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Capítulo 3: Ese pasillo oscuro

Cuentos de Pólvora y paz · por HomerWorld · 17 de septiembre de 2026

 

Jhonathan Wallice caminaba apresuradamente por los pasillos de Erwin, un contratiempo le había distraído mucho, la reciente noticia de una caballera muerta. Abrió la puerta que conducía a su clase de política y ética, por suerte no era el primero que llegaba tarde a clase, la mitad del aula de conferencias estaba vacía. Todos los alumnos estaban bien uniformados como de costumbre, a excepción del profesor, muy viejo, como para acordarse de atarse bien los zapatos y ponerse la camisa por debajo del pantalón.

—¡Jhon! —Exclamó el aciano de aspecto amigable. —¿Qué son estas horas hombre? Nunca has llegado tarde.

—Encontré una noticia interesante mientras caminaba hacia la universidad, ya sabes como soy con los boletines semanales, esta mañana se me olvidó abrir el periódico y bueno, necesitaba leer algo mientras desayunaba camino a la institución.

—Que te has descuidado, vamos. —Inquirió el viejo profesor.

—Lo lamento, señor Pikles.

—No pasa nada, solo ha sido un pequeño descuido. Siéntate.

Jhonathan subió los peldaños hasta su pupitre, había marcas de lápiz en su superficie oscura y lisa. Abrió su maleta de cuero ya arañada y usada por tantos años de ir de un lado a otro. En el interior había muchos libros variados, eligió el de política y lo abrió por la página anteriormente mencionada. Tenía un texto en rojo que destacaba, una anotación: "Los aburridos principios monárquicos. (Subrayado y escrito al lado del título, donde ponía: "Los principios monárquicos de Trobanhead".

Sacó su pluma y papel para empezar a redactar, anticipando al profesor antes de que empezase a dar su discurso. Los alumnos no parecían muy atentos a la clase, sabían que estaban allí porque era la única asignatura común de todo el curso. Los que no aborrecían las clases de política y ética eran tachados de cursis lamebotas al estado que, pronto, tendrían que hincar la rodilla ante el líder supremo. La rebeldía era algo muy frecuente entre las juventudes, pero siempre caían en el mismo lugar, bajo el yugo de la realeza.

—Ejem... —Inició el profesor. —La realeza de Nova Luxia lleva mil años en reinado ininterrumpido, intercalando de familias nobles vinculadas a la realeza para adquirir un heredero sin necesidad de emplear la endogamia. Hoy en día, todas esas casas nobles se transformaron en cuerpos adjuntos a la economía real, como por ejemplo: La casa Erwin fue transformada en institución universitaria y escolar, la casa Cainhust ahora se dedica a la defensa civil y búsqueda criminal... Así con muchas otras que manejan el arte, la ganadería, el mercado... Relegando al pueblo como trabajadores y estudiosos, dejando de lado las escalas sociales establecidas en la antigüedad. Ahora no somos plebeyos, sino empleados y eruditos, o todo a la vez...

