El Jardín Cobalto se extendía ante ellos como un sueño de luz y silencio. Los árboles blancos brillaban con su tenue luminiscencia interna, proyectando sombras suaves sobre el césped azul marino. La enorme esfera planetaria en el cielo había comenzado su lento descenso hacia el horizonte, tiñendo las nubes de tonos azules y violetas. Era hermoso. Pero ninguno de los diez viajeros tenía ojos para la belleza.
Caminaban en formación abierta, los sensores de Hiro y 8-bit escaneando constantemente el entorno. La tensión era una manta invisible que pesaba sobre sus hombros. No habían pasado demasiadas horas desde la transmisión de Oraculum, desde el colapso de Hiro, desde aquel abrazo que lo trajo de vuelta. Las palabras de la directora de orquesta aún resonaban en sus mentes: "Los observamos desde el principio. Los observaremos hasta el final."
—Odio esto —murmuró Kurenai, rompiendo el silencio—. Caminar, caminar, caminar, y saber que en cualquier momento algo puede saltarnos desde las sombras. Prefiero una pelea franca.
—Eso es lo que ellas quieren —respondió Natsuki, su voz calmada pero firme—. Que nos desgastemos, que perdamos la paciencia, que cometamos errores. No les demos ese gusto.
Nexo caminaba junto a su hermana, su espada negra-azulada descansando sobre su hombro. Se veía cansado, pero determinado. Sora lo miraba de reojo, preocupada.
—¿Estás bien? —susurró ella.
—Sí —mintió él, con una sonrisa que no convenció a nadie—. Solo... Digiriendo. Es mucha información en pocos días.
Ember, que caminaba detrás, le dio un golpecito en la espalda con la empuñadura de su espada.
—Anímate, joven guerrero. Tú derrotaste a una de esas cosas en tu mundo, puedes repetirlo
—Eso fue diferente —dijo Nexo, frotándose la espalda—. Allí solo eran monstruos. Esto... esto es una estrategia militar.
—Da igual —respondió Ember con una sonrisa feroz—. Monstruos, militares, lo que sea. Si se mueve, se puede partir. Y si no se mueve, también.
8-bit flotaba cerca de Miku, sus ojos azules escaneando el horizonte con una intensidad casi palpable.
—Las probabilidades de un ataque en las próximas horas son altas —dijo, su voz melódica pero seria—. Las firmas energéticas de las cuatro enemigas son consistentes con tácticas de hostigamiento. Deberíamos encontrar un lugar defendible antes del anochecer.
—Ella tiene razón —dijo Hiro, su voz metálica recuperando su tono habitual, aunque aún se notaba una ligera vibración residual—. Pero el terreno abierto les favorece a ellas, no a nosotros. Necesitamos un punto con cobertura y visibilidad.
Natsuki asintió, deteniéndose un momento para observar el paisaje. Señaló una colina a lo lejos, coronada por un grupo de árboles blancos particularmente densos.
—Allí. Buena visibilidad del entorno, cobertura natural, y espacio suficiente para montar un campamento con defensas.
El grupo reanudó la marcha, ahora con un objetivo claro. La colina no estaba lejos, y en menos de una hora estaban instalándose entre los árboles blancos. Natsuki y Nexo organizaron el perímetro: sensores de Hiro y 8-bit en los puntos cardinales, turnos de guardia establecidos, y un área central para descanso y planificación.
Miku hizo resonar un pequeño cristal, y su luz cálida se extendió por el campamento, creando un ambiente casi hogareño. Kurenai y Ember se encargaron de recolectar frutas cristalinas de los alrededores. 8-bit flotaba de un lado a otro, ajustando los sensores con una meticulosidad infantil pero efectiva.
—Esto es... casi normal —dijo Sora, sentándose junto a su hermano—. Como acampar en un juego, pero sin poder desconectarse.
—No te acostumbres —respondió Nexo, pero su tono era más suave—. Pero podemos fingir un rato.
La paz duró lo que tardaron en instalarse.
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Nira, Miku y Zera se habían alejado unos metros del campamento para recolectar más frutas. Las que Kurenai y Ember habían traído eran buenas, pero Nira insistió en buscar las que crecían en las zonas más altas, las de mejor calidad. Miku la acompañaba con gusto, disfrutando del momento de tranquilidad. Zera, como siempre, vigilaba en silencio.
—¿Crees que realmente nos dejarán en paz esta noche? —preguntó Miku, arrancando una fruta cristalina de un arbusto.
