—Eso que acaba de pasar no tiene ningún maldito sentido. —Alexei caminaba de un lado a otro en la espaciosa habitación; los dos hombres y la mujer presentes no alejaban su mirada del televisor— ¿Eso es flow?
—Sí… No. —Zhu Qing trató de responder confiada, pero falló—. Al menos, si es Flow, no es uno que haya visto nunca.
—Su aumento de aura fue tan excesivo que sobrepasó a todos los presentes menos a Carol. —Lawrence agregó aquella información con una sonrisa.
Este era un evento sin precedentes; no había operador del congreso que no conociera el flow. Un aumento de aura por este fenómeno o el cambio de una operación no era nada nuevo, pero Engel rompió por completo sus capacidades.
—Lawrence, repite qué dijo Rachel.
—Dijo y cito: “Engel se metió dentro de mi mente, avivando mis… problemas, además de pasar todos sus daños”. —Lawrence, sentado en un sillón verde, rascó su mejilla, ocultando su desconcierto con una sonrisa brillante—. Es increíble, ¿cómo pasó de uñas cuchillas a eso?
—Un nuevo tipo de flow, fascinante. —Arthur asintió con la cabeza.
Las cabecillas del congreso se reunieron únicamente para hablar sobre lo que vieron en los videos. Zhu Qing se veía altamente emocionada; Arthur tenía curiosidad, como todos; luego hablaría directamente con Beatrice Engel. Lawrence solo soltaba algunas palabras relacionadas con el tema, fingiendo que no le daba ninguna importancia, a pesar de que se moría de ganas de saber qué había pasado. Alexei era el único que se veía visiblemente inquieto.
—Me pregunto qué opinará Baskerville sobre lo que ocurrió. O si quiera si verá este tipo de cosas —Alexei resopló con su nariz. Su mirada terminó en el alto hombre de cabello negro con puntas blancas—. ¿Cómo está tu hija?
—Ella está bien. No tendrá ninguna secuela de lo que pasó.
—Otra vez que humillan a tu querida niña públicamente. Esto te hará quedar muy mal. —Alexei sonrió, esperó alguna respuesta, pero sus palabras solo pasaron a través de los oídos de Arthur y allí se quedaron. Colocó una expresión más neutra debido a eso.
—Vaya jueguito tienes en tu patio, Lawrence. —Zhu Qing cruzó sus brazos.
—Gracias, gracias, las entradas están a veinte dólares.
—Sinceramente, me encantaría llegar a ese tipo de flow. —Alexei se levantó, acercándose al televisor— Vigoroso, poderoso, repleto de energía.
—Alexei, cállate, suenas como un maldito comercial de Viagra. —Lawrence rodó sus ojos, realizando un ademán con su mano.
Alexei levantó sus manos bruscamente, regresando a su asiento para hundirse en él, perdiendo cualquier intención de incluirse en la conversación.
Arthur sonrió, mirando la pantalla. Concentrado en la joven rubia de chaqueta azul tirada en el suelo, llena de heridas. Recordarla en aquella cama luchando por respirar retorció su corazón. Se alejó del televisor, tomando asiento junto a Lawrence.
Recostadas en la enorme pared blanca en una habitación totalmente vacía, dos rubias vestidas con cosplay de sus personajes favoritos de la ficción buscaban qué decir para romper el hielo. En medio de ambas, una botella de refresco de cola y dos vasos con hielo.
Engel tomó su vaso, dando un largo trago. Volteó en dirección a Rachel y asintió con su cabeza, ella la imitó.
—¿Cuál es tu capítulo favorito de Doctor Who?
—“Heaven Sent”.
—¿Y el tuyo?
—Ese mismo. No hay nada mejor que ver al Doctor hablando solo durante cuarenta minutos.
—Y vaya cuarenta minutos. —Bromeó Rachel, levantando su vaso con refresco.
Engel levantó sus rodillas para abrazar sus piernas. Escondió su rostro, tratando de relajar sus nervios y la vergüenza, algo totalmente inútil. La pobre danesa no tenía ninguna salida de esta conversación.
—Lo siento.
—Te perdono. —Rachel bebió de su gaseosa, con la mirada fija en las escaleras frente a ella.
Beatrice levantó rápido su cabeza, arqueando una ceja con extrema confusión. Miró de reojo a la relajada chica a su lado, estudiándola de arriba abajo.
—¿Y ya?
—¿Qué? ¿Te llevo a un confesionario para que te disculpes ante los ojos de Dios? —Rachel frunció el ceño, luego sonrió—. Alguien me dijo una vez que es natural en mis amigos odiarme primero. Eso sí, nunca vuelvas a meterte con mi mente de esa forma o, por Dios, te saco los ojos.
—Nunca te odié. —Engel dejó el vaso a un lado, estirando sus piernas. Llevó sus manos frente a su rostro, observando aquellas mangas rojas que cubrían sus muñecas— En un inicio te envidié, pero todo lo demás fue una farsa.
—¿Cómo se puede ser tan estúpida como para confiar en Lawrence? —bufó, rodando sus ojos. Pronto se dio cuenta de que Engel la observó inexpresiva, pero no le era muy difícil recordar lo que pasó frente a todo el congreso— Ya, perdón, creo que acabo de entender que todos comenten errores, ya sabes, errar es humano y toda esa mierda.
—Cuidado, Shakespeare y Cervantes, si Rachel Ficks se pone a escribir, terminarán siendo eclipsados por sus célebres frases.
Las dos rubias rieron un poco. Rachel volteó su rostro, fijándose también en aquellas muñecas que Engel no dejaba de ver con incredulidad.
