Aunque a Atsuko le hizo muy poca gracia, todos convinieron en que pedirían ayuda al profesor Nakajima en su oficina antes de la primera hora. Fuera de las clases, habían hablado muy poco con él. Salvo la propia Atsuko, claro. Así que naturalmente, le tocó a ella representar a la banda.
—Profesor Nakajima…
—Oh, pasa pasa Akko Chan. ¿Necesitas algo?
Amy y Keisuke respiraron hondo, a Sato se le salió una risita que seguro pagaría más tarde.
—Algo así, vengo a reclamarte. ¿Cómo es que permites que se burlen de la pobre Amy en tus clases?
—Hija, no sé de qué me hablas… en mis clases no suelo permitir las burlas…
Era verdad, la propia Amy interrumpió:
—Con el profesor nunca pueden decirme nada, incluso me ayudó a no tener que hablar en clase. ¡Nya!
—Claro, ¿eres Hidaka de primero C, cierto? la que fue transferida este semestre. Me hicieron llegar tu diagnóstico y por supuesto, tomé medidas.
—Si, muchas gracias ¡Nya! profesor. Es solo que, de todos modos me mandan notas, dejan comida de gato en mi mochila, o me dicen cosas cuando usted se da la vuelta ¡Nya!
—Es todo un problema. No es la primera vez que tenemos un caso en que un estudiante sufre acoso, suele calmarse en pocos días con las medidas no invasivas. Pero temo que llamas la atención Hidaka, no quisiera amenazar a los estudiantes y terminar por aislarte. Tenemos que usar una mejor estrategia.
—Ajá, —Akko-chan, como será llamada hasta que tome represalias, no parecía tomar en serio a su padre —y seguro tu estrategia es no hacer nada.
—No exactamente, tengo la esperanza de que pueda hacer amigos pronto, pero estos incidentes no ayudan. Sobre todo porque Watsuki le dice a todos que Amy quiere robarle su novio, algunas le creen y se ponen de su lado.
Esa parte no la habían pensado. Todos la habían oído esa mañana, bastaba un pequeño grupo que lo creyera para aumentar el nivel de acoso. Amy parecía a punto de llorar.
—¡Nya! ¡Nya! ¡Nya!
Keisuke reaccionó aun más deprisa que Atsuko, puso el muñeco que le regaló en sus brazos y las manos en sus hombros.
—Amy, tranquila, vas a estar bien, recuerda lo que hizo la vampiresa en la primera temporada cuando perdió contra la monja que resultó ser su fan.
—Mojó a Michikel con una manguera para que gritara “Rauuuuuul” y él viniera a salvarlos con su pala.
—Así es, ¿no fue supergracioso?
(Nota del autor: no me estoy inventando nada)
Amy lo miró con ojos empapados, pero entre los maullidos, se estaba riendo, la escena era preciosa, digna de el final de temporada de algún anime shojo. Así que los demás los dejaron congelarse en su duelo de miradas mientras terminaban de discutir el asunto.
—¿Esos dos siempre son así? —preguntó el profesor a su hija.
—Están empeorando… ¿mejorando? no estoy segura. Lo importante es ayudarla, me agrada, no quisiera que tuviera que irse o le pasara nada malo.
—Tengo una idea —Sato hasta ese momento no había dicho nada — ¿Tiene aún el video de la audición?
—Si, en mi computadora de escritorio.
—¿Qué? Papá, te lo envié a tu teléfono.
—Es que no le entiendo del todo a esos chismes nuevos.
—No tienes ni cuarenta años, no digas tonterías. Yo lo tengo, Sato.
—¿Y si lo ponemos en las redes?
Todos lo miraron como si hubiera dicho que era una excelente idea ponerle wasabi al taiyaki de frijol dulce.
—Escuchen, sé lo que piensan, pero podría funcionar, si todos pueden verla como una persona adorable y talentosa, habrá más gente que la defienda y los que la molestan temerán al rechazo.
—O podrían burlarse de su forma de cantar. Es mucho riesgo, Sato. Y lo verían en todos los salones, no solo en el suyo.
—Yo creo, muchachos, que la idea no es mala, pero eso tiene que decidirlo la señorita Hidaka, y subirlo a sus propias redes, para que sea ella quien pueda borrarlo.
—Ya te lo envié Amy, papá… digo, el profesor tiene razón. Debe ser tu decisión.
—¿Y usted no va a ayudarla profesor? —dijo Keisuke, algo molesto por salir de su trance de miradas con Amy.
—Por ahora alertar a los asesores de segundo para que Hajime y Watsuki no vuelvan a acosarla. Lo de ayer en el baño de mujeres no puede volver a pasar.
—¿Cómo te enteraste de eso?
—La señorita Watsuki ha estado alardeando al respecto.
—Esa chica tiene tanta clase como una lombriz de tierra en una cena formal.
—Akko, esa metáfora no quedó nada bien.
—¡No me llames así, Sato!
—Además estás empezando a hablar como vaquera de caricaturas.
—Te voy a…
—¿Qué dijimos sobre la violencia Akko chan? A tu madre no va a…
—¡Y tú no te metas!
El profesor retrocedió un paso con las manos por delante.
—Chicos, ¡Nya! no peleen, ya casi tenemos que volver a clase.
—Es verdad, hoy tengo la primera hora con primero C. A ustedes los veré a la tercera. Y me daré una vuelta por su club más tarde. para que me muestren sus avances.
El sonido de la campana puso a todos en movimiento. No hubo tiempo para objetar. De camino al piso de primero —que por alguna razón era el segundo —Amy le preguntó discretamente a Keisuke:
—Kei Sempai, estuve pensando, ¿porqué si todos acordamos usar nuestros nombres, llamamos a Sato por su apellido? ¡Nya!
—No lo había pensado —le dijo con una risa contenida —creo que porque simplemente es más fácil decir Sato que Hiroshi, o su otro nombre, solo puede escribirlo en Romanji, tiene una extraña letra mezclada, y muchas diéresis.
—Oh… creo que Sato está bien ¡Nya!
Cuando se separaron, Amy se quedó un momento de pie frente a la puerta de su salón, sacó su teléfono y lo miró unos momentos.
Pocos minutos después de iniciada la clase, Keisuke recibió una notificación de sus redes sociales. Por lo regular no las miraba, pero esta la tenia marcada como prioridad.
“Amy Hidaka ha subido un nuevo video”.