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Capitulo 16 — Sobrecarga

El cielo que solo ella sabe leer · por habi · 02 de agosto de 2026

I. Onni

La mañana del festival fue, durante varias horas, exactamente como ella habia predicho.

Cielo despejado. La temperatura en ascenso desde el mediodia. Las actividades al aire libre desarrollándose según el horario que Kana habia ajustado con sus datos la tarde anterior. Todo en orden.

La vi a las diez, presentando el informe matutino al comité con la precisión de siempre. A las once, recorriendo los puestos junto a Sora, con los audifonos colgados al cuello como respaldo, sin necesidad de usarlos aún. A las doce menos cuarto, buscando algo en su mochila con esa concentración serena que aparece cuando mantiene todo bajo control, dentro de sus propios parámetros.

Habiamos quedado en encontrarnos a las doce para ir juntos a la entrega del informe del mediodia. Llegué al lugar acordado con dos minutos de anticipación.

Ella no estaba.

Esperé cinco minutos. Le envié un mensaje. No respondió.

Aún no me preocupé. Sabia que el festival tenia variables que ni siquiera el pronóstico del cielo podia contemplar.

La encontré quince minutos después, en el corredor lateral entre el pabellón de actividades y el escenario principal. Es un pasillo estrecho que normalmente tiene poco tránsito, pero ese dia era el camino más corto entre dos de las zonas más concurridas del festival, asi que la gente lo usaba como atajo. Ella estaba de pie, apoyada contra la pared, con la mochila apretada contra el pecho, los audifonos puestos y la mirada fija en un punto del suelo que no parecia ser nada en particular.

No la llamé.

Me acerqué despacio, procurando no hacer ningún ruido brusco, y me senté en el suelo a su lado, apoyando la espalda contra la misma pared.

No pregunté nada.

No le pedi que me mirara. No le toqué el hombro. No dije "ya pasó", ni "estás bien", ni ninguna de las frases que un año atrás habria dicho sin pensarlo.

Solo estuve ahi.

Al otro lado del corredor, el festival siguió su curso. La música del escenario, las voces superpuestas, alguien anunciando algo por el megáfono con ese eco tan particular de los altavoces al aire libre. Todo continuó exactamente igual que antes, sin que ninguno de los dos pudiera cambiarlo.

No sé cuánto tiempo pasó. Bastante. Lo suficiente para que el flujo de gente por el corredor fuera disminuyendo a medida que el evento del escenario principal atraia a la multitud.

En algún momento, sin que pudiera decir cuándo exactamente, el punto del suelo que ella observaba empezó a perder importancia. No fue de golpe. Fue gradual. Primero sus hombros descendieron un poco. Después, sus manos aflojaron el agarre sobre la mochila. Finalmente, su respiración dejó de ser tan corta.

Yo segui sin decir nada.

Kana pasó por el corredor en algún momento de todo aquello. La vi de reojo. Venia con la tablilla bajo el brazo y ese paso rápido propio del modo operativo del festival. Se detuvo cuando nos vio. Nos observó. A ella, apoyada contra la pared. A mi, sentado en el suelo, sin hacer nada en particular.

Por un segundo, no supe que iba a hacer.

No hizo nada.

No preguntó si Asahina estaba bien. No ofreció ayuda. No llamó a nadie. Simplemente permaneció alli un instante, con una expresión que no era la de alguien que acababa de presenciar una situación incómoda, sino la de alguien que acababa de comprender algo que, hasta ese momento, no habia entendido.

Y siguió caminando, despacio, en la dirección opuesta a la que venia.

Cuando Asahina habló por fin, su voz salió más baja de lo habitual, un poco rasposa, como si todavia le costara más de lo normal hacerla salir.

—Perdiste el horario de la entrega —dijo.

—No importa.

—Si importa. También era tu responsabilidad.

—Hoshino-sensei lo entiende.

Silencio.

Después:

—¿Cuánto tiempo llevás acá?

—No lo sé con exactitud.

Asintió, como si "no lo sé con exactitud" fuera una respuesta completamente aceptable.

Y lo era.

—Gracias —dijo, después de otro momento.

No respondi.

No hacia falta.


II. Tsumugi

Asi empezó:

El panel de actividades terminó y la gente que salia del pabellón se mezcló con la que se dirigia hacia el escenario. Durante dos minutos, el corredor lateral tuvo más personas de las que ese espacio podia contener cómodamente.

