Mi nombre es Natalik Charen. Jóven, Inexperta. La única idiota dispuesta a sacrificar su vida por su gobierno ambicioso de poder. Sólo espero poder sustentar a mi familia y lograr ser alguien en este mundo.
Planeta Zyrtha.
Respira hondo y todo estará bien, Charen...
Me hallaba dentro de una nave de transporte minera que partía desde la tierra hacia un nuevo planeta llamado Zyrtha. Tras completar mi curso intensivo de enfermería, pensé que sería la oportunidad perfecta para conseguir estabilidad y poder mantener a mi familia en Vladivostok.
Fui aceptada a pesar de mi poca experiencia en el tema. No era de sorprender, para la postulación no había mucha competencia, pues era bien sabido que Zyrtha era un planeta hostil no apto para la habitabilidad humana. Pero la humanidad cae bajo su propio ego.
En la nave no estaba sola; estaba acompañada de doce mineros que viajaban conmigo, algunos llenos de polvo, tan jóvenes que era increíble creer que eran adultos. Mientras que en la tierra para la alta sociedad, todo era democracia y prosperidad, para las demás clases así no era. El gobierno se pintaba como el más moral y apto para gobernar, el más justo para ajusticiar...
— ¡Estamos a punto de aterrizar, prepárense! —gritó uno de los mineros, por su uniforme distintivo, parecía ser el líder o guía de esta expedición.
Sus ojos grises denotaban cansancio, se notaba que no era la primera ni la última vez que decía esto. Me pregunto... ¿Por qué lo hace? Por vocación no creo que sea. Y por salario menos.
Llegamos a Zyrtha, un planeta helado, grande y tranquilo. Es conocido por sus temperaturas extremas incluso en tu temporada "veraniega". Han muerto un poco más de miles de personas tratando de establecer colonias aquí. Por suerte, se logró fundar una gran ciudad cerca de un géiser gigante, donde también se ubica la mina más grande del planeta.
Mina dedicada a un nuevo material; Crisálida. Un material duro y poroso, recientemente descubierto y altamente costoso por sus excelentes propiedades en generación de energía infinita. La compañía por la que trabajo ordenó a la gran coalición traer urgentemente mineros y enfermeros por la "alta demanda" que esto suponía.... Ehm... La realidad es otra. La tasa de accidentes en esta mina es tan alta, que al mes ya hay otra expedición reemplazando la anterior.
Al aterrizar, nos encontrábamos enfrente de una gran muralla, arriba estaba la cúpula que mantenía este lugar caliente y una gran puerta que se destaca. "Ciudad de Tyr". Se visualizaba en el gran cartel encima de la puerta.
Bajamos de la nave, pasando por debajo del gran cartel. Sentí como se me revolvía el estómago, quizás como última advertencia de lo que vendría. El minero guía nos movilizaba tal cual ganado a su rancho. No lo culpo, para eso le pagan.
Nos detuvimos frente a una plaza; poseía una gran estatua del primer presidente de la coalición, a sus costados unas fuentes con jardines.
— Bien chicos, soy su minero guía. Mi nombre es irrelevante ahora mismo. Como bien saben, están en una de las zonas más nuevas de la coalición... Espero lo mejor de ustedes y obtendrán lo mejor de mí. Por favor, si tienen alguna duda, no me la hagan saber. —dijo el minero guía encima de una pequeña plataforma frente a la plaza. Se le veía agotado, su cara demostraba pesadez y cansancio. A pesar de que pudiéramos tener la misma edad.
Los mineros tenían prohibido hablar entre sí, en su lugar ellos estaban dispersos por el área, cada uno por su lado. Luego nos guiaron hasta el centro de la ciudad, donde un gran edificio con un gran logo holográfico surgía.
"Zyrthanian Industries: Donde la seguridad es lo primero".
El edificio estaba muy bien organizado y aparentemente no les importaba que un grupo de mineros estuvieran ensuciando sus sofisticadas alfombras. El grupo siguió avanzando a la siguiente sala, pero yo sólo me enfoqué en una cosa. Una bella flor al centro de una mesa... Una margarita.
Un minero se me acerca y comienza a platicar conmigo:
— Uh, hola. Tú debes ser la nueva enfermera. —dijo de forma agradable, era el guía que viajó con nosotros.
