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#05 El Aliento De La Naturaleza

Espejo De Bolsillo · por kappoff00 · 26 de julio de 2026

 

―¿Y le creíste? ―cuestionó Grace. Incrédulo a toda la historia que Rachel terminó de contar― Se hizo tu amiga, te ayuda en unas cosas y sin dudar confías ciegamente en un espejo que habla. ¿Ahora quién es el idiota?

―No fue de mis mejores ideas, ¡pero entiéndeme tú también! Ponte por un momento en mis zapatos y te darás cuenta de que Adarza era muy útil. Me ayudó en cosas como: Pasar exámenes, responder preguntas, recordar contraseñas, conversar de películas y videojuegos... ―Rachel enumeraba con sus dedos a la par que resaltaba cada una de las funciones de Adarza. Al no encontrar nada más destacable, se dejó caer en la silla con una notable pesadez en su rostro― Adelante, adelante, búrlense todo lo que quieran. Sí, me lo merezco.

―¡Por supuesto que te lo mereces! ―bramó Rose. Apretó con rabia sus puños al recordar el lunes de la semana pasada. Se levantó de su silla para acercarse a Rachel y tomarla por el cuello de su chaqueta― El espejo de bolsillo que supuestamente habías olvidado en la mesa de Jazmín. Lo dejaste para... absorber sus recuerdos y aprovecharte de sus conocimientos en los exámenes. ―Tratar de encontrar sentido a esas palabras le era arduo, pero ignoró la lógica por un momento para que la historia de Rachel encajara a la perfección con aquel momento― ¿Cierto?

Ella bajó su mirada al no soportar aquel remolino de emociones presentes en el rostro de Rose. Rachel entendía por qué ella sería quien más se enojaría: Era la mejor amiga de Jazmín. Su vínculo era muy fuerte, uno que, por más que lo intentara, nunca podría entenderlo al no tener un lazo tan estrecho con sus otros compañeros. Solo podía compararlo con el lazo entre hermanas que ella y Chloe tienen.

Esa inexpresividad en Rachel fue suficiente para darle a entender a Rose que sus palabras acertaban con exactitud. El problema era no poder expresar su descontento de la forma que más necesitaba por temor a tener algún problema con la aterradora chica a su lado, que no dejaba de atravesarla con su intensa mirada desde que tomó a Rachel tan violentamente.

Resopló unas cuantas veces al no poder darle la paliza que se merecía. Nunca le perdonaría ser la culpable de la muerte de Jazmín por sacar a la otra Rachel del espejo. Buscaba restregarle su ira en la cara, pero no sabía cómo herirla u ofenderla. Lo único que pudo hacer para descargar tanta rabia fue recordarle la verdad, que, aunque Rose no lo supiera, ya estaba marcada en la mente de Rachel.

―Quiero que se quede grabado en tu cabeza, ni se te ocurra pensar que todo lo que nos ocurre aquí no es tu culpa, porque sí, lo es. Totalmente... no hay más culpables que tú y esa supuesta copia tuya. ―dijo Rose. La mezcla de emociones en su voz provocaba dificultad en mantener su tono enojado sin que pareciera que se quebraría a llorar en cualquier momento.

―No tienes que recordarme algo que ya sé, Rose. ―dijo Rachel afligida. Tomó valor y respondió la mirada de su contraria con la suya.

No tenía intenciones de evitar los pecados que cometió. Aceptaría sin problemas todos los insultos, quejas y gritos que aquellos estudiantes lanzaran en su contra. Era su culpa y lo aceptaba. Pero también era consciente del comodín a su lado. En cualquier otra situación estaría siendo apaleada por Rose o por Grace, pero la muralla protectora que separaba a Rachel del lado más salvaje de sus compañeros estaba sentada esperando que algo ocurra. Lindsy no permitiría que la dañen y ella se aprovecharía de eso. Aceptaba la culpa, pero no aceptaría ningún tipo de daño o castigo.

Rose soltó a Rachel y la miró de arriba abajo, repudiando cada fibra de su existencia. Regresó a sentarse, manteniéndose en silencio al no tener nada más que decirle a la causante de sus desastres. Rachel vaciló en tratar de hablarle y decidió dejarla en paz.

