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Una Loba en el Gremio Comercial, Parte 3

La Loba y El Maquinista · por Tália The Crimson Wolf · 19 de julio de 2026

La habitación contigua era muy diferente a lo que eran la recepción y la sala antes de las escaleras. Esta tenía un aire mucho más acogedor y calmado que las anteriores salas. Lo que más llamó mi atención fue la persona que estaba sentada en uno de los sillones: un lupino, también de pelaje negro, con lentes y con la pata toda vendada con vendas beige, escribiendo en un libro contable.

— ¡Lucius! ¿Qué te pasó en la pata? —le grité en tono amistoso mientras me acercaba.

— ¡Ah, Bullet! Pasa, pasa, siéntate ahí, por favor. Lo mismo puedo decir de tu cara. ¿Qué es esa cicatriz? —me ofreció asiento con un tono amable—. ¡Jimm, tráenos unas bebidas!

Mientras me iba acercando, observé la lujosa habitación.

Esta tenía unas cortinas rojas que cubrían casi todas las ventanas del sol de la mañana. Estaba amueblada en su mayoría con finos muebles de madera de ébano negra, extremadamente caros, demasiado para ser una simple sala para recibir gente. Además, destacaba la gran araña de cristal en el centro de la habitación, que reflejaba la luz del fuego de la chimenea situada detrás de Lucius. Y qué decir de la alfombra con grabados exóticos que cubría el piso.

Era una habitación digna de un rey.

— Bullet, siéntate, no te dejes intimidar por el lujo —dijo él al verme abrumado por la habitación.

— Bien, si tú lo dices... —me acerqué, lleno de dudas, sentándome en un sillón frente a Lucius.

Mientras tanto, Jimm estaba buscando algo en un armario cercano.

— Así que dime, Lucius, ¿Cómo terminaron en este lugar? Los dejo en la estación un día, y luego me tienes sentado en un sillón de piel frente a una chimenea. Eso no es normal —intenté relajar mi rostro, luciendo más confiado, sin embargo, todo el lujo a nuestro alrededor me impedía estarlo por completo.

— Y que lo digas, Bullet. ¡Ni yo me lo creo ahora mismo! Luego de que nos dejaste en la estación estuvimos buscando trabajo y, bueno... Como podrás ver, sí que lo encontramos —mencionó en tono sarcástico—. Trabajo y rodeados de todos estos lujos. Aunque, como podrás adivinar, esto no es nuestro...

No hacía falta que aclarara lo último; me quedó claro desde que entré. Me sentía extraño allí, como si no debiera estar allí. Todos estos lujos y comodidades me resultaban ajenas, incluso el cómodo sillón en el que estaba sentado no me dejaba tranquilo.

— Lucius, vayamos al punto —lo presioné, forzando el cambio de tema—. ¿Qué necesitas de mí que tienes que enviar un mensaje por radio? Sabes que ese no es el procedimiento "normal". —No quería dar vueltas hoy.

— Porque es algo no oficial, "no normal". Y como sé que quieres ir al grano, no habrá rodeos —tomó un poco de aire y prosiguió—. La Jefa del Gremio de Comercio se fijó en ti. Quiere que hagas un par de envíos, nada muy complicado —agregó mientras que, con pulso calmado, comenzaba a escribir en un libro contable.

No sabría si sentirme halagado por ello. Que te digan que tu jefe, y no cualquier jefe, sino el jefazo de todos, se fija en ti, no sé si es muy alentador siquiera. Pero me resultaba raro que me ofrecieran trabajo. No estoy acostumbrado a ese procedimiento. Acostumbro a ir al gremio o a la estación y tomar los contratos que me ofrezcan las recepcionistas. Nunca esperaría que me contactara la Jefa del Gremio de Comercio.

— ¿Y por qué la Jefa me está ofreciendo estas cosas? Y, mismamente, ¿por qué ella quiere que lo haga yo? —le cuestioné, escudriñando ambos ojos en señal de preocupación. Siempre preferí que todo fuera simple.

— Nos enteramos de esa "disputa" que tuviste en la estación de paso —me miró por encima de sus lentes mientras no dejaba de escribir en el libro—. Gracias a eso, la Jefa misma iba a suspenderte del servicio por un tiempo. Incluso llegó a revisar tu historial para ver si era o no coherente suspenderte —De repente cerró con fuerza su libro y me miró directamente. Sus ojos abiertos, casi saltones mientras me señalaba—. Y ahí fue que vio algo. ¿Qué? No sé, pero casi al instante me pidió que te citara aquí.

Cada palabra que decía Lucius, iba acompañada de un ceremonial movimiento de manos. Me resultaba tan extraño como cómico. No podía dejar de mirar sus manos, tuve que forzarme a dejar de hacerlo.

