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#60 Y Jamás Lo Olvidarás

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 12 de septiembre de 2026

«No puedo dejar que termine con la ayuda de Rachel; si puedo llegar a un puesto más alto, tengo que hacerlo. ¡Debo hacerlo!» Zachary aceleró el paso, zigzagueando entre los árboles. Los rayos de Ne Zha llegaban a rozar su piel, desintegrando su ropa. Se detuvo en seco ante la inmensa llamarada de fuego que se formó frente a él como un muro. Gruñó molesto, lanzando múltiples dagas a su espalda.

Ne Zha desvió cada una de las dagas golpeándolas con su lanza, que con destreza giraba en su mano.

—Entrégamela y no te haré tanto daño, Zachary.

«Tiene miedo de que la rompa». Pensó el británico, fijando su mirada en aquel peligroso adversario, que lo alcanzó mucho más rápido que los demás.

—Quizás no tenga oportunidades de ganar, quizás sí. Una vez la tenga y te derrote, creo tendré los puntos suficientes como para ganar. —Ne Zha sonrió. No se esforzó en sacar muchas cuentas, pero de ser necesario, aunque no le gustara, derrotaría a los más débiles para mendigar algunos puntos.

—¿Sabes cuál es tu problema, Ne Zha? —Zachary mostró la esfera, tomando un profundo suspiro; la arrojó al aire, evitando por escasos centímetros un rayo que fue a su pecho.

Su aura tomó un tono más azul, sus ojos brillaron. Decidido a avanzar desde este punto, con una velocidad que sobrepasó con creces cualquiera de sus hazañas. Su mente actuó tan rápido como pudo; no había tiempo para materializar un arma. Ne Zha reaccionó muy bien a sus intenciones; despegaría mucho antes que generara una cuchilla.

En su desesperación, el aura rotó alrededor de su cuerpo. El viento fue cortado sin esfuerzo y el moreno blandió su brazo cual cuchilla, cortando el abdomen de Ne Zha con su propia aura. El asiático se alejó, expulsando llamas de sus pies, un movimiento que fue tanto ataque como su forma de alejarse.

Zachary, maravillado de su propia aura, apartó aquellos pensamientos, dejando únicamente su objetivo en mente. Retomó su carrera con mucho menos esfuerzo que nunca; no era solamente por el aumento de su aura. El mundo entero ofrecía menos resistencia en su contra. El operador que basaba sus habilidades en la velocidad ahora era más rápido que nunca; a la distancia por fin presenció el podio activo restante. La libertad se esfumó. El peso de su cuerpo aumentó exponencialmente, obligándolo a caer de rodillas.

—¡Lo siento, cariño! —Taara, a una gran distancia de Zachary, utilizó gran parte de su aura restante para detener a Zachary. Ne Zha despegó de nuevo, ignorando su pecho sangrante.

—¡No! —trató de levantarse, pero le fue imposible; además de la presión en todo su cuerpo, un rayo de aura rojiza atravesó su muslo derecho.

Ne Zha disfrutó de su victoria; Zachary trató de cortarlo, pero con la base de su lanza lo golpeó en su rostro con toda su fuerza. El británico apretó los dientes, a punto de romper la esfera para terminar con un empate, pero el agujero de gusano verde que apareció frente a su rostro tenía otros planes; múltiples cometas se estrellaron contra su rostro.

Taara se aseguró de lanzar todo lo que le fuera posible para detenerlo. Sin fuerzas, Zachary dejó que la gravedad aumentada lo venciera. Cayó al suelo, dejando caer la esfera mientras su aura se apagaba; en ese momento, Taara hizo desaparecer sus habilidades.

Zachary jadeó, aún consciente, observando cómo el asiático de delineador tomó la esfera. «¡No!... ¡No! ¡Regrésamela, maldito hijo de perra!» No fue capaz de gritar, todo su rostro hinchado, su pierna herida con una constante pérdida de sangre; aun así, trataba de mantenerse consciente sin importar qué.

Ne Zha se impulsó con fuego a un costado, evitando las gotas de agua que cayeron del cielo. Ao Bing, dañado, congeló la herida provocada por el problemático dúo.

—Nunca te cansas, hermanito. —Ne Zha sonrió, listo para despegar; de no ser por los hilos de Engel que lo ataron, su cinta roja voló en contra de su furtiva adversaria que llegó desde los árboles.

