Dentro de la Naetilus la recepción de Nero había sido mixta, pero era innegable que ejercía alguna clase de fascinación. Era el único nyasuk junto con Kotori Fujisawa (Birdie) y la diversidad siempre era bien vista por la Confederación, la organización planetaria a la que obedecían.
Estaban surcando los cielos de Omega, el planeta selvático, después de haber cargado la nave con lo que debían trasladar a Sigma: agua, alimentos e insumos médicos.
El cielo comenzaba a despejarse después de una intensa lluvia, dejando ver su color azul y morado. Los motores de la Naetilus rugían, pero no había mucho movimiento que acompañara al sonido.
—Tripulación, no contamos con mucha batería. La nave no está optimizando los recursos. Quiero que sepan que si no conseguimos otra fuente de combustible, podemos demorarnos meses en llegar a Sigma—explicó Katherine Parker, la capitana pelirroja.
Nero resopló un poco, tratando de controlar su desagrado. Pensó que quizás necesitaba un recordatorio.
—No voy a estar aquí más de lo indispensable.
La capitana suspiró.
—Estoy de acuerdo con eso. Pero no hay puntos de repostaje cerca.
—Capitana—interrumpió Alex, el primer oficial—Una nave nyasuk detectada… Un caza gris.
—¿Es aliado, u hostil?
—No perdemos nada con intentarlo.
—Envía un mensaje.
Nadia, de comunicaciones, envió un texto breve dentro de los canales oficiales hacia la nave desconocida, informándole que se trataba de una misión humanitaria a Sigma.
—Capitana, sería un placer hablar nuevamente de mi contrato con usted—le dijo Nero a Katherine, con algo de impaciencia—Pero, ahora mismo, no es mi responsabilidad que la Naetilus no tenga memoria secuenciada. Tengo que salir un momento.
Se encontraban todavía cerca del centro de lanzamiento, entre los valles volcánicos y amplias selvas de Omega. La Naetilus no había partido como debía y Nicholas estaba en la sala de máquinas tratando de diagnosticar el problema. Katherine habló con firmeza.
—No te he autorizado. Eres el piloto.
—Hasta un piloto tiene que ir…—pensó un segundo—al baño alguna vez.
—¿No podías ir antes de sentarte?
Como obedeciendo a una instrucción silenciosa, la Naetilus comenzó a temblar, sacudiéndose lentamente.
—Ya estamos subiendo. Hice mi trabajo—contestó a esto, levantándose de su asiento.
Nadia lo miró con incredulidad mientras esperaba respuesta de la nave desconocida. Acto seguido miró a Alex, buscando complicidad. Samantha, la navegante, sonrió para sí misma encima de sus grandes gafas.
Nero se fue del puente, palpando si todavía tenía los cigarrillos en el uniforme. Después de que todos creyeran que se dirigía al baño, se desvió hacia la zona de acoplamiento, donde se encontró de lleno con Nicholas. Debido a la sorpresa, por poco le hace tirar un trapeador que llevaba.
—Te dije que no te acerques a mi nave.
—No la he tocado. Pero si la revisara te haría un favor—dijo Nicholas, tratando de ordenar lo que podía haber terminado en desastre.
Los dos miraron a Cobra, la pequeña nave negra de fabricación humana. Nero había logrado que dentro de la Naetilus llevaran su propia nave, contra toda norma de la Confederación. La capitana había intentado disuadirlo e incluso ofrecerle transporte dentro de una nave de carga. Pero Nero era de ideas fijas.
Nicholas estrujó el trapeador en el balde.
—¿Qué haces… aquí?
Nero sonrió.
—Yo hago las preguntas.
—Estoy revisando si me falta secar alguna vía. La humedad puede afectar a las máquinas. Quizás por eso la Naetilus no subía.
—Realmente esto es un basurero.
Nicholas se quedó sin saber qué decir. Nero se acercó, casi acechando.
—Supongo que no vas a abrir la boca. ¿Verdad?
El joven se ruborizó.
—¿Qué vas a hacer?
El piloto echó mano de su sonrisa más encantadora, se puso la máscara antigases y desapareció en el acoplamiento.