— ¿Y por qué no está ella aquí? —pregunté, observando por encima de mi hombro que éramos solo nosotros dos en la habitación; Jimm había salido—. Pensaría que, si te cita alguien del calibre de ella, estaría ahí para darte la bienvenida al menos...

— Te ofrezco una disculpa de su parte —ofreció, inclinando apenas su cabeza, chocando su hocico contra el libro en sus manos—. Surgieron problemas en Asgard y tuvo que salir de apuro ayer en la noche. Asumo que entiendes eso. Este negocio siempre requiere de reuniones... —suspiró—. En fin, sé que no te gusta dar muchas vueltas, así que permíteme que te muestre las peticiones a llevar —Rápidamente sacó varias hojas con cosas adheridas a ellas desde debajo de la mesa—. Bien, estas son las peticiones. Léelas y dime qué te parecen.

Me resultaba muy raro que hubieran tenido que ir a Asgard los padres de Tália y ahora la Jefa. No hay conexión aparente, pero es raro simplemente...

Asentí con la cabeza, fingiendo algo de solemnidad y agarré las hojas para leerlas. Una vez que las tuve, comencé a deslizar mi vista por cada una. El papel era fino y suave al tacto, de la mejor calidad, esperable del Gremio. 

La mayoría de las peticiones seguían el formato promedio para los encargos del Gremio: una hoja con información y un pequeño mapa que indicaba la ruta a seguir. En eso consistían comúnmente. Pero hubo una que tenía más que una hoja; era una especie de carpeta rígida con el emblema del Ejército del "Norte", tres cabezas de lobos juntas con unas montañas detrás, todo dentro de un círculo con la palabra "ERENOR", nomenclatura del Ejército de las Regiones del Norte.

Una vez la abrí, saqué varias hojas y mapas de rutas.

— Esta petición es demasiado "especial", ¿no? —pregunté mientras miraba curioso la cantidad de información que había en ella.

Tenía de todo: desde la información de la carga, las posibles rutas a tomar, varias imágenes de los vagones y sus modelos, información extra sin relevancia, y un sello del Comandante en Jefe del Ejército de las Regiones del Norte.

Me llamaba bastante la atención el sello; no es común que los ejércitos en general hagan peticiones de transporte al Gremio, pero siempre hay excepciones a la regla...

— Así que dime, Lucius, lo que quiere que transporte la Jefa es esta petición del ejército, ¿no es así? —asumí mientras dejaba sin mucha delicadeza la carpeta sobre la mesa.

Lucius, aún con su libro en la mano, asintió cortésmente y lo dejó al igual que yo, sobre la mesa, para luego ajustarse con cuidado sus lentes con uno de sus peludos dedos. Un lupino con lentes... me era tan extraño... Cuando lo conocí, siquiera usaba lentes; vestía harapos y nada de "finas telas" como ahora.

— Asertivo como siempre, Bullet —pausó un poco su tono para recuperar la seriedad tras sonreír apenas y continuó—. Correcto, ella quiere que aceptes esa petición en concreto. Si te soy sincero, no sé qué habrá visto ella en tu historial de servicio para que te pida a ti en concreto. Igual estoy orgulloso de que un amigo mío sea pedido por ella. Llamar su atención es... "difícil", más de esta forma...

— Gracias, supongo. Agradezco tu apoyo —comenté sarcásticamente—. Hay una o dos cosas en mi historial por las que creo que me pudo haber pedido a mí, pero no estoy seguro. Si te interesa, puedes averiguarlas —le ofrecí mientras me tiraba hacia atrás y me recostaba en el sillón.

— Jaja... No hace falta —suspiró profusamente, como si aceptara algo—. Si ella te eligió habrá sido por algo. Algo habrá ahí. Además, tu historial está bastante "oculto" y restringido, así que no creo que yo, "un mero subordinado", pueda acceder a él.

— Eso es nuevo... —murmuré, sorprendido, acercándome curioso a la mesa nuevamente—. ¿Cómo que oculto y restringido?

— Lo que oíste. Cuando fui a llevárselo a la Jefa, tuvo que autorizar que se sacara tu "expediente" de la parte más recóndita de los archivos y de ahí verlo, para luego ser devuelto nuevamente a los archivos del Gremio —me miró como si sospechara algo, pero no se atrevía a preguntar. Parecía querer que se lo digiera yo.