―... Bueno, qué momento tan incómodo. Nada que un buen sueño de ocho horas no arregle ―balbuceó Dexter. Levantó su índice, balanceando de lado a lado la parte superior de su cuerpo sentado sobre una de las mesas―. En lugar de seguir linchando a Rachel, procuremos centrarnos en que no nos maten, ¿sí? Yo también estoy enojadísimo, furiosísimo, sí, sí... pero luego recuerdo que van a matarnos a todos y se me pasa, nos aseguraremos de lincharla después. ―Realizó un ademán con una de sus manos, enfatizando en lo último que dijo.

Incluso los que más odiaban las bromas de Dexter en estos momentos asentían de acuerdo con el alto y delgado intento de comediante. Pelear entre ellos los llevó a perder parte de su limitado tiempo y casi asesinaban a otra estudiante por eso. William logró convencer fácilmente a todos de seguir su plan de rescatar a los demás y no tratar de escapar por todo lo que eso conllevaba, cosa que no le gustó ni un poco a Rachel. Era muy peligroso salir cuando les advirtieron que no lo hicieran o los matarían junto al grupo capturado.

―Ahora dividámonos en los grupos que hicimos, ¿sí? ―dijo William, con una ligera sonrisa que delataba sus nervios. Sentía liderar a un equipo militar especializado en rescates. Estaba tan nervioso como inmerso en su papel.

―No estoy de acuerdo. ―Ya ella había dicho eso en su pequeña conversación anterior. No estaba de acuerdo en separar ambos grupos― Cubrimos más espacio en menos tiempo, pero solo nos deja más vulnerables. ¿Cómo esperan que yo... o los demás nos defendamos de un hombre adulto? ¿Eres imbécil?

―Sin insultos, Ray. ―Lindsy la regañó y vio cómo bajó su mirada en silencio, tal cual niña en problemas.

―Hicimos esto de forma justa. Yo, Carl, Grace, Richard, Troy y Alex iremos por la izquierda. Rachel, Lindsy, Clara, Dexter y Rose se van por la derecha. Revisaremos los salones uno por uno y nos reencontraremos a la mitad del segundo piso.

William fue el propietario de aquel plan tan simple, argumentando en contra de Rachel sobre la seguridad de todos. Incluso si su grupo eran los más "débiles" del salón, todavía eran cinco personas contra solo una o dos, y tendrían los bates. Esto todavía no lograba convencer ni un poco a Rachel, por esa obvia desigualdad entre ambos equipos. Sentía que fue desechada al grupo más débil y él se llevaba a todos los fuertes, no le parecía justo.

―Tiene una puta pistola. ―Rachel frunció el ceño. Maldiciendo internamente a William.

―Ningún plan es perfecto.

―¡Fantástico! ¡Vamos a ponernos en marcha y salvar a todos nuestros queridos amigos del desastre de esta tonta! ―gritó Dexter. Alzaba sus brazos con un desconcertante buen humor.

«Te odio, maldito, te odio a ti y a ese idiota con complejos.» Pensó Rachel. Apretó con fuerza el borde de su escritorio sin apartar su mirada de Dexter y William. Su sombría expresión era causada por el obvio motivo de que nadie del "Equipo Grace" iba a quejarse si estaban con los más capaces del salón. Sus probabilidades de sobrevivir aumentaban un poco más, mientras la basura era apartada e ignorada sin poder quejarse y, hagan lo que hagan, no serán tomados en cuenta. Lo había entendido rápido y le generó un gran odio hacia William. «Ojalá lo maten por esto.»

Su odio a Dexter era por ser un imbécil que aceptaba su horrible trato con una sonrisa ridícula.

Pero, entre los aplausos de Dexter, la pálida joven de chaqueta azul escuchó hablar a una de sus compañeras y le dirigió su atención.

―Tengo miedo... ―musitó Clara. Creía que nadie la escuchó, al darse cuenta de que fue observada por la mayoría, soltó entre lágrimas toda emoción escondida en su corazón― ¿De verdad... creen que podemos salvar a los demás? El director mató a Ben y... y tratarán de matarnos a nosotros también. Vamos a lastimar a nuestros profesores cuando ellos no tienen la culpa de que la otra Rachel los manipule... ―No era feliz con la idea de pelear, menos si tenía que dañar a las personas con las que compartía cada tarde de lunes a viernes durante varios años― Gente que no lo merece terminará herida.

