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Capitulo 22 — Viento frio

El cielo que solo ella sabe leer · por habi · 31 de agosto de 2026

I. Onni

Lo noté a las doce y cuarto.

La hora exacta en que normalmente ya estábamos bajo el árbol. Sora abriendo su caja de almuerzo. Asahina con el cuaderno. Yo con lo que Yumi-san hubiera puesto en mi bento esa mañana.

A las doce y cuarto habia solamente dos personas bajo el árbol: Sora y yo.

Esperé diez minutos antes de asumir que no iba a llegar.

Sora no dijo nada. Lo cual, viniendo de alguien que dice exactamente lo que necesita decir y nada más, también era información.

Esa tarde, el club empezó sin ella. Llegó cuando quedaban cinco minutos para terminar, revisó el pluviómetro con la eficiencia de siempre, anotó los datos del dia en el cuaderno sin levantar la vista y se fue antes de que Hoshino-sensei cerrara la planilla.

Sin el camino de vuelta.

Sin despedida particular.

Me quedé parado en la azotea un momento después de que todos se fueron, mirando el cielo, que empezaba a oscurecer antes de lo que me habia acostumbrado.

Revisé los últimos dias en mi cabeza, buscando el error.

El martes, la conversación sobre las islas. ¿Habia dicho algo que sonara diferente de lo que quise decir?

El miércoles, el almuerzo normal bajo el árbol.

El jueves, el club.

Nada que pudiera identificar.

Lo que si recordé fue el momento del dia anterior, en el pasillo cerca de la sala de actos, cuando Nao pasó y nos detuvo a los dos para preguntarme algo sobre una tarea compartida.

La conversación duró cuatro minutos.

En algún punto, Nao se rió de algo y apoyó la mano en mi manga durante un segundo. Ese gesto que no significa nada definido, pero tampoco significa nada neutro.

Lo recordé porque Asahina estaba ahi.

No sé si lo vio.

Si sé que, cuando la busqué con la vista para ver si queria que me apurara, ya estaba mirando en otra dirección.


. . .

Le mandé un mensaje esa noche.

Uno solo.

¿Estás bien?

No agregué nada más. No mandé un segundo mensaje cuando no respondió en veinte minutos. No mandé un tercero.

Me acordé del silencio mal interpretado, de la forma en que el silencio se habia podrido solo porque los dos nos asustamos al mismo tiempo y ninguno supo esperar.

Esta vez sabia esperar.

O, por lo menos, sabia intentarlo.

Dejé el teléfono sobre la mesa y segui con lo que tenia pendiente, con una parte de mi que notaba el silencio del otro lado y otra que se repetia:

Espera.

Ella sabe dónde encontrarte cuando esté lista.



II. Tsumugi

La manga de su chaqueta. Un segundo. La mano de Nao apoyada en la manga de su chaqueta mientras se reia de algo.

No fue un gesto dramático. No fue nada que requiriera atención especial. El tipo de contacto casual que las personas hacen sin pensarlo, como puntuación fisica de una frase, sin significado asignado y sin intención declarada.

Lo registré de todas formas.

No sé exactamente cuándo empecé a caminar más rápido en dirección contraria. En algún punto entre el momento en que vi la mano y el momento en que doblé la esquina del pasillo, tomé una distancia sin decidirla.

El almuerzo lo comi en la biblioteca. No porque tuviera algo que hacer ahi, sino porque la biblioteca es silenciosa y tiene la ventaja de que nadie va a aparecer a preguntarme por qué no estoy bajo el árbol.

El cuaderno lo tenia abierto sobre la mesa. No anoté nada útil durante cuarenta minutos.

¿Qué te pasa?

Esa pregunta me la hice unas dieciséis veces a lo largo del dia, con distintas formulaciones, y ninguna de las respuestas que encontré me pareció lo suficientemente precisa como para aceptarla.

No es molestia. La molestia la conozco: tiene una fuente identificable, una lógica, una forma de procesarse.

Esto no tiene eso.

No es incomodidad con Nao. Ella no hizo nada malo. Es una persona que existe en el mundo de la forma en que existe, y eso no me corresponde cuestionarlo.

No es preocupación. No tengo ninguna razón objetiva para estar preocupada por nada.

Entonces, ¿qué es?

Lo intenté desde otro ángulo, más empirico: ¿qué cambió exactamente entre el momento anterior al pasillo y el momento posterior?

Antes del pasillo: estaba bien, normal. Energia estándar para mitad de la tarde. Ninguna variable fuera de parámetros.

Después del pasillo: incapacidad para completar el registro del cuaderno. Decisión de no ir al almuerzo habitual. Dificultad para concentrarme en nada durante un periodo prolongado. Sensación difusa que no encuentro en ninguna categoria que ya tenga.

Variables externas: Nao. La manga. El segundo.

Eso es lo único que cambió.

Pero no sé qué hace esa información con el resto. El sistema encontró los datos y no puede generar el diagnóstico.

Al club llegué tarde a propósito. Revisé los instrumentos con más atención de la necesaria para no tener que levantar la vista en ningún momento que no fuera imprescindible. Me fui antes de que terminara la sesión oficial.

No tomé el camino de la costa.

Llegué a casa veinte minutos antes de lo habitual. Mi madre estaba en la cocina. Le respondi algo sobre cómo habia ido el dia. No sé qué dije exactamente.

Estaba recostada en mi cuarto cuando, después de una hora, sonó mi teléfono. Tenia un mensaje.

¿Estás bien?

Nada más. No habia un segundo mensaje, ni un tercero, ni una pregunta de seguimiento. Solo esa frase, mandada hace una hora, esperando sin exigir.

Me quedé mirándola un rato.

No la respondi todavia. No porque no quisiera, sino porque no sabia qué responder, y decir «si» era mentir y decir «no» era abrir una pregunta para la que no tenia respuesta todavia.

Lo que si supe, mirando esa frase simple en la pantalla, fue que el dia sin el camino de la costa habia sido más raro de lo que esperaba. Que la biblioteca no tiene el mismo sonido que el mar. Que llegar veinte minutos antes a casa no los convirtió en veinte minutos útiles, sino solo en veinte minutos largos.

Eso también era un dato, aunque tampoco supiera todavia qué hacer con él.

Esa noche, en el margen del cuaderno, debajo de los datos del dia —temperatura descendente, viento del norte más marcado que la semana pasada, sin precipitaciones—, escribi:

El viento frio no avisa desde dónde viene. Solo avisa que algo está moviéndose y que la temperatura cambió. El resto hay que calcularlo.

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