Sintió las uñas clavarse en su piel, lo que lo obligó a generar una intensa llamarada de fuego que cortó los hilos de Beatrice, asegurándose de mantener a salvo la esfera blanca en todo momento. Levantó su mano contra la danesa, mientras que Taara disparaba los últimos cometas que le quedaban en contra de Ao Bing en el aire para que no interrumpiera.

Ne Zha disparó, atravesando el hombro de Beatrice, que no lo esquivó. En ese instante, la mano de Ne Zha fue atrapada desde su muñeca con otra oleada de hilos de color blanco, repletos de aura. Con todas sus fuerzas, Rachel quebró la muñeca del hombre, llevándolo a soltar la esfera que esos hilos tomaron y jalaron con ella.

—¡Tú! —No pudo prestarle la atención merecida a Rachel. Herida, Beatrice Engel acortó la distancia entre ambos operadores; en una mano sostenía la cinta roja que busca liberarse desesperadamente, con la otra, lanzó un golpe cargado de aura que Ne Zha bloqueó con su lanza.

Ao Bing se vio obligado a descender, casi sin aura, herido y bastante mareado. Taara lo ignoró al ver en el problema que se encontraba su compañero; Rachel corrió en dirección al podio, siendo detenida por la aparición de Júpiter, que detuvo sus pasos.

—¡Esta perra!

«¡Avanza! ¡Avanza, maldita!» Zachary encendió su aura de nuevo, tratando de levantarse a pesar del dolor.

Ne Zha recobró la enorme cantidad de aura de su cinta. La punta de su lanza floreció, abriéndose cual flor de loto; la apuntó contra Beatrice, disparando una intensa cantidad de llamas que la obligaron a retroceder para no acabar carbonizada. Con ese movimiento se lanzó contra Rachel.

—¡Alice! —Rachel, con toda su fuerza, lanzó la blanca esfera brillante a la última miembro del grupo, que, sin aura, se había adelantado hacia el podio; mientras consiguiera anotar, no importaba quién fuera.

Obedeciendo las órdenes de Rachel de adelantarse, una gran sonrisa se marcó en la gótica de gran cabello; su aura negra recubrió de nuevo su cuerpo. Aquel tentáculo se estiró preparándose para agarrar la esfera, pero Ne Zha no lo permitiría. Júpiter desapareció de encima de Rachel, y con su último esfuerzo, Taara formó un agujero de gusano interceptando la esfera que tomó ella misma, agradecida del gran pase de la rubia.

—¡Gracias, Ray!

Ne Zha sonrió, retrocediendo en el aire, impulsando con fuego. Detendría a Beatrice. Engel lanzó sus hilos en contra de Taara.

«Levántate».

Zachary abrió en grande sus ojos, miró de reojo a Rachel. Un impulso lo hizo querer levantarse, aunque la idea parecía no ser suya.

«¡Levántate y corre, Zachary!»

En el aire pudo verla; una esfera de color blanco voló hacia él, su aura retomó su intenso brillo azul, tomando la esfera en el aire, ignorando el dolor insufrible de su pierna. ¿Qué era ese dolor comparado con su sueño? Nada. Así que obedeció la orden, despegando a gran velocidad con esa aura azul oscilante.

Taara miró de reojo la esfera blanca brillante, lo que llamó su atención. Al verla, mejor, dándose cuenta de que ahora brillaba, no era porque estuviera cargada de aura; solo eran un montón de hilos entrelazados que Rachel separó de ella dejándolos con aura.

—¡Ne Zha! —Taara trató de advertirle, pero ya era muy tarde.

Zachary encestó la esfera en el podio, gritando con todas sus fuerzas al momento de anotar, ignorando por completo el grito emocionado de Lawrence.

“¡Zachary Hill obtiene un punto! ¡El ganador es el equipo rojo! Dos puntos para ellos. ¡Más otro punto para Zachary por ser el que aseguró la victoria!»

Rachel apretó sus puños, observando con alegría la espalda del británico. Una enervante sensación recorrió su cuerpo, mucho más adictiva que la que sentía al ganar cualquier juego en línea.

—Ser support es tan divertido —dijo con ojos brillantes, apagando su aura luego de unos segundos. Se encontraba agotada.

—Tú.

Rachel ignoró a Zachary desplomarse sobre el podio. Volteó a ver a Ne Zha, que tenía una mano rota y su pecho sangraba por el horripilante corte de Zachary. Empapado en sangre y con su respiración agitada, le dio una gran sonrisa.

—No puedo creer que nos engañaras.