El grupo quedó en silencio. Incluso Dexter se guardó para sí mismo sus chistes. Los ojos de los estudiantes saltaban entre ellos, observando a sus compañeros, esperando que alguno dijera algo alentador o que consolara a la pobre Clara, quien empezó a sollozar cubriendo su rostro. William llevó su mano al hombro de Grace, él negó con la cabeza al ver el gesto de su compañero y señaló a la única que fue en ayuda del enorme corazón de esa dulce chica. William, Grace y compañía no podían creerlo, ver a Rachel tomar la iniciativa era totalmente sorpresivo para todos.

―Clara. Deja de llorar. ―ordenó Rachel. Sus manos fueron a las mejillas de la joven pegada al asiento, agachando un poco su cuerpo para quedar a su altura.

Ella obedeció a Rachel y poco después apartó sus manos, dejándolas sobre sus piernas. Apretó la falda larga que llevaba puesta y cubría hasta poco más debajo de sus rodillas. Lo que esperaba que fueran unas caricias de consuelo por aquel tacto en su rostro, se convirtió en un fuerte apretón en sus mejillas de parte de su contraria.

―¿¡Qué... qué haces, Rachel!? ―Trató de apartar a la rubia, quien se negó rotundamente y mantenía sus dedos estrujando esos cachetes rosados.

―¡Clara! Concéntrate. El director Daniel mató a un estudiante frente a nosotros, ya no es alguien inocente. Si Adarza les hizo algo, no van a dudar en matarnos. Ya no pienses en ellos como personas. ¡Son asesinos! ―Al terminar de hablar, soltó las mejillas de la confundida chica y se irguió con las manos en su cintura.

―Ellos no tienen... No tienen la culpa. ¿No te importa? ―preguntó con asombro. Entrecerró los ojos al observar la figura de una mujer sin empatía. No podía creer que Rachel fuera tan egoísta como para lastimar a gente que no estaba en su propio juicio.

―Si dejas que te importe, matarán a quienes de verdad se mantienen inocentes y, más importante... ¡Te van a matar! No es como si fuéramos a matar a todos los que se nos pongan delante. ―Tampoco es que ella tuviera el valor para asesinarlos, pero sus palabras funcionaban poco a poco. Notó cómo la tristeza de Clara desaparecía mientras afirmaba con su cabeza― Deja de llorar, agarra un bate y golpea a la gente mala, luego los ayudaremos a volver a la normalidad. ¿Sí?

―Creo... que tienes razón, supongo ―contestó. No estaba segura de las palabras de Rachel, pero si nadie era herido de gravedad, entonces el único problema es mantenerse con vida― ¿Quieres salvar a esta gente, Rachel? ―preguntó con curiosidad, mirando directamente a los ojos azules de la joven sorprendida por aquella pregunta.

Rachel vaciló. Lo pensó un poco. ¿De verdad quería salvar a esas personas? No. Pero Clara no tenía por qué saberlo.

―A todos, sin excepción. Mientras más salvemos, mejor me voy a sentir. ―respondió. Notar cómo las pupilas de Clara se engrandecieron la llevó a sentirse inexplicablemente sucia.

Todos esperaban que las palabras de Rachel fueran más bruscas y llenas de egoísmo o insultos, para sorpresa de todos, no fue así. Todos los presentes acordaron que ayudarían a los demás. La única que no estaba de acuerdo con las palabras de Rachel Ficks era la misma Rachel Ficks.

Dio por terminado su trabajo, no es lo suyo animar a la gente, pero Clara es parte de su grupo y necesitaba que esa bola de inútiles se concentrara en sobrevivir y no se convirtieran más adelante en una carga para los demás, refiriéndose a ella misma como "los demás". Si uno flaqueaba, todos lo harían. Ya lo había visto en muchas películas, series y novelas.

«Creo que funcionó.» Pensó aliviada, su cuerpo se relajó un momento al cumplir su cometido. Se dispuso a volver a su asiento, pero la sonrisa orgullosa de Lindsy la obligó a estrechar sus ojos con vergüenza. Podía escucharla sin necesidad de hablar. De seguro pensaba algo como: "Awww, eres muy amable, Rachel." Y eso la llevó a desviar su golpeado rostro a otro lado, evitando contacto visual con la chica de camisa verde. Guardó sus manos en los bolsillos de su short negro, fingiendo que no ocurrió nada, y se sentó junto a Lindsy.

