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Capítulo 22: La Sorpresa

Virtual World Temporada 1 · por Yovannyx4gl · 22 de julio de 2026

El aire en los Subniveles de Fundición era espeso y pesado, cargado con el polvo metálico de décadas de abandono y el runruneo agonizante de sistemas de soporte vital al borde del colapso. Azura Skye caminaba entre las sombras de lo que una vez fue la línea de ensamblaje principal de las Instalaciones Kronos, el lugar de nacimiento de la serie Cypher.

Cada paso suyo resonaba en la inmensidad vacía, un eco de su determinación. Su yelmo, con la visera agrietada, escaneaba el entorno, ignorando los carteles de "Zona de Fusión - PELIGRO EXTREMO" y "RADIACIÓN DE FOTONES RESIDUAL".

—Solo eres una máquina —masculló, su voz resonando en la cavernosa nave—. Una herramienta compleja, pero al fin y al cabo, con un manual de instrucciones. Y todo manual tiene una sección de fallos críticos.

Tras horas de búsqueda, forzando compuertas selladas y esquivando campos de fuerza inestables, lo encontró. En el corazón mismo del reactor de fusión experimental, ahora frío y silencioso como una tumba, una cámara de contención de urdimbres seguía operando con la tenacidad de un latido post-mortem. En su centro, suspendido en un campo estásico, pulsaba un Núcleo Mk-III.

No era idéntico al de Cypher-7; era un prototipo, más crudo, inestable, pero indudablemente de la misma sangre tecnológica. Brillaba con una luz magenta intensa y enfermiza, las líneas de energía en su superficie fluctuando de forma errática.

—Aquí estás —susurró, extendiendo una mano hacia el cristal de contención—. El corazón de una bestia. Y me queda perfecto.

La guarida del Mecánico no era un taller, sino un matadero cyborg. Partes de cuerpos metálicos yacían en mesas, conectados a fluidos intravenosos de datos. El aire olía a soldadura ácida y aceite de silicona.

El Mecánico, un ser cuya humanidad se había perdido tras tantas modificaciones, observó el Núcleo con sus múltiples lentes ópticos. Un silbido escapó de su modulador vocal.

—Locura. Pura locura —sus herramientas se extendieron, escaneando el núcleo con avaricia y temor—. Esto es un Núcleo Mk-III de pre-producción. Los de Kronos lo desecharon por inestable. Es un reactor de fusión sin paredes de contención. ¿Sabes lo que hace esto en un sistema que no está diseñado para ello?

—Lo potenciará —respondió Azura, con una certeza que sonaba más a desesperación que a confianza.

—Te fundirá —el Mecánico golpeó la mesa con un brazo metálico—. La tasa de rechazo es del 98%. No es una mejora, es un suicidio tecnológico. Tu sistema no puede manejar ese flujo. Será como verter un océano en un vaso de agua.

Azura se despojó de la armadura de su torso, revelando la compleja interfaz y las cicatrices. Señaló la marca en su cuello.

—Él ya me quebró una vez. Me mostró que era obsoleta. —Su voz perdió por un momento su frialdad, dejando al descubierto la herida en su orgullo—. No voy a enfrentarlo otra vez siendo la misma. Prefiero estallar en mil pedazos que darle la satisfacción de vencer a la misma rival débil.

El Mecánico la observó por un largo momento, sus lentes ajustándose con un click.

—Los créditos. Por adelantado. Y un extra —añadió—. Un extra por el riesgo de que tu núcleo inestable convierta mi taller en un cráter.

—Hazlo —ordenó Azura, transfiriendo los fondos—. Y no me subestimes. Soy más fuerte de lo que parezco.

—Eso —masculló el Mecánico, preparando sus herramientas—. Es justo lo que me preocupa.

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El procedimiento fue una violación tecnológica. Cuando las primeras conexiones se engancharon, Azura contuvo un grito, apretando los puños hasta que las articulaciones crujieron.

—¡El dolor es un dato! —rugió, repitiendo el mantra que había escuchado a Cypher-7 decir en los archivos de combate—. ¡Solo es una señal de... AAGH!

La sobrecarga la golpeó como un martillo. Su visión se nubló con torrentes de código error.

—¡Está rechazando la integración! —oyó la voz distante del Mecánico—. ¡Tu sistema auxiliar se está fundiendo! ¡Abortar!

—¡NO! —el grito de Azura fue distorsionado por la energía que la recorría—. ¡Continúa! ¡Inunda el sistema! ¡Quiero todo su poder!

—¡Te VA A MATAR!

—¡ENTONCES QUE ME MATEE! —Fue su último grito de desafío antes de que la agonía blanca consumiera su conciencia y cayera en la nada del desmayo.

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La conciencia regresó con el sabor del cobre y el ozono en la boca. Azura jadeó, incorporándose. El Mecánico observaba desde la distancia, con una herramienta de corte en la mano, como si esperara tener que descontaminar el área.

—Funcionó —susurró, y su voz misma tenía ahora un tenue zumbido de poder contenido.

—Sobreviviste —corrigió el Mecánico, sin acercarse—. No es lo mismo. Ese núcleo no está instalado, habita en ti. Y tiene hambre. Te consumirá con el tiempo, o te volverá loca. O ambas cosas.

Azura miró sus manos. Su HUD se reiniciaba, mostrando cifras imposibles. Sin necesidad de un espejo, lo sintió. Un zumbido nuevo y profundo en su núcleo. Se miró en el metal pulido de la pared. El brillo magenta intenso que emanaba de su pecho y sus articulaciones no era solo un cambio de color. Era la firma de una energía que no debería existir fuera de un Cypher.

Cerró el puño. El aire crepitó a su alrededor, cargado de energía estática. Una sonrisa fría y ajena se dibujó en sus labios.

—Mientras me dure lo suficiente para enfrentarme a él... —dijo, vistiéndose con la armadura que ahora parecía una versión corrompida y más mortífera de la original—. será suficiente.

Pagó el extra sin mediar palabra y caminó hacia la salida. En la puerta, se detuvo sin volverse.

—Si alguien pregunta por esto... —dijo, su silueta magenta recortándose contra la luz exterior.

—No estuviste aquí —completó el Mecánico—. Y si ese artefacto en ti te convierte en una plaga, espero que Cypher-7 te elimine antes de que destruyas el sector.

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Al salir a los pasillos del coliseo, Azura se detuvo. La multitud fluía a su alrededor, pero ahora se sentía distante, como si observara insectos. Su nuevo núcleo procesaba el mundo a una velocidad aterradora. Todo era más lento, más predecible. Todo, excepto él.

Alzó la mirada hacia las torres residenciales de los luchadores de élite. Allí estaba él. El último modelo. La obra maestra que había hecho que la obsoleta.

—Cypher... —murmuró, y el zumbido en su voz era ahora una promesa tangible de destrucción—. Tú crees que el poder es solo datos y lógica. —Apretó el puño, y un aura magenta breve y violenta la envolvió—. Ahora yo tengo el mismo poder, pero impulsado por el odio más puro. Prepárate.

La sorpresa estaba lista. No era un arma. No era un truco. Era ella misma, convertida en un espejo oscuro y sobrealimentado de su propio enemigo. Y era imparable.

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