—Ah. —Suspiró al no recibir un golpe, cruzándose de brazos mientras reía con fuerza— ¡Jajaja! Se me ocurrió lo de la esfera falsa a último momento; sinceramente, iba a usarla de otra forma, pero tuve que adaptarme apenas Taara me atrapó.

Ne Zha miró a Taara, que giraba en el suelo lanzando patadas a todos lados mientras maldecía; la esfera de hilos había desaparecido.

—¿Y qué tal? ¿Satisfecho? —Rachel levantó una ceja con una sonrisa burlona.

—¿Ah? —Ne Zha volteó sin entender a lo que se refería.

—¿No recuerdas? Viniste porque querías enfrentarme. Ahí lo tienes. —Rachel presionó su puño contra el pecho de Ne Zha, ignorando su gesto de dolor— Perdiste abruptamente.

Ne Zha miró de reojo su inútil muñeca, negó con la cabeza aceptando las palabras de Rachel. Su puño bueno presionó el pecho de la mujer.

—Bien, lo admito. Me venciste.

—¡Qué bien se sintió vencer a mi jefe final! ¡Mierda! —Rachel le dio la espalda, saltando con la fuerza que le quedaba; entonces arqueó su adolorida espalda—. ¡Ay, ay! Se me olvidó que no tengo mi aura activa.

Ne Zha observó incrédulo a quien se acababa de proclamar su jefe final. Cruzándose de brazos, lo primero que pensó fue en la cara endemoniada que tendría su abuela. Como si supiera en qué pensaba, Ao Bing le colocó una mano en el hombro.

—Vas a morir al volver.

—Pff, ¿qué me importa? Que lo escuche bien la vieja. —Ne Zha continuó sonriendo, manteniendo su mirada en la alegre joven. Fred y Louis llegaron para recogerlos—. Fue divertido, muy divertido. ¡Lo único que yo quería era pelear y lo conseguí!... Gente muy fuerte, que más adelante será más fuerte.

Ao Bing lo miró algo aburrido. Su hermano no había cambiado un poco. Se forzó a sonreír, hasta que esa sonrisa se volvió genuina, como la felicidad que creció en su cuerpo, llevándolo a imitar a Rachel con aquellos saltos. ¡Había vencido a su hermano!

 

Primeros puestos:

Zachary 6: +1 +1 +2 = 10

Engel 5: +1 +1 +2 = 9 

Carol 11: -2 = 9

Los demás:

Ao Bing 5: +2 = 8

Ellie 6: -1 +2 = 7

Rachel 2: +2 = 4

Joao 6: -2 = 4

Jack 5: -1 -2 =3

Alice: +2

Lei Qiang: 0

 Ne Zha: 0

Taara: 0

Todos fueron curados. La espera no fue larga hasta que estuvieron conscientes para recibir los últimos resultados. Los doce operadores miraban sus posiciones en la tabla, algo desanimados, felices, al borde del llanto, orgullosos, excepto uno que no miraba la tabla para nada.

—Un poco más y hubiera tenido que entrometerme. —Carol revisaba su celular, soltando un leve jadeo al ser golpeado en su hombro por Rachel— Ya, ya. Me callo.

Alice observaba su resultado final. No estaba conforme. Llevó una mano a su pecho, estrujando su camiseta negra. Apretó sus labios con los ojos llenos de lágrimas, negando con la cabeza.

—Yo… Apenas y merezco eso. —Apenas pudo decirlo sin llorar—. Todo lo que logré fue por mi equipo.

—No. Estás equivocada. —Engel colocó su mano en el hombro de la gótica, acercándola con brusquedad, obligándola a mirar la tabla— Es justamente lo que puedes hacer ahora, apoyar… así que mantén la frente en alto, Alice. Deja de gritar a los cielos que eres la mejor… y sé mejor.

Alice mordió más fuerte su labio, asintiendo múltiples veces con su cabeza.

—¡Sí!

Engel acarició su cabello, visiblemente satisfecha. Ignorando el hecho de que Rachel la miraba con ternura.

«¿Quién iba a pensar que Engel podía ser tan buena persona?» Rachel se alejó de la escena, acercándose al joven de rizos y ojos verdes sentado en una de las camas de la enfermería.

Zachary entrecerró los ojos. No fue difícil notar cómo sus dedos estrujaron la sábana blanca sobre la camilla.

—¿Vienes a burlarte?

—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó con una gigantesca mueca burlona.

—Necesité de ti para ganar. ¿Por qué no seguiste corriendo? ¿O por qué no se lo lanzabas a Alice?

