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Juntos

Solo y Juntos · por Tagore · 27 de agosto de 2026

Nagi jugaba en el salón de juegos de siempre; Reo lo había llevado hasta allí sin preguntar nada. Él siempre recordaba los lugares que le gustaban. La mayoría de las máquinas estaban ocupadas, excepto la que estaba a su lado; Nagi había jugado en ella una vez, era aburrida.

Sus dedos se deslizaban sobre los botones con rapidez mientras fijaba la vista en la pantalla; unos chicos del otro lado gritaban todo el tiempo. Ojalá se fueran, son muy ruidosos. Reo estaba detrás de él, seguramente, observando su partida.

—Ya casi.

Nagi mantuvo la vista en la pantalla; sus dedos recorrían con rapidez los botones.

—¡Eres bueno, Nagi! Déjame probar.

Reo se acercó a su lado.

—No.

Nagi no parpadeó, ignorándolo por completo.

—¿Por qué no?

—Porque aprenderás rápido y te aburrirás, Reo.

Escuchó a Reo reír, esa risa confianzuda difícil de quitar.

—¡Vamos, Nagi! Hazte a un lado —insistió Reo, estirando sus brazos—. Solo no quieres que te gane, ¿verdad?

—Mmm...

Nagi no dejó de apretar los botones. No, no quiero que gane. Él aprendía rápido, pero si le aburría, lo dejaría... Y tal vez Reo ya no querría acompañarlo más.

—No quiero.

—Nagi, eres un...

La voz de Reo se cortó de golpe. En la pantalla, marcaba un Game Over que parpadeaba.

—Ya terminó.

Escuchó a Reo tomar la mochila del asiento.

—Vámonos, Nagi.

Una mirada rápida le bastó para asegurarse de que seguía en su lugar. Luego, regresó su vista a la pantalla.

—Uno más...

—¡Eso dijiste hace cinco minutos! —le espetó Reo, sin moverse de su lugar.

—Debo superar al número uno.

Hasta hace dos días, ese puesto le pertenecía. Pero un jugador misterioso le había quitado su lugar. Qué fastidio. Nagi escuchó el suspiro de Reo a su espalda, pero no le importó, o no del todo, porque sus dedos volvían a apretar el botón para comenzar una nueva partida.

—¿Que no puedes hacerlo mañana?

Reo bajó la mano a su cintura.

—No. Mañana me obligarás a practicar.

Nagi giró su cabeza unos centímetros para mirar a Reo; ya tenía esa sonrisa gigante en su rostro.

—¡Así que no lo olvidaste, Nagi! —Reo rio ligeramente—. Está bien. Quedémonos hasta que ganes.

—Sí.

Nagi volvió a enfocarse en la pantalla. Definitivamente iba a lograr superar al jugador misterioso "JAJA". Sus dedos se acomodaron sobre los botones, ya era hora de tomar su primer puesto.

* * *

Reo llevaba estirando sus brazos desde hace un rato, la práctica finalmente había terminado y el sol empezaba a ocultarse. Nagi estaba recostado sobre el césped frío del campo de fútbol de su preparatoria, inmóvil, con los ojos entrecerrados.

Estoy cansado, quiero irme a casa. La tarde anterior le tomó varias partidas más para lograr empatar con "JAJA", pero tarde o temprano, tendría que regresar para batir el récord.

Cuando Reo se acercó a él, Nagi alzó los brazos.

—Reo. Llévame de caballito, tengo flojera.

—Bien, bien.

Reo bajó una rodilla sobre el suelo, esperando a que Nagi se montara sobre su espalda.

—No te acostumbres a esto, ¿eh, Nagi?

—Ajá...

Nagi se recargó sobre Reo, mientras este se levantaba y comenzaba a caminar. Su espalda era cómoda. Él siempre le decía que se esforzara, pero al final, terminaba ayudándolo en lo que pidiera.

