I. Onni
Las hortensias empezaron a florecer la semana pasada, en el camino de la costa que ahora tomamos todos los dias sin necesidad de comentarlo. Souichirou-san dice que, cuando florecen asi, tan temprano y tan azules, significa que la temporada de lluvias va a llegar antes de lo habitual este año.
Hoy fue el último dia de clases, antes de que comenzaran las vacaciones de verano.
Hoshino-sensei cerró el club temprano, guardando los instrumentos en la caseta con el cuidado metódico de alguien que ya habia hecho este mismo gesto once veces antes.
—El anemómetro puede quedarse afuera —le dijo a Asahina, sin mirarla directamente, como siempre—. Pero si querés seguir registrando en tu casa durante el verano, no hay ningún problema. La cooperativa sigue revisando tus números aunque la escuela esté cerrada.
—Lo sé. Voy a seguir.
—No esperaba menos.
Fue toda la despedida que necesitaron: los dos estaban acostumbrados a decir lo minimo indispensable y dejar que el resto se entendiera solo.
Caminamos hacia la costa después, con el cielo cargado de esas nubes bajas y grises que ella probablemente podría nombrar con precisión.
—¿Que vas a hacer en el verano? —pregunté, mientras el mar empezaba a aparecer entre los edificios bajos del barrio.
—Lo de siempre. Anotar el cielo. Ayudar en casa. Leer.
—¿Y nosotros?
Fue una pregunta torpe, lo supe apenas la dije. No tenia un plan detrás, ninguna propuesta concreta. Solo no queria que dos meses sin verla todos los dias significaran dos meses sin saber nada de ella.
—No tengo tu número —respondió después de pensarlo—. Si lo tuviera, podria escribirte. Cuando tenga algo que decir.
No "todos los dias". No "cuando quieras". Solo cuando tuviera algo que decir. Me pareció exactamente la cantidad correcta de promesa para alguien como ella, y la acepté sin pedir más.
Intercambiamos los contactos ahi mismo, parados en el camino, con el viento empezando a oler a sal y a lluvia próxima.
—Listo —dijo, guardando el teléfono—. Ahora ya está.
No fue una declaración. No fue una promesa de nada más que lo que ya teniamos. Pero algo en mi, algo que todavia no sabia nombrar del todo, sintió que acababa de pasar algo que valia la pena recordar.
II. Tsumugi
Hace tres meses no sabia su nombre completo. Hoy le di mi número de teléfono, parada en mitad del camino de la costa, con el viento empezando a oler a la lluvia que Souichirou-san predijo por las hortensias.
No fue una decisión fácil, aunque desde afuera probablemente pareció simple: anotar unos digitos, guardar un contacto, decir "listo". Por dentro, fue la misma clase de cálculo que hago siempre antes de cruzar un umbral nuevo. ¿Qué significa esto? ¿Que espera él que signifique? ¿Que quiero yo que signifique?
No tuve una respuesta clara a la última pregunta. Pero decidi dársela de todas formas, sin esperar a tenerla.
Cuando llegué a casa, mi padre ya estaba en el puerto revisando las redes para el temporal que se viene. Mi madre preguntó, como todos los dias, cómo me fue y si habia comido bien. Hinata me contó algo sobre un videojuego que no logré seguir del todo, pero asenti en los momentos correctos, y eso pareció ser suficiente para él.
Subi a mi cuarto antes de cenar y abri el cuaderno, como cada noche desde hace años. Anoté la hora, la presión, las nubes bajas que probablemente iban a convertirse en la primera lluvia fuerte de la temporada antes del amanecer.
Después, antes de escribir la anotación de hoy, fui hasta atrás, a la primera página donde aparece él.
El chico nuevo no repitió el saludo.
Letra apretada. Nerviosa. La letra de alguien que todavia no sabia si valia la pena anotar algo asi, escrita junto a un dibujo de cúmulos que, en ese momento, no parecian predecir absolutamente nada.
Casi cien dias después, en la página de hoy, escribi algo nuevo:
Ya dejé de contar los dias. No porque haya dejado de importarme. Sino porque, por primera vez, no necesito un número para confiar en que mañana él va a seguir ahi.
Cerré el cuaderno justo cuando empezaron a escucharse las primeras gotas de lluvia golpeando el techo, exactamente cuando mis cálculos de esa mañana habian predicho que llegaria.

El verano recién empezaba. Todavia no tenía forma de saber todo lo que se avecinaba con él.
Pero, por primera vez en mucho tiempo, no tenia miedo de no saberlo.