Rachel se tiró en la camilla junto a él, negando con la cabeza y manteniendo esa misma expresión. Alzó su pecho con orgullo, cosa que enfureció al moreno.

—Simple, Alice podía perder su aura en cualquier momento y le sería imposible reaccionar a cualquier ataque.  Yo quizás no llegase a tiempo, pero tú podrías. —Rachel levantó dos dedos, antes de levantar un tercero— y jamás lo olvidarás.

La expresión en el rostro de Zachary se ensombreció más.

—Sigue odiándome todo lo que quieras, no me importa. Pero ahora, disfruta saber que te ayudé a que obtuvieras más puntos y quedaras en primer lugar. —Rachel juntó sus manos, entrelazando los dedos, fingiendo preocupación— Oooh, la malvada Rachel me ayudó a estar por encima de los demás.

—En ese último momento, no me hablaste. —Zachary relajó su rostro, levantándose de la camilla—. Fue casi como si yo fuera el que se gritó que se levantara.

En silencio, Rachel observó a Zachary; su boca se fue abriendo cada vez más. Eso significaba que había utilizado la versión más avanzada de la clarividencia, así fuera un momento y de forma inconsciente.

Zachary resopló con su nariz, cerrando los ojos. Rachel sonrió, hasta que los labios de Zachary formaron una sonrisa. No le era creíble lo que estaba viendo.

—Muérete, Rachel Ficks.

—También te quiero, Zachary.

—No. En serio, muere de forma espantosa.

Zachary dejó a Rachel ahí sentada. Se acercó a Joao, que apenas lo tuvo cerca le dio un rápido codazo en su costado.

«Bueno, sí que le caigo mal… Nunca voy a entender a ese bastardo». Sacó ligeramente su lengua, subiendo y bajando los hombros.

Con la llegada de Lawrence Logan, todos se acercaron; Lindsy vino detrás de él, guiñándole un ojo a Rachel mientras se acomodaba su chaqueta negra.

—Vamos, vamos, ¿por qué las caras largas? Anímense. —Lawrence golpeó la pizarra llena de nombres y números— Esto no es más que un pedazo de fibra con mucha pintura. No significa nada. Ninguno es peor que el otro. —Tomó un profundo suspiro, cortando el discurso en aquella frase. Tuvo que contener las ganas de decir “Excepto tú, Alice”.  No era el momento y Lindsy lo golpearía si lo hiciera— Serán grandes operadores dentro de unos años, ya sea que estén en el congreso o formen parte de los erradicadores… Que digo, muchos de ustedes serían una buena inversión. Por más horribles que sean los erradicadores, claro.

Lindsy dio un ligero empujón a su padre, robando la palabra con una cálida sonrisa. Rachel disfrutaba mucho más cuando era ella misma y no ese intento barato de Lawrence Logan.

—Muchas gracias a todos. Su esfuerzo no ha sido en vano, muchachos. Sigan avanzando, busquen cumplir sus objetivos y, más importante, ojalá quieran volver a realizar otro evento conmigo algún día. —Lindsy estiró su mano, señalando a los tres finalistas.

Carol dio un paso al frente, igual que Engel y Zachary. La joven de suéter verde señaló al rumano de nariz alargada. El tercer lugar.

—Dinero, mucho dinero. —Carol no vaciló.

—¿Para qué quieres el dinero? —cuestionó Lindsy con interés.

—Irme muy lejos y nunca trabajar en toda mi vida.

—Eres el alma de la fiesta, Carol. —Añadió Lawrence con sarcasmo.

Rachel cubrió su sonrisa, que desapareció rápidamente al notar cómo Arthur se recostaba a la puerta de la enfermería. Sus ojos se cruzaron, pero ella los apartó al instante. Cuando volvió a ver al trío, Beatrice Engel dio un paso adelante.

—Necesitaré apoyo para un… Pequeño proyecto que debo desarrollar un poco más. —respondió Beatrice con un rubor notable en su rostro—. Luego le hablaré de eso.

—La gente solo me quiere por mi dinero. —exclamó el mayor, pasando una mano por el largo mechón blanco en su oscuro cabello.

—No veo que haya otra razón verdadera para quererte. —Rachel se cruzó de brazos volteando su mirada. Ese comentario les sacó risitas a algunos de los presentes.

—Y, por último. —Los ojos de Lindsy brillaron; por fin saciaría su curiosidad. Vio a Zachary dar un paso al frente, mientras en su rostro una boba sonrisa se formaba sin ella poder pararla.