—No tengo nada en tu contra, Beatrice. —Cerró sus ojos, levantando sus rodillas para recostar su cabeza en estas—. Solo, no vuelvas a hacer algo tan estúpido.
—Te lo compensaré, lo prometo, queda una prueba. —Engel levantó la mirada al techo, luego miró de reojo a Rachel, esbozando una ligera sonrisa— Trabajemos juntas en caso de ser aliadas. Esa será mi forma de pagarte.
—No ganaré. —Rachel abrió sus ojos—. Tampoco me importa. Lo supe desde un inicio.
—Entonces ayúdame a ganar… Con tu clarividencia y tu apoyo, sabes que podemos hacer grandes cosas juntas. Con esta nueva habilidad que obtuve.
Rachel frunció el ceño, desviando la mirada. Luego de ser un usuario de clarividencia durante unas semanas, por primera vez entendía lo molesto que era tener a alguien invadiendo tu privacidad. No quería sacar el tema, preguntándose si ella era capaz de ver lo que Rachel sufrió.
—Ahora mismo no lo siento, solo puedo utilizar mis uñas. —Engel encendió su aura, notando cómo Rachel hizo lo mismo por instinto— Bien, qué buenos reflejos. —Sonrió, su aura pasó a ser sangre otra vez, mientras que sus brazos se llenaban de cicatrices brillantes y su iris azul cambiaba por un brillo igual a su nueva aura—. Puedo… usarlo cuando yo quiera, pero la cantidad de aura que consume cuando peleo es grande.
El brazo de Engel fue tomado sin permiso alguno. Boquiabierta observó a la estadounidense estudiar aquellas cicatrices, acariciándolas con gentileza.
«Lo que le haya pasado la llevó a hacerse daño con su propia operación». Más que una observación, fue un lamento. No quería entrometerse en esos temas. «Y llegaste hasta aquí cargando todo eso tú sola». Forzándose a sonreír, Rachel apretó la mano de Engel, que correspondió aquel gesto, mirando a los ojos de su contraria.
—Acepto. Incluso, aunque estés del otro equipo, me ayudarás a hacerte ganar.
—¿Cómo? —Engel no creyó escuchar bien.
—No voy a ganar, obviamente, es imposible, pero me sentiría muy bien si consigo que alguien más gane por mí. —No necesitaba el deseo, en cambio, la pobre chica frente a ella se lastimaba a sí misma, basó su operación en causarse un enorme daño porque, al igual que Rachel, seguramente no podría imaginarla de otra manera.
Dudo en el momento, pero aplico más fuerza en aquel apretón, regalándole media sonrisa confiada a Rachel.
—Eres una loca extraña, pero acepto. Llévame hasta la victoria, Rachel Ficks.
—Miserable, de verdad tuviste el descaro de no negarte ni un poco a pesar de que me diste una paliza.
—A caballo regalado no se le mira el diente, ¿o cómo era?
Rachel negó con la cabeza, alejando su mano para beber otro poco de su refresco. Acomodó mejor su espalda contra la pared. Ambas apagaron su aura, disfrutando de otro momento de silencio que rompió la del estampado de arcoíris.
—¿Y bien?... ¿Cuándo me contarás tu historia?
—No es una gran historia, te aburrirá.
—No, claro que no lo hará —Rachel sonrió—. Adelante, Beatrice… Quiero oír tu historia.
Anonadada, Beatrice asintió con la cabeza. Dejó su vaso junto al de Rachel, preguntándose por dónde debería empezar.
Lawrence lucía su traje militar modificado a su gusto en aquellos pasillos lujosos de su enorme mansión. Como mañana sería el final del evento, se encargó personalmente de conversar con todas las promesas. Aprovechó también para burlarse de Madame Zhu por el bajo puesto que su querido heredero tenía, revisó de nuevo la tabla de puntuaciones. Esta última ronda lo decepcionó un poco al ver que no hubo enfrentamientos verdaderos además del de Engel. El equipo de Rachel solo había corrido y destruyó las otras esferas luego de obtener puntos.
Primeros puestos:
Carol 9: +2 = 11
Ellie 3: +1 +2 = 6
Zachary 3: +1 +2 = 6
Los demás:
Joao 3: +1 +2 = 6
Engel 5: +1+1-2 = 5
Jack 7: -2 = 5
Ao Bing 4: -1 + 2 = 5
Lei Qiang 5: -2 = 3
Rachel 1: -1 + 2 = 2
Ne Zha 3 -2: 1
Taara: 1 + 1 - 2 = 0
Alice = 0
Confiaba en que acabarían por sorprenderlo, la nueva generación de operadores era una cosa sorprendente, no tanto como él se veía a sí mismo y a Arthur, pero debía decir que el potencial estaba ahí. Frente a la puerta del cuarto de su hija, concentró aura en su oído, llevarse una sorpresa desagradable por entrar sin avisar no estaba en sus planes.
Lawrence entró, extendiendo uno de sus brazos con una gran sonrisa, gritando animado.
—¡Hey! ¡Hola, para de lesbianas!
Rachel arqueó una ceja, acostada en la cama acurrucada junto a su amada Lindsy, que las puso a ambas a ver un musical que Lindsy había encontrado y le gustó mucho.
Ninguna respondió. Miraron a Lawrence, esperando que se dignara a decir algo más. El mayor esperaba insultos, algún grito o algo más emotivo, pero al parecer era verdad que Rachel se encontraba menos animada de lo normal. Desapareció su sonrisa, aburrido, decepcionado.
—Me caes mucho mejor cuando estás de humor. —Lawrence se acercó a la cama, sentándose junto a ellas.