El técnico volvió a su trabajo tratando de no pensar en todo aquello, mientras la Naetilus, con la secuencia programada, comenzaba a elevarse para dejar el paisaje de Omega. Creyó ver cómo Nero se dirigía a Cobra, pero no quiso mirar. Estaba intimidado.
En el puente de mando, Alex dio la alerta pronto.
—Capitana, tenemos movimiento inusual en la compuerta principal.
—Dame confirmación visual.
—Ampliando.
Samantha entreabrió un poco la boca y se acomodó las gafas.
—Así que ahí estaba…
—Sáquenlo de ahí de inmediato—ordenó Katherine.
—Eso está haciendo, capitana.
Las compuertas de la nave se abrieron, y antes de que cualquiera pudiera reaccionar, Nero estaba saliendo en Cobra con mayor velocidad de lo que la Naetilus, que la transportaba, jamás sería capaz.
—¿Tú autorizaste eso?—interpeló Alex, señalando la pequeña nave negra.
—¿Crees que estoy loca?
Nadia sonrió nerviosamente. Birdie, la nyasuk de monitoreo, comenzó a recitar un mantra, cerrando los ojos.
—Birdie, por favor, ahora no—pidió Katherine.
—¿Quién cree que es para desobedecer tus órdenes?—preguntó Alex.
—Toma el pilotaje. Quiero ver qué hace este hijo de puta.
—El caza nyasuk contestó, capitana—informó Nadia.
—¿Qué dice?
—Dice: Somos los hijos legítimos, sangre pura de Atlantis…
—Maldita sea. Es del Culto.
—No puede atacarnos. Somos una misión de ayuda—comentó Birdie.
—Nunca se sabe con estos desgraciados—afirmó la capitana—Dile a Nero que vuelva enseguida. Tiene que evadir al caza antes de…
El puente de mando tembló, y el impacto del proyectil sacudió hasta la estructura.
El caza nyasuk los había atacado y no mostraba signos de alejarse, mientras la Naetilus ascendía, por fin. Pero era demasiado lenta.
Nero aceleró con Cobra, pasando como a propósito al frente de la ventana principal de la nave mayor, y luego se concentró en seguir al caza gris.
Éste parecía aparecer y desaparecer en el radar. Iba a tener que llevar a Cobra al límite de su capacidad. Frunció un poco el ceño mientras luchaba con los controles, que se le resistían. La velocidad lo presionó contra su asiento. La luz verde de la consola parpadeaba. Katherine quería hablar con él desde la Naetilus, pero no tenía tiempo para eso ahora.
Cuando se guió por la pantalla, la nave enemiga se encontraba un poco atrás y abajo de él, en la posición que necesitaba para abordarla. Programó una secuencia automatizada en su nave: después de un momento, disminuir la velocidad, abrir la escotilla.
Estaba bastante cerca del nivel del suelo. Intentaba sin éxito librarse de la humedad ambiental. La voz neutra del sistema operativo de Cobra lo sobresaltó un poco.
—Maniobra de alto riesgo detectada. Bloqueo de seguridad.
—Sobreescribir bloqueo de seguridad—contestó él, impaciente.
—Voz reconocida. Nero Lumina, 1N-912888467C. Esperando instrucciones.
Deslizando la puerta hacia arriba, Nero liberó su chaqueta que se había enganchado en uno de las pestañas del casco y ahora descendía por el exterior de Cobra. La nave continuaba surcando los cielos de Omega, bajando la velocidad para que el cambio de presión no le reventara la cabeza. El caza nyasuk enemigo estaba directamente debajo de él, con su diseño aerodinámico y de líneas más simples.
El piloto del caza gris miró hacia arriba, incrédulo al ver a Nero colgando del exterior de Cobra como una sombra peligrosa, y aumentó la velocidad. De inmediato sintió el golpe de las botas encima del techo e intentó inclinarse para hacer caer al cuerpo extraño de encima, pero ya estaba en su lugar.
Cayendo directamente sobre el casco, Nero se permitió una sonrisa mientras los ganchos magnéticos en la nave nyasuk terminaban de cerrarse.
La nave inteligente reaccionó a sus huellas dactilares desde afuera. Tiró de la puerta trampa con una mano y la forzó con el pie hasta que cedió. La nave no iba a permitir dos pilotos: la bomba de silencio estalló casi reventándoles los tímpanos. Nero miró un segundo el rostro lleno de pánico del nyasuk que estaba dentro.