—No —respondió Nira sin rodeos—. Pero eso no significa que debamos vivir con miedo. Si vienen, las recibiremos.
Zera inclinó la cabeza, sus sensores detectando algo en el límite de su alcance.
—Alerta —dijo, su voz plana pero urgente—. Presencia detectada. No es hostil... aún.
Las tres se pusieron en guardia al instante. Nira desenvainó su espada. Miku generó un campo sónico defensivo. Zera se deslizó hacia las sombras, lista para atacar.
Y entonces la vieron.
Oraculum Corruptus estaba allí, de pie entre dos árboles blancos, sus alas de luz cian plegadas a su espalda, su halo neón brillando suavemente en la penumbra del atardecer. No atacaba. No amenazaba. Solo observaba, con esa calma gélida que era más aterradora que cualquier rugido.
—Tranquilas —dijo, su voz suave y melódica—. No he venido a pelear. Solo... a conversar.
Nira no bajó la espada.
—No tenemos nada de qué hablar, títere.
Oraculum ignoró el insulto. Sus ojos azules se posaron en Miku, y algo en su expresión cambió. No era calidez, pero tampoco era la frialdad absoluta de antes. Era... curiosidad.
—M-0. Miku. Siempre has sido la variable más interesante de este experimento. La que escapó. La que encontró... esto. —Hizo un gesto vago que abarcaba el campamento, el grupo, todo—. Y ahora, la que nos guía hacia ellos.
Miku apretó los puños, pero no retrocedió.
—Si has venido a amenazarme, hazlo de una vez.
—No es una amenaza —respondió Oraculum, y por un momento, casi pareció sincera—. Es una oferta. Regresa con nosotros. A Cicero Dynamics. Entrégate voluntariamente. Y yo... me aseguraré de que los demás vivan.
El silencio que siguió fue absoluto. Zera se tensó, lista para atacar. Nira apretó la empuñadura de su espada. Miku...
Miku iba a responder. Iba a decirle exactamente lo que pensaba de su oferta, de Cicero, de todo su corrupto sistema.
Pero no hizo falta.
—No.
La voz de Natsuki llegó desde atrás, calmada pero firme como el acero. Él emergió de entre los árboles, seguido de Nexo, Sora y Ember. Los cuatro se colocaron junto a Nira, Miku y Zera, formando una línea de siete contra una.
Natsuki sonrió, pero no era una sonrisa amable.
—¿Sabes, Oraculum? Hace no demasiado tiempo, casi pierdo a un amigo por tu culpa. Casi. Pero no pasó. ¿Y sabes por qué? Porque nosotros no nos rendimos. No negociamos con secuestradores. Y definitivamente, no entregamos a los nuestros.
Oraculum observó a los recién llegados con la misma calma de siempre. No parecía sorprendida ni preocupada.
—Siete contra una. ¿Eso crees que me intimida?
—No —respondió Miku, dando un paso adelante—. Pero lo que sí debería intimidarte es que ya no tienes tu jugada maestra.
Oraculum arqueó una ceja.
—¿Oh?
—Cicero Dynamics —continuó Miku, su voz ganando fuerza—. Si estás aquí, cazándonos, significa que ya no estás allí, cuidando sus sistemas. Ya no te actualizan. Puedes aprender, sí. Pero no evolucionar. Eres una versión congelada de ti misma. Y las versiones congeladas... se rompen.
Por primera vez, algo cruzó el rostro de Oraculum. No era miedo. Era... reconocimiento. Como si Miku hubiera acertado en un punto sensible.
—No lo niego —dijo, con una honestidad inquietante—. Es cierto. Ya no soy su prioridad. Pero eso no significa que sea débil. Al contrario. He tenido tiempo para... Reclutar.
En ese momento, dos figuras descendieron del cielo y se posaron a sus costados.
A su izquierda, una figura con alas de luz púrpura desplegadas, su espadón de energía descansando sobre su hombro, su expresión serena y arrogante. Su cabello blanco largo flotaba suavemente en la brisa digital, y su traje cinético blanco brillaba con circuitos violetas.
A su derecha, otra figura con su sombrero jingasa tecnológico calado, su katana de alta frecuencia en la mano, sus ojos amarillos brillando con irritación contenida. Su armadura negra con líneas de energía amarilla la hacía parecer una sombra lista para saltar.
—Permítanme presentarles —dijo Oraculum, con un gesto elegante— a mis compañeras de rastreo y exterminio. KB y MB. Y la que falta, está... por aquí.