―Es algo curioso. ¿No estabas llorando hace un momento? Irónico que ahora seas tú quien está consolando a alguien ―comentó Lindsy con burla. Llevó sus manos a su espalda mientras cerraba sus ojos y balanceaba su cuerpo de lado a lado. Se detuvo al sentir cómo Rachel apretó con fuerza su nariz― ¡Ay, solo bromeo! ¡Espera!

―Mejor quédate en silencio un rato. ―A pesar de lo que decía, Rachel estaba muerta de vergüenza, hace pocos minutos abrazaba a Lindsy, disfrutando de su consuelo y sus palabras de apoyo. Era tan vergonzoso pensar que fue observada mostrando su lado más vulnerable.

Soltó la nariz de Lindsy y Clara se acomodó su cabello antes de recibir un bate por parte de William. Rose fue la siguiente en recibirlo, y con Rachel, ya en posesión de uno, serían tres quienes llevarán las armas.

Lindsy se dirigió a la puerta del salón y la abrió con normalidad, asomándose de lado a lado para asegurarse de que nadie estuviera en el pasillo. Soltó un suspiro aliviado porque todo estaba vacío y salió sin ningún temor. Miró a Rachel, que la observaba desde la puerta del salón, y con una encantadora sonrisa chasqueó sus dedos dos veces, indicándole que era seguro. La de cara golpeada salió inmediatamente, seguida por los demás.

―Momento, momento. ―Troy los detuvo, regresando al salón. Volvió rápido con tres palos de madera. Dos de estos eran de las escobas y uno de la pala de basura en su salón. Repartió las armas, dándole una a William y otra a su hermano Carl― Esto es mejor que no tener nada. ¿Verdad?

Grace asintió, cruzado de brazos. A William le preocupaba su actitud tan seria, pero no era momento para hablar de emociones con su atlético amigo. Permanecer concentrados en su misión de salvar a todos sus compañeros era primordial. Observó a su alrededor hasta dar con el lado izquierdo del pasillo. Era aterrador no ver a nadie en aquel lugar que era transitado por un montón de estudiantes diariamente.

―Bueno... ―Tomó una pequeña pausa antes de ver a Rachel y su grupo―. Nos veremos en el segundo nivel. Tengan mucho cuidado.

«Espero que mueras.»

Rachel no se dignó a responderle al de cabello azabache. Dando media vuelta, caminó con su equipo por el lado correspondiente de su grupo.

―Rachel...

Quedó fría al saber quién la llamó. Se detuvo por la voz masculina y seca de Grace. Volteó su cabeza un poco, observando cómo este último la miraba sin expresión aparente. Su rostro estaba vacío.

―¿Qué ocurre? ―preguntó confundida, observando detalladamente cómo el de camisa blanca suspiró con pesadez.

―No te mueras. ―ordenó Grace, disfrutando de la confusión de la rubia por sus palabras―. Cuando terminemos con todo esto, Jesse y yo te vamos a caer a patadas por ser una tonta manipulable... Asegúrense de volver todos para que puedan ver eso.

Sus encantadoras palabras obligaron a Rachel a sonreír. Lo ignoró y continuó con su camino, sacando el dedo del medio al grupo que se alejaba detrás de ella. Los estudiantes se separaron con un objetivo en común: volverse a ver en el piso inferior y decidir qué hacer después. Anhelaban con fuerza que ninguno falte a aquella pronta reunión.

―¡Todos quieren matarte o pegarte! Eso te pasa por ser tan crédula. ¿Y si mejor fingías hablar contigo misma en el espejo o algo así? Suena mejor que hablar con un espejo mágico. Además... ¡la magia existe! ¡La magia existe! ―gritó Dexter sin contener su emoción.

Rachel ignoraba a Dexter y caminaba junto a Lindsy. Rose se adelantó a ellas con la idea de no ver a su tan odiada compañera a no ser que fuera necesario. Su desprecio por la rubia no había perdido nada de su intensidad, como llama avivada constantemente con madera.

Y la madera que avivaba la llama de Rose era su vívido recuerdo de la sonrisa hipócrita de Rachel al explicarle a Jazmín cómo ella también se había cortado con ese asqueroso espejo. Era la cereza del pastel de odio que preparó la de lentes. Rachel sabía perfectamente lo que hacía y lo ocultó sin problemas, e incluso luego de la muerte de Jazmín, no pensaba decirlo. Era suficiente para que Rose la odiara el resto de su vida.