— Sí, lo soy. Estoy emocionada por ayudar, sólo admiraba la belleza de esta flor. —respondí al guía.
Él me mira y sonríe ligeramente, me dice: — La flor es sintética.
Mi cara cambió al oír eso, traté de demostrar que sí lo sabía. Él comenzó a guiarme por las instalaciones y al final me llevó a dónde sería mi habitación.
Si bien la habitación no era lo más cómodo, era lo suficientemente modesto como para acostumbrarse. Caí cansada en mi cama después de ese maldito viaje interestelar hacia este nuevo hogar. Sólo podía pensar en todo lo que dejé atrás; Vladivostok, mi familia, mi hogar.
Apagué las luces y me fui a dormir.
Al día siguiente noté que habían colocado un par de objetos y fui a ver; el desayuno, uniforme y un botiquín. También había una pequeña tarjeta:
"ZYRTHANIAN INDUSTRIES
Estimada empleada,
Nos alegra saber de su llegada al planeta de Zyrtha. Es un planeta rico en minerales y que a su vez, se ha constatado que es muy necesario contratar todo tipo de personal esencial como: enfermeros, guardias de seguridad, analistas y un largo etcétera.
A partir de hoy comienza a trabajar a mediodía.
Esperamos que su estadía haya sido cómoda,
—Ejecutivos de Zyrthanian Industries."
Me preparé lo más rápido posible para iniciar a trabajar. Observé el uniforme de enfermera con detenimiento: tenía el logo principal de la empresa e increíblemente, estaba hecho de buena calidad. Espero tener un buen comienzo y poder ayudar a mi familia con este empleo.
Salí de mi habitación hacia la entrada del complejo a esperar algún tipo de transporte para ir a la mina.
Cuando un auto se acerca a alta velocidad hacia la entrada: auto negro, con las gomas desgastadas por la nieve que nunca se acaba.
— Eh, ¡por aquí niña! —dice una señora con el cabello canoso y un elegante uniforme; estaba sonriente y acompañada de tres personas más.
Me acerqué.
— ¿Este es mi transporte? —miré dudosa.
— Acertaste. Súbete o llegaremos tarde.
Subí al automóvil y la señora canosa pisa el acelerador a fondo. Sólo se podía ver las marcas dejadas en el asfalto.
— Eres Natalik Charen, ¿verdad? —pregunta de manera curiosa la señora.
— Sí, recién llegué ayer al planeta.
— Entiendo. Soy Fedra Garknam, una astrofísica con más de mil años de edad —dice la señora, mirando por el espejo retrovisor, luego al camino.
— ¿Mil años? Impresionante... ¿Pero cómo...
— ...Lo logré? Criogenización, niña. Fui una de las primeras personas en despertar de ese largo sueño. Por suerte la guerra no afectó ese largo letargo. Resulta que para la Coalición tengo un conocimiento imprescindible para este tipo de expediciones y algunos otros proyectos más. —interrumpió Frieda.
Fedra señala hacia atrás, justo donde están las tres personas, inmersos en sus aparatos electrónicos y sin mucho interés de conversar.
— Ellos son Nathaniel, Felix y Nadia. Son conocidos y compañeros con los que trabajé aquí en Z.I. —añadió Fedra.
Fedra parecía la única simpática hasta el momento. Me gustaba su uniforme; azul oscuro y tenía varias medallas y distinciones. Seguramente sería interesantísimo tener una conversación profunda con ella.
Tras varias horas, el camino llega a su fin cuando salimos de la ciudad y nos adentramos en los comienzos de las altas montañas de Zyrtha. La mayoría cubierta de una densa nieve, poco después de avanzar, se podía ver los yacimientos de Crisálida.
— Es hermoso. —comenté.
Fedra detiene el automóvil en la entrada de la mina de Crisálida.
— Aquí bajas, niña.
— ¿No vienen? —pregunté.
— Tenemos que ir a otra zona del yacimiento. Quizás nos encontremos luego. —dice Fedra mirando atrás y dejando caer su mano por la ventanilla del conductor.
Fedra arranca rápidamente hacia el horizonte. Era muy buena persona. Entré por la entrada de las minas de Zyrthanian Industries, llena de grandes cuevas y túneles súper oscuros que nos llevan a varios lugares del planeta. Resulta imposible no salir lastimado en un campo de guerra como este.