Zachary caminó unos pasos de más, ignorando por completo a Lindsy, y se acercó a Lawrence. Este último se agachó un poco para recibir un susurro que, por un momento, le hizo levantar sus cejas. Incluso cuando Zachary se alejó, Lawrence se mantuvo igual unos segundos antes de erguirse con una sonrisa torcida.

Con esa obvia pérdida de compostura, Lindsy prefirió no preguntar. «Mejor… En privado». Pensó. Todos los presentes permanecían con la intriga, menos Joao, que obviamente lo sabía, y Carol, que no le interesaba ni un poco.

—Entonces… Con esto termina mi parte. Pueden ir a disfrutar la fiesta de despedida. Coman y no beban mucho. Disfruten su última noche del evento en mi casa. —El líder de la casa Logan se dio la vuelta. Ya había un portal que daba al recibidor de su mansión.

—¡Síganme, mis queridos amigos! —Lindsy estiró sus brazos al aire— ¡Comida nos espera por montón!

Rachel fue la primera en llegar a su lado, lo que inevitablemente llevó a Lindsy a reír con fuerza.

—¿Vienes porque quieres estar a mi lado o porque quieres comida?

—Yo siempre quiero estar a tu lado. —Rachel acarició la mejilla de Lindsy, pero la india de ropas moradas coloridas las tomó del cuello de sus camisas, obligándolas a entrar al portal.

—Sí, sí, lesbianas. Luego hacen lo suyo; vamos a comer. —Dijo con un evidente mal humor.

 

 

—¿Cómo voy a terminar con cero? Mi maestra desde el cielo estaría tan decepcionada. —Taara se llevó una botella entera de refresco a sus labios, bebiendo sin parar.

—Yo no estoy muerta, querida —Ibb, junto a ella, palmeó la espalda de su aprendiz—. Pero si sigues bebiendo así, tú te vas a morir muy pronto.

—¡Quedé en cero! —respondió al dejar de beber.

—¡Y yo, pero no me ves chillando como perra! —Ne Zha interrumpió la conversación. En su mano sostenía un tenedor con un pedazo de pie de limón que se comió rápido.

—¡Cállate, chino de mierda! —Taara Yadav golpeó la mesa. Detuvo su escándalo al recibir un golpe del paraguas rojo de Ibb en su cabeza— ¡Ay!

—No nos avergüences, cariño —Ibb se mantuvo serena. Sus ojos dorados recorrieron a Taara. Notó el escalofrío en la espalda de la preciosa joven de cabello castaño. Asintió con la cabeza al ver cómo siguió comiendo en silencio—. Así está mejor.

—Sí que le tiene miedo… Ella debe ser tan mala como Madame Zhu. —Comentó Ao Bing en un susurro a su guardaespaldas y su hermano. Ellos estuvieron de acuerdo sin decir palabra alguna. Bing buscó a Grace, Jesse y Dexter con la mirada, pero ninguno de ellos estaba, por lo que llamó la atención de Lindsy con su mano— ¿Y los muchachos?

Lindsy, que sostenía una taza de Té, se acercó con una sonrisa.

—Oh, ellos están en casa de sus padres mientras. Además… —Lindsy se acercó para susurrarle a Ao Bing— Aquí está Alice.

Con eso, el peli azul entendió todo. Lindsy regresó a sentarse con Rachel.

Cerca de Taara, Joao mantenía una fría mirada sobre el británico que solo usaba un suéter gris. Zachary disfrutaba de una buena pasta, sin prestar atención alguna a su mejor amigo. Joao aclaró su garganta, tratando de llamar su atención, repitió dos veces más hasta que Zachary cedió por fin y se dignó a mirarlo.

—¿Qué pasa?

—¿Cómo puedes hacerme esa pregunta? Me lanzaste sal.

—También llevaba plata en caso de que usaras tu forma de lobo para pelear, pero no entiendo el punto. —Zachary rodó sus ojos, disfrutando del sabor de aquella pasta.

—¡Eras el único que sabía mi habilidad!

—Por eso era el más indicado para derrotarte.

Joao se dejó caer en la silla, tomando una hamburguesa de la mesa. De un momento a otro, el dúo empezó a reír sin control. No podían negar lo gracioso que les resultó aquel momento. Era obvio que, si conocía las debilidades de su habilidad, las aprovecharía. Cualquiera lo haría.

—¿Vemos los videos?

—Adelante. —Zachary sacó su celular, colocando el video ya editado de la ronda de hoy— Verás la nueva evolución de mi operación. Te encantará.