Habia administrado bien la mañana. Calculé los costos de cada interacción. Guardé lo que pude. Aproveché el espacio tranquilo junto al puesto de meteorologia cuando nadie necesitaba nada de mi. Comi algo a las once porque sabia que el cuerpo necesita recursos para procesar lo que el dia le exige.

Todo eso.

Y aun asi.

El altavoz del corredor soltó un chirrido agudo justo cuando una clase entera de primero pasaba discutiendo en grupo. Tres conversaciones diferentes. La música del escenario filtrándose desde atrás. El olor del puesto de comida mezclado con el protector solar de alguien que pasó demasiado cerca.

Todo al mismo tiempo.

Seguí caminando. Solo tenés que llegar al otro lado del corredor.

Un paso.

Demasiado ruido.

El otro lado no está lejos. Veinte metros. Tú Puedes.

Las voces no se separaban.

Normalmente puedo aislar una conversación y dejar el resto como ruido de fondo. En ese momento, todo tenia el mismo volumen. Todo exigia el mismo nivel de atención, y mi cerebro no encontraba la forma de decidir que debia priorizar.

Me detuve.

No fue una decisión. Fue que las piernas dejaron de calcular el siguiente paso.

Ponete los audifonos.

Me los puse.

El ruido no desapareció. Solo cambió de textura, lo suficiente para que algo dentro de mi se detuviera también. Ese algo que estaba a punto de dejar de funcionar por completo.

Me apoyé contra la pared.

El suelo era una opción.

Me quedé contra la pared.

Respirá. Cuatro tiempos. Aguantá cuatro. Soltá cuatro.

Un ciclo.

Dos.

Las caras seguian pasando. No las miraba. Mirar caras en ese estado requeria procesar expresiones, y procesar expresiones requeria recursos que no tenia disponibles.

No sé cuánto tiempo pasé ahi.

En algún momento senti que alguien se sentaba a mi lado.

Tsumugi y Onni

Cerca, pero no demasiado. Sin tocarme.

No dijo nada.

Esperé la pregunta.

"¿Estás bien?"
"¿Que te pasa?"
"¿Necesitás que llame a alguien?"

Cualquiera de las preguntas que normalmente llegan en estos momentos y que requieren una respuesta inmediata, justo cuando lo que menos puedo hacer en tiempo real es responder.

La pregunta no llegó.

Solo el peso de alguien sentado en el suelo a mi lado. La presencia sin exigencia. El no hacer nada como una forma activa de hacer algo.

Es Onni.

No tuve que mirarlo para saberlo.

El corredor fue vaciándose. La música del escenario principal empezó a ocupar el espacio que dejaron las voces, y la música es más manejable que las voces porque no necesita respuesta. No espera que hagas nada con ella.

Los hombros bajaron solos.

Las manos aflojaron la mochila.

Cuánto tiempo.

No lo sé.

El tiempo no funciona igual cuando el sistema está asi. Pueden ser diez minutos o cuarenta y cinco, y no hay forma de distinguirlo desde adentro.

Vi a Kana pasar en algún momento. La reconoci aunque no la miré directamente. Reconoci el paso, la postura, el sonido de la tablilla golpeando suavemente contra su costado.

Se detuvo.

No dijo nada.

Se fue.

Más tarde, cuando mi voz volvió a sentirse lo bastante mia como para usarla, le dije a Onni que habia perdido el horario de la entrega. No porque esperara que dijera que no importaba. Lo dije porque necesitaba decir algo que fuera un hecho concreto, algo pequeño y verificable, mientras el resto del sistema todavia terminaba de recalibrarse.

Él dijo que no importaba.

No le crei del todo, pero lo acepté.

Gracias, dije al final, porque era lo que correspondia decir y también porque era lo que sentia, aunque ambas cosas coincidieran por razones distintas.

No respondió nada.

Bien.

Esa noche llegué a casa y no anoté nada en el cuaderno durante una hora. Me senté en la cama, con la luz apagada y los audifonos todavia puestos, aunque no sonaba nada, hasta que el cuerpo terminó de volver por completo a su tamaño normal.

Después encendi la lámpara.

Abri el cuaderno.

Los datos del dia estaban sin registrar. Los anoté todos, en orden, con la letra más ordenada que pude mantener.

En el margen, al final de la página, escribí:

El sistema se desbordó. Eso pasa. Lo que no habia pasado antes era que alguien se quedara sin pedir nada a cambio. Ese dato también lo registro.

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