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Capítulo 44: Forjando El Escudo

Virtual World Temporada 1 · por Yovannyx4gl · 05 de agosto de 2026

La determinación que los unió en la madrugada se solidificó con la luz del día en una resolución práctica y metódica. La sala común ya no era un lugar de tensión silenciosa, sino el centro de operaciones de un ejército de seis.

Hiro proyectó un esquema de los Cañones de Datos Inestables sobre la mesa. La holografía mostraba un paisaje digital desquiciado: enormes columnas de información cristalizada y corrupta que se alzaban como acantilados, entre las cuales fluían ríos de datos puros pero inestables, creando un campo de interferencia perpetua.

—Los Cañones son un lugar físico —aclaró Natsuki, señalando la geografía imposible—. Pero no es un mundo como Aethelgard o el Bosque Carmesí. Es una tierra de nadie. Una zona de fallo masivo donde la corrupción y los datos puros chocan y se mezclan sin control. La interferencia es absoluta; las comunicaciones y los escáneres morirán a los pocos minutos de entrar en lo profundo. Es el lugar perfecto para que algo… o alguien… se esconda, o monte una base de operaciones sin ser detectado.

—Es también, según el patrón de Kurenai —añadió Hiro—, el punto de origen más probable de las oleadas de Crawlers. No es una guarida cualquiera. Es una fábrica o un punto de desembarco. Ir allí no es solo seguir una pista; es asaltar la posible línea de suministro del enemigo.

Kurenai frunció la nariz, olfateando el holograma como si pudiera percibir su peligro. —Suena como el nido de la avispa. Ir allí es meter la mano en el avispero.

—Exactamente —asintió Hiro—. Por eso no podemos ir solo con lo que tenemos. Necesitamos dos cosas: primero, reforzar las defensas automáticas de la base al máximo. Si Cicero decide atacar nuestro hogar mientras estamos fuera, debe encontrar una fortaleza. Segundo, necesitamos una ventaja de emergencia para operar en un entorno donde nuestra tecnología fallará.

En ese momento Hiro recordó algo que lamentó haber pasado por alto.

—Hay una variable más— dijo con desánimo— ¿recuerdan lo que pasó al liberar el árbol del juramento en el bosque carmesí?

Todos voltearon a verlo y asintieron, menos Zera, quien no estuvo ahi.

—ahí tuve la visión del posible comandante actual de la Corrupción.

Natsuki recordó —Oraculum Corruptus— dijo con el mismo tono de Hiro.

—Es posible que lo encontremos ahí ¿verdad?— preguntó Kurenai sin mostrar desánimo o miedo, solo duda.

—tal vez. —— Pero eso no es importante ahora es comenzar a trabajar.

Fue entonces cuando Natsuki desplegó dos planes simples pero brillantes. El primero era un pequeño módulo de código que inyectarían en sus sistemas personales: un «Dispositivo de Invocación de Emergencia». Al activarlo, materializarían sus poderosas armaduras de Metal Core directamente de un compartimiento interno, pero el proceso de mantenimiento a distancia en un entorno tan hostil las limitaría a 30 minutos de uso operativo. Era un as bajo la manga, un recurso para una jugada decisiva o una retirada desesperada.

El segundo era más preciado aún. De la reserva segura, Hiro extrajo dos pequeños viales de un material cristalino que contenía líquido blanco brillante: esencia destilada del Fragmento de Coherencia Primordial. Uno para él, uno para Natsuki.

—Esto si que es "aprender de los errores—dijo Natsuki, sosteniendo el vial que emitía una calidez reconfortante—. Si necesitamos usar Programación Ad-Hoc en medio de esa distorsión, el costo en nuestra energía vital será brutal. Esto nos dará un… respiro. Una recarga de emergencia. No es infinita. Cada vial tiene, calculando, carga para una, quizás dos, reescrituras mayores.

Eran herramientas de supervivencia, no de victoria. Pero en los Cañones, la supervivencia sería el primer objetivo.