Con razón las cinco enfermeras en las que pedí consejos acerca de ir o no ir, me dijeron que pasaría un infierno.
"¿Estás loca? Tuve una prima allí. Quedó parapléjica de por vida."
"Estuve con un minero de allí. Las cantidades de compañeros muertos que sacaban... Era inimaginable..."
Luego todo se volvió monótono. Una rutina que no salía de las tres básicas: trabajar, comer, dormir. ¿Qué vida de ensueño no? Quién lo diría...
Pasé mis últimos dos años de vida en ese maldito lugar. Conviviendo con todos, no teníamos alternativa. Debíamos ser amables forzosamente o destruirnos los unos a los otros.
Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que vi a Fedra. Espero y se encuentre bien.
Me dirigí a mi trabajo como todos los días, ya le había agarrado cariño a todos realmente. Conocí a muchos mineros buenos: George, Jhan y Daniel son tres de ellos, personas nobles y de buen corazón.
Nos encomendaron la misión de viajar hacia otro planeta descubierto: Redia. Resulta que Fedra había descubierto el mayor yacimiento de Crisálida hasta el momento y era necesario, al menos, realizar una expedición rápida para determinar e investigar qué tan rentable era.
Escuché que en base a sus cálculos y un extenso escaneo del nuevo planeta, este podría ser el yacimiento definitivo.
Lamentablemente, el día no cooperaba. Bastante horrible y caluroso. Los mineros se habían adentrado a las minas hacía ya unas horas. Mientras que yo, estaba sola esperando en la enfermería.
Hasta que vi por la ventana una gran multitud de personas paradas en una de las entradas a las cuevas mineras. Por supuesto, supuse que era un accidente grave; tomé mi botiquín y demás herramientas, lista para lo que se pusiera delante mío.
Menos esto.
Daniel y yo habíamos convivido por bastante tiempo. Era un ser impresionante y me sorprendía su capacidad para convencer a las personas. Pero esto me destrozó.
Daniel había colisionado de alguna manera con partes sensibles de la cueva minera, lo que significó el derrumbe de la misma. Por suerte, él y otros mineros estaban con vida. Los mineros se organizaron entre todos para poder sacarlos, pudieron lograr excavar y extraerlos tras cuatro arduas horas de trabajo.
Resulta que el arnés de Daniel se había roto, de lo tan antiguo que era. No podíamos demandar a Zyrthanian Industries debido al contrato que se había firmado; desligando completamente a la empresa de hacerse responsable e incluso Z.I. no pagaba el seguro de sus mineros.
Daniel, junto con otro minero, fueron dirigidos hacia la enfermería para poder ser atendidos con rigurosidad. Daniel tenía sus costillas destrozadas, rasguños por todas partes y hematomas por toda su cara... E incluso algunos dientes rotos, de todo.
Al contrario de su compañero, pues Daniel había recibido casi todo el gran impacto, estaba muy segura que por dentro sus huesos estaban hechos polvo. Me quedé todo el día cuidando de ellos y para liberar tensión decidí hacer algunos chistes y conversar.
— Dime, Daniel... ¿Tienes familia? —pregunté mientras me sentaba en una mesa alrededor de sus camillas.
— Sólo tengo una pequeña hija, Elidya. Es lo único que me queda y le apasiona investigar y descubrir lo desconocido. —daniel sonríe y saca una foto de ella. Se muestra feliz, pero comienza a llorar.
Daniel me da la foto en la mano y cierra mi mano. Yo comencé a verlo, ¿cómo no voy a sentir pena y lástima porque una pequeña no está con el ser que más le adora? obviamente me sentí identificada.
— Si no logro sobrevivir, dile que su padre está en un viaje de negocios. No quiero que mi hija se entere de mi horrible muerte. —él estaba adolorido pero aún tenía buenas posibilidades de sobrevivir.
— Pero... ¿Por qué dices eso? Tienes altas chances de sobrevivir, sólo fue un accidente común y corriente.
— Natalik... Lo que ví allí... Lo que presencié, sentí... NO lo viste, mi cuerpo se estremece y sabe que viene algo grande. Yo espero estar equivocado pero sé que no sobreviviré.
Se me hizo un nudo en la garganta... No sabía ni qué responder. Tomé la foto y me alejé rápidamente. Di la espalda hacia un espejo cercano y me miré.