—Hola, papá. —Lindsy apagó su celular, dejando de abrazar a Rachel para sentarse en la cama.
—¿Qué quieres, Lawrence? —la rubia arqueó una ceja.
—¿De verdad no puedo venir solamente a pasar un tiempo con mi adorada hija y su novia solo por diversión? —Fingió un tono melodramático, llevándose una mano al pecho mientras apartaba su mirada—. ¿Qué clase de monstruo crees que soy?
—Un demonio.
—Un político. —Lindsy sonrió.
—¿Qué no eran sinónimos? —Lawrence sonrió burlón, alejando la mano de su pecho—. Estoy paseando por aquí, saludando a los demás participantes, ya sabes, dando ánimos y todo eso.
—¿Qué es lo que quiere Zachary? —Los ojos de Lindsy brillaron por curiosidad, pero ante el leve movimiento negativo que su padre hizo con un dedo, bajó la mirada cerrando los ojos—. Quiero saber.
—Ni yo sé. Dijo que cuando gane me lo dirá. —Lawrence alzó y bajó los hombros, luego miró a Rachel— ¿Cómo te sientes?
—¿De verdad te importa? —Rachel arqueó una ceja. Si su año con los Logan le dejó algo claro, era que Lawrence Logan tenía poco o nada de interés en las otras personas que no fueran su familia y, aun así, su mayor interés solo era él mismo.
—No. —Lawrence asintió sonriente, ignorando la penetrante mirada de Lindsy— Pero, igual te lo pregunto. Vas a ir a perder, tu operación es una mierda, experimentaste un flow y veo que solucionaste las cosas con Engel estando en un mal estado. Creo que hay mucho en tu cabeza.
—Nada que yo no haya hablado ya con Lindsy.
—Eres taaan fría, es insoportable.
Como niños pequeños, sacaron su lengua para insultar al otro. Lawrence no tardó en reír con fuerza. Disfrutaba rebajarse al nivel de Rachel, así sea para bromear un rato con ella. Se levantó de la cama dirigiéndose a la salida.
—No voy a ir a perder —dijo Rachel, observando cómo Lawrence la miró de reojo con interés—. Haré todo lo posible para que mi equipo gane… Y ayudaré a una amiga a que quede en los primeros tres puestos.
—Mírate —Lawrence juntó sus manos, observando con orgullo a Rachel—. Ya estás pensando en cómo conseguir favores de las otras promesas… Eres toda una pequeña yo.
Rachel sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, junto a una asquerosa sensación que no podría quitarse bañándose tres veces al día. Lawrence, ante su genuina expresión de desprecio puro, salió del cuarto satisfecho.
«Está diferente… Casi diría que es otra persona». Lawrence caminó por los pasillos, rumbo a una de sus salas recreativas donde Arthur lo esperaba para beber y charlar. «Beatrice Engel se vio inspirada totalmente, desatando un nuevo flow que puede activar a su gusto. Es impresionante, ¿todo por Rachel?» No veía nada de especial en Rachel, además de su clarividencia y ser la hija de Arthur, pero hasta él terminó sorprendido por el desarrollo de los eventos. Quería ver qué tanto más esa niña podría sorprenderlo. «Es tan parecida a su padre, será una gran operadora».
—Rojo: Rachel, Engel, Ao Bing, Ellie, Zachary y Alice. Azul: Jack, Taara, Joao, Lei Qiang, Carol y Ne Zha. —Lindsy anunció los equipos, que se reunieron más rápido que las veces anteriores. Tomó un suspiro rápido al ver a Rachel y Engel chocar los puños, recordando las palabras de Taara. «Maldita india, por su culpa ahora tengo pensamientos raros». Pensó— Es un honor que nos hayan acompañado hasta aquí, el último de los juegos…
Los operadores miraron a Lindsy, Ellie relajó su respiración, Jack cruzó sus brazos, Carol no parecía tener mucho interés en el discurso y cada uno de ellos trataba de lucir tan normal como fuera posible.
—Les deseo lo mejor a todos. Den todo de sí, ya sea que estén en los últimos puestos o en los primeros tres. —Lindsy sonrió. No podía evitar sentirse orgullosa de lo que había logrado aquí, aunque lo hubiera hecho utilizando el nombre de su padre.
Rachel, por otro lado, al ver cómo Joao sacó una cruz del interior de su chaqueta. No lo interrumpió al momento de rezar, terminando con un beso a aquella cruz.
—¿Eres creyente?
—Todos creemos en algo. —Joao volteó a verla con una sonrisa, mostrando mejor aquella cruz metálica que guardó con cuidado— ¿Tú en qué crees, Rachel Ficks?
—Es… —Rachel dudó de sus palabras—. Es complicado. Me resulta difícil pensar que un dios me dejaría vivir en vez de a mi hermana.
—No tienes una muy buena visión de ti misma.
—No mucho. —Rachel bajó la mirada, manteniendo una sonrisa carente de cualquier significado; solo estaba ahí para adornar el rostro de la rubia.
—Es una pena que no tengas fe en alguna religión, y no soy quien para cuestionar un plan divino, pero, si tú estás aquí, si Lindsy Logan llegó a tu vida para ayudarte, quizás Dios tiene un plan para ti, Rachel.
—Quién sabe. Si tiene algún plan retorcido, me pregunto: ¿por qué para mí?
Joao se acercó a la rubia, colocando su mano en el hombro de Rachel, sacando su cruz nuevamente para colocarla en la frente de la aturdida joven.
—Te deseo lo mejor en este juego y lo que vendrá después, amiga mía. No estás obligada a tener fe en algún dios, pero ten fe en ti misma…
Rachel sonrió, se dio un apretón de manos con Joao antes de volver con su grupo. Notó cómo Zachary apartó la mirada, pero no dijo nada acerca de eso y se acercó a Fred para que los guiara a través de un árbol.