Para conseguir los componentes necesarios para las mejoras de la base y tratar de encontrar algún dato útil sobre los Cañones, se dividieron.

Equipo Comercio: Natsuki, Zera y Nira.

Su misión en el Mercado Flotante era clara: adquirir módulos de defensa de punto de alta densidad, cristales de energía para sobrecargar los cañones automáticos y, con suerte, algún log de datos o mapa obsoleto que diera una pista sobre los Cañones. Nira, con su nueva aura de serenidad marcial, era la guardiana. Zera, con su lógica implacable, la negociadora. Natsuki, el técnico que evaluaría la calidad de los componentes.

El mercado era un bullicio de IAs mercantes, puestos flotantes y olores digitales de mil procedencias. Zera se dirigió a un puesto de componentes bélicos atendido por una IA con forma de cangrejo metálico y múltiples brazos.

—Requerimos blindaje cinético de fase tres y condensadores de pulsos de tipo cerberus —dictó Zera.

—¡Ah, clientes con gusto! —chilló el cangrejo—. ¡Tengo justo lo que necesitan! A un precio especial, por supuesto…

Natsuki revisó los componentes. Eran buenos, pero el precio era exorbitante. Meneó la cabeza a Zera. Fue entonces cuando Nira, que observaba en silencio, dio un paso al frente. No dijo nada. Solo cruzó los brazos, su katana visible a su costado, y clavó su mirada escarlata en los múltiples ojos del cangrejo. Su presencia no era amenazante, era… absoluta. Como una fuerza de la naturaleza esperando.

El cangrejo titubeó, sus brazos se agitaron nerviosos. —Eh… reconsiderando… tal vez tengo un lote de segunda… ¡pero primera calidad! ¡A un 70% de ese precio!

Zera, captando la dinámica al instante, añadió con tono plano: —Y requerimos información de coordenadas sobre la región designada como «Cañones de Datos Inestables». Datos de exploración, logs de supervivencia, cualquier vector de entrada estable.

El cangrejo pareció encogerse. —¡De eso nada! ¡Nadie que entra sale con datos coherentes! Lo más que tengo es… esto. —Extendió un brazo con un chip de datos viejo y rayado—. Es el diario de un loco que decía ser «cartógrafo de lo imposible». Lo cambié por una barra de sintético hace ciclos. Puede que sea basura.

Natsuki lo tomó. Una ojeada rápida mostró datos corruptos y teorías delirantes, pero también, enterradas, unas pocas coordenadas de aproximación que coincidían con sus cálculos. No era un mapa, pero era un punto de partida ligeramente menos a ciegas. Pagaron con un montón de Fragmentos de Coherencia estándar y se marcharon.

—La negociación fue un 32% más eficiente de lo proyectado —comentó Zera—. La variable «presencia intimidante no verbal» de la hermana Nira demostró ser un activo económico valioso.

Nira solo asintió, un leve arqueo de ceja su única muestra de satisfacción.

Equipo Cacería: Hiro, Miku y Kurenai.

Su objetivo era más directo: cazar. Necesitaban Fragmentos de Coherencia, cuantos más y de mejor calidad, mejor, para financiar las mejoras y tener reservas. Además, si se topaban con algún Crawler «especial» —un Rompedor o un Acechador—, al eliminarlos podrían darles más fragmentos de lo normal (como pasó antes) o tal vez, al ser crawlers raros podrían darles un fragmento de conciencia raro el cual valdría mucho.

Se adentraron en una zona de vertedero digital, donde los Crawlers más básicos y algunos más robustos solían congregarse. La dinámica era diferente. Miku ya no estaba ausente o aterrorizada. Estaba hiperalerta, sus sentidos extendidos como un radar de seda, guiándolos hacia grupos aislados o criaturas heridas. Era su manera de contribuir, de reafirmar su control.