Ambos se perdieron en los combates del video, mientras que Beatrice pasó junto a ellos, llevando un plato con pizza. Rachel comía sentada en un colchón junto a Lindsy.

—Esa es… Toda una historia, Beatrice. —Lindsy no encontraba palabras adecuadas, no podía pensar en un padre que hiciera algo tan horrible a su hija.

—Lo pasado, en el pasado. —respondió chocando su plato con el de Rachel. Su traje había sido reemplazado por otro igual que le compró Rachel, con el dinero de Lindsy, en un gesto de buena voluntad.

—Ay, mierda, qué rica pizza. —Perdida en su comida, Rachel devoraba a gran velocidad cada pedazo como si fuera el último que comería en su vida—. ¿Qué es lo que planeas hacer con el financiamiento, Beatrice?

—Bueno… Es algo vergonzoso, pero estuve pensándolo la misma noche de nuestro combate. No podía dejar de pensar en eso y, pues… —Al notar cómo Lindsy arqueaba su ceja cada vez más, Beatrice decidió llegar rápido al punto—. Me pregunté: ¿Cuántos otros niños operadores tendrán problemas como yo? La crianza tiene mucho que ver con el aura, al parecer, entonces, quizás otros no han sacado su verdadero potencial por eso, así que me gustaría… estudiar psicología para poder ser una especie de psiquiatra y todo eso.

Al notar cómo el tono de su voz fue bajando, Rachel tomó un tenedor cercano, picando la costilla de Beatrice con este. Ella se alejó sobresaltada.

—¡Que no te dé pena! Sí es lo que quieres hacer, ¡está muy bien! —Rachel levantó la voz, llamando la atención de los demás por un momento, pero volvieron a lo suyo—. Que no quieras ver a otros niños pasando por lo mismo que tú es algo muy noble y lo respeto… Quizás eso cambie la vida de más de un operador.

El corazón de Beatrice bombeaba sangre mucho más rápido de lo acostumbrado. Sus mejillas se enrojecieron ante aquellas palabras. No tardó en asentir con la cabeza.

—Esfuérzate mucho, Beatrice. ¡Cuentas con nuestro apoyo! —Lindsy levantó sus pulgares. No era la primera vez que escuchaba de un operador dedicándose a ayudar de esa forma a los demás, pero era un caso muy extraño.

—¡Sí! Me voy a esforzar mucho, muchísimo. —Engel continuaba asintiendo como si su vida dependiera de ello— Lindsy, de verdad lamento lo horrible que traté a Rachel.

—No, no. Tranquila, ella ya me contó todo. Es culpa del horrible consejo de papá. —respondió con vergüenza. Luego tendría una muy seria charla con él.

—Lawrence es un imbécil. —Rachel continuaba comiendo su pizza, utilizó su aura para traer más trozos con sus hilos. Ante la mirada inexpresiva de Lindsy, Rachel sacó su lengua— Es una forma personal de usar el aura.

—Es lo más gordo que he visto, Rachel. ¿No querías llamar a un Rappi que te trajera la pizza?

—Nah, nah, tienes envidia porque te tienes que parar —dijo sonriente, atrayendo un refresco con sus hilos— Además, no te quejas de ellos cuando-

Lindsy cubrió su boca, ignorando cómo Rachel lamía la palma de su mano, manteniendo una mirada juguetona que la pelinegra conocía muy bien. Beatrice decidió mirar a otro lado, perdiéndose cómo la princesa esmeralda moría de vergüenza.

—Cada día eres más desvergonzada.

—Y tú cada día me pareces más irresistible.

—Ya basta… Por ahora. —Lindsy miró de reojo a Rachel, alejando su mano. La rubia asintió con media sonrisa, continuando con su comida.

—Ustedes son medio raras. —agregó Engel.

—¿Solo medio? Bueno, eso es algo bueno. —Lindsy se levantó, revolviendo el cabello de Rachel— Ya vuelvo. Hablaré con las promesas que perdieron.

—Suerte. —Rachel disfrutó la vista de la espalda de Lindsy alejarse. Apagó su aura, volteándose hacia Beatrice— Gracias por ayudarme a avanzar, Beatrice. De seguro no hubiera sido lo mismo si no estabas tú… Ya sabes, Zachary podría matarme.

—Sí, te entiendo… —Engel asintió. Palmeó sus mejillas múltiples veces, tratando de alejar los nervios que sentía ahora mismo— Por cierto, ¿podrías hacerme un favor, Rachel?