Al llegar a su zona, Fred se retiró; Rachel miró de reojo a Engel. Pasó su pulgar por su cuello, confundiendo a la danesa.
—Debemos matar a Joao.
—Estoy de acuerdo. —Zachary caminó junto a ellas, encendiendo su aura. Todos lo imitaron— Joao es un peligro. No le quites el ojo de encima, Rachel.
—Debemos inutilizarlo tan rápido como sea posible. —Ellie apretó sus puños. Recordó fugazmente cómo fue rechazada por completo por Joao, lo que le impidió obtener su poder— Es muy desconfiado, y eso que pensé que era más amable que Zachary.
—¿Qué quieres decir con eso? —Zachary arqueó una ceja.
—No, créeme, es mucho más amable y agradable. Pero son parecidos. —respondió Rachel, levantando su mano con una sonrisa burlesca, llevándose la mirada confundida de Zachary.
—Como sea. —Zachary miró al grupo por un momento, soltó un chasquido y miró a Rachel— Vienes conmigo, serás mi apoyo para cazar al bastardo.
No creía que fuera a elegirla. En vez de sobreactuar como hubiese querido, asintió con la cabeza demostrando su compromiso actual. Toda esta gente quería ganar, y más importante para ella, quería hacerlos ganar. Daría todo lo posible para lograr eso.
—Los demás nos encargaremos de los más problemáticos en combate. —Engel palmeó con fuerza la espalda de Rachel, regalándole una brillante sonrisa— Ustedes pueden.
—No se te ocurra perder. —Rachel endureció su expresión— Gana a cualquier costo.
Beatrice asintió, ignorando la extraña mirada que Zachary les dedicaba a ambas. El británico estaba sumamente confundido por el cambio en Beatrice Engel, porque sí, había visto el video y entendido algunas cosas, pero seguía sin entender cómo su percepción sobre el peor engranaje podía cambiar de tal magnitud.
—¿De verdad podemos ganar? —A Alice le tembló la voz al pronunciar aquellas palabras, dio un paso adelante, jugando con sus propios dedos— ¿Qué tal si Carol hace algo? Si él quisiera aplastarnos, solo lo haría y ya.
—Podemos me suena a mucha gente. —Zachary la interrumpió— Caerás al primer golpe; si tenemos suerte, tu aura fallará como la patética operadora que eres y quizás pierdas la cabeza.
Alice frunció el ceño. Apretó sus puños acercándose a Zachary. Quien intervino fue la joven que hoy trajo su gabardina al ser un momento especial, y porque Engel le pidió que hicieran un dúo con su cosplay.
—Dile que no soy una inútil, Ray. —Alice tomó los hombros de la rubia, que solo era un poco más alta que ella— Sabes lo que hice en Francia. Le salvé la vida a Grace. De no ser porque no puedo rostizarlo vivo, yo tuviera un montón de puntos.
—No te estás ayudando, Alice. —dijo alejando las manos de Alice— Esfuérzate por hacer algo, ¿sí? Además, no dañes la moral del equipo… Sonríe más. —No quería soltar algo demasiado fuerte, pero su objetivo no era apoyarla o defenderla; opinaba lo mismo. No tenía forma alguna de entender cómo Alice estaba viva o si quiera por qué era un guardaespaldas de Lindsy.
La gótica de afro mantuvo su boca ligeramente abierta por unos segundos. Mantuvo silencio, alejándose sin decir más de Rachel.
“¡Que comience el último juego!”
Con el grito de Lawrence Logan en el altavoz, Rachel encendió su clarividencia. Las luces en el mapa de su mente salieron disparadas en su contra, a excepción de uno que fue por un camino diferente y el otro que simplemente desapareció.
—¡Creo que no fuiste el único en idear ese plan, Zach! —Rachel se volteó hacia el grupo— Además, Carol parece estar apoyando como brújula esta vez.
—Justamente ese bastardo se entromete ahora —Zachary resopló con su nariz, materializando dos lanzas de energía— El peor de los casos.
—¡Un plan no es un plan si no falla al inicio! —Ahora, con la interrupción de Carol, el fuego en el pecho de Rachel encendió con más intensidad sus intenciones de ganar. Si Carol aceptaba ser su brújula, entonces Rachel lo superaría—. Nos vamos, Zach. Recemos porque solo lo convencieran de ser un radar humano.
Zachary corrió detrás de Rachel; confiaba en que el grupo sería capaz de darle el tiempo suficiente para volver más pareja la situación.
«Ellie ha vencido a Taara y Ne Zha ella sola, es lo mejor que tenemos…» Mentiría si le dijeran que no le resultaba interesante enfrentar a Joao en la última ronda. «Qué irónico es el destino, no me gusta para nada».
Corriendo, se dio cuenta de la sonrisita que Rachel tenía, junto a la rápida mirada que le daba. Él eliminó toda expresión.
—¿Qué? Deja de leer mi mente.
—No, no estaba leyendo tu mente… Solo tienes una sonrisa gigante en tu rostro.
Zachary no se había percatado, mantuvo silencio y siguió a Rachel, evitando a los demás competidores.
Ao Bing se deslizó por encima de los árboles en una plataforma helada; junto a él, Engel corría a toda velocidad, seguida a pocos pasos por Alice, que limpiaba el sudor frío de su frente. Ellie, por otro lado, buscaba controlar el temblor en sus manos.