Realmente no estaba escondiendo nada. No soy muy especial en ese aspecto. Tengo cierto pasado, pero nada muy raro: huérfano de la Guerra Continental como muchos y criado por alguien que no era mi familia de sangre, como muchos otros. Aunque sí hubo algo que prácticamente nadie puede decir, y es que sobreviví al ataque de un Gran Colmillo. Algo que, si bien se puede contar con orgullo, no lo es tanto para mí... perdí a aquel que me cuidó después de perder a mis padres y me enseñó todo lo que sé hoy en día... Sobreviví a costa de su vida...

A pesar de sobrevivir, me siento culpable por ello. Estoy vivo, sí, ¿pero a qué costo? Estoy solo de nuevo, como al inicio de la guerra...

Por desgracia, ese incidente tuvo que ser "ocultado". No es bueno que se sepa que los Grandes Colmillos siguen vivos, ni para la población ni para el negocio. Por ello, ese incidente se mantiene en secreto. Al punto de que lo tratan como secreto de estado, y para acceder a ella hay que ser alguien muy importante. La Jefa del Gremio es el ejemplo.

— Me creas o no, Lucius, no hay mucha magia detrás de eso —le comenté mientras me cruzaba de brazos y me volvía a recostar en el sillón—. Alguna hazaña digna de méritos, pero nada más... 

No me atrevía a contarle la verdad, tampoco sentía que hiciera falta.

— Eso me suponía viniendo de ti —volvió a abrir su libro, hojeándolo con delicadeza—. Así que dime, "chico hazañas", ¿aceptas la petición?

Ante su pregunta, volví a agarrar los papeles y los revisé con más detenimiento.

Los papeles decían que la carga constaba de varios vagones de armas, municiones y suministros varios para uso militar, con destino a las cercanías del puerto de Ymir, concretamente una fortaleza ubicada en el paso montañoso antes de llegar a Ymir, a unos doscientos kilómetros del puerto mismo.

Mientras veía los detalles de la carga, una hoja estampada con varios sellos del ejército se deslizó y cayó al suelo. Cuando la levanté y la revisé, me encontré con la información de otros vagones para llevar cerca de Ymir. La hoja mostraba la tosca imagen de un convoy de tres vagones acorazados: dos tenían cañones y varias armas montadas sobre ellos, y el último era un simple vagón acorazado. La carga de este último no figuraba por ningún lado. La de los otros dos, sí, pero del tercero ni rastro.

— Lucius, falta la información de uno de los vagones —comenté mientras revisaba toda la hoja en busca de algún rastro de esa información.

— Parece ser que no eres el único que tiene su información bien guardada, mi amigo Bullet —respondió sarcásticamente mientras hacía algunas anotaciones rápidas en su libro.

— ¡Esto es demasiado raro! —le inquirí, elevando irritado mi voz—. Hay información de hasta el tipo de munición que voy a llevar y la cantidad, pero no del vagón acorazado. Esto es peor que yo: al menos yo te digo algo. ¡El papel ni eso dice! —afirmé, dejando bruscamente el documento sobre la mesa para luego mirar a Lucius.

— ¿Vas a tomar la petición o no? —preguntó él de inmediato, con algo de insatisfacción notable en su voz.

Luego de suspirar varias veces y cruzar miradas con Lucius, supe que tendría que hacerlo. Esto era un favor para él y una petición de la Jefa... Tenía que hacerlo para no perder mi trabajo. Dudo que me quiten a Edelweiss, es mía, pero sin el permiso del Gremio, transportar cosas se volvería más difícil.

— No me queda de otra, ¿o sí? Si la propia Jefa lo pide, tendré que hacerlo. Por otro lado, vi que tendría que salir mañana a más tardar. ¿Pueden preparar las cosas con anticipación? Y otra cosa: tengo compañía conmigo, así que necesito un vagón dormitorio. Nada muy complicado.

Claramente, para el viaje con Tália necesitaría uno de esos. No puedo tenerla durmiendo en el piso de la cabina. Dudo siquiera que podamos dormir los dos juntos allí mucho tiempo; la cabina es grande, pero tiene un límite. Así que un vagón dormitorio me vendrá bien. Con suerte, me consiguen uno bueno, de esos que tienen baño y cocina comedor. Pocas veces viajé en uno así, y no quiero que Tália viaje incómoda.

El trayecto a Ymir tarda una semana más o menos, siempre que no haya inconvenientes en la ruta, como tormentas o avalanchas. Así que estaríamos un buen rato ahí metidos, y algo de espacio no nos vendría mal.

— ¡Mmmm! —sonrió burlonamente Lucius, asintiendo con orgullo—. Mira tú, quién diría que tendrías compañía, Bullet. Pensé que eras un lobo solitario. Igual estaba enterado de  algo —confesó, levantando su mirada del libro por un momento para mirarme con picardía—. ¿Es la chica que ayudaste ayer? Tengo entendido que es una mestiza un tanto peculiar, ¿no es así?