―¿Estás bien? ―preguntó Clara con preocupación. El ceño fruncido de Rose no le generaba buenas sensaciones y quería ayudarla a sentirse mejor, pero no esperaba ser ignorada―... si estás enojada con Rachel, puedes hablar con ella ahora.

Silencio de nuevo. Rose solo accedía a mirarla mientras escuchaba atentamente, pero no seguiría ninguno de sus consejos. Apenas terminaba de hablar, volvía a ver el solitario pasillo adelante.

Dexter se asomaba en las puertas de cada salón, abriendo rápido; se aseguraba de que no había nadie y luego cerraba la puerta para dar por revisada la habitación. Era el único hombre en este grupo, y eso lo llevó a autoimponerse la tarea de proteger a las bellas damiselas que lo acompañan.

―El deber de un hombre nunca acaba, ¿Eh?... ¿Cuán dura puede ser nuestra honrada tarea en mantener las hermosas sonrisas de las bellas chicas? ―dijo Dexter. Observó que ninguna de sus compañeras sonreía, lo que arruinó su monólogo y el ambiente que había generado para él.

―¿Por qué hablas solo, subnormal? ―preguntó Rose con crueldad en su voz. Le molestaba esa actitud de payaso mal pagado.

―Algunos no podemos hablar con versiones de nosotros mismos dentro de espejos mágicos, yo lo hago a la antigüita. ―respondió el pelirrojo. Jaló el suéter de rayas rojas y negras que llevaba puesto mientras sacaba su lengua en dirección a Rose.

Caminando a unos pasos detrás de los tres, Rachel bufó al escuchar el comentario de Dexter. El fugaz pensamiento de enterrarle el cuchillo que escondía en su ropa pasó por su mente, pero llegó a la conclusión de que no valía la pena. Apenas y podía oírlos hablar, pero perdió el interés en escuchar lo que el tonto tenía que decir.

Miró al lado contrario de los salones, disfrutando la vista de las ventanas al patio de la escuela, el que se extendía bastante hasta llegar a un muro que los separaba del exterior. Gritar por ayuda le vino a la mente, pero las amenazas del director seguían a fuego en su cabeza. Gritar y llamar la atención solo traería indeseables.

«Tres profesores y cuatro estudiantes. Esos son los miembros del grupo que está del lado de Adarza.» Pensó Rachel, analizando la situación a su alrededor. «Podría estar mintiendo, ser más o ser menos, pero no había mucha importancia. Dos ya fueron descubiertos y cinco están en alguna parte de la escuela... o entre nosotros».

No podía dejar esa posibilidad de lado ahora que lo pensó con más claridad. En su grupo había posibilidad de tener a uno o dos seguidores de Adarza. Rachel era el centro de todo lo que estaba ocurriendo, por más egocéntrico que sonara. Era lógico suponer que esos seguidores la tenían constantemente en la mira por órdenes de su loca contraparte.

«Debo encontrar una forma de descubrirlos... ¿Será posible? Si se comportan exactamente igual a como son sin ser manipulados, no van a revelar nada hasta que traten de asesinar a alguien. No soy imbécil para ponerme en peligro de muerte, solo por descubrir si alguien aquí es malvado o no... qué jodido.» Rachel arrugó su frente al darse cuenta de que aún no era posible identificar quiénes trabajan con Adarza.

Desistió en su búsqueda de algún sospechoso; debía ser cuidadosa con todos a su alrededor. No volvería a acercarse tanto a los demás por el miedo de ser apuñalada en su cuello.

En vez de pensar en quién era un seguidor de Adarza, prefirió pensar en quién no podría serlo. El primer puesto se lo llevó la joven de negro y verde a su lado. Estaba totalmente segura de la inocencia de Lindsy. De ser una seguidora de Adarza, entonces la hubiera matado cuando la abrazó. Siguiendo el comportamiento de Albert y Adarza, ellos buscaban llamar la atención y atacar por sorpresa. Lindsy pudo haberlo hecho con algunos espectadores y Rachel no hubiera podido hacer nada para defenderse.

«Ella no.»