«Puntos, puntos. Necesito ganar y tener puntos; no podemos permitir que el equipo pierda». La derrota no era una opción. Siguió a sus amigos, rebuscando entre su lista de habilidades cuáles serían las mejores para utilizar, además de la teletransportación.
—¡E-Engel!
—Llámame Beatrice. —contestó dirigiendo su mirada a Ellie.
—Préstame tu poder. —Ellie sonrió suplicante— Por favor.
—No te servirá —dijo cortante— Ni siquiera puedo usarlo fuera de ese “flow mejorado”. Así que no es una operación normal.
Sin verse en otras opciones, Ellie asintió, bajó hasta el último poder que copió en la lista, uno que quería guardar para otra ocasión.
—Ellie, una vez llegue el enemigo, llévame con Jack; me encargaré de él. Iré con Alice.
—¿Qué? —Alice casi detuvo sus pasos, levantando la mirada hacia la danesa, que le sonrió ligeramente.
—Quieres demostrar que no eres inútil, ¿verdad? Necesitaré algo de ayuda con el grandote.
Alice, esperanzada, con ojos brillantes, asintió múltiples veces con la cabeza. La hubiera abrazado de no ser por el repentino aumento de temperatura y el estruendo de los árboles siendo despedazados.
Las llamas de la batalla se abrieron paso entre los árboles, con un leve movimiento de la muñeca de Ne Zha, que flotaba sobre sus anillos de fuego giratorio. El bosque se vio envuelto en una lluvia de bolas de fuego, a la par que trozos de carne y cometas atacaban desde los costados.
Ao Bing protegió al grupo del fuego de Ne Zha; su cantidad de aura superó a la de su hermano jurado desde el enfrentamiento contra Jack, pero no podía subestimarlo. Este sería su último encuentro ahora.
—¡Tus puntos son espantosos, hermanito!
Ne Zha fue a la carga con su lanza en mano, impulsándose con una enorme cantidad de fuego. Ao Bing apenas tuvo tiempo de reaccionar, materializando su escudo de hielo, deteniendo aquella lanza sin problema alguno.
—¡Estás hablando mucho! —La lanza creció en tamaño, envolviéndose en una intensa llamarada, que chocó con el hielo de Ao Bing, que igualó su tamaño.
Bajo el dúo, Jack se dio la vuelta rápidamente; Alice estaba frente a él, cargando su aura negra en su brazo a gran potencia. Los brazos de Beatrice recuperaron aquellas cicatrices, junto a su iris, un hermoso brillo rojo.
Jack no fue capaz de reaccionar ante el veloz ataque de Engel; fue capaz de parar la mayoría del daño con la carne que se formó en su cuerpo, pero las uñas salieron disparadas atravesando su estómago, encajándose en el cuerpo principal.
—¡Alice!
Dudosa de lo que iba a hacer, solo obedeció. Una gran llamarada oscura cubrió el cuerpo de ambos. Jack, confuso y alarmado, cubrió todo su cuerpo con una masa de carne móvil que atacó a Beatrice en su abdomen, sus muslos y sus hombros. En vez de gritar, la danesa sonrió enormemente, ignorando el olor de su propia carne chamuscada, junto con las burbujas ocasionadas por su sangre ardiendo.
Antes de que fuera capaz de cortar las manos de la danesa, su piel ardió, su aura se vio afectada; algo trataba de meterse en su cabeza, afectando el uso de su aura. El dolor insoportable recorrió su espalda, sus brazos, su cabeza; todo ardía.
Alice detuvo su ataque, observando con preocupación el cuerpo sano de Beatrice, mientras que la esfera de carne desapareció. Jack dejó de utilizar su aura, cayendo al suelo inconsciente por el dolor. Todo el daño de Beatrice ahora residía en el cuerpo del estadounidense.
—Dios… Eso fue horrible, nunca lo volvamos a hacer. —La danesa sonrió, volteando hacia Alice; de la cintura para arriba, su ropa fue desintegrada por las llamas. Con la carne que unía sus uñas, se aseguró de mantener unidos los restos de la camisa que tanto adoraba, además de cubrir lo esencial— Ah… Lo siento. —Apenada, acarició su ropa, escuchando cómo Lindsy le daba un punto y le restaba uno a Jack.
Alice sonrió; aunque ahora su aura no podía ser utilizada, uno de los más problemáticos fue eliminado de la ecuación.
—¡Ja! La gran y poderosa Alice- —Interrumpida por el corte en su mejilla, Alice observó petrificada los ojos azules de Engel clavados en ella.
—Deja ya esa mierda. —Engel apretó sus dientes entre sí— No eres grande y poderosa, eres menos que mediocre y mientras más rápido te dejes de escudar en esa farsa tuya, más rápido podrás avanzar y volverte mejor.
Alice acarició la cicatriz en su mejilla, asintiendo con la cabeza luego de escuchar aquellas palabras. Dio un paso al frente; entonces un domo negro cubrió a Engel. Beatrice miró a su alrededor, llevándose la mala sorpresa de ver a Taara rodeada de estrellas.
—Creo que nunca has entrado aquí, felicidades. Eres lo suficientemente fuerte como para merecer que te enfrente con la antesala del cosmos. —Taara aplaudió emocionada— Debo decir que empiezo a envidiarte, Engel.
—Beatrice.
—Cómo sea —hizo un ademán con su mano, restándole importancia a sus palabras— Alcanzaste la cúspide del flow por tu cuenta. Admiro eso; pensé que la primera de las promesas en lograrlo sería yo.
Beatrice asintió con la cabeza, fingiendo ignorancia ante sus palabras que dejaban en obviedad su conocimiento mayor al promedio, pero sabía que solo quería presumir.
—¿Vas a pelear o a hablar? —Beatrice sonrió, llevándose las manos a la cintura.