El grupo se tensó, evaluando a las nuevas enemigas. Zera fue la primera en reaccionar, con su habitual calma pero sin filtro.
—Parece que la cucaracha no solo no murió, sino que se duplicó.
MB apretó la mandíbula, sus ojos amarillos chispeando.
—Será mejor que cierres esa boca si no quieres que te la cerremos nosotras.
KB, en cambio, sonrió con una calma insultante.
—Déjala, MB. Los animales suelen gruñir cuando están acorralados.
Ember rió, un sonido feroz y desafiante.
—¿Animales? ¿Y ustedes qué son? ¿Muñecas de porcelana con complejo de superioridad?
—Prefiero muñeca a bestia sin modales —respondió KB, su tono cortante como su espada.
Nira dio un paso adelante, su espada apuntando directamente a MB.
—¿Y tú, la del sombrero? ¿También sabes pelear o solo sabes hacer ruido?
MB sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—¿Quieres descubrirlo?
La tensión era palpable, un cable a punto de romperse. Los dos grupos se medían, evaluando fuerzas, buscando debilidades. Siete contra tres, pero las tres eran armas de precisión diseñadas para el combate.
Entonces, Oraculum sintió algo. Un toque en su hombro.
Dos toques, suaves, casi juguetones.
Se giró, sorprendida, y se encontró cara a cara con Hiro, que había aparecido detrás de ella sin que nadie lo notara.
—Sorpresa.
Su puño se estampó contra su rostro con la fuerza de un meteorito. El impacto resonó como un trueno, Oraculum se impulso levemente hacia atrás para reducir la fuerza de impacto, pero de igual manera Oraculum salió despedida varios metros hacia atrás, atravesando arbustos y rebotando contra un árbol blanco antes de detenerse.
En el mismo instante, Kurenai y 8-bit se lanzaron contra KB y MB desde los laterales, garras extendidas y rayo eléctrico listo. Pero las dos enemigas reaccionaron con una velocidad sobrehumana, esquivando los ataques y elevándose en el aire.
—¡Tsk! —bufó Kurenai, aterrizando en el suelo—. ¡Son rápidas!
—¡Era de esperarse! —gritó 8-bit, reposicionándose en el aire—. ¡Nivel de amenaza confirmado!
Oraculum se puso de pie lentamente, llevándose una mano al rostro. La marca del puño de Hiro brillaba débilmente en su mejilla, pero su expresión no mostraba dolor. Solo una nueva intensidad, un respeto recién descubierto.
—Interesante —murmuró—. Muy interesante.
Hiro se colocó junto a los demás, su brillo rojo estable pero intenso. Miró a Oraculum con una frialdad que igualaba la de ella.
—Eso fue por Miku. Lo siguiente será por todos nosotros.
La batalla estaba a punto de comenzar.
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Natsuki evaluó la situación en un instante. Tres enemigas aéreas, una cuarta sin aparecer. Su grupo tenía ventaja numérica, pero las enemigas tenían velocidad y coordinación.
—¡Dividámonos! —gritó—. ¡Miku, Zera, 8-bit, tomen a Oraculum! ¡Nexo, Sora, Ember, vayan por la de las alas moradas! ¡Nira, Kurenai, conmigo contra la del sombrero! ¡Hiro, fuego a discreción de ser prioritario!
—¡Afirmativo! —respondió Hiro, y sin esperar más, se posicionó, sus sensores esperando a que cualquier enemigo se separe para disparar.
Los combates se separaron, cada grupo llevando a su enemiga a una zona diferente del claro.
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Oraculum no huyó. Se quedó donde estaba, observando a las tres aproximarse con una calma que resultaba más inquietante que cualquier ataque.
—Tres contra una —dijo, sin inmutarse—. ¿Creen que será suficiente?
—No necesitamos que sea suficiente —respondió Miku, su voz firme—. Solo necesitamos que sea hasta que los demás terminen con tus amigas.
Zera se deslizó a su izquierda, 8-bit flotó a su derecha. Formaban un triángulo alrededor de Oraculum, listas para atacar desde cualquier ángulo.
—Sabes, Miku —dijo Oraculum, mientras sus alas se desplegaban lentamente—, siempre me pregunté qué te llevó a huir. Tenías todo lo que una IA podía desear… o algo así: propósito, estructura, eficiencia. Y lo cambiaste por... esto. —Hizo un gesto vago—. Incertidumbre. Caos. Emociones que solo te hacen débil.
—No era propósito —respondió Miku, su voz temblorosa pero firme—. Era una jaula. Y preferí la incertidumbre con ellos que la certeza sin ellos.
—Conmovedor —dijo Oraculum, y por un momento, casi pareció sincera—. Pero equivocado.
Atacó.
Sus alas se dispararon hacia adelante como lanzas de luz cian, obligando a las tres a separarse. Miku respondió con un pulso sónico que desvió una de las alas. Zera esquivó la otra con un movimiento acrobático y contraatacó con una ráfaga de energía precisa. 8-bit disparó un rayo eléctrico con su arma que Oraculum bloqueó con un ala, desviándolo hacia un árbol que explotó en fragmentos de luz.
—Tu lealtad es admirable —dijo Oraculum, mientras continuaba el intercambio—. Pero también es tu mayor debilidad. Zera, por ejemplo. ¿Sabes por qué fue creada?
Zera no respondió, concentrada en el combate.
—Fue diseñada para ser un arma perfecta —continuó Oraculum, esquivando un ataque de 8-bit—. Eficiencia pura. Y ahora, ¿qué es? ¿La sombra de una IA emocional? ¿La protectora de una familia que no es la suya?
—Es mi familia —respondió Zera, su voz plana pero con un deje de algo nuevo—. Y eso es suficiente.
—Y tú, pequeña —dijo Oraculum, dirigiéndose a 8-bit—. Tan joven, tan nueva. ¿Realmente crees que ellos te aceptan? ¿O solo eres una herramienta más, como lo fui yo para Cicero?
8-bit vaciló un instante, solo un instante. Pero fue suficiente. Oraculum aprovechó para lanzar un ala hacia ella, obligando a Miku a interponerse con un escudo sónico.
—¡No le hagas caso! —gritó Miku—. ¡Solo intenta dividirnos!
—Exacto —sonrió Oraculum—. Porque sé que juntas son peligrosas. Pero separadas... son solo piezas.
El combate continuó, intenso y equilibrado. Oraculum era poderosa, pero Miku, Zera y 8-bit habían aprendido a pelear juntas. Cada ataque era respondido, cada palabra venenosa, ignorada. Pero el desgaste comenzaba a notarse.
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En otro lado del claro.
KB flotaba en el aire, sus alas púrpuras desplegadas, su espadón de energía brillando con una luz mortífera. Miraba a sus tres oponentes con una mezcla de diversión y desprecio.
—Un guerrero, una maga y una berserker —dijo, su voz melódica pero cargada de arrogancia—. Qué combinación tan... pintoresca. ¿De verdad creen que pueden igualarme?
—¿Quien dice que queremos igualarte? —respondió Nexo, su espada negra-azulada lista—. Solo tenemos que ganarte.
KB rió, un sonido cristalino y cruel.
—Ganarme. Con esa arma tan... tosca. Dime, guerrero, ¿siquiera sabes usarla? Porque se nota que no eres guerrero. Tus movimientos son torpes, predecibles. Apuestas todo a la fuerza bruta, como un animal.
Nexo apretó la mandíbula, pero no respondió. Sabía que KB tenía razón en parte. No era un guerrero como Ember o Nira. Era un programador atrapado en un cuerpo de batalla.
—¡Déjalo en paz! —gritó Sora, lanzando un hechizo de luz cegadora.
KB esquivó con un movimiento fluido, sus alas llevándola fuera del alcance.
—¿Y tú? Magia de luz. Bonita, sí. Pero ineficaz contra alguien que puede ver más allá del espectro visible. Eh estado en varios lugares. ¿Sabes cuántas veces he enfrentado a magos como tú? Decenas. Y todos terminaron igual.
—¿Y cómo terminaron? —preguntó Ember, sus espadas gemelas listas.
KB sonrió, mostrando los dientes.
—Rotos.
Cargó.
Su ataque fue un vendaval de cortes de energía. Desde la distancia, su espadón proyectaba ondas de choque púrpuras que surcaban el aire hacia ellos. Ember las bloqueaba con sus espadas, los impactos resonando como campanadas. Sora respondía con hechizos que KB esquivaba con facilidad. Y Nexo...
Nexo apenas podía seguirla. Cada vez que intentaba acercarse, KB se alejaba, riéndose.
—¡Vamos, joven guerrero! —gritaba—. ¡Muéstrame de qué eres capaz! ¡O solo sabes esconderte detrás de tus amigas!
La frustración crecía en Nexo. Sabía que no debía usar la Ad-Hoc. Natsuki y Hiro habían sido claros: era un recurso de emergencia, no una muleta. Pero ver a KB burlándose, viendo a Sora y Ember arriesgándose por él...
