--Oye tú, ¿qué haces con él?-- decía Lucía a la chica
--Ah, eres la dichosa noviecita-- dijo la chica
Lucía estaba a punto de hablar, pero --No, no es mi novia-- yo la interrumpí.
--Entonces, te doy mi número y hablamos luego, ¿te parece bien?
Lucía, con gran rapidez, se puso como un muro frente a mí. Un muro muy pequeño, porque ella medía 1.60 cuando yo medía 1.68. A pesar de querer intentar taparme con el movimiento de sus manos, no podía evitar el resultado tan penoso que daba. Lo único que la ayudaba era lo ancho de su falda.
La otra chica se quedó pensativa, riéndose un poco. --¿De qué te ríes? maldita pe-- Antes de que Lucía termine de hablar, agarré su mano y la jalé con fuerza.
--Eh, espera Gero-- Lucía decía mientras yo la arrastraba casi como un lastre --Espera, Gero, esto es muy vergonzoso-- intentaba quitar mi mano, pero mi agarre aumentó más --Pero... aún no he terminado con ella...-- Su voz se agudizó con cada segundo que pasaba.
(Nota del autor: Ya vamos por el cap 7, no pensaba que iba a llegar hasta este punto)
Y... pasé un largo tiempo arrastrándola contra su voluntad. --Gero... ya me puedes soltar. Las personas nos están mirando...-- Ya pasamos como una cuadra, así que la solté.
Al instante de soltarla: --¡Oye, Gero! ¿Por qué me haces esto?-- me reprochó y empezó a pegar mi pecho increíblemente rápido, pero --¡Eres de lo peor!-- a pesar de ello, sus golpes son muy débiles.
Ya estaba cansado de siquiera quejarme de ella, así que simplemente di media vuelta y caminé poniendo mis manos en los bolsillos.
Lucía se quedó quieta como por 5 segundos, pero era suficiente como para estar cerca de cruzar la calle por mi cuenta. --¡Espera, Gero, aún no termino contigo!-- Ella fue corriendo hacia mí. No la vi, pero la escuchaba riéndose atrás mío. --Gero, es de mala educación dejar atrás a una chica-- avanzó más mientras esperaba cómo la veía.
¿Por qué haces tanto escándalo? Solo sígueme el paso...
Pero, por alguna razón, esperando la luz verde para pasar, sentí un pequeño escalofrío. --Es mejor...-- Lucía pasó al frente mío. Ella giró rápidamente cuando estaba a poco menos de un metro delante mío. Se inclinó hacia mí poniendo sus manos atrás suyos --Que la reina vaya al frente--
El sonido del motor...
La sombra del coche...
El reflejo en el suelo...
Parpadeé por menos de un segundo y ella desapareció. Mis oídos zumbaban y, a cambio, vi solo un coche. No podía verla bien; ella estaba en el suelo.
--Lu-¿Lucía?-- mi voz quebrada no pudo hacer nada. Mis piernas ni se pudieron mover a tiempo. --Vamos, Lucía, levántate-- Me arrodillé, aunque me quemaran las piernas. Fui a recoger a Lucía del suelo, intentando mover su cara manchada, pero --Lucía... ¡por favor, despierta!--, mientras abrazaba su cuerpo cada vez más frío incluso con el calor, de nuevo recuerdo esa impotencia de ese día.
Lucía había muerto.
Al menos eso era lo que dijo mi cabeza si es que no actuaba ahora. Hace un buen tiempo escuché sobre algo moviéndose a alta velocidad (al menos 2 segundos). --Es mejor que las reinas vayan al frente, ¿no cr-- por instinto agarré el brazo de Lucía y la jalé hacia mí con toda la rapidez del mundo, casi por miedo a un futuro que me imaginé solo.
Ella gimió cuando la abracé con fuerza mientras la alejé de la pista. --¿Pero qué haces?-- decía ella ruborizada. Pero al instante que terminó de hablar, se escuchó un fuerte impacto.
Abrí mis ojos con sorpresa intentando aguantar mi asombro. Se habían chocado dos coches; uno se había cruzado en falta y con fuerza.