—¡No puede ser! —balbuceó el nyasuk, buscando algo para defenderse.
Nero de un corte limpio y seco apuntó con la daga a un lado de la garganta y sin pensarlo más se acomodó en el puesto del piloto, mientras el cuerpo inerte del nyasuk se deslizaba hacia un lado y caía como un bulto. La piel brilló como una lámina plateada, verdosa y turquesa, antes de opacarse. En la muñeca aún se distinguía una cicatriz con forma de triángulo invertido, el símbolo del Culto.
Absurdamente pensó en el lema nyasuk oficial de la corona: “Que el suave manto lunar cubra Naësu hasta el amanecer”. Aquel bastardo, gracias a él, jamás volvería a ver el sol.
—Otro más—dijo como para sí mismo, mientras su mirada fría se concentraba en los controles y establecía comunicación con la Naetilus—Sam, necesito información de si la Naetilus ya se acopló con Cobra.
—Si no apareces en este momento—dijo Katherine encima de ellos, en una voz más alta, sin poder contener su indignación—te juro que te revientas en medio de la selva.
—Voy de vuelta. Solicito apertura de compuertas.
—Acá vas a ver, bastardo —respondió Katherine, cortando de un golpe la comunicación.
La nave nyasuk con su propio sistema operativo intentaba reanudar sus funciones después del caos. Nero le pegó un par de golpes a la consola, que estaba casi desprovista de botones, para hacerla callar. No tenía ánimo para interactuar. Sus sienes empezaron a pulsar. Se le estaba originando un dolor de cabeza, para variar un poco.
Después de dar un par de vueltas sin sentido en el cielo de Omega entró por las compuertas de la Naetilus, y un momento después estaba frente a Katherine y Nicholas.
—¿Me quieres decir qué demonios estabas pensando?
—Capitana—comenzó Nero, demostrando lo obvio—Traje la batería recargable nyasuk, para que…
Katherine le cruzó la cara de una bofetada. Nicholas llegó a saltar del impacto. Nero se mantuvo rígido en su lugar, mirando a un punto fijo atrás de ella.
—Las órdenes son órdenes—le espetó ella—Ésta es la última vez que pones tus objetivos por encima de los de esta tripulación y la Naetilus. No sé cuándo vas a entender que no vas solo. Nicholas, tráeme a Samantha para que le haga una evaluación médica.
Una vez el rubio salió a toda velocidad por los pasillos cableados, como enormes túneles, hacia dentro de la Naetilus, Katherine acercó la cabeza a los oídos de Nero.
—¿Te imaginas lo que podría haber pasado? ¿Con la misión, con nuestro trabajo?
—Reduciremos tiempo de operación. Estoy pensando en la eficiencia de la misión.
—Jamás debí haber aceptado un mercenario para un puesto de piloto oficial—murmuró.
—Estoy dispuesto a enfrentar las consecuencias—dijo Nero mientras fríamente inclinaba la cabeza.
—Sí, lo que sea—dijo Katherine levantando una ceja y mirándolo de arriba a abajo —Explícale a la tripulación—finalizó mientras iba derecho hacia la cabina y el puente de mando.
Cuando la puerta se cerró tras ella, él pensó que en mala hora se le había ocurrido subirse a ese tarro volador.
Ahora Nero estaba solo con su consciencia. Los sonidos de los cazas enemigos, del fuego que había sorteado con la Naetilus, con Cobra y al final cuando abordó la nave extraña nyasuk; todos estos zumbidos se agolpaban en su mente. Entró a la cabina de la Naetilus sudando frío, pero tratando de mantener la compostura.
—Piloto asumiendo funciones—dijo, sin cambiar su tono monocorde.
Mientras Katherine llevara el control de la nave él podría llevar el de su propia vida. Un nyasuk a sueldo, sin ataduras, prestando obediencia a una capitana humana en una nave que se caía a pedazos.
Recordó cómo se había iluminado el rostro de Nicholas una vez que había sido aceptado en la tripulación de la Naetilus. El chico no sabía disimular.
—¿Vas a acompañarnos… a Sigma?
—Sí, muchacho. Me puedes mostrar tu pueblo—había bromeado después de que se terminaron las negociaciones con la capitana.