Reo es muy amable. Si sigo con él, podría conseguirme un trabajo en la empresa, ganaría bien, ¿no? Voy a pedirle que me deje trabajar cinco horas al día y voy a jugar todo el día.

Reo giró un poco la cabeza. Nagi no alcanzaba a ver su cara, pero podía sentir que lo estaba observando.

—¿Qué piensas, Nagi?.

—No quiero trabajar tanto.

—¿Eh? —La voz de Reo bajó un tono.

—En tu empresa deben ganar bien, Reo.

Reo no respondió de inmediato y volvió a mirar al frente; su voz se endureció.

—No es mi empresa, es de mi padre.

—Pero eres el heredero.

—Solo quieres flojear, ¿verdad, Nagi? —El tono tenso desapareció. Y aunque no veía su rostro, sabía que estaba sonriendo—. Pero no te dejaré. Vamos a ganar las nacionales. ¿Ya olvidaste que un jugador profesional también gana bastante?

—Es mucho esfuerzo... —Se quejó Nagi—. La empresa sería más fácil y no me movería tanto...

—Qué flojo.

Reo volvió a girarse para verlo, mostrando esa sonrisa enorme de siempre.

—Pero lo prometiste, Nagi. Juntos hasta la Copa del Mundo.

Nagi soltó un suspiro, resignado, acomodándose mejor sobre la espalda de Reo.

—Ya qué.

* * *

Arriba, derecha, derecha, izquierda, de nuevo arriba. Nagi estaba de vuelta en el salón de juegos, fijando su vista en la pantalla de siempre, el salón de juegos de siempre, los chicos molestos de al lado como siempre. Las luces, las máquinas... todo estaba igual, excepto que esta vez iba solo. Reo le había dicho que tenía algo que hacer; su padre lo había llamado.

Un Game over parpadeó en la pantalla por séptima vez. El usuario misterioso "JAJA" seguía superándolo. Nagi apretó la mandíbula.

—Una vez más...

Hundió el botón con un golpe seco para comenzar el juego.

Tenía que romper el récord o el jugador misterioso seguiría superándolo una y otra vez.

Si sigo así, voy a venir más días... eso sería un fastidio. Debe haber una forma de tener una puntuación tan alta que sea imposible de superar.

Nagi concentró su mirada en el videojuego, deslizando sus dedos con más fuerza de la habitual.

* * *

Después de varios intentos, logró superarlo... pero solo por poco. Nagi puso su nombre sin apartar la mirada del marcador. No es suficiente. Fijó su mirada en la pantalla por un rato, perdiéndose en sus pensamientos.

Este jugador estaba siendo un problema. Es muy bueno. ¿Es un mago? ¿Por qué siempre tiene la puntuación más alta?

Nagi suspiró, se dejó caer en una silla cercana y miró al techo. Si Reo estuviera aquí... Se sentía raro estar solo sin él. Ahora tenía que regresar a casa por sí mismo. Sin Reo y sin limusina. Qué fastidio...

Nagi se levantó del asiento con pesadez. Caminó hacia la salida arrastrando los pies, pero se detuvo en seco al oír una voz a sus espaldas.

—Nada mal, pero voy a ganar.

Giró la cabeza para verlo de reojo.

Una persona estaba en la máquina que acababa de usar Nagi, sus dedos se movían con rapidez. ¿Es el jugador misterioso?

Sus ojos se abrieron un poco más de lo normal y dio un paso firme hacia adelante.

Pero se detuvo al instante. Si me acerco, voy a tener que hablar y eso tomaría mucho tiempo. Soltó un largo suspiro.

Bah, qué fastidio.

Se dio la vuelta y salió del lugar a paso lento.

Mejor me voy a casa, tengo sueño.

Cruzó la puerta del local con un bostezo corto. El sol se estaba ocultando y solo podía pensar en la comodidad de su cama y la molestia de tener que caminar a la estación.

* * *

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