— Acertaste... —murmuré, chasqueando la lengua—. Es ella. Tália se llama y, sí, es un tanto peculiar. Aunque estoy seguro de que, si "ustedes" quieren saber más acerca de ella, ya lo averiguarán.

Esta vez sí dejé los papeles en la mesa y me propuse a retirarme.

Justo cuando estaba por terminar, alguien tocó la puerta y una voz aguda se escuchó del otro lado.

— ¡Lucius! ¡Bullet! ¡Traje a Tália! ¿La dejo pasar? —parecía ser que era Lily.

Ambas estaban en la puerta. Me volteé rápidamente a ver a Lucius. Él me hizo un gesto con la mano indicando que no había problema y siguió con su libro contable.

— ¡Pasen, dice Lucius! —grité.

Acto seguido, ambas aparecieron por la puerta, con panes rellenos en la boca y la ropa llena de migas.

— ¡Volvimos! —gritó con entusiasmo Lily, mordisqueando torpemente el pan.

— Bullet, te traje panes rellenos como pediste —agregó Tália mientras cargaba una bolsa grande de papel marrón llena de panes humeantes.

Le hice un pequeño gesto con el pulgar como agradecimiento y me dispuse a presentarla frente a Lucius.

— Lucius, ella es Tália, mi compañera en este viaje.

— Hola... Lucius —su voz temblaba un poco, denotando su nerviosismo.

— Es un placer, Tália. Bullet me estaba hablando maravillas de ti hace unos momentos —dijo mientras me guiñaba el ojo—. Siento no poder levantarme a saludarte, espero que lo entiendas —señaló su pata vendada.

— ¡Oh! ¿Qué fue lo que te dijo Bullet de mí? —preguntó al instante, ignorando completamente la pierna de Lucius y abriendo ligeramente sus ojos carmesí. Sus grandes orejas se levantaron, dispuestas a escuchar todo.

Cuando vi hacia dónde se dirigía la situación, intervine. No sabía bien qué le iba a decir Lucius a Tália, y lo peor era que no habíamos hablado nada de ella. No tenía idea de qué se iba a inventar.

— Tália, no le creas. No estábamos hablando de ti directamente —comencé con un tono calmado—. Le dije a Lucius que necesitaba un vagón dormitorio ya que iba a viajar contigo. Estábamos barajando opciones y costos, ¿no es así, Lucius? —le dirigí una mirada dura como advertencia.

Al ver cómo lo miraba yo, Lucius hizo el amague de reírse, pero se contuvo. Se tragó su propia risa. Simplemente chasqueó la lengua con una sonrisa y siguió mi juego.

— Sí, estábamos en eso, viendo los vagones... Pero no se preocupen por eso, lo cubre el Gremio. No les prometo lo mejor, pero algo asequible y de calidad se puede conseguir para mañana por la mañana —me guiñó un ojo, denoté dobles intenciones detrás del gesto, pero no pude identificarlas.

— Más te vale, Lucius. Todavía que nos haces venir tan temprano al Gremio, es lo mínimo que puedes hacer... —lo señalé con el dedo, dejando a su interpretación si era una broma o no.

— No se preocupen por ello. Será lo mejor. No les aseguro camas separadas, pero tendrán baño y cocina. Eso se los aseguro... Por lo pronto, son libres de retirarse. Asumo que tendrán cosas que arreglar antes del viaje... —comentó por encima, echándonos con un tosco gesto de sus manos.

— Puede que tengas razón. Hay cosas que arreglar antes del viaje —murmuré, observando de reojo a Tália—.  Volvamos a la posada, Tália —dije mientras pasaba a su lado y le robaba un pan de la bolsa. Ella apenas reaccionó, simplemente observó como ahora le faltaba un pan en su bolsa. 

Antes de salir por la puerta, Lily se acercó a nosotros y se ofreció a llevarnos fuera del gremio.

El camino de vuelta a la salida fue el mismo que cuando vine a la oficina. Bajamos por las escaleras hasta la sala antes del pasillo, luego fuimos hasta la puerta de personal al fondo y de ahí hasta la gran puerta de roble de la entrada. Tália y Lily hablaron efusivamente de comida durante el corto trayecto...

Una vez en la salida, nos despedimos de Lily y ella volvió a entrar por las enormes puertas que dividían el bullicioso Gremio de Comercio del caos de media mañana de Steinheim.

Era hora de volver a la posada... Tália ya estaba un paso más cerca de Ymir y yo, bueno... Solo el tiempo dirá qué me deparará...

 

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