—¿Hmm? —Rachel la miró curiosa.

—Mañana… —Beatrice hizo una pausa, no sabía cómo expresarse.

 

 

Luego de darle unas rápidas felicitaciones a Carol, pues no había sorpresa en verlo ganar, Rachel volvió sola a su cuarto. Lindsy le pidió que se adelantara para hablar con los demás. Tenía un gran respeto por eso, aunque no quisiera estar ahí en caso de que alguna rompiera en llanto. «Estoy segura de que Ellie terminará llorando… Ah, pobre chica». Entró al cuarto, soltando un pesado suspiro, el día había sido perfecto: Ayudó a su equipo a ganar, comió mucho, hizo enojar a Zachary.

—Y ahora mañana… Dios, eso será un estrés. —Recordó el favor que le cumpliría a Beatrice, no entendía por qué debía estar presente en ese tipo de asuntos, pero supuso que quería una amiga cercana para sentirse valiente— Bien, bien… pero, por ahora.

Rachel limpió el cuarto, colocó algunas velas aromáticas que sacó de un cajón, encendió una por una las velas alrededor de la cama.

—Ojalá vuelva rápido. —Seguido de más preparaciones, Rachel preparó la habitación para cerrar este día y el evento con broche de oro. Solo faltaba la llegada de su invitada especial. Miró con orgullo cómo por fin aprendió a acomodar las sábanas a la perfección—… Fantástico. Ah, Chloe, si estás viendo, celébralo, solo casi 17 años para que aprendiera a acomodar bien la cama… Pero, por favor, deja de ver cuando llegue Lindsy o sería raro.

Toques en la puerta anunciaron a un visitante que obviamente no era Lindsy. Rachel arrugó su rostro, manteniendo un gruñido en su garganta. Al abrir, la figura del alto hombre con gabardina marrón de casi dos metros la llevó a soltar aquel gruñido.

—¿Podemos hablar? —Arthur ojeó el cuarto por un instante. No parecía ser el mejor momento.

—¿Qué carajo quieres, hijo de perra? —no ocultó su hostilidad, le era imposible controlarse en frente del Cosmopolita.

—Venía a felicitarte por tu puntuación, quedaste en la mitad de la tabla. Eso es fantástico. —dijo sonriendo, acomodándose su propio cabello negro con puntas teñidas de blanco— Ray.

—No me digas Ray.

—… Rachel, ¿cómo vas con tu clarividencia?

Dejando caer su cabeza, Rachel tomó la base de la puerta, apretando con fuerza. Un incómodo silencio reinó por unos momentos. El mayor, que aún lucía joven incluso para ser su padre, captó su nada oculta indiferencia. Rachel no quería sus felicitaciones, sus consejos o cualquier cosa relacionada con él.

Sin saber qué hacer, Arthur asintió, retirándose de la habitación luego de despedirse con un gesto rápido. Rachel se mordió el labio, asomando su cabeza a punto de gritar algún insulto, pero decidió callarse.

Entró en la habitación, cerrando la puerta de un manotazo.

—¿Por qué crees que necesito que vengas ahora a actuar como padre? No necesito que seas mi familia, ya tengo una familia. Cabrón. —Rachel se quitó su gabardina, la cual admiró por unos segundos para abrazarla con fuerza contra su pecho. Su regalo más preciado, así tuviera que coserla múltiples veces o estuviera llena de parches, la amaba. Amaba esa gabardina gris como a la mujer que se la regaló.

Minutos después, Lindsy entró al cuarto, llevándose el agradable regalo de ver a Rachel acostada en la cama, esperándola con toda esta preparación.

—Wow… Limpiaste el cuarto. Es un milagro.

—Trato de ser romántica y me dices eso. —Rachel rodó los ojos, utilizando su aura para invocar sus hilos y jalar a Lindsy a la cama con ellos. La princesa no se resistió, quedando frente a frente con la rubia sentada sobre las sábanas azules— ¿No quieres cerrar tu estancia aquí con broche de oro?

—Ahora mismo te tendría contra la cama si no me tuvieras amarrada… Aunque puedo hacer esto. —Lindsy estrechó sus ojos, dándole media sonrisa a Rachel, encendiendo su aura para romper sin muchos problemas los hilos de Rachel. A la rubia se le escapó un pequeño grito por la sorpresa, pero no dejaba de mirar a la princesa esmeralda con deseo, dejándose tirar en la cama. Múltiples besos llenaron el rostro de Rachel, que reía sin parar, abrazando a la brillante mujer encima de ella.