El profesor continuó recapitulando lo que dijo en el inicio del curso, cada vez los resúmenes empezaban a hacerse más y más densos hasta perderse por minutos en los mismos temas. Jhonatan se perdió en sus pensamientos, analizando punto por punto lo que ya le han dicho. "Realeza milenaria" "Poder limitado por órdenes de defensa" "Monarquía controlada y militarizada. Quien manda es quien lucha" "Sectas anómalas a favor del desastre absoluto de la sociedad actual". Todo eso se explica siempre, se señala, pero no se analiza. ¿Por qué motivo pasa todo esto? Miró hacia la ventana con mirada reflexiva. Hace no mucho atacaron la universidad y no lograron llevarse nada, bueno, sí, a una alumna... No sé en qué piensan estos sectarios de rojo... ¿Poder? ¿Dominación? No, solo buscan el absoluto desastre. Jhon forzó un poco la vista, debajo de las escaleras a la entrada a la universidad, un grupo de agentes hechiceros analizaban él perimetró, posiblemente reforzaron la seguridad desde la tragedia. Jhonatan pensó otra vez. Todo esto me escama, es mucha casualidad que un mercenario errante haya dado muerte a algunos de esos hombres, en su mayoría son pirománticos y Hemomantes, un tipo raro con una espada no puede darles muerte con tanta facilidad. Este caso es particular, la caballería local tardó mucho en llegar cuando empezó el combate. He visto arañazos en las paredes al entrar y algún que otro vidrio estaba roto, ya tardan en reparar el estropicio. Una tiza voló de manera brutal, pasó al lado del alumno y estalló contra la pared, emanando una pequeña cantidad de humo blanco al impactar contra la pared. El profesor le había pillado mirando a las musarañas, Jhon no pudo deducir la fuerza con la que aquella tiza fue lanzada. El vejestorio de Pikels pudo haberme atravesado la cabeza con facilidad. Creo... No lo sé, estoy exagerando. A no ser...

—¡Atento pedazo de mendrugo! —Gritó Pikels. —¡¿Quieres reprobar?!

Algunos alumnos rieron con razón, eran tan pocos que las carcajadas fueron notadas por el profesor, quien se enfureció más. Al parecer tenía un mal día, porque el profesor Pikels jamás solía enfurecerse.

El profesor se alisó el uniforme y continuó con su clase, ahora si tocaba un tema muy interesante para Jhonathan.

—La magia y la política: (Apunten esto que el examen será exclusivamente de este temario). —Dijo velozmente. —En la edad antigua la sociedad se organizaba de una manera distinta a la nuestra. Suele representarse en una pirámide muy simple; Los plebeyos por debajo, los privilegiados encima, la alta nobleza, los diferentes bloques políticos y los reyes en su cúspide. Pero después, por encima de todo, estaban las Eminencias, los Grandes magos. Antes de que la alfabetización general existiese, la magia fue un recurso muy único. Los mejores reyes tenían como máximo un mago en su corte, y el mago entendía de todos los temas posibles al vivir más años que reinos enteros. Eran formados para ser líderes del orden público y real. Es decir, una eminencia por encima del rey. Entendían de política, matemáticas, artes, guerra y como no, magia. Los primeros magos no eran líderes de instituciones que entrenaban a otros hechiceros, sino que solo servían al rey para aconsejarles. No fue hasta las grandes revoluciones y el cambio de las leyes de los Luxia, que se decidió enseñar la magia como una materia más para los estudiosos y eruditos. Ahora los magos funcionan como una pieza más del orden público, cercanos a las caballeras y caballeros que dirigen el orden local. Excepto que los magos tienen más conocimiento y por ende suelen tener más funciones aparte de la seguridad, sea administrativa, educativa y vélica. Ahora el rey, como cobra más importancia, se le retira la figura del mago consejero para tener un guardián o guardiana, denominado "Paladín". Pero eso es para otro día.

Una alumna levantó la mano ansiosamente, al fin alguien tenía ganas de aprender.

—Dime Miria.

—¿Cómo se asigna un paladín?

Lo que me faltaba, van a continuar hablando de monarquías. Pensó frustrado Jhonatan.

—Interesante pregunta. —El profesor hizo memoria, se cruzó de brazo sy empezó a rebuscar entre el gigantesco archivador que tenía por cerebro. —El paladín tiende a ser un soldado de élite que ha acumulado logros de guerra y aún ha conservado la fidelidad tras la guerra, es decir, gente decidida y dedicada en solo servir a su majestad. Suelen tardar mucho tiempo en seleccionar a alguien decente entre las filas.

Honor, guerra, servidumbre, obsesión... Todo eso es sectario y ciego, nadie es tan cazurro como para dedicar su vida a una sola persona. ¡Paparruchadas reales! Jhonatan dejó de fruncir el ceño, no quería llamar la atención a nadie.