Miró con disimulo a Lindsy, quien caminaba con gracia, observando cómo Dexter, sin miedo, se arriesgaba a perder su cabeza al asomarse en las puertas. La forma de la escuela era como una "U", adelante estaba el cruce del pasillo y, después de unas puertas más, la escalera al segundo piso y la azotea. Rachel notaba la seguridad y concentración de Lindsy. Daba la impresión de estar lista para cualquier cosa que ocurriera. Algo que admiraba un poco.

Y mientras más la miraba, más aumentaba la molestia al recordar cómo la insultó y trató increíblemente mal unos minutos antes de ser la única que la apoyó. En el lugar de Lindsy, no hubiera ayudado nunca a alguien que fue tan cruel con ella.

«Grace, él tampoco».

Con Grace era diferente que con Lindsy. Tenía una prueba sólida, él la salvó de morir en manos de Albert. Además, algo dentro de ella sabía que la ira, dolor y miedo en los ojos de Grace al hablar con el director y observar a Ben eran reales.

Si esos ojos repletos de inseguridad, pena y tantos sentimientos complejos eran falsos, entonces ya no podría diferenciar entre la realidad y las mentiras. A no ser que los manipulados mantengan cierto grado de conciencia que los haga sentir tristes por lo que hacen, por desgracia, la hipótesis se derrumbaba al ver cómo el director disfrutaba cada momento de lo que ocurría.

«A menos que el director fuera un sádico en secreto, lo que explicaría por qué se divertía tanto.»

―¿En qué estás pensando, Rachel? ―preguntó Logan. Hace rato que esperaba que la joven sumida en sus pensamientos dijera algo.

Ya le era curioso que durase tanto tiempo sin hablar. Quería saber si algo la incomodaba, y Rachel terminó por pestañear algunas veces al darse cuenta de que Lindsy le habló.

―No, nada importante. Solo pienso en todo lo que está ocurriendo.

―¿Quieres decir que todo lo que está ocurriendo no es relevante?

―Ah, ¡no! Eso no es lo que quise decir, yo solo...

―¿Tú solo?...

Rachel se molestó y fulminó a su compañera con la mirada. Lindsy dedicó una brillante sonrisa inocente a esa mirada asesina, pero la sonrisa de la chica de ojos verdes desapareció cuando Rachel apartó su vista.

―¿En qué estás pensando? ―Insistió en recibir una respuesta.

―¿Crees que haya más del grupo de Adarza entre nosotros? ¿Cómo podemos reconocerlos? ¿Adarza está en la escuela?... Y ahora que lo pienso mejor, ¿dónde están nuestros celulares? Son tantas, pero tantas cosas, que comienzo a sentirme tan agobiada otra vez.

―¿Quieres llorar en mi pecho de nuevo? ―preguntó sonriente. No esperaba recibir esa oleada de preguntas que no podía responder.

―Eres una mierda. ¿Es que tengo cara de Dexter o por qué soy tu payaso personal? ―preguntó Rachel inexpresiva. La risa repentina de Lindsy la llevó a fruncir el ceño.

―Te tomo muy en serio, Rachel, pero por alguna razón siento que, si no trato de hacerte reír, solo vas a hundirte más en tus pesares y perderás la compostura... ―respondió la joven, acomodándose un mechón de cabello detrás de su oreja, no sabía cómo explicarlo, pero tenía una corazonada extraña―. ¿Quieres que deje de hacerlo?

―No. ―Rachel casi no la dejaba terminar aquella pregunta―. Es algo lindo de tu parte intentar mantenerme cuerda... además, sí me da risa, aunque no parezca.

El rostro de Lindsy se enrojeció por completo y soltó una pequeña risa nerviosa. Las palabras de Rachel la avergonzaron mucho, y asintió muchas veces con su cabeza, luciendo extremadamente feliz.

―Claro, claro ―dijo emocionada. Al darse cuenta de que Rachel la miraba con confusión, cambió rápidamente su expresión a una más seria y aclaró su garganta― Oh, sí, dejando de lado las bromas. Descubrir quién es un infiltrado es casi imposible. Seamos precavidas con aquellas personas en las que dudemos.

«Llegamos a la misma conclusión», pensó Rachel. Sorprendida por la astucia de Lindsy, no pudo evitar una pregunta que picaba dentro de su pecho.

―¿Por qué confías en mí? ―preguntó levantando un poco la voz―. