ÚLTIMA OPORTUNIDAD...
Abby se tranquilizó; se sentía segura. Caminó por el pasillo, ahí donde sus amigas reían. Mirándola. Llamándola. La querían solo para ellas... Pero en el camino vio a Henrietta Bowers con su hermano, lo llevaba de la mano, entonces, Abby lo recordó. Olvídalo. Dudó al principio. Déjalo. Tenía a sus amigas de vuelta. Le bastaba eso. ¿No es así? Abby se acercó con las palabras aún resonando en su cabeza:
«Abby Hills ha sido una perra con Henrietta»
—Esa maldita —murmuró y dio un paso en su última oportunidad—. Oye, oye… ¿qué hiciste? Fuiste tú, ¿verdad? ¿Qué fue? ¿Alguna droga? Maldita drogadicta.
Henrietta se giró; Abby levantó el brazo, intentó meterle una bofetada. Bastó una sonrisa de oreja a oreja de Bowers para detenerla.
—Vamos, Charlie. Vamos a casita —dijo Henrietta, y siguió caminando.
En ese instante, una voz se escuchó, plana, definitiva, atravesando el aire:
—Toda la escuela de Ridgeview ha descuartizado a Abby Hills.
La cotillera sintió su cuerpo volverse viento, ondas, palabras sin linealidad que se deshilaban poco a poco desde su cuerpo... Giró la cabeza y vio a sus amigas, Verónica y Luciana, con lágrimas de congoja cayendo desde los ojos. ¡Y esas ropas ensangrentadas!, como las del profesor Henry: con la camisa manchada, quieto entre los demás. Porque algo había cambiado. Ella lo sabía. Lo escuchó... desde lo que quedaba de cabeza:
—¿Cuántas bocas tuve que abrirte hasta que callaras?
Abby se tiró al piso. Su humanidad se rendía al viento. A los murmullos. Lloró. Intentó recomponerse, pero otra frase ya estaba en circulación...
—¡Abby Hills copió en el examen de... —y todo su ser fue inhalado y exhalado por la boca de la chica que arrojó la frase al pasillo—... matemáticas! La oración llegó a su punto y Abby se deshizo más y más. Fragmentada. Rota por el sonido. Descuartizada en músculos y piel lanzados al aire en forma de espiral mientras el dolor se hacía uno con su existencia nerviosa.
—¡Abby Hills es una perra! — desde el primer piso y sus alrededores.
Sus órganos empezaron a dividirse. Una parte quedó suspendida en el pasillo, otra se estiró hacia el estacionamiento, otra hacia el baño. Venas, piel, intestinos, todo extendido, alargándose, repartido, y las voces seguían apareciendo en distintos puntos de la escuela.
—¿Cuántas bocas se han necesitado para callar a Abby Hills, hermanito? —sonó desde la salida trasera de la secundaria.
Ni respirar ni gritar le fueron opción; mientras más lejos se desplazaban los habladores más se estiraban sus cuerdas vocales, tensadas entre paredes, puertas, baldosas... Hasta que, desde el otro lado de la escuela, sonó la voz del hermano de Henrietta:
—¿Quién es Abby Hills? ¿Por qué hablan mal de Abby Hills? —preguntó con inocencia.
Y varios gritos respondieron desde toda la periferia del edificio, multiplicados:
Abby hills es una
Abby hills es una Abby hills es una
Abby hills es una Abby hills es una Abby hills es una
Abby hills es una Abby hills es una Abby hills es una Abby Abby hills es una Abby hills es una Abby hills es una Abby hills Abby hills es una Abby hills es una Abby hills es una Abby es una Abby Hills es una
Abby hills es una Abby hills es una Abby hills es una
Abby hills es una Abby es una Abby hills es una
Abby hills es una
Abby hills es una
Abby hills es una Abby
Abby hills es una Abby hills
Abby hills es una Abby hills es A
Abby hills es una Abby hills Abby
Abby hills es una Abby hills bby
Abby hills es una Abby y Hills
Abby hills es una Abby Hills
Abby hills es una Abby ills
Abby hills es una lls
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Abby hills es una
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Abby hills
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Hills
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Y ahora en todos lados puedes encontrar a Abby Hills: en las aulas, en los baños, en el estacionamiento, en la garganta de otros. Como un rumor que se niega a morir. Pero al final del día... Ya sabes:
Son solo rumores, Abby Hills.