—Pff… —Con un chasquido de dedos en ambas manos, un agujero se abrió en la parte superior— Siempre es bueno tener una amiga fiel.
Lei Qiang cayó del agujero, apenas sus pies tocaron el suelo oscuro de aquel vacío y el domo cerrara su entrada, la asiática durmiente corrió en busca de Engel. La habitación se llenó de cometas que reventaron por la intromisión de una cuarta persona dentro de la barrera de Taara. Casi todos fueron destruidos por los enormes mazos que aparecieron arrasando con todo a su paso.
La india esquivó aquel ataque utilizando la luna. Gruñó dirigiendo su atención a Ellie, que sostenía los enormes mangos de los martillos como si no pesaran nada.
—¿Puedes dejar de entrar sin permiso a mi zona?
—¡No! —exclamó la maga con una sonrisa.
Rachel detuvo sus pasos, el aura de Joao desapareció de su mapa mental, Zachary la imitó, observándola con ligera preocupación.
—¿Qué?
—Apagó su aura… No tiene sentido, no podrá encontrarlas sin ella. —Por un momento, Rachel captó de nuevo el aura de Joao, breve, muy breve. Quiso gritarle a Zachary que había cambiado de ubicación, pero se extinguió su presencia— La encendió y la apagó.
—Concéntrate, averigua qué está haciendo.
Rachel asintió; pocos segundos pasaron antes de que Joao encendiera su aura de nuevo por unos segundos, pero ahora estaba en una ubicación más lejana que la anterior, una a la que sería imposible llegar tan rápido siendo un humano convencional.
—Tiene ayuda… Debe ser uno de los autómatas de Carol.
Zachary guardó silencio. Rachel tardó unos momentos, hasta que logró conectar con Joao, así fuera por un momento.
“Romper”.
Ella parpadeó «Otra vez».
“Romper”.
Rachel formó media sonrisa, asombrada de la locura que estaba realizando Joao. «Él quiere ser el único con bonificación por encestar, y si se lleva el último punto, es otro más; junto con dos por la victoria de su equipo, ascendería a diez puntos, dejándolo solo por debajo de Carol».
—El bastardo está rompiendo las esferas.
Zachary sonrió, captando el plan mucho más rápido que Rachel; entonces miró al cielo y asintió.
—Lánzame, trataré de encontrar nuestra base activa.
—¡Voy!
Rachel envolvió el torso de Zachary con sus hilos, giró sobre sí misma y lo envió tan alto como le fue posible. El británico concentró la mayoría de su aura en sus ojos, mejorando su mirada; revisó sus alrededores con velocidad, encontrando una de las bases que se encontraba en una zona sin árboles.
Al caer, Rachel lo atrapó en el aire con sus hilos. Zachary, al soltarse, no dijo palabra alguna y corrió a la zona del equipo rojo. En ella, se recostó al podio junto a la lámpara. Rachel se sentó alrededor.
—Vaya. —Rachel sonrió, apreciando a su alrededor la última vez que vería este lugar en un buen tiempo— Entonces Joao es el jefe final.
—Digno de él. Es mejor esperarlo aquí que gastar energía tratando de cazarlo a ciegas. —Zachary cerró los ojos— Es un operador muy versátil, pero desgraciadamente, no le permitiré quitarme mi sueño.
—¿Y cuál es tu sueño?
Zachary la ignoró. No obtendría una respuesta, por lo que Rachel soltó un suspiro sonriendo ligeramente. «Muy bien, con Lawrence será».
El silencio reinó en el bosque; no eran capaces de escuchar los combates que ocurrían a lo lejos, además de, como siempre, la lluvia de hielo, agua y fuego entre los hermanos.
Joao tenía que venir, no importaba en qué momento, pero si el tiempo se acababa, la tabla permanecería igual. El corazón de Rachel brincaba de la emoción.
—¿Cómo puedes estar con nosotros si no tienes un sueño?
Rachel parpadeó varias veces. Volteó su rostro hacia los ojos verdes del moreno. Como siempre, Zachary dejaba fluir todo a través de sus expresiones, como si fuera un niño al que nunca le han enseñado sutileza. Rachel sonrió, negando con la cabeza.
—Quiero matar a Adarza.
—Eso no es un sueño.
—¿Cómo que no? —Frunció el ceño, molesta, muy molesta— ¿Desde cuándo eres el que le da un sello de validez a los sueños?
—Solo quieres vengarte porque sigues enojada; si no estuvieras enojada, ese sueño tampoco existiría. —Zachary levantó sus hombros, un destello de satisfacción dominó su expresión— No quieres ser verdaderamente fuerte, no obtendrás nada de esto además de un poco de experiencia para matar a la tipa que odias, ¿luego qué?
—... ¿Ah?
—¿Luego qué? —Zachary dejó de sonreír— ¿Cuál es tu siguiente gran paso? ¿Entrar al congreso? ¿Trabajar para Lawrence y conseguir un buen puesto? ¿Seguir los pasos de el Cosmopolita? ¿Qué bien después de matar a esa tal Adarza?
Jamás había pasado por su cabeza, ¿qué seguía después de la venganza? ¿Vivir con Lindsy? ¿Conseguir un trabajo normal? ¿Regresar a las rankeds de sus juegos favoritos? Estos meses solamente se movió por sus deseos. Se quedó con los Logan por su protección, entrenó para ser quien le quebrara el cuello a Adarza y protegerse en situaciones de peligro, a ella como a quienes quería.
Pero cuando Adarza estuviera muerta, ¿volvería a su hogar junto con Lindsy? ¿Se quedaría con los Logan? ¿Cómo sería vivir luego de esto?