Lucía y yo miramos cómo el hombre que aceleró rápido tenía su cabeza destrozada, derramando sangre, mientras que del otro coche salió un hombre gateando. --¡Mis piernas! ¡No las siento! ¡Ayuda, por favor!-- No pude evitar querer ir hacia él. Estaba a punto de ir, pero Lucía me abrazó al instante, manchando mi camisa con sus lágrimas al ver cómo pudo haber terminado todo. Me quise zafar de su agarre, pero al final un gran público vino por ellos e intentaron ayudarlo.
Ya no era necesario estar ahí, al menos ellos lo ayudarán más que yo, pero ella es muy descuidada. --Lo siento, Gero-- aunque sus chillidos le hicieron reflexionar.
La acaricié la cabeza. --Sigamos caminando-- Ella se secó las lágrimas con sus mangas, asintió con la cabeza, pero en ningún momento soltó mi mano.
Para ser sincero, cruzamos muy lento la pista. Esperaba que ella me siguiera el ritmo. Posiblemente haya sido la primera muerte que haya visto.
Cruzamos una cuadra más juntos, pero desde aquello ni ella ni yo nos atrevimos a hablar.
--Gracias, Gero-- ella fue la primera en romper el hielo --Me salvaste otra vez...-- decía mientras tenía una mirada perdida en cómo estábamos agarrados de la mano.
--Sí-- dije yo --al menos esta vez no tuve que ir al hospital por tu descuido-- decía mientras mis ojos miraban al frente del camino y sus alrededores. "Cualquier cosa fácilmente podría matarnos", al menos así pensé en ese momento.
--¿Te apetece si comemos algo?
--Está bien-- ella apretó mi mano con más fuerza mientras apoyaba su cuerpo en mi hombro. Por primera vez sentí los pechos de una mujer cerca mío y... ¡es muy incómodo!
Caminamos un buen rato hasta que llegamos a encontrar una cafetería.
--Oh... "Olores de Primavera"-- decía Lucía
--¿Primavera? Pero si ya empezamos el verano-- dije yo
Lucía se reía aún un poco inquieta --¡No! Ese es el nombre de la cafetería.
Ella me soltó lentamente para ver el interior.
--Guau, las plantas son bonitas-- se adentraba más al establecimiento para señalar los retoques de la pintura --¡Los dibujos de las paredes de agricultores son hermosos!--
--Pues, están muy bien hechas-- Me adentraba junto a ella a la cafetería con paredes rojizas. Aun así, ¿cómo puede sobrellevar tan rápido las situaciones?
Lucía no para de moverse y se va rápido chocándose un poco con las sillas. --¡Mira, Gero! ¡Croissants!--
Me acerco a ver los productos. No sé si tener ganas de comer después de lo que pasó.
Lucía pega toda su cara a la luna del gran mostrador. --Hay brownies... hay galletitas-- me acerco mucho más a ella para ver los precios. --¡Y hay pastel de gelatina!-- Ella se acercó tanto... casi de forma obsesiva, ya hasta suspirando del solo gusto de ver lo que podría escoger.
Pero... LOS PRECIOS. Lucía, ¿segura que no quieres comer las caramandungas del Plaza Vea?
--Todos se ven ricos-- decía Lucía con emoción, moviéndose de un lado a otro como si tuviera ganas de ir al baño. Pero pronto su cara cambió --Qué pena-- veía su bolso peludo (casi como lana de alpaca blanca) --Solo tengo para irme y venir...-- Ella se arregla el cabello moviendo sus caderas con inquietud --¿Podrías... comprarme uno?--
Lucía se acerca más hacia mí agarrándose de las manos. --Vamos, Gero. Porfi, porfi--
Suspiré un poco. --Está bien, vamos a sentarnos en algún sitio-- La agarré de la mano y fui con ella a un sillón rojo muy largo.
La camarera viene con lo que pedimos y lo deja en la mesa. Los ojos serios de Lucía cambiaron al ver el brownie, devorándolo lo más rápido posible.
--Lo siento, eres mi héroe-- decía con la boca llena.
--Además, si quisiera una novia cumpliría estas pautas.
--¿Pautas? No seas tan exigente.
--A ver si me acuerdo...-- saco mi teléfono y busco mis mensajes --Ya lo encontré-- Le muestro mi teléfono.