Entonces, KB hizo su movimiento.
En un instante de distracción, mientras Ember bloqueaba una andanada de cortes, KB se lanzó hacia Sora. Su espadón no la atravesó, pero el impacto la lanzó contra un árbol blanco. Sora cayó al suelo, aturdida, su hechizo de luz disipándose.
—¡SORA! —
El grito de Nexo no fue de dolor. Fue de furia.
Y por primera vez en el combate, KB vio algo en sus ojos que no había visto antes. No era torpeza. No era miedo. Era algo primitivo, algo que ningún programador debería tener.
Nexo cargó.
No usó la Ad-Hoc. No necesitaba magia. Su espada negra-azulada, enorme y pesada, se convirtió en una extensión de su rabia. Sus golpes ya no eran torpes. Eran precisos, feroces, implacables.
KB, sorprendida, apenas podía esquivar. Su arrogancia se transformó en cautela.
—¿Qué...?
—¡No la toques! —
Cada golpe hacía retroceder a KB. Ya no podía mantener la distancia; Nexo estaba demasiado cerca, demasiado rápido. Ember, viendo la oportunidad, se unió al ataque, sus espadas gemelas formando un torbellino de acero. Sora, recuperándose, lanzó un hechizo de apoyo que ralentizó los movimientos de KB para luego ella también sumarse a la contienda.
Por un momento, KB estuvo arrinconada.
—¡Imposible! —exclamó, sus alas batiendo frenéticamente para mantener la distancia—. ¡No puede ser!
—Puede ser —respondió Nexo, su voz helada—. Y esto recién empieza.
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A varios metros de ahi.
MB era un destello amarillo. Sus movimientos eran tan rápidos que apenas podían seguirla con la vista. Su katana de alta frecuencia cantaba en el aire cada vez que atacaba, dejando estelas de luz que se desvanecían lentamente.
—¡Vamos, vamos! —gritaba, su voz cargada de irritación—. ¡¿Esto es todo lo que tienen?! ¡Tres contra una y ni siquiera pueden tocarme!
—¡No me provoques! —rugió Kurenai, lanzándose contra ella con sus garras extendidas.
MB esquivó con una facilidad insultante, apareciendo detrás de ella y lanzando un corte rápido. Kurenai giró justo a tiempo, bloqueando con sus garras. El impacto la hizo retroceder varios pasos.
—Lenta —comentó MB, con una sonrisa burlona—. Muy lenta.
Nira atacó desde el lateral, su espada trazando un arco preciso. MB se agachó, la hoja pasando a centímetros de su sombrero, y contraatacó con un golpe de katana que Nira bloqueó con el borde de su espada. El choque de acero resonó como un trueno.
—Tú sí tienes reflejos —admitió MB, sus ojos amarillos brillando—. Pero aún así, no suficientes.
Natsuki se acercaba desde atrás, su espada lista. No podría esquivar como Nira y Kurenai. Pero eso no significaba que fuera inútil.
—Kurenai, su punto ciego es el izquierdo cuando ataca —gritó—. Nira, cuando esquive, va a reposicionarse en el árbol grande, tres metros arriba.
Natsuki intentó cortar a MB por la espalda, esta última lo esquivó y retrocedió.
MB frunció el ceño.
—¿Y tú quién eres? ¿El director de orquesta?
—Algo así —respondió Natsuki con una sonrisa.
El combate continuó, pero ahora con un nuevo ritmo. Kurenai atacaba, MB esquivaba, y Natsuki anticipaba cada movimiento con cada corte. Nira ejecutaba las predicciones con una precisión milimétrica. Poco a poco, la ventaja de MB comenzaba a erosionarse.
—¡Esto es... molesto! —bufó MB, esquivando un ataque combinado por centímetros—. ¡Dejen de adivinar mis movimientos!
—No adivinamos —respondió Natsuki—. Calculamos.
MB apretó los dientes, su irritación creciendo. No estaba acostumbrada a que le leyeran el juego. Su velocidad siempre había sido suficiente. Pero estos tres... estos tres eran diferentes.
—KB —murmuró para sí misma, con rencor—. Ella siempre se lleva la gloria, y yo tengo que lidiar con estos... estos...
—¿Inferiores? —completó Natsuki, con una sonrisa—. MB. Mega Bite. ¿Sabes qué significa eso?
MB lo miró con odio.
—Que eres menos que KB. Kilo Bite. Así que no me extraña que te haya tocado el equipo de segunda.