—Joao se acerca.
Por suerte, su clarividencia saltó. Joao venía a gran velocidad en línea recta. «¿Está dispuesto a enfrentarnos? Maldición, debe venir con Carol».
—No has respondido mi pregunta. —Zachary manifestó dos alabardas de energía.
—… Eres cruel.
—Solo te digo la verdad.
—Eso ni tú te lo crees. —Rachel volteó a verlo— Esa verdad no va con ninguna otra intención más que tratar de herirme… A ti ni te importa que venga después; no entiendo por qué me odias, pero… No importa. —Suspiró. Esta conversación no tenía caso alguno; Zachary no era alguien con quien pudiera razonar cuando se trataba de ella— Hay cosas más importantes en juego… Ganemos, Zachary.
—Sí… ganemos. —Zachary miró en la misma dirección que Rachel vigilaba.
Ellie saltaba en el espacio; con “parpadeo” se movía instantáneamente al lugar fijado por su vista, lo que le permitía evitar cada ataque de los cometas de Taara. Pelear dentro de su zona era una estupidez. La Antesala del Cosmos proporcionaba una fuerza enorme a la mujer de llamativa vestimenta, no sería diferente a un suicidio para ellas.
Alcanzó a Beatrice, tomándola de su hombro, mientras la danesa enredó sus hilos en el brazo de Lei Qiang, sacándolas a ambas de la Antesala del Cosmos.
«¡Ahora gastó un montón de energía con esos cometas y la Antesala por nada!» pensó Ellie, una victoria pequeña, pero, al fin y al cabo, una victoria. Nunca la vio utilizarla dos veces seguidas, por lo que no podría hacerlo, era muy simple.
Cayendo por sobre los árboles, Beatrice aprovechó para clavar sus uñas en Lei Qiang, utilizando aquella habilidad que rompió la mente de Rachel Ficks, la cual nombró “parásito emocional”. No era capaz de ver qué ocurría, pero sabía muy bien que incrementaba el trauma de la persona.
Lei Qiang abrió los ojos al ser afectada, decenas de imágenes con Madame Zhu, su salvadora y patrocinadora, fugazmente aparecieron en su mente. Al igual que todo el daño a los niños con los que entrenó. Sus manos manchadas de sangre.
«Espero muchas cosas de ti, Lei Qiang».
Los ojos de la asiática no tardaron en llenarse de lágrimas, su guardia cayó en ese momento, pero además del agobiante peso, el impacto explosivo del puño cargado de Beatrice nubló su mente. Escupió sangre, sintiendo su estómago revolverse por el golpe, mientras que su cuerpo salió despedido unos metros, pero la danesa tenía otros planes. La jaló de vuelta con sus hilos, conectando otro golpe en su pecho, lanzándola contra el suelo bajo de ellas. Incluso luego de recibir ambos impactos y el daño mental, Lei Qiang buscó la forma de pararse rápido, pero la caída de la danesa cubierta de hilos sobre su pecho, aplastando su abdomen con ambas rodillas, fue suficiente para desvanecer su consciencia.
“¡Lei Qiang -1!”, gritó Lindsy.
«¡Con este son dos!» pensó Beatrice, quitándose de encima de Lei Qiang. Su mirada fue al domo negro que desaparecía.
—¡Están bien! —exclamó Alice con una gran sonrisa, ignorando la furiosa mirada de Taara.
Ellie frunció el ceño, ahora mismo utilizaba otra técnica de teletransportación, la cambió al momento de salir del domo, pues Parpadeó solo funciona cuando puede ver a dónde va.
«¡Engel ahora tiene el segundo puesto!» Paralizada, su respiración aceleró sin control. «No, no. Debo, debo ganarle, debo ser quien derrote a Taara, o anotar puntos. Debo...» Mordió su labio interior, trataría de acabar con esto de un solo ataque, pero la expresión de Taara se suavizó, mirando a otro lado con curiosidad.
—Ese bastardo…
Arriba, la pelea se detuvo. Ne Zha cambió su rumbo. Salió disparado como un cometa llameante en otra dirección, Taara usó la Luna para impulsarse de la misma forma, huyendo del campo de batalla.
—Una orden de Carol.
«Solo queda una esfera… ¿Qué? ¿Eso de dónde vino?»
No fue un pensamiento suyo, estaba segura, sin bases, era totalmente improbable que pensara en eso a la primera, por lo que supuso que aquel pensamiento infundado fue un mensaje de Carol para todos los presentes.
«Claro… Para este punto, cualquiera con 4 o 5 puntos será un ganador si es el que anota».
Engel tomó el brazo de Ellie, apretándola con fuerza.
—¡Reacciona! ¡Vamos!
—¡Ah! —se sobresaltó, pero utilizó su habilidad de teletransportación para seguirlos, este sería el último escenario.
—Ja, ¿todo esto fue ideado por ti? Eres un bastardo. —Zachary sonreía orgulloso. Pensar que Joao logró poner a todos los jugadores restantes de patas arriba era sorprendente.
Rachel mantuvo silencio, Joao se detuvo, apagando su aura, obviamente esperaría a que todos llegaran a la zona para aprovechar el desastre, pero si Carol en verdad no se entrometería, significa que solo debían derrotar a los tres miembros restantes del equipo. Ne Zha, Taara y Joao.
—Zachary.
—Ya lo vi.
Ne Zha aterrizó mucho más rápido que los demás. Nadie aquí sería capaz de alcanzarlo en un vuelo a toda potencia. Ao Bing venía mucho más atrás.
—Epa, chino de mierda. —Rachel lo recibió con cálidas palabras, llevándose las manos a sus caderas.