—Zapatos en la cama.

—No arruines el momento.

—¿¡Con qué derecho lo dices tú!?

—Sshh —Lindsy colocó su mano sobre la boca de Rachel—. Ahora, voy a decirte algo y tú vas a responder… Luego te explicaré por qué tardé en volver y luego nos divertiremos mucho. ¿Sí?

Rachel asintió con la cabeza.

—Felicidades por todo este progreso que has tenido, Ray. Te amo. —Lindsy alejó su mano de la boca de Rachel, acariciándole su mejilla con suavidad— De seguro cuando Renate lo vea te dirá lo orgullosa que está.

Rachel asintió con sus mejillas enrojecidas. Admiró con ternura los ojos verdes brillantes de su amada, mientras sus dedos recorrieron sus firmes hombros, quiso acariciar aquel brillo morado, pero solo lo atravesó como si no estuviera ahí.

—Nada de esto habría sido posible sin ti, Lindsy… También te dedico esta victoria. —Sus labios rozaron el cuello de Lindsy, dejando rápidos besos en ella— ¿Por qué tardaste tanto, amor?

—Qué celosa y posesiva eres.

—Tú eres la que salió con el tema.

—Bueno, bueno, como eres así, te lo voy a contar —dijo riendo, soltando un pequeño jadeo por una mordida en su hombro que fue más fuerte de lo usual— Bueno, estuve hablando con las promesas… y quizás… mi corazoncito no aguantó y ayudaré a la mayoría a conseguir por lo que vinieron.

—Oh. Eso es muy lindo de tu parte. —Rachel siguió con las mordidas en su hombro y su cuello— Si te soy sincera… Esperaba que hicieras algo así.

—¿Soy tan predecible?

—Eres demasiado amable, y adoro eso.

Lindsy cerró sus ojos, alejó su rostro para tomar las mejillas de Rachel, deteniendo sus mordidas. La rubia la miró algo extrañada, pero sonrió abrazando con más fuerza a su amada.

—Falta que me digas qué es lo que quieres.

—¿Siquiera tienes que preguntarlo? Tonta. Yo ya tengo lo que quiero… Y ahora la mantendré despierta la mitad de la noche.

 

 

Lawrence levantó una taza de café, dándole un largo sorbo, después de todo, ya estaba frío y cargado de azúcar. Arthur entró por la puerta, ignorando por completo el saludo de su mejor amigo, se hundió en el sofá, levantando su mano. Lawrence lanzó una cerveza que él atrapó sin problema, bebiéndola de un trago.

—Veo que no te fue nada bien.

—Me odia, Law. Jamás podremos tener una conversación normal. —Arthur volvió a beber— No puede ser que me dé más nervios hablar con mi hija que enfrentarme a River y un grupo de erradicadores.

—Bienvenido a la paternidad, bastardo. —Lawrence bebió de café, soportando la risa—. Escapaste 16 años, pero te jodes ahora.

—No me da risa. Basura humana.

—Padre desnaturalizado.

—Mátate. —Arthur cerró los ojos, levantando sus pies sobre la mesa de vidrio frente al cómodo sofá de terciopelo verde— Creo que por fin encontré algo en la búsqueda del espejo. Te lo confirmaré mañana.

—Justo a tiempo. Solo tardaste ocho meses.

Sabía muy bien que no era su culpa; Arthur solo podía dedicar un poco de su tiempo para encontrar dónde compró aquel espejo, su agenda estaba muy llena con todo su trabajo con el congreso, además de los encargos de Baskerville. Lawrence ni se había dignado a mover un solo dedo, no estaba tan ocupado, pero era algo que debía mantenerse en secreto, por lo que decidió solo mover a Arthur.

—Por cierto. ¿Quieres saber qué me pidió Zachary Hill? —Lawrence levantó de nuevo su taza de té. Arthur abrió los ojos, indicándole con un gesto que continúe— “Llévame en cualquier misión que involucre a Baskerville a partir de ahora”.

Luego de escuchar esa petición, Arthur no hizo preguntas. Asintió en calma, dándole otro trago a su cerveza, tomando un control para encender la TV en la pared.

—¿Quieres ver Rocky?

—Eres una mierda. —A diferencia de su amigo, no estaba tranquilo. No sabía cómo Zachary Hill, alguien tan joven, conocía la importancia de Baskerville en el mundo de la operación. Tomó otro sorbo de su café frío; insatisfecho, echó otras dos cucharadas de azúcar en él.

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