal fue explorada en cuestión de minutos, hasta que la última opción disponible era bajar. Arthur fue el primero.

—Pensé que una exploración a un templo antiguo sería algo más parecido a Lara Croft. —comentó Rachel en un susurro.

—¿Con terroristas, monstruos y esos?

Rachel no ocultó su sorpresa; no esperaba que Lindsy conociera a Lara Croft teniendo en cuenta que no disfrutaba de los videojuegos y ella muy poco mencionaba otros juegos que no fueran sus favoritos.

Bajando las largas escaleras, Jesse usó su celular como linterna, a pesar de que los operadores presentes ya le proporcionaban diferentes tipos de luz “natural”.

—¿No te parece algo asombroso? Quizás somos los primeros humanos en explorar bien este lugar en siglos.

—¿Cuándo eso en una película ha terminado bien? —replicó Grace con una sonrisa amarga—. Rachel, Arthur, ¿su clarividencia no les debería decir qué tan grande es este edificio?

—No —Arthur fue quien respondió—. Míralo como una brújula en blanco que puede captar emociones, intenciones o aura muy fuerte, pero solo eso. No podríamos resolver un laberinto con clarividencia.

—Oh… Vaya mierda.

—Te quejas mucho. —Jesse codeó a Grace, rodando sus ojos.

Finalizando las enormes escaleras, un cúmulo de pasillos, como si Arthur hubiera acertado una adivinanza invisible. La estructura subterránea parecía un laberinto. Decenas de puertas, cruces y largos pasillos hasta donde alcanzaba el brillo o sus ojos mejorados por aura.

La mejor decisión fue no separarse; en caso de que algo ocurriera, Arthur los sacaría de ahí en un parpadeo. Con cada puerta, una nueva decepción. Las habitaciones ahora se extendían más; dentro de cada puerta había espacios con tres habitaciones, incluso hasta cinco. Las horas pasaron sin novedades; a veces el pasillo se agrandaba en salas circulares con un techo más elevado, pero jamás algo interesante, solo roca blanca, mohosa, llena de polvo. La paciencia de varios del grupo empezaba a acabarse, explotando con su miembro más pequeña.

—¡Llevamos horas aquí y todavía hay más pasillos que no hemos explorado! —Alice fue la primera en quejarse; su estómago rugió, llevándola a abrazarse a sí misma—. Tengo hambre.

—Estoy impresionado. —Jazka miró a Arthur con una sonrisa; era el único de los operadores presentes en sentirse genuinamente entusiasmado por todo lo que presenciaban— Esto parece ser algún tipo de ciudad subterránea que nunca fue utilizada. ¿Quién la habrá construido y por qué?

—¿Un asentamiento para operadores? —se preguntó el más alto y viejo, cubriéndose la boca—. Lo más probable es que al final de toda la ciudad o en alguna parte haya algo interesante, pero por el momento, pararemos aquí.

Arthur sacó un anillo de su bolsillo; con lo iguales que eran los pasillos, prefirió no arriesgarse, dejó el anillo de plata en el suelo. Jesse lo observó curioso, pero obviamente no le explicaría en qué ayudaba eso a su operación.

Todos regresaron a la superficie, específicamente frente a la entrada de las ruinas. La tarde había caído; dentro de una hora oscurecería. Arthur maldijo en su interior; a pesar de buscar por horas, no logró encontrar algo relacionado con el espejo. Debía de ser rápido, tener resultados ese mismo día, o el gordo hijo de perra se apoderaría del lugar y descubriría sus secretos.

—Propongo que nos quedemos. —Jazka levantó su mano, como si leyera la mente de Arthur—. Quizás en la noche, el lugar demuestre propiedades diferentes. Sería bueno comprobarlo.

—Bueno, mientras comamos algo, yo no me iré de aquí hasta que encontremos información. —Jesse asintió apretando un puño de la emoción.

Arthur abrió un portal; Jazka lo atravesó para buscar comida, bolsas de dormir y otros utensilios. Prepararon todo un pequeño campamento entre el lago y la estructura misteriosa.

Arthur cocinó junto con Jesse y Jazka, cuestionando mucho los métodos de cocina del peli azul. Rachel se sentó en la entrada de las ruinas para asegurarse de que no hubiera ningún cambio, aunque Lindsy y Arthur no estuvieron de acuerdo con eso. Pero Lindsy captó su verdadera intención: No quería estar cerca de Arthur más de lo necesario.

Sentada en el gran arco de entrada, Rachel se recostó a este mismo, observando cómo Dexter y Lindsy se acercaban a ella con un plato de comida. En lo que habían cocinado, la noche por fin cayó, revelando un cielo infinito lleno de puntos brillantes. Rachel elevó su mirada, disfrutando aquella vista. Un oasis iluminado por la luna junto a incontables estrellas en el cielo era algo único.

—¿Con hambre? —Lindsy cubrió su vista con algo aún más hermoso para Rachel: Carne frita, arroz y ensalada. La rubia lo tomó al instante para empezar a comer a gran velocidad— Te vas a ahogar así.

—Es que la comida es taaan buena~ —respondió con arroz en su boca. Lindsy siempre la regañaba, pero su mal hábito de comer rápido jamás se iría.

—Eres un cerdo, Ficks. —Dexter se sentó al otro lado del arco, disfrutando de su comida— ¿De verdad prefieres estar aquí solita y triste que allá hablando idioteces con nosotros?

—Ajá. —Sin prestarle atención alguna, Rachel siguió comiendo con una ferviente emoción. Aquel rostro de satisfacción en la contenta rubia masticando su comida ablandaba el corazón de Lindsy, que la miraba con ternura.

