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Bestias Ancestrales. Parte 6

The Radiant Twilight | Parte 3. Prehistoric Rage · por Aldex29 · 20 de septiembre de 2026

Theodore se giró, su cuerpo imponente en forma de Triceratops resollando tras el combate, pues ya había ganado. Ya no quedaba nadie que le pudiera dar combate, dio un paso, dispuesto a marcharse de ahí como si nada, dejando atrás ruinas, heridas y un cadáver. Hasta que entonces escuchó una voz llamandolo. 

¡THEODORE! —gritó Mike con la voz rota, entre lágrimas, su aliento entrecortado 

La Bestia Enastada se detuvo, y sus ojos se entrecerraron al ver la silueta temblorosa que se le acercaba. Mike caminaba en la carretera que se convirtió en un campo de batalla hace unos minutos, arrastrando los pies como si su cuerpo apenas pudiera sostenerlo. El rostro empapado de llanto, la respiración descompasada. Sostenía una pistola con ambas manos, apuntando con torpeza hacia la bestia. 

¡Te… te odio! —chilló— ¡Desgraciado, infeliz, escoria traicionera! 

Tyler, tirado entre los restos del pavimento, forzaba su voz aún con el pecho ardiendo de dolor. 

Mike… por favor… vete… 

Pero Mike no quería oír nada. Solo tenía ojos para él, para el monstruo. Sus brazos temblaban tanto que el cañón del arma vibraba sin control. Sus dedos sudaban y resbalaban sobre el gatillo. Su cuerpo estaba congelado entre el miedo, el odio y el dolor. 

¿Eso es todo lo que tienes? —rugió Theodore, con un tono que había deseado usar por mucho tiempo ¿Un llorón con una pistola más grande que el coraje que tiene?... 

Se acercó un paso. Mike no retrocedió, solo gimió de frustración. 

¿Vas a dispararme, Mike? ¿Me odias tanto que me dispararás hasta que muera? Hazlo entonces, vamos... —Dijo mientras se quedaba esperando el momento en donde apretaría el gatillo, sin miedo alguno sabiendo que no le haría daño— Eres un inútil, Mike, siempre fuiste un cobarde, un parásito. Lucas siempre te cargaba como si fueras su perro sin patas… y míralo ahora. Muerto por tu culpa si tan solo no hubieras aparecido en su vida. Y tú… no eres capaz ni de apretar ese maldito gatillo. 

Mike gritó, apretando los dientes, deseando y rogando que su cuerpo obedeciera. Que el dedo se moviera, pero nada, no fue capaz de dar ni un solo disparo. Solo el clic de una amenaza vacía, ahogada por el temblor de un alma destrozada. 

—No vales nada —sentenció Theodore, mientras lo miraba con desprecio 

Theodore, aún transformado en la monstruosa figura del Triceratops, soltó una pequeña risa. 

— Mírate… —dijo con asco, mirando a Mike aún de rodillas, empapado en lágrimas, sosteniendo inútilmente el arma temblorosa— No deberías seguir respirando, no deseas hacerlo. ¡¿NO ES ASÍ, MIKE!? 

Alzó su brazo, enorme, con intención de aplastarlo. No era solo un ataque, era una sentencia, eliminar lo que para él era la encarnación de la debilidad humana. El golpe descendió con la fuerza de una avalancha, pero no llegó a impactar. 

Un rugido resonó cerca, y como un relámpago marrón y escamoso, Tyler se lanzó desde un costado, deteniendo el brazo de su antiguo amigo con las dos suyas. Su cuerpo seguía en la forma del T-Rex, aunque se notaba exhausto, su respiración entrecortada, sus movimientos lentos y dolorosos. 

¡No… lo toques! —gruñó Tyler con los dientes apretados 

Theodore lo miró con una mezcla de sorpresa y desprecio. 

¿Tú otra vez? —susurró, y sin pensarlo, lo tomó por el torso y lo estrelló contra el asfalto con violencia descomunal 

Tyler apenas pudo resistir. Con las últimas reservas de energía que le quedaban, trató de levantarse, pero no pudo. Sus ojos se cerraron por el dolor mientras la transformación comenzaba a desvanecerse. Esta vez no podía más. 

Theodore lo observó con indiferencia, y luego volvió su vista al resto del mundo, ruinas, sangre, miedo. Era un paraíso en construcción. 

¿Lo veis? —dijo, alzando la voz— ¡Esto es lo que siempre quise! No más reglas, no más fingir, no más límites. Estoy harto de vivir en una sociedad de gusanos que se creen ser capaces de estar a mi altura. Ahora soy libre. ¡Libre para ser quien realmente soy! 

Abrió los brazos, como si abrazara el caos que él mismo había creado. 

Y voy a extender esto… por cada rincón de este maldito planeta. Pueblo por pueblo, ciudad por ciudad, país por país. En donde mi voluntad sea lo que dicte. 

Miró por última vez a los heridos y derrumbados amigos que alguna vez tuvo. Lo que vio en sus rostros no fue valentía, ni esperanza, solo dolor. 

De todos modos, me siento agradecido con vosotros por demostrarme que el pasado no era nada. Y que siempre fuisteis cadenas que me impedirían avanzar. 

Y sin más, dio media vuelta. Su silueta se perdió entre los escombros y la noche, dejando atrás un campo de batalla y el eco de una traición que ya no buscaba redención.

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