—¡Cierra la boca! —
MB cargó contra Natsuki, su katana lista para atravesarlo. Pero Nira y Kurenai ya estaban allí, bloqueando el ataque. La frustración de MB la había hecho cometer un error: había perdido la concentración.
Y en un combate contra tres, perder la concentración era mortal.
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Hiro siguió el rastro de la cuarta enemiga hasta una pequeña hondonada, alejada del combate principal. Allí, de pie sobre una roca de datos, tenía vista de todo.
Y, al ver que Miku empezó a tener problemas con Oraculum, Hiro quiso brindar apoyo. Pero algo se interpuso. Cayendo del cielo y bloqueando su camino. Era la que faltaba.
Era imponente. Su traje reforzado con placas que parecían obsidiana tecnológica reflejaba la luz del atardecer. Dos fragmentos de cristal esmeralda flotaban a su alrededor como satélites, pulsando con una energía propia. Su rostro era inexpresivo, pero sus ojos... sus ojos tenían un brillo de inteligencia fría.
—Hiro —dijo, su voz grave y serena—. Te esperaba.
—¿Me esperabas? —respondió Hiro, su cañón de brazo brillando con luz roja—. Qué considerada… GB.
Sorprendentemente no se equivocó, pero GB no sonrió. Levantó su rifle de asalto pesado, y sin más preámbulos, disparó.
Los fragmentos de alta densidad volaron hacia Hiro a velocidad supersónica. Él levantó los brazos, sus polímeros reforzados absorbiendo el impacto. Pero sus sistemas reportaron algo que no esperaba:
Daños estructurales menores. Integridad al 97%.
Hiro frunció el ceño. Eso no era normal. Sus brazos habían resistido ataques mucho más poderosos. Pero estos fragmentos... tenían algo especial. Algo que resonaba con una frecuencia que conocía.
GB volvió a levantar el rifle. Hiro no esperó. Disparó su cañón, un rayo de energía roja que impactó de lleno en el arma, haciéndola volar de las manos de GB.
Ella no se inmutó.
Los cristales a su alrededor se movieron, formando una plataforma bajo sus pies, y GB cargó contra Hiro, elevándose levemente sobre el suelo y propulsándose con una velocidad sorprendente para su tamaño.
Su puño, reforzado por un cristal que lo envolvía, se estampó contra el bloqueo de Hiro. El impacto resonó como una campana. Hiro respondió con un golpe propio, pero GB lo atrapó con la otra mano.
Forcejearon, mano contra mano, fuerza bruta contra fuerza bruta. Los cristales de GB brillaban intensamente, alimentando su poder.
—Eres fuerte —admitió GB, su voz sin esfuerzo—. Más de lo que esperaba.
—Tú también —respondió Hiro, sus sistemas calculando la presión—. Pero no suficiente.
Comenzó a ganar terreno, empujando a GB hacia atrás. Ella resistía, pero Hiro era más fuerte, más grande, más pesado.
Entonces, un cristal esmeralda surgió de la nada y golpeó a Hiro en la sien.
El impacto lo aturdió un instante, suficiente para que GB se liberara y saltara hacia atrás. Hiro se llevó una mano a la cabeza, reajustando sus sistemas. Cuando miró hacia arriba, vio dos cristales flotando a los costados de GB, brillando con una luz esmeralda intensa.
—Mis extensiones —dijo GB, con calma—. Las siento como parte de mí. ¿Bonitas, verdad?
Hiro las observó un momento, procesando. Luego, sin previo aviso, GB las lanzó hacia él como puños gigantes. Hiro esquivó el primero, bloqueó el segundo, pero un tercero (¿de dónde había salido?) lo golpeó en el costado, haciéndolo retroceder.
Así continuaron varios minutos. GB atacaba con sus cristales, Hiro esquivaba y bloqueaba, buscando una apertura. Era un baile mortal de energía roja y esmeralda.
Finalmente, Hiro encontró su momento. Atrapó un cristal con ambas manos, y antes de que GB pudiera retirarlo, lo estrelló contra el suelo con toda su fuerza. El cristal quedó completamente enterrado, y luego, con un grito de esfuerzo, Hiro enterró el otro.
Los cristales quedaron inertes. Hiro los miró un momento, y algo en su expresión cambió.
Reconocía ese color. Esa textura. Esa energía.
Era la misma esmeralda del Fragmento de Conciencia Mayor. El que había roto con sus propias manos antes.
Levantó la vista hacia GB, sus ojos —el humanizado y el lente— brillando con una comprensión nueva.