—Por Dios, son las más lesbianas del mundo… —Dexter sonrió. Al terminar de comer, se acercó a Arthur para pedirle que abra un portal para notificar parte de su avance y sus hallazgos. Debía informar que la misión se extendería más.

Luego de una agradable comida y más horas de búsqueda, el exhausto grupo volvió a la entrada del lugar. Rachel, hastiada, aburrida y molesta, se tiró en el suelo cerca de la salida; una bolsa de dormir cayó en su rostro, a lo que ella lo utilizó como almohada.

—Creo que está molesta. —respondió Jesse. Acarició sus propios brazos temblorosos por los vientos nocturnos del desierto.

—Arthur también parece de mal humor. —Mencionó Jazka junto a la pareja. El hombre salió del lugar, preparando una fogata a pocos metros de la entrada. Aunque más que molesto, a Jesse le parecía decepcionado.

—Bueno, esto al final ha sido solo una pérdida de tiempo —dijo Grace—. ¿Qué esperábamos? ¿Un mural gigante donde hubiera dibujitos explicando la creación del espejo o una profecía de más de tres mil años?

—Jódete, Grace. —comentó Rachel con su rostro hundido en su almohada improvisada.

El de ojos verdes y chaqueta roja sonrió satisfecho. Salió del lugar junto a Alice y Jazka. Quería echarle el diente a lo que sea que hubiera quedado.

Jesse preparó su bolsa de dormir para acostarse un rato; Dexter se tiró junto a él, sacando su teléfono sin señal alguna. Luego de jugar unos minutos, miró a Lindsy, que se sentó al lado de Rachel para acariciar su cabeza.

—Al diablo. Voy a dormir. —Dexter guardó su celular. Tirándose en el suelo, imitando a Rachel improvisando una almohada— Despiértenme si nos morimos u ocurre algo que valga la pena ver.

—Si nos morimos, seré el primero en despertarte. —Jesse le dio un pulgar arriba, observando a su compañero cerrar los ojos para tratar de descansar.

Lindsy le quitó la almohada a Rachel, que la miró arqueando una ceja con algo de molestia, pero al notar que la pelinegra palmeaba sus muslos para que se recostara allí, acabó por arrastrarse rápido para reposar su cabeza en sus piernas.

—¿No dormirás? —Rachel cerró sus ojos, dejando una mano sobre los jeans de Lindsy, acariciando la tela.

—No. Este lugar no me gusta, pero descansa un rato… Te despertaré si me da un calambre u ocurre algo.

Rachel asintió. Dentro de poco tiempo quedó dormida. Arthur llegó unos minutos después, sentándose junto a Lindsy. Sus ojos se centraron en su hija, que se veía tan tranquila durmiendo. Lindsy se dio cuenta de aquella mirada.

—Es testaruda. —Lindsy cerró sus ojos, recostando su cabeza contra la pared.

—Sí, lo sé. Me recuerda mucho a mí —Arthur no pudo evitar sonreír—. Aunque eso no lo mejora. Tardé demasiado tiempo en dejar de ser tan testarudo… Pero ella tiene muy buenas razones para nunca dejar de odiarme.

—Su corazón es mucho más blando de lo que parece. —Lindsy llevó su mano a la mejilla de Rachel, que dormía plácidamente—. Ella es un amor… Un día entenderá que no es tu culpa; bueno, no es totalmente tu culpa.

—Ojalá, Lindsy.

—Cuéntame de ella.

Arthur miró al frente, a Jesse, que mantenía sus ojos entreabiertos, siendo vencido por el sueño, pero quería seguir escuchando la conversación.

—Sam Ficks era… Una mujer maravillosa. —respondió. Lindsy pudo notar el naciente brillo en los ojos de Arthur, que esbozó una sonrisa desde el fondo de su corazón.

—Soy toda oídos.

 

 

«¿Por qué no siento nada?»

«¡No puedo moverme! ¿Qué pasó? ¿Lindsy? ¿¡Lindsy!?»

«¿Muchachos?»

Dentro de la interminable nada, Rachel simplemente existía. Sin cuerpo, sin órganos. Ella solamente era, pero en un parpadeo, sus sensaciones volvieron lentamente. Dejó de ser y pasó a estar. Recuperando su vista, se vio sumergida en un colorido mar ilusorio. Se miró las manos, confirmando que estaban ahí, luego su ropa.

—¿¡Lindsy!? —gritó con todas sus fuerzas, pero su voz se perdió en ese multicolorido vacío interminable. Encendió su clarividencia; entonces captó un agudo zumbido que hizo vibrar su cerebro. Sangre brotó de sus fosas nasales y sus oídos; cada molécula de ella vibró, sintiendo que iba a estallar. Tomó su propia cabeza, cubriendo sus orejas, tratando de ignorar aquel zumbido en su cerebro, pero era inútil. Gritó, pataleó en ese mar flotante suplicando por parar lo que estaba ocurriéndole a su cuerpo.

«¡Para! ¡Para! ¡Por favor! ¡No!»

Buscó encender su aura, pero no pudo. No importa cuánto tratara. Su cuerpo no brillaba, no recibía aquel impulso vigorizante que venía con el aumento de sus capacidades físicas.

Y como apareció, el dolor se detuvo. Su sangrado también simplemente quedó flotando dentro de aquellos colores tan vívidos, otros apagados, un festival tan caótico como armonioso.

Luego todo desapareció; se sintió revitalizada, la sangre había desaparecido. Sin entender qué ocurría, miró a su alrededor, pero los colores ya no estaban. Solo Rachel Ficks, flotando en un vacío ininterrumpido de estrellas.

 

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