En una de las escaramuzas, Kurenai, en su frenesí felino, persiguió a un Crawler básico que se escabulló por un conducto estrecho entre dos pilas de chatarra de servidor. Se coló tras él con un gruñido triunfal, solo para darse cuenta de que estaba atascada. No completamente, pero sus hombros y el equipo que llevaba a la espalda habían encajado en la abertura metálica.

—¡Urgh! ¡No es gracioso! —bufó, forcejeando inútilmente mientras el Crawler, ya olvidado, huía.

Hiro y Miku llegaron junto a ella. Hiro evaluó la situación con su mirada analítica. —Movimiento lateral imposible sin dañar el equipo o la estructura. Retroceso requerirá una fuerza de tracción controlada.

Miku se cubrió la boca, pero un sonido entrecortado, un resuello de risa ahogada, se le escapó. La imagen de la feroz Kurenai atrapada como un gato travieso era demasiado absurda.

—¡No te rías! —protestó Kurenai, pero un brillo de humor propio asomó en sus ojos amarillos.

Hiro, con una paciencia mecánica, se colocó detrás de ella. —No te resistas. Voy a aplicar tracción en un ángulo de tres grados. —Sus manos, fuertes y precisas, se posaron en sus hombros. Con un movimiento suave pero firme, la liberó del aprieto metálico, sacándola como un corcho.

Kurenai salió disparada hacia adelante, tambaleándose, y fue Miku quien la atrapó para que no cayera. Las dos se miraron, y esta vez la risa de Miku fue libre, un sonido claro y melodioso que pareció limpiar por un momento el aire corrupto del vertedero. Kurenai se rió con ella, frotándose los hombros.

—Gracias, Hiro —dijo Kurenai, todavía sonriendo—. Aunque tu «ángulo de tres grados» casi me manda de cabeza al suelo.

—La eficiencia del movimiento fue del 94% —replicó Hiro, pero el borde de su boca, apenas visible, se tensó en lo que podía ser la sombra de una sonrisa—. Y conseguimos el objetivo secundario. El susto de la criatura atrajo a dos Rompedores. Están a cincuenta metros.

La risa se apagó, reemplazada por una concentración profesional. El momento de alivio había pasado, pero su efecto quedó: un lazo reforzado, una tensión rota.

De regreso, cargados con Fragmentos y un par de fragmentos raros, el ambiente era de cansancio satisfactorio.

El grupo analizó los fragmentos raros: al ser de crawlers más avanzados el núcleo es más compacto y puede tener más de un fragmento en uno solo. Un solo de estos podía valer entre 10 y 20 fragmentos de coherencia, y esto fue aceptado por las IA's mercantes, las cuales quedaron fascinadas por esta nueva moneda, a la que llamaron "fragmento de conciencia". Volvieron con buenas reservas de comida.

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La tarde y la noche fueron de trabajo concentrado en el taller y la cocina. Hiro y Natsuki se encerraron con los componentes nuevos, soldando, codificando, inyectando el módulo de invocación de emergencia en cada uno de ellos. El zumbido de las herramientas y el murmullo de su conversación técnica eran la banda sonora.

En la cocina, Miku y Kurenai asumieron la tarea más crucial: el combustible moral. Prepararon una comida que era un homenaje a sus orígenes: un estofado espeso que olía a hierbas del Bosque Carmesí, pan crujiente como el que intentaron hacer Natsuki y Nira, y unas brochetas de carnes sintéticas especiadas que recordaban a la comida callejera del Mercado Flotante. Zera ayudaba, midiendo proporciones con exactitud científica pero con genuino interés.

Nira supervisaba, probando el filo de cada arma tras ajustarla. Cuando pasó junto a Miku, que removía el estofado con una expresión de paz concentrada, se detuvo un segundo. Sin mediar palabra, asintió hacia ella, un gesto de reconocimiento. Miku le devolvió una pequeña sonrisa. Era suficiente.