—¿Solo se puede elegir a uno? ¿Por qué no a dos o más para asegurar la protección del rey o reina? —Dijo la alumna.

—Es natural que te lo cuestiones. Verás, la traición en las cortes reales es un asunto bastante tratado, cuantos más miembros más apuñaladas por la espalda, como quien dice. Las pocas veces que ha habido más paladines, más riesgos de peleas internas había. Casi siempre terminaban matándose por honor y mentiras. ¿Algo más?

Jhonatan volvió a mirar por la ventana, era imposible ignorar el hueco que había en medio de la salida de la institución, como si hubiesen quitado algo incrustado del suelo.

—Girad la página. —Mencionó el profesor, indicando el capítulo de leyes mágicas.

Escrito estaban las leyes diplomáticas de los magos, tenían unas leyes de lo más raras. "156: No besar sapos" "78: No hechizar un caballo con maná, pues puede provocarle problemas cardiovasculares" "9: No usar el báculo como lanza" Esa última ley la han aprendido a las malas, seguro. Pensó Jhonatan mientras miraba la siguiente ley. "No provocar una cabra con el hechizo de "furia" y otros encantamientos emocionales". Jonathan sonrío, leer las leyes mágicas era algo que no tenía precio.

El profesor pasó las más absurdas y se centró en las leyes serias, habló durante un buen tiempo sobre las jerarquías mágicas. Jhonatan tenía que tomar nota del asunto, el examen estaba muy próximo. Sabía lo básico, que los Magos eran alumnos de la universidad de Erwin, muchos como funcionarios públicos, otros como guardia civil, incluso podían llegar a ser miembros del consejo cerrado del rey. Claro, existían tipos de magos dependiendo de qué tipos de magia aprendían o en que clase de cargos trabajaban. Apuntó todo lo que pudo, el profesor Pikels no hablaba precisamente lento. Memorizó lo que le dio tiempo a apuntar: "Archi magos" "Consejeros" y "Sirvientes". Jhonatan solo conocía a los consejeros, quienes participaban en el consejo real para movilizar las casas nobles adjuntas al rey o reina del momento, entre otros autos para organizar el estado. Dedicó que los sirvientes eran aquellos que hacían cargos menores como protección civil y magisterio. Respecto a los "Archi Magos"... No entendía que era aún, algo decía el libro unas treinta páginas después, pero no lo recordaba y el profesor no tuvo el tiempo para explayarse sobre el asunto.

La clase estaba a punto de terminar, había sido duro seguirle el ritmo al profesor, era imposible no distraerse con el desastre montado fuera de la universidad, la cabeza de Jhon no se centraba del todo, no paraba de darle vueltas a otros asuntos. Miró, su cuaderno, estaba abarrotado de texto por más de cinco páginas, tenía buena información para estudiar aquella tarde. Con todo listo, la clase finalizó para brindar un muy favorable descanso. Dentro de una hora tendría que asistir a un examen de matemáticas. Salió del aula mientras se despedía del señor Pikels y algunos alumnos más. Jhonathan no era muy parlanchín con nadie, pero eso no significaba que fuera alguien falto de modales. Caminó por el glamuroso pasillo principal hasta dar con las escaleras que llevaban al vestíbulo, intentó no tropezar y caer por los peldaños cuando se le soltó un cordón, hizo equilibrio, pero ya era demasiado tarde. Notó que alguien le tiró de la camisa antes de caer torpemente de costado, se giró para ver quién era su supuesto salvador. La cara que veía era irreconocible, las ropas eran más caras de lo habitual, el peinado corto de aquel hombre oscilaba entre lo elegante o lo informal. ¿Quién era aquel joven?

—Gracias. —Dijo Jonathan reincorporándose.

—Y pensar que los intelectuales necesitabais la cabeza entera... Un poco más y te partías el cuello. —Su voz era tan relajada como su bohemia mirada.

Jhon se alejó unos peldaños y se ajustó las estrechas gafas sobre su puente nasal.

—Me temo que no nos conocemos.

—Claro, es que soy provinente de Amínos, al extremo norte del valle.

—Un lugar lejano, creía que los campesinos no querían tocar la ciudad bajo ninguna circunstancia.

—Y aquí me tienes. —Dijo él extendiendo levemente los brazos. —Un campesino que lee libros. ¿Es lo suficientemente extravagante?

—Puede. Soy Jhonatan —Extendió su mano para que sea estrechada. —Jhonatan Wallice.

—¿Jhon Wall? —Dijo el recién llegado con una sonrisa algo burlona, como si fuese un chiste imposible de entender a oídos de Jhonatan. —Un placer Jhon, soy Bowie Simpson, estudiante en primer grado de historia. —Estrecharon manos como caballeros, Bowie apretaba más fuerte de lo normal, puede que fuese causa de su fuerza notoria por sus brazos robustos.

—¿Solo Historia? Normalmente, uno elige un mínimo de tres materias al estudiar aquí.

—Es que no me importa mucho el resto de temarios, solo me gusta la historia del reino tanto antigua como moderna. En mi pueblo solo teníamos ese tipo de literatura, y las pifiadas de literatura caballeresca.

—Uf, eso debe de ser un aburrimiento. ¿Entonces solo asistes una hora al día?

—Sí, pero ya que estoy aprovecho para estudiar más sobre los temas que sé.

—¿Los profesores aprueban esto?

—Soy un pueblerino sin estudios, es natural que me faciliten un poco las cosas. Solo quiero trabajar como historiador y se me ha dado la oportunidad de estudiar aquí por mi talentosa y memoria. Llevo desde los seis años leyendo libros de historia y ficción.

—¿Ficción? Vaya, no me lo esperaba. ¿Eres fanático de esas tonterías? ¿De mundos sin magia y con guerras eternas por maldiciónes arcaicas?

El nuevo estudiante río, una risa incrédula, como si la ignorancia de su nuevo conocido fuese fruto de humor.

—¿Ficción dices? Dirás realidad. La historia nos ha demostrado que, antiguamente, el humano no gozaba de la magia, tal y como la conocemos, que el mundo antes era dividido por continentes y mares. ¿Ficción? No, amigo mío, es realidad. Antiguamente, los humanos hacían la guerra porque los recursos abundaban y la población sobraba, los "marineros" surcaban las aguas en buscas de islas y...

—Los marineros ya no nos sirven, son cosa del pasado. —Interrumpió Jhonatan con cierta ofensa en su mirada incrédula. —Estas tierras son lo único que hay en el mundo, los continentes solo eran tierras bárbaras o rocas sin vida o valor. Antaño los navegantes se usaban para surcar los mares vacíos, así que dejaron de ser útiles...—Fue tajantemente interrumpido por el recién llegado.

—¿Y si te demuestro ahora mismo que no son sandeces? Antaño existieron culturas más añejas que este reino, cuáles gozaban de riquezas inmensurables. No te lo voy a debatir y discutir, te lo voy a enseñar, Jhonatan.

El estudiante notó algo de desafío en su tono, sonrío a medias sin darse cuenta. Normalmente, cuando alguien intentaban sobre posicionar un tema en algún debate, solía terminar tajantemente la conversación con una verdad absoluta llena de decisión, tal decisión, que nadie osaba devolverle una respuesta, pues no había manera de formular nada. Pero en aquel momento Jhonatan sentía plenamente que se quedaba sin ideas, sin respuestas. La curiosidad le ganaba, sus profesores siempre le decían que la verdad a veces no estaba en los libros de la institución y que el pasado era solo teórico, poco demostrable.

—Bien. ¿Dónde? ¿En qué libro podemos sacar esa información? Ningún tomo de historia habla sobre épocas más antiguas que el siglo cero.

—Oh, amigo mío, el siglo cero es muy reciente a comparación. Sígueme si tienes tiempo.

—En un buen rato he de volver a mis estudios. Tenía planeado leer algo entretenido y comer mientras tanto, pero bien, acepto la propuesta. ¿Dónde vamos?

—A algún lugar. —Contestó Bowie con ambigüedad.

El pasillo del subsuelo era oscuro y frío, los colores se habían apagado por el escaso mantenimiento. Las paredes eran de crudos ladrillos negros y el camino de adoquines agrietados en el suelo. No habían implantado aún bombillas eléctricas en el pasillo, pero por suerte los candelabros empleaban fuegos fatuos, así que se encendían llamas pequeñas al rededor, proporcionando una iluminación escasa, pero justa para unas instalaciones abandonadas. Los bajos pasillos, lugar de leyendas y rumores desagradables sobre muertos vivientes, fantasmas y conspiraciones. Jhonatan sabía que era una tontería, pero de pequeño ya había escuchado demasiados rumores del lugar como para pasarlo por alto. En aquel pasillo repleto de pequeñas salas aisladas, probablemente guardaban expedientes turbulentos, puede que los casos de corrupción, pruebas de asesinato, muertes de cargos importantes en la universidad y realeza, entre otros asuntos. Bowie frenó en seco, acercó su candelabro encendido, iluminando la superficie plana delante de él. Aquella era la única puerta negra y de acero en todo el pasillo, que se bifurcaba en intrincadas salas con puertas de madera robusta. El joven estudiante sacó algo de su bolsillo interior del abrigo negro que vestía, una llave plateada. Todo aquello era estúpidamente sospechoso, un recién llegado que sabía donde estaban los pasillos subterráneos. ¿Cómo era que bajaron tan rápido en primer lugar? Jhon notó un sudor frío en su frente, algo andaba mal.

—Primero voy a serte sincero, Señor Wallace. —¿Señor Wallace? ¿Por qué le llamaba así? —No soy solo un mero campesino afortunado y algo culto, sino que hay algo más. Mi padre es mago del ministerio interior, ayudante de administrador universitario. Él tiene acceso a ciertos lugares restringidos por ciertos contactos. ¿Sabes? —Jhon no supo que responder, se preparó para lo que fuera. —Solo soy hijo de un hombre culto, un erudito. Pero claro, no quiere que su joven hijo destaque.—Continúo él. —Me dejó en mi pueblo, solo con mi cansada madre. Pero me esforcé para llegar hasta aquí y ser mejor persona que él. ¿Entiendes?

Por fin se giró para mostrar su cara, estaba... ¿Abatido?

—Sé lo que significa que tu padre te abandone, pero el mío... Mi padre es complicado. Ahora está como recluso en las cárceles. —Jhon no pudo entender por qué dijo algo tan sincero e íntimo, pero esperaba que fuera de ayuda.

—Tenemos mucho en común, y el conocimiento es uno de nuestros parentescos.

—Irrefutable. —Dijo Jhonatan.

Bowie puso la llave dentro del cerrojo dorado, giró con esfuerzo y sonó un crujido, luego dos engranajes girando, después la puerta cedió. El interior estaba perpetuamente iluminado por un centenar, no, un miliar de llamas fatuas blancas en el aparentemente infinito techo por encima de lámparas de araña doradas y polvorientas. Era la sala de archivos de historia, donde los profesores podían tomar sus libros para enseñar a los alumnos. Muchos de ellos estaban descatalogados o guardados por censura. Entre la biblioteca se encontraban libros de magia de todo tipo, hasta la más peculiar.

Jhonatan se sintió pequeño a comparación de aquella sala que aprecia extenderse hasta el infinito. La universidad no era tan grande como para albergar una habitación así. El joven intentó buscar una respuesta.

—¡Imposible! —Exclamó alarmado. —¡Esto es fruto de alguna magia arcaica! ¡Algo así no se puede lograr hoy en día!