El teléfono dice: La chica ideal debe ser de piel blanca, altura entre 1.60 a 1.80, pechos copa C o D, que sea cariñosa, cabello largo y rizado, que sea inteligente (100 de IQ para más), directa cuando debe, ambiciosa, un buen gusto por la moda, fiel, sin antecedentes, que no haya ido a prisión, que sepa cocinar (obligatorio), que sea mujer, que no tenga tanta grasa en el cuerpo, extranjera (obligatorio). En caso de que sea adulta responsable: no tenga hijos de diferentes padres o que mínimo los padres le den su manutención.
--Gero ¡te he dicho que no seas exigente!-- decía Lucía mientras me agarraba de los hombros, moviéndome con desesperación.
--Es lo mínimo que debe de tener una mujer para mí-- Lucía me agitó más rápido que antes y siendo más dramática.
Lucía se aleja, dejándome de agitar. Aunque ya me dieron mareos por su chistesito.
--Pero Gero-- apoya sus brazos en la mesa --Si tú tuvieras a esa mujer enfrente-- se limpia las mejillas --¿tú qué ofrecerías?
Empiezo a tomar mi jugo.
--Es buena pregunta-- miro de reojo a Lucía --Mmm... déjame pensar...-- miro a Lucía, miro la comida y empiezo a reír --Eso es muy obvio, tonta-- miro fijamente con una sonrisa --Daría mi vida por ella.
--¿La vida? ¿No crees que eso es muy radi-- rápidamente a Lucía se le encendió una neurona y se tapó la boca de la impresión recordando.
Otra vez hice esa tontería del lado seductor sin querer. Mamá es una buena maestra.
Al final, le di mi croissant (la mitad, yo también quería probarlo). Al momento de irnos, pagué lo que gasté y eran... ¡¡¡51.20 SOLES!!!
Lucía y yo salimos, aunque se distanció un poco de mí. ¿Le habrá molestado algo? Ja, es tierna cuando ella es más tímida. Aunque... ese hombre del auto... Parecía ya estar muerto desde antes o al menos inconsciente. Creo que ya se devolvieron mis energías comiendo con Lucía.
Regresé a mi casa como a las 7:00 pm, no antes de embarcar a Lucía para que se vaya segura.
Los primeros que me saludaron al llegar a mi barrio fueron unos desconocidos que, supongo, serán conocidos de mi mamá.
Me ladraron los hermosos perros rabiosos de la calle. Al momento de casi abrir la puerta con mi llave, mi mamá la abre por dentro. Y me abrazó con fuerza y con sueño.
--Hijo, ¿y cómo te fue con la novia?-- me decía mientras me abría paso a la entrada.
--Que no es mi novia...-- Al momento de entrar, la casa estaba muy limpia.
--Bueno, tu NO novia ¿cómo te fue?-- sirve la cena de una vez, mientras se limpia las lagañas con las mangas de su pijama puesta.
--Digamos que... casi se muere-- Me siento al lado de la mesa.
--Ay, Dios santo ¿qué le hicieron a la niña?-- se acerca rápido hacia mí, mirando cada parte de mi cuerpo --No te has vuelto a arriesgar la vida por estupideces ¿verdad?
--No, mamá, he intentado dar la mejor solución para que saliera ilesa y yo también-- prendo la TV.
Me abraza.
--Menos mal, no quisiera perderte también-- empieza a sacar sus lágrimas, es molesto cuando lo hace... --Ahora tú eres todo lo que me queda y mi único motivo de existir.
--Mamá, no llores, por favor. Me contagias demasiado rápido.
"En últimas noticias, ¡insólito! Casi como obra de un juego macabro se tratase, en las calles se encontró la pierna de una mujer cortada hoy domingo a las 5 de la tarde en lo más bajo del Malecón Roca, Huacho. La pierna, a pesar de ser cortada, no tiene signos de hemorragia. De hecho, sus cortes son tan lisos y obsesivamente perfectos."
--Madre de Dios...-- expresó mi madre. Esa pierna me parece conocida --¿Cómo pueden existir personas así en este mundo?-- Pierna clara... Sus calcetas... --Espero que tu chica se cuide mucho en estos días-- son de una gótica.
--¿Qué carajos está pasando hoy?