El otro minero permanecía en coma. Sufrió un trauma craneal que lo dejó noqueado sin un tiempo definido. En esta enfermería no tengo todas las herramientas adecuadas.
Todo indicaba que nos quedaríamos aquí un buen rato. Zyrthanian aún no había enviado ningún tipo de nave para sacarnos de aquí y llevar a los mineros a un hospital en Zyrtha.
— Natalik... —Daniel agarró mi mano mientras me hablaba, me apretó bien fuerte. Realmente no quería que muriera.
— Aguanta... Daniel... La ayuda ya está en camino.
— S-SaBess mMuy... BBien que n-nooO es ciertto.
Enseguida, el monitor indicaba que Daniel está agonizando. Tomé mis herramientas y comencé a trabajar.
Me quedé por más de treinta minutos, reanimando a Daniel. No podía dejar a esa pobre niña sin su padre, no puedo permitir irse en este momento. No ahora.
Los mineros tuvieron que sacarme de encima del cadáver. Sólo me quedaba llorar encima de él... Lloré desconsoladamente. No podía creer que permití que se fuera sin despedir a su hija. Uno de los mineros lo cubrió con una manta y desconectaron el monitor. Me mantuvieron fuera por varias horas para evitar mi colapso.
Ya no podíamos esperar más, yo con algunos colegas improvisamos una sala de operaciones con voluntarios de otras minas cercanas. No podía participar, estaba muy afectada por lo que había pasado... Una pobre niña de siete años se había quedado sin padre y tengo su único recuerdo. Debo llegar a ella.
Pasaron horas y observé por la ventana para ver cómo iban. El minero tenía el pecho abierto y sus costillas bien jodidas, era muy difícil que sobreviviera.
De repente, los cirujanos y voluntarios de la improvisada sala de operaciones comenzaron a tambalear. Ellos no parecían bien e incluso parecían estar pálidos. Luego, los cirujanos desarrollaron cólicos y vómitos sin parar. Esto no era normal. Era probable que en esas minas halla otra cosa aparte del Crisálida. Corrí y cerré rápidamente la puerta
Los mineros llegaron a ver qué ocurría.
— ¡¡NO ABRAN ESA PUERTA!! —grité con fuerza.
Estábamos bajo cuarentena por una presunta enfermedad desconocida. Pero varios mineros cayeron al piso con síntomas similares, no tuve más remedio que socorrerlos.
Durante ya pasadas treinta y seis horas, rodeada de enfermos, Zyrthanian Industries envía ayuda. Pero era tarde; la mitad del equipo expedicionario había muerto y el restante sólo debían esperar su muerte. Creo que entré en un trance mental que no pude salir después.
No podía hacer nada. Yo sólo miré la foto de Daniel con su hija, en medio de los infectados.
Mientras que yo... Caí al suelo, sólo podía ver borroso y trataba de mantenerme consciente. Sin embargo, me era imposible. Los tripulantes de la nave se acercaron y me sacaron, pero estaba infectada.
— Está despertando déjenla respirar.
Me levanté desorientada... Sólo pensaba en la expedición y que NECESITABA ayudarlos. Un científico se sentó frente a mí, tenía unos documentos en sus manos.
Después comencé a vomitar sangre negra y algunas de mis venas se tornaban negras. Me miré las manos... Parecía como si estuviera dejando de vivir. El científico me miró y dijo:
— Buenos días, Charen. Soy Tor Mendler. Ésto puede ser muy complicado de procesar... Pero... Todos los miembros de tú expedición... Murieron. Excepto tú.
Ojea sus documentos en busca de más datos...
— Entiendo tu reacción. Pero no todo está perdido. Tu cuerpo increíblemente encontró la manera de poder repeler o... Mejor dicho... Inmunizar el hongo.
— ¿Hongo? Ehmm... ¿Pero, no es un virus?
— No, Charen. Lo que pasó en Redia no ocurrió por un virus, sino por un hongo que convive con el Crisálida descubierto en los yacimientos recientes.
— ¿Dónde estoy?
— Lamentablemente esa información está clasificada. Estarás aquí hasta poder determinar que no eres un peligro para la humanidad y para buscar una forma de destruir este hongo.
— ¿Me encerrarán aquí para siempre?
— Serás criogenizada. Te aseguro que cuidaremos de ti perfectamente.