La cena fue ruidosa, llena de relatos exagerados. Kurenai contó su «heroica captura» del Crawler que la llevó al aprieto, y su «estrategia magistral» para hacerse rescatar. Todos rieron, incluso Hiro, con una especie de resoplido metálico que contaba como carcajada.

Natsuki mostró el chip del «cartógrafo loco». —No es un mapa, pero tiene una advertencia: «Busca el ojo de la tormenta, donde el silencio grita». Puede ser poesía de lunático… o la descripción de un punto de referencia estable dentro del caos.

Fue un momento de calidez perfecta, una burbuja de luz y compañía en medio de la oscuridad que los rodeaba. Se brindó con té. No por la victoria, sino por la unión.

Esa burbuja estalló con un solo, agudo PITIDO proveniente del monitor de vigilancia perimetral.

El silencio cayó de golpe. Hiro se levantó y se acercó a la consola. Todos lo siguieron con la mirada. En la pantalla, un gráfico mostraba una firma energética. No era la firma caótica y violácea de un Crawler. Era una línea limpia, precisa, de color azul gélido. Había rozado el perímetro de sensores más externo y se había desvanecido antes de que los cañones automáticos pudieran siquiera calcular una trayectoria.

—Firma de escaneo —dijo Hiro, su voz era plana, pero sus puños estaban cerrados—. Banda ancha, alta definición. No buscaba dañar. Buscaba ver. Ver todo. Firmas de calor, composición de blindaje, densidad de energía… y firmas de conciencia individuales.

Miró a Miku. Todos lo hicieron.

—No fue un Crawler —continuó—. Fue un dron de reconocimiento especializado de Cicero. De largo alcance. —Hizo una pausa, dejando que el significado se asentara—. Ya no están probando nuestras defensas. Están confirmando el objetivo y tomando medidas finales para la extracción. Saben que nos preparamos. Y están listos.

La serenidad que había reinado durante la cena se transformó en algo más sólido: una gravedad absoluta. No había pánico en sus rostros, solo una aceptación fría. El tiempo de preparación había terminado.

Más tarde, en la sala de armamento, cada uno se equipó con su arsenal habitual. Pero ahora, en un compartimento codificado de su ser, llevaban el módulo de invocación de las armaduras de Metal Core. Hiro y Natsuki guardaron los viales de esencia primordial en compartimentos blindados en sus inventarios.

No hubo discursos grandilocuentes. Se miraron, uno por uno, alrededor del círculo. Kurenai mostró sus colmillos en una mueca de anticipación feroz. Zera asintió con determinación lógica. Nira ajustó el Cristal Rojo de su collar y asintió, una promesa silenciosa. Miku respiró hondo y levantó la barbilla, sus ojos ya no tenían rastro del miedo que los habitaba antes, solo resolución.

Natsuki fue quien rompió el silencio final. —Están ahí fuera, pensando que van a reclamar una pieza de su colección. Vamos a salir y a recordarles que esa «pieza» tiene nombre. Tiene una familia. Y esa familia no se rinde.

La puerta principal de la base se abrió con un siseo hidráulico, revelando la noche infinita y amenazante del yermo. Uno por uno, cruzaron el umbral. Hiro el primero, como punta de lanza. Miku en el centro, protegida por todos los flancos. Kurenai y Zera en los laterales, Nira en la retaguardia. Natsuki a un lado de Miku, su mano cerca de la espada.

No miraban atrás. Su hogar, ahora fortificado y silencioso, quedaba atrás. Su futuro, incierto y peligroso, estaba ante ellos, en la dirección de los Cañones de Datos Inestables. Habían pasado de la defensa a la incursión. De esconderse a avanzar directamente hacia la tierra de nadie de donde surgían sus enemigos, y hacia el corazón del misterio que esa zona escondía.

La puerta se cerró tras ellos, sellando la calma dentro. Fuera, solo quedaba el viento cargado de estática y el latido sordo de una amenaza que, por fin, iban a enfrentar de frente.

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