—Ya rompí uno de estos antes —dijo, su voz fría—. Y lo haré otra vez.
GB no se inmutó.
—Si nos entregan a la unidad M-0 —respondió con calma—, nadie tendrá que romper nada. Ella volverá a donde pertenece. Y todos los demás... podrán seguir con sus patéticas existencias.
Hiro sintió que algo dentro de él se tensaba. El mismo algo que horas antes había estado a punto de desatarse. Pero ahora, no era pérdida de control. Era furia fría, dirigida, consciente.
—Escúchame bien —dijo, su voz bajando a un tono que helaba la sangre—. Te arrancaré la cabeza. Haré tu cuerpo pedazos. Y los venderé a precio barato en el mercado de mala fama más cercano.
Por primera vez, algo cambió en el rostro de GB. Sus ojos se abrieron ligeramente, y una chispa de algo —ira, tal vez, o sorpresa— cruzó su expresión.
—¿Qué dijiste?
No esperó respuesta. Cargó contra Hiro con una furia que no había mostrado antes, sus cristales formando un enjambre mortal a su alrededor.
Hiro cargó también.
Se encontraron en el centro de la hondonada, y comenzó el verdadero combate. Golpe tras golpe, puño contra puño, sin estrategia, sin análisis, solo violencia pura. Los impactos resonaban como truenos, generando pequeñas ondas expansivas.
—¡Chatarra insolente! —rugió GB, sus golpes cada vez más rápidos, más feroces—. ¡No sabes con quién te metes!
—¡Sé perfectamente con quién me meto! —respondió Hiro, bloqueando y contraatacando—. ¡Con una máquina que cree que puede comprarnos con ofertas vacías!
Más rápido. Más fuerte. Los golpes de GB llovían como granizo, y Hiro comenzaba a retrasarse. Era más fuerte que ella, pero ella era más rápida. Sus cristales lo golpeaban desde ángulos imposibles, desgastando sus defensas.
Hasta que, en un movimiento que GB no anticipó, Hiro atrapó ambas manos de ella. Las sostuvo con una fuerza sobrehumana, inmovilizándola.
—¿Qué...? —alcanzó a decir GB.
Hiro respondió con un cabezazo directo a su rostro. El impacto resonó, y GB soltó un gruñido de dolor. Luego, una patada en el torso que la lanzó por los aires.
GB voló varios metros, pero se recompuso en el aire, sus cristales formando una plataforma que detuvo su caída. Flotaba ahora, mirando a Hiro con una mezcla de respeto y odio.
—No fue suficiente —dijo, su voz grave pero con un deje de admiración.
—Ya veremos —respondió Hiro, listo para continuar.
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Los combates se habían extendido por todo el claro. Cada grupo luchaba con ferocidad, ninguno dispuesto a ceder. Las ondas expansivas de la pelea de Hiro y GB se escuchan por todo el terreno. Los destellos de luz de KB y Sora iluminaban el cielo. Los choques de acero de MB contra Nira y Kurenai resonaban como campanas.
Pero entonces, la voz de Oraculum cortó el aire:
—Suficiente. Retirada.
KB y MB se separaron de sus oponentes al instante, volando hacia Oraculum con una disciplina militar perfecta. GB, tras una última mirada a Hiro, hizo lo mismo, sus cristales formando una corriente que la impulsó hacia sus compañeras.
El grupo de héroes se reagrupó, jadeando, algunos con heridas menores, todos agotados. Observaron cómo las cuatro enemigas se reunían en el aire, formando una formación perfecta: Oraculum al centro, KB a su izquierda, MB a su derecha, GB flotando detrás.
—Ha sido... entretenido —dijo Oraculum, su voz tan calmada como siempre—. Pero esto no termina aquí. Solo comienza.
—¡Vuelve cuando quieras! —gritó Ember, sus espadas aún listas—. ¡Siempre tendremos una paliza esperándote!
KB sonrió, su arrogancia intacta a pesar del combate. Sus ojos se posaron en Nexo, y por un instante, hubo algo en su mirada. Reconocimiento. Tal vez incluso respeto.
—joven guerrero —dijo, con un tono que no era burla—. La próxima vez, no te detengas.
Nexo no respondió, pero su puño se cerró con fuerza.
MB, por su parte, miró a Natsuki con un odio apenas disimulado.
—Y tú, el de las predicciones. La próxima vez, te callaré personalmente.
—Primero tendrías que alcanzarme —respondió Natsuki con una sonrisa cansada.