—No voy a ganar… Es una pena terrible, pero conseguiré que sea mi equipo el que se lleve la victoria. —Ne Zha giró la lanza punta de fuego entre sus dedos.
Zachary y Rachel se lanzaron en direcciones opuestas, evitando los veloces rayos de fuego. Al final, el de delineador rojo prefirió seguir a Zachary con aquel rayo.
—¡Yo también estoy aquí! —gritó Rachel, arrancando de raíz un árbol con sus hilos, el cual lanzó en contra del asiático. Ne Zha lo evitó sin más en un rápido deslice— Presumido maldito.
Zachary utilizó toda su aura, acortando la distancia contra Ne Zha. Apuntó con la alabarda a su cuello, pero la cinta roja del asiático voló, interrumpiendo a Zachary al obligarlo a cambiar de dirección y huir como le fuera posible de aquella cinta. Si lo atrapaba, era el fin.
A punto de lanzarse en contra de Zachary, desvió su camino, evitando la patada descendente de Engel, que reventó el suelo donde impactó. Ne Zha levantó rápido su lanza, asestando un rayo en la danesa, aunque por sus reflejos solo pudo atravesar su antebrazo en vez de su hombro.
Ellie, justo detrás de Ne Zha, se forzó a sonreír. Contuvo con toda su voluntad las ganas de gritarle “Atrás de ti, imbécil”. Justamente como Lawrence Logan hubiera hecho, pero debía recordarse a sí misma tanto como pudiera, no era Lawrence Logan.
—¡Ellie! —Rachel gritó en advertencia.
Con su mano cargada de electricidad, Ellie disparó un repentino rayo. Su cuerpo tembló, recibiendo la mayoría de su aura en aquella descarga. A pesar de estar tan cerca, un agujero de gusano había aparecido, llevándose el rayo, mientras que otro se formó justo detrás de Ellie.
Paralizada por la fuerza de su propio ataque, la maga morena cayó al suelo apagando su aura, sin siquiera darse cuenta de cómo había sido derrotada. Taara saltó en escena, quedando espalda con espalda con Ne Zha.
“¡Taara +1! ¡Ellie -1!” Lawrence gritó, sonando decepcionado. Rachel apretó los dientes por la rabia.
Rachel ignoró la lluvia de estacas que cayó sobre el campo de forma indiscriminada, no estaba en el rango de ataque, pero Engel tuvo que saltar para evitarlo, mientras que Ne Zha liberaba una gran llamarada de fuego a todos lados.
«Ahí viene».
Y de nuevo, Joao se acercaba, pero ya debería haber estado a su vista, lo que indicaba una cosa: Estaba debajo del suelo en su forma de espectro.
«¡No lo vas a hacer!» Rachel corrió hacia el podio hueco, debía obligatoriamente insertar la esfera dentro del agujero en la parte superior. Lanzó sus hilos, amarrando el podio blanco, en el momento que vio a Joao asomar su cabeza, Rachel apretó sus hilos, la parte superior del podio se contrajo, como una lata de refresco cediendo a la presión de ser aplastada, el agujero acabó inutilizándose.
Joao intentó encestar en un lugar sellado, llevándose una gran sorpresa, entonces, sintió algo chocar con él, o, mejor dicho, miles de partículas diminutas que tocaron su costado, regresando su forma tangible a pesar de seguir en modo espectro.
Desvió su mirada a Zachary, que le había rociado un frasco con sal.
—¡Zachary! —gritó furioso, antes de que los hilos de Rachel envolvieran su cuerpo.
—Qué pena, si hubieras sido en forma Kurupí, quizás hubieras ganado.
Rachel sonrió, Joao trató de cambiar a su forma Dullaham, pero la puñalada de Zachary en su estómago lo detuvo.
—Esto es mío. —dijo el moreno, tomando la esfera de color blanco, la última esfera que quedaba.
Rachel fue quien dio el golpe de gracia, golpeando a Joao con fuerza en el costado con un golpe cargado, enviándolo contra varios árboles.
—¡Rómpela, Zachary! —La victoria estaría asegurada, con la caída de Ellie, Zachary debería encontrarse en el tercer puesto, Beatrice en el segundo y Carol en el primero.
Zachary miró a Rachel a los ojos, luego la esfera, no quería romperla y terminar de esta forma. Rachel lo sabía. Los ojos verdes del moreno posaron en su amigo, que dejó de brillar, indicando que había sido derrotado. «Lo siento, Joao. Te lo recompensaré luego». Entonces, volvió a ser rodeado por hilos.
—¿Eh?
—¿Dónde está la base? —Rachel esperó sus indicaciones, si no iba a romperla, entonces lo ayudaría a ganar más puntos. Taara y Ne Zha dirigieron su atención a la esfera, pero Ao Bing y Beatrice hacían lo posible por contenerlos.
—… —Zachary miró en cierta dirección, entonces Rachel utilizó gran parte de su aura, lanzándolo con una fuerza tremenda a donde había indicado. Al caer, rodó por el suelo, levantándose al instante, utilizando toda su aura de golpe, mientras sus ojos brillaban. Su velocidad aumentaba como nunca, dirigiéndose a la línea de meta.
—¡Maldición! ¡A mí no me va a ganar Rachel! —Taara exclamó, generando otro agujero de gusano. Cuando Ao Bing creyó detener uno de los rayos de fuego de Ne Zha, este mismo rayo atravesó su estómago debido al portal que cruzó sus defensas.
Ne Zha sonrió, despegando antes de ser alcanzado por los hilos de Rachel, se elevó con fuego, persiguiendo a Zachary Hill rumbo a la meta.