—Pues estas de suerte, según pude investigar aquí hay de eso mismo. Es la vieja sala de los profesores, donde pueden acceder a toda esta información. Los líderes del ministerio bajan los findes de semana para leer material ilícito mientras beben champán, o eso quiero imaginar.

—¿Por qué me llevas aquí?

—¿No es obvio? Todo esto empezó por un simple debate de historia. Te demostraré las evidencias que querías ver.

Ambos se adentraron, cerrando la puerta. La biblioteca se extendía por kilómetros hacia arriba y hacia delante, el horizonte parecía borrarse a la distancia por la inmensidad del lugar. Libros de magia básica, de zoología, ingeniería, cocina, matemáticas complejas, medicina antigua, alquimia desfasada... Todo estaba catalogado de manera enfermiza, cada tomo donde debía estar en estanterías justamente a medida. Ambos se sentaron delante de una enorme mesa de mármol, las sillas estaban acolchadas. Jhonatan tenía un pesado tomo ilustrado de color negro delante de él, su mano escuálida pasó entre las hojas gastadas y tinta rojiza de sus letras en cursiva. Era reconocible, sangre de cerdo y frutos de seto rojizos, tinte de los humanos antiguos, traducido por una mano imposiblemente hábil y precisa en cada párrafo. Era enfermizo. "La humanidad antes de la era cero" aquel fue el impactante titular del primer capítulo, ilustrado con un globo terráqueo antiguo, al menos uno de los primeros diseños, cuando el planeta era representado por varios continentes y países divididos, escampados como pedazos de un jarrón roto al caer al rededor de la esfera terráquea. Ya la presentación destrozo cada argumento en contra de Jhonatan, argumentos que había reflexionado durante todo el camino hacia aquella sala casi onírica. El relato velaba lo siguiente:

 

"El humano, expansionista y violento, busca nuevas tierras que conquistar cada vez que pierden poder y recursos".  

Durante la tercera época de los viejos reinos se decidió buscar nuevas islas que ocupar y recursos que extraer, pero aquello solo llevó a nuevas guerras para poseer los nuevos territorios encontrados. El reino antiguo del sur descubrió las tierras áridas en el año 3890, y con ello la numerología que se emplea en estos días. También de allí se descubrió el oro procedente de meteoritos y el primer paso a la astrología. Mientras que los habitantes de las tierras áridas descubrieron la rica gastronomía sureña y norteña, las armaduras de acero pesado, la refinación del navío y el intercambio cultural. Claro, existieron conflictos entre los países por los emperadores que les regían, pero eso no impidió que existiera una especie de "Simbiosis social" entre ambos reinos. Así es como empezaron a formarse las grandes alianzas de nuestra historia. Los reinos norteños y sureños se amistaron, los orientales soportaron la presencia de sureños en sus tierras e igualmente con estos mismos. Hasta que empezaron épocas oscuras, épocas de "no evolución".



Un imperio poderoso descubrió al violento sur, el reino antiguo de Gaouya. Aquel imperio pertenecía a las islas del extremo este, un reino casi tan guerrero como el sur y tan peligroso como los violentos guerreros norteños. Durante aquel oscuro periodo donde nadie evolucionaba su tecnología, la fe por los antiguos dioses empezó a caer más y más hasta quedar en el olvido, pues nadie tenía la esperanza en ningún dios, porque nadie tenía esperanzas de vivir. Las guerras eran más y más violentas, el imperio de las islas del Este ganaban tierras en los distintos continentes...

Hasta que un día, los dioses abandonaron este mundo.

El humano quedó solo en el frío y cruel universo."

 

Jonathan palidecía, todo aquello sonaba a invención. Pero en el fondo sentía que era completamente real.

—Esto tiene que ser una broma... —Dijo Jhonatan con espanto.