Me levanté y corrí. Sin embargo unos guardias me capturaron y me colocaron en una cápsula de criosueño.
— ¡¡¡Por favor, no!!! ¡¡¡Tengo una familia que mantener!!!
— Lo siento, Charen.
La última cara de visualicé fue la de Tor Mendler. Si vuelvo a despertar, lo mataré.
...
— ¡Bienvenidos a Talk Show with Benedith Awnson! Estamos aquí con el presidente de La Gran Coalición, Lyrik Paglan.
— Un placer estar con ustedes y contigo, Ben.
— Igualmente. Bien, la noticia principal de seguro ya debes saber cuál es. El incidente ocurrido en Redia la semana pasada, estoy seguro, que yo como la audiencia tiene una consternación constante y busca una respuesta sobre lo sucedido.
— Entiendo la preocupación de nuestros ciudadanos. Sin embargo, les quiero anunciar que no hay peligro alguno acerca de lo sucedido en Redia. Lamentablemente, perdimos un equipo de exploración en los yacimientos de Crisélida... Estoy informado de que no hubo sobrevivientes.
— Agradezco aclararnos las dudas, Lyrik. Pero Zyrtha y ahora Redia se caracterizan por no cuidar a los increíbles mineros que desempeñan una ardua labor y mantienen esta hermosa nación... Es algo que realmente nos disgusta.
— Y lo comparto, Benedith. Pero puedes estar seguro tú, como tu público que tanto Zyrtha como Redia son sitios seguros. Hemos reestructurado Zyrthanian Industries para demostrar una mayor transparencia y amor hacia los empleados desde el incidente ocurrido. Notificamos a las familias y les cubrimos en cuanto a necesidades básicas se trata. Repito nuevamente, no hay nada de qué preocuparse.
— Eres un buen hombre, Lyrik. ¡Lyrik Paglan, audiencia!
La audiencia aplaude fuertemente.
...
Tras terminar mis estudios en la Universidad Planetaria de Europa, Facultad de Ciencias Económicas. Decidí elaborar un futuro proyecto mío, inicié con los planos de lo que sería la nave colonial más grande jamás creada. "Proyecto Terra".
Me llamo Karl Patterson. Futuro creador de la nave más grande de la humanidad.
3 años después, tras estar buscando una manera de sobrevivir día a día... Gané un concurso organizado por el magnate italiano Giorgi.
— Es un placer conocerlo, señor Giorgi Raineri. Es un placer para mí tener el privilegio de ganar su prestigioso concurso. Le aseguro que estoy súper emocionado por empezar. —comenté levantando mi mano en señal de un apretón de manos.
Giorgi responde al apretón.
— El placer es mío, Karl. Estoy seguro que este proyecto ambicioso será exitoso con tu ayuda. Por favor sígueme por las instalaciones.
Seguí al señor Giorgi por las instalaciones privadas de lo que sería la mayor nave de la historia humana. No podía creer lo que estaba logrando hacer. Conectar dos sistemas interestelares en el menor tiempo posible se vuelve cada vez más real.
— Este será el lugar principal del arca. —comenta Giorgi al atravesar una enorme sala. Sin dudas, me era imposible ver el final de la misma.
Quedé boquiabierto.
— Sí, lo sé. Muy impresionante. Te asigné un equipo cercano a ti para que dirijas a las demás personas.
— ¿Demás personas?
— Sí, las ocho mil personas que se unieron al proyecto.
— O-Ocho mil...
— Sí. Ya tu asistente está familiarizado y te dará más detalles al respecto.
Una chica saluda al terminar Giorgi de hablar.
— Seré tu asistente. Soy Sara —al terminar alza su brazo en señal de un apretón de manos amistoso.
Le correspondo.
— Bueno, jefe...
— Por favor, no, Sara. Dime Karl y está bien.
— Muy... Bien... Karl... Tenemos financiación para terminar el proyecto de cinco mil millones de créditos solares por parte del gobierno. Los enviarán de forma distribuida cada mes.
¿Cinco mil millones? Esto es algo que sin dudas no me esperaba. Y menos del gobierno.
Deberé prepararme para iniciar. Esto es algo que se debe lograr sí o sí y lo increíble es que soy quién estoy al mando.