—Luego vamos a ir a…
—Luego hago lo que quiera.
Nicholas había sonreído tímidamente mientras recogía sus herramientas entre las patas de la Naetilus y las guardaba en una maleta, para poder abordar.
Puede que Nicholas se mereciera una explicación de su comportamiento. ¿O no? ¿De verdad le importaba lo que pensara? ¿O que estuviera preocupado?
Se sacó la máscara.
Recordó la velocidad con que había salido con sus zapatillas de lona rojas y el overol colgando a avisarle a Samantha que estaba entrando. Ella le había tomado la temperatura y le había dicho que estaba frío, que era una respuesta orgánica.
La Naetilus repuntó, con Cobra y la nave extraña nyasuk acopladas en la zona de almacenamiento. Alex, el artillero y segundo al mando, miraba a Nero sin sentir compasión, pero comprendiendo la lección que quería impartir Katherine. Levantó las cejas mientras cargaba las municiones manuales en la torre y reflexionaba.
Había sido una jugada arriesgada y el piloto no había pensado en las posibilidades: por ejemplo, si la Naetilus hubiera tenido que aguantar otra ráfaga más fuerte de fuego enemigo, si el ataque se redoblaba. Pero ya estaba hecho, y tenían la batería nyasuk robada. Todavía la sangre de la yugular perforada del enemigo manchaba el forrado interior. Esa batería nyasuk les daría energía a la Naetilus durante meses.
Nero no estaba arrepentido. Sintió unas ganas incontrolables de fumar. Le temblaron los dedos mientras los deslizaba por los deslucidos controles de la Naetilus, y sus ojos se enfocaron en los detalles de la funda plástica, que alguna vez fue blanca, con pequeñas protuberancias circulares en la que descansaban sus manos, mientras se alejaban más y más de las frondosas áreas verdes.
—¿Estás… estás bien?—se escuchó la voz temblorosa de Nicholas por el intercomunicador, sólo para él.
—Operativo.
—¿Por qué hiciste eso?—continuó Nicholas. Su voz era levemente susurrante.
Él ya estaba hastiado de moverse con los pobres medios de la nave. Quería usar propulsión nyasuk, aunque fuera robada, y por fin terminar esta ridícula misión. Cargarían la nave, irían desde Omega a Sigma, entregarían la carga. Recibiría su dinero. Eso era todo.
La verde superficie de Omega comenzaba a alejarse, mientras la Naetilus arrancaba a toda la velocidad de la que era capaz. Dejaban atrás hasta las copas de los árboles y palmeras más altos, sorteando incluso las nubes que provocaban la lluvia tropical.
Los mandos de la enorme nave, como siempre que comenzaba a superar cierta velocidad, cedieron después de una larga tensión y la enorme máquina tembló. Nero se frotó un poco los nudillos. De soslayo miró a su derecha, a Samantha de navegación, asegurando lo expedito de las rutas en el espacio. No estaba feliz con su maniobra tampoco. Birdie a su izquierda, de monitoreo, actualizando los objetivos de los drones, murmuraba para sí misma, como ajena a lo ocurrido. Nicholas le había hablado por la línea privada desde la sala de máquinas, donde trataba de aplacar el sobrecalentamiento de la Naetilus, revisando los ventiladores de cada uno de los sistemas de propulsión. Nadia, por su parte, decodificaba los caracteres nyasuk y las últimas comunicaciones que habían salido de la nave capturada para comunicarse con su central. Todos volvían a sus tareas cotidianas.
Ingresó una secuencia de comandos para activar el piloto automático y después de un momento fue a su camarote. La adrenalina fluía por sus venas, y gracias a su intenso entrenamiento estaba restringiendo de forma eficiente sus respuestas biológicas; pero, verdaderamente, estaba agotado.
En los recuerdos de Nero apareció la imagen del nyasuk muerto, sin ninguna explicación. Volvió a ver ese destello de muerte de la piel y los ojos vacíos, el cuerpo resbalando del asiento. Recordaba con detalle la cicatriz con forma de triángulo invertido del Culto.
En su memoria, y mientras más lo pensaba, a Nero le parecía que ese símbolo fuera el de su propia cabeza, bajo el fuego enemigo, en una nave desconocida, en uno de los planetas dentro del Cinturón de Asteroides.