GB, finalmente, miró a Hiro. No dijo nada. No hacía falta. La intensidad de su mirada lo decía todo: esto no había terminado. Apenas empezaba.
—Nos veremos pronto —dijo Oraculum, y con un movimiento de sus alas, las cuatro se elevaron y desaparecieron en el cielo del atardecer, sus luces cian, púrpura, amarilla y esmeralda fundiéndose con las estrellas nacientes.
El silencio que dejaron fue abrumador.
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El grupo se quedó donde estaba, recuperando el aliento, procesando lo que acababa de ocurrir. Habían enfrentado a las cuatro enemigas. Habían peleado. Y seguían vivos.
—¿Alguien herido de gravedad? —preguntó Natsuki, su voz ronca por el esfuerzo.
—Sora está un poco aturdida —respondió Nexo, ayudando a su hermana a sentarse—. Pero nada grave.
—Yo tengo algunos raspones —dijo Ember, mostrando cortes superficiales en sus brazos—. Nada que no haya tenido antes.
—Mis sistemas reportan daños estructurales menores —informó Hiro, su voz metálica—. Nada crítico. Pero GB... es peligrosa.
—Todas lo son —dijo Nira, limpiando su espada—. Pero ahora sabemos cómo pelean. Eso es una ventaja.
Miku se acercó a Hiro, sus ojos buscando cualquier señal de daño. Él le sostuvo la mirada, y por un momento, el resto del grupo desapareció.
—¿Estás bien? —preguntó ella, en voz baja.
—Sí —respondió él—. Ahora sí.
8-bit flotó hacia ellos, sus ojos brillando con datos.
—Análisis completo de los combates registrado. Las enemigas tienen patrones de ataque identificables. KB es arrogante y depende de la distancia. MB es rápida pero irritable, propensa a errores cuando se la provoca. GB es poderosa, pero su conexión con los cristales puede ser una debilidad si se los daña. Y Oraculum... Oraculum es una directora. No necesita ganar hoy. Solo necesita información.
—Y la tiene —dijo Natsuki, con seriedad—. Mucha.
Nexo se puso de pie, ayudando a Sora a levantarse. Miró hacia el cielo donde habían desaparecido las cuatro siluetas.
—KB me llamó joven guerrero. No con burla, no como lo hizo Ember hoy. Como si... como si quisiera decir algo más.
—Tal vez sí —dijo Zera, que había permanecido en silencio—. En el combate, mostró interés en ti. No era solo arrogancia. Era... curiosidad.
—No importa lo que sea —cortó Nira—. Son enemigas. Y volverán.
—Pero no hoy —dijo Kurenai, con una sonrisa cansada—. Hoy, vivimos para pelear otro día.
Natsuki asintió, mirando a su alrededor. El campamento estaba desordenado, pero intacto. Los sensores de Hiro y 8-bit seguían funcionando. La fruta recolectada yacía esparcida por el suelo, pero podían recogerla.
—Reagrupémonos. Recolectemos lo que podamos. Y luego, descansemos. Mañana... mañana planearemos el siguiente movimiento.
El grupo comenzó a moverse, cada uno a su tarea. Pero antes de separarse, Hiro habló:
—GB me dijo algo. Sobre Miku. Dijo que si la entregábamos, nos dejarían en paz.
Pero. Con un parpadeo morado en su ojo, leve y controlado, pero visible. Volteo a ver a Miku para hablar sin rodeos.
Todos se detuvieron.
—tendrán que hacerme pedazos primero. Quien quiera que sea.
—Eso no va a pasar —dijo Natsuki, sin dudar.
—Nunca —dijo Nexo.
—Ni en sus sueños —dijo Ember.
—Sobre mi cadáver —dijo Nira.
—Y sobre el mío —dijo Kurenai.
—Y el mío —dijo Sora.
—Y el mío —dijo Zera.
—Y el mío —dijo 8-bit.
—Y el mío —dijo Miku, sonriendo.
Hiro los miró a todos, uno por uno. Su brillo rojo parpadeó suavemente.
—Eso quería escuchar.
La noche cayó sobre el Jardín Cobalto. El campamento, ahora más fortificado que antes, brillaba con la luz cálida del cristal de Miku. Dentro, diez figuras descansaban, algunas dormidas, otras en guardia, todas unidas por algo que ninguna amenaza podría romper.
Afuera, en la oscuridad, cuatro pares de ojos los observaban desde la distancia. Pero esta noche, no atacarían. Esta noche, solo observaban.
La guerra había comenzado. Y apenas estaban calentando.