Me quedé paralizado… mis manos incluso empezaron a sudar. Aunque no era para nada un reflejo perturbador, mirar por el espejo de seguridad a esa chica, con el rostro tan cerca de mi y su cabello castaño llegando hasta el suelo, me hizo preguntarme por primera vez «¿Qué está pasando?».
—Sientes ganas de llorar —dijo aquella figura. Justo junto a mi oído—. Tienes miedo, ¿por qué? —agregó.
Al sentir esa asquerosa cercanía en mi oído me volteé al instante, de nuevo no había ninguna chica junto a mí… volví a mirar al espejo, pero su reflejo había desaparecido.
Dejé de pensar por un momento, tomé la mochila y la apreté contra mi pecho, salí corriendo torpemente hacia la salida, escuché cómo mi carrera desesperada dejó caer varias cosas, pero no quise volver a voltear.
Al momento de cruzar la puerta de la tienda todo se volvió oscuro, si bien era bastante noche la oscuridad que vi fue demasiada. Poco a poco la oscuridad se disipaba, mis ojos parpadeaban una y otra vez intentando acostumbrarse rápidamente a este cambio brusco.
Cuando finalmente la oscuridad se fue y mis ojos volvieron a mirar con naturalidad… no estaba en la calle.
Bajo mis pies pude notar un piso de madera contrachapada, junto a mi mano derecha había una silla de madera… mejor dicho, había varias sillas rodeando una mesa vacía.
—¿Dhari?… —dijo, con una voz suave, tierna y desgastada, dejando caer un vaso de agua al suelo y rompiéndose en pequeños fragmentos—. ¿Qué haces…?
—¿Mamá?…
Mi voz se quebró por un segundo, dejé caer la mochila que antes agarraba con fuerza y un dolor agudo atravesó mi garganta… Frente a mí, sin ninguna explicación, estaba mi madre mirándome a los ojos. No, yo estaba en la casa de mis padres, mirando a mi madre a los ojos.
—¿Qué haces aquí, mi niño?
No le importo en absoluto haber tirado el vaso de agua, corrió hacia mí en el instante en que le dije «mamá», rodeo mi cuerpo con sus brazos, su cabeza sobre mi hombro, y… derramando lágrimas sobre él.
Yo no entendía qué ocurría, hace un minuto estaba en una tienda completamente vacía y ahora estaba en casa de mis padres con mi mamá llorando sobre mi. Era lógico: me quede paralizado, ¿Qué más podía hacer?, después de dos años sin verla… ¿a quien se le ocurrió esta mala broma?
Seguí pensando sin parar intentando encontrar un “por qué”, pero eso importaba poco, mi garganta dolía, casi sentía que no podía respirar; estaba luchando fuertemente con lo que en cualquier momento podría ser un llanto saliendo de mi.
Estaba dudando de todo, dudando de si podría abrazarla en ese momento, dudando de si aun me queria como su hijo… dudando de si está preocupada o decepcionada.
—Mami… perdón por desaparecer —balbuceé junto al oído de mi madre.
—No importa —sollozo, interrumpiendo rápidamente cualquier cosa que pensara decir—. No te disculpes, mi niño… solo, quédate esta noche a dormir ¿bien?
No pude decir más, asentí con un leve murmullo y con algunas pequeñas lágrimas que no pude contener escurriendo sobre el cuerpo de mamá.
Tuve el valor de levantar mis brazos, intentando ahora ser yo quien le rodeara su cuerpo… quería abrazarla con todo mi ser, y cuando estaba a punto de hacerlo.
***
Caí al suelo.
Sobre el frío pavimento de la calle, con la fría luz de la tienda de conveniencia iluminando mi patética figura tumbada justo frente a la puerta de la que antes intentaba huir.
—… ¿Ah…? —sollocé.
Incapaz de decir nada más, no pude procesar qué fue lo que pasó. Pensamientos frenéticos e incompletos invadieron mi mente uno tras otro: «¿Eh…? ¿Por qué…?», «¿Mamá? ¿Dónde está…?», «¿Y la casa? ¿Por qué… aquí de nuevo…?».
—Lo siento… —dijo, aquella chica… la misma voz que me invadió cuando estaba en la tienda—. No pude mantenerlo más.
«¿De que se disculpa?… ¿De qué habla?… Ella… ¿es por ella que estoy aquí de nuevo?», pensé en cuanto la escuché de nuevo, cerca de mi… pegada a mis tímpanos.
Sentí una repulsión tan enorme a su voz, mi pecho se contrajo, robándome el aire. Recordaba a mi madre abrazándome, y esas palabras tan inocentes, disculpándome… se sentían como moscas volando sobre mi.
Finalmente no pude contener mas mi propio llanto, estalle… y junto a eso, mis manos comenzaron a arañar el pavimento. Mi llanto parecía confundirse con una risa impotente que se diluía en un rugido sordo… se sentía tan plano, aplastado por el sentimiento de no poder abrazar a mamá.
—Ah… Dhari, por favor, no llores más… —rogó con genuina preocupación… parecía incluso que mis llantos se contagiaban ligeramente a su voz.
—¡Cállate! Por favor… no quiero que hables más —replique, calmando lentamente mi previa reacción impulsiva, pensando algo tonto… «El pavimento no tiene la culpa»—. Ahh… ¿por qué no… solo muero y ya? —mascullé para mí mismo, cediendo ante la impotencia.
—…
Aquella voz dejó de hablar en cuanto lo pedí, y cuando pronuncie las palabras: «¿por qué no… solo muero y ya?», en la palma de mi mano, sin más, una pistola pequeña apareció…
—… ¿Qué es esto? —me burlé, mientras soltaba una corta carcajada.
Aún con eso, mi sonrisa de ironía se borró en un instante. Cerré la mano con fuerza empuñando el arma, levanté apresuradamente mi vista hacia el cielo estrellado, oculto por la iluminación de la tienda detrás de mí, y llevé el arma a mi garganta ahora descubierta.
Mis dos manos sostenían lo que podía acabar con todo en menos de un segundo… estaba plenamente consciente de eso.
Mi respiración estaba muy agitada, mis ojos cerrados con fuerza, pero no pude apretar el gatillo… Volví a abrir mis ojos, a decir verdad; esa era la primera vez que tomaba un arma, se sentía muy ajeno a mi, sentía que cualquier movimiento la dispararía sin que yo lo supiera. Sin embargo, no era la primera vez que intentaba acabar con todo… durante tanto tiempo, hubo muchas ocasiones en las que estuve dispuesto a hacerlo, pero siempre me detenía un simple pensamiento «hay personas que la pasan peor, y aún así, siguen con su vida… ¿Cuál es mi derecho para hacer esto?». Esta vez era diferente…
Di un gran y largo suspiro al aire al mismo tiempo que mis manos temblaban fuertemente. Apreté los dientes, cerré mis párpados y finalmente, con mi dedo índice, que estaba puesto sobre el gatillo…
Apreté.