—Lamento decirte que es la pura verdad. Existieron otros mundos más allá del sur central. Claro, eso fue hace miliares de años, incusos eones. Pero aquí está todo, la biblioteca puede contener información más antigua que este imperio de oro y flores.

Jhonatan pasó muchas páginas en búsqueda de una aclaración, aquello tenía que ser un libro hecho para la burla y engañó. Pero solo encontró: 

 

-"El fin de las eras. El día cero" -

"Parte I"

 

Notó un vértigo, una sensación de horror. No era posible ni realista, pero así parecía ser. Los libros de historia que había estudiado estaban errados, el mundo no inicio de la nada para acomodar un rey sobre un trono dorado, no, era más que eso. Eran eones de evolución constante. Hasta que un día... No, no podía ser así.

—Los humanos cometieron el pecado de usar la magia para la guerra, errando el universo, rasgando la realidad, jugando a ser dioses. —Dijo Bowie. —Los monstruos, el maná, tal y como se conoce, las caballeras de élite que custodian la ciudad... Todo ello no pertenece a lo que conocemos como "humano". Nuestro reino está compuesto por fragmentos de muchas eras y mundos. ¿Entiendes? Por eso el valle verde es casi infinito, y se corta de la nada en un precipicio que lleva a un inmenso mar vacío. Nuestra realidad no nos pertenecen Jhon.

—Entonces... —Notó que estaba a límite de su comprensión. —¿La secta de Vega tiene la razón? —Preguntó Jhon, con el pulso tembloroso, el croazón latiendo a cien.

Hubo un silencio demasiado largo, de esos silencios que duelen.

Bowie empezó a reír como un desquiciado.

—¡No! ¡No! —Tomó el aire que le faltaba tras reír tanto. —Esos son unos fanáticos locos. Por allí no va.

—¿Entonces? ¿Merecemos nuestro puesto en el mundo tras lo que pasó? —Las pulsacónes de Jhon bajaron, su corazón se sintío aliviado. 

—Claro que sí. El universo nos necesita, el humano es una pieza indispensable del universo. —Bowie alzó el dedo indice con decisón.

—¿Qué es "el universo" para ti, Bowie? —Preguntó Jhon, temiendo la respuesta.

—Ya lo sabrás. Eh, escucha. —Intentó acercarse. —Es nuestro secreto. Nuestro, solo para los dos. Nadie puede saber que hemos leído estos libros malditos. ¿Queda claro? Estas cosas las han leído los eruditos, tú cuando seas lo que sea que quieras ser en el futuro, probablemente entres en este lugar a leer novelas de fantasía, o algo... particular.

—Así que esta información es privada pero conocida.

—Claro que sí, esto no es tan... Gravemente ilegal. Es parcialmente ilegal. ¿Entiendes colega?

—Sí, sí... —Dijo sin estar del todo convencido. 

—Venga, vamos a buscar las notas universitarias del profesor de matemáticas. ¡De seguro le fue mal en el primer año!

—¿Esa cosa está aquí?

—Todo está aquí, en algún lugar, pero aquí. Desde las calificaciones de estudio de los directores hasta las notas de los alumnos. O bien podría estar en otra sala más pequeña. ¿Curioseamos?
Jhonatan jamás experimento una curiosidad tan profunda por una biblioteca, lo único que quería era seguir leyendo. Pero todo tenía un límite, aunque aquel mismo día fuera rebasado. Pero al final, le costó decir que no.

—Solo por esta vez. ¡Nunca más! ¿Entiendes? ¡Jamás! Ya empezaba yo a notar algo raro tuvimos que evitar a hurtadillas a un guarda. ¿¡Para que molestarme en avisar!?

Jhonatan se quejaba, hacía comentarios sarcásticos, declaraba lo mal que estaba todo aquello. Bowie sonrío para sí mismo, él era alguien más especial de lo que aparentaba.  Alguien con una capacidad para comprender aquello que le rodeaba, alguien de sangre digna. ¿Un igual?

 

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