Tras prepararme, inicié a dirigir "El Arca" del Proyecto Terra. En unos años logramos avanzar a tal nivel que logramos armar uno de los motores principales del Arca. Sin embargo hacía falta demasiado. Lamentablemente, durante ese tiempo ocurrieron varios acontecimientos que detuvieron por un tiempo el proyecto: el clima, los enigmas y principalmente... Bandidos.
Aún no habíamos logrado estabilizar la tierra a pesar de llevar tanto tiempo sin una gran guerra.
Tras un arduo día de trabajo en el proyecto, lo que parecía ser una noche tranquila, resultaba ser que de tranquila no iba a tener nada...
— Bueno Sara, recuerda decirle a Dr. Rodríguez acerca del ultra-procesador HMZ. Necesitamos actualizarlo lo más rápido posible.
— Entendido, Karl.
¡¡¡¡¡BRRRRRRRRRRRUMMMMMMMMMMM!!!!
Caí rápidamente al suelo. El techo aparentemente se había desplomado.
¡¡Corran!!... ¡Cuidado con ellos!... *DISPARO*
Me levanté y a pesar de mi contusión me dirigí hacia la habitación de Sara para asegurarme de que estuviera bien. Era el primer ataque de bandidos de este tipo. ¿Por qué niegan el progreso de la humanidad?
— ¿Sara? ¡¿Sara!?
Entré a su habitación enérgicamente y como pude en mi actual condición. Sólo había un rastro de sangre en su cama y un chorro que seguía por el pasillo. Decidí seguirlo. Con el pavor de que ella haya sido atrapada por los malditos bandidos de mierda. Algunos compañeros en el camino estaban heridos, pero no lo suficiente como para necesitar de mi ayuda.
— ¡¡¡SARAAAA!!!
Al entrar a la sala principal, lugar donde solíamos recibir visitantes y nuevos integrantes, noté a Sara hincada de frente hacia mí. La sala estaba totalmente destrozada; principalmente con el techo colapsado y los mobiliarios destrozados... Lamentablemente también había algunos cuerpos alrededor.
— Sara...
Al acercarme y antes de tocarla salen los bandidos escondidos desde los escombros.
— Un placer conocerlo finalmente querido Karl.
Alertado, tomé un tubo metálico, aparentemente de la tubería del techo.
— Por favor, no nos hagas daño. Sólo queremos realizar un avance bueno para la humanidad...
— ¡¿AVANCE?! —gritó desenfrenadamente. Chocó su puño con un escombro y logró romperlo.
— Llamas avance... Usar niños, mujeres... Ancianos indefensos... Para tu estúpido proyecto "bueno para la humanidad"... O mejor dicho... Bueno para la élite.
— No, para nada. Te aseguro que no estamos abusando ni haciendo trabajo forzado de ningún tipo amigo. No usamos niños, ni ancianos ni nada de eso.
De su bolsillo, saca un aparato electrónico de donde reproduce un video.
— Y esto... ¿Me lo imaginé? Esto sucedió fuera de estas instalaciones. Donde TÚ trabajas y vives. Donde TÚ no ves la realidad de los demás pocos afortunados.
— No... Eso no es posible...
— Eso dices tú. Pero tu perra e idiota asistente es la que ha estado manejando TODO ESO.
Señala de manera agresiva a Sara. Saca un arma de munición láser de su otro bolsillo.
— Sara... ¿Es... Cierto eso?
— No te va a responder. Ya no tiene con qué.
Sara al alzar su cara descubro que su lengua fue horriblemente cercenada violentamente. Me asqueé. Tenía esperanzas de que Sara me confirmara que es falso.
Ella asintió y comenzó a llorar desconsoladamente.
— No... —dije en voz baja.
— ¡¡¡ÉSTA PERRA NO TIENE DERECHO A SEGUIR VIVA!!
— ¡¡ESPERAA..!!
*DISPARO*
El cuerpo de Sara se desplomó. Todo lo vi como si fuera en cámara lenta. De haber sabido, nunca lo hubiera permitido...
— Es tu turno, Karl. Contribuiste con tu ignorancia. —dice el bandido para luego apuntarme.
Simplemente, cerré los ojos.
*DISPARO*
— ARGHH... Morirás, Karl... *DESPLOME*
Pero, pude abrirlos de nuevo. La Coalición pudo retomar el control de la zona. Creo... Que hubiera sido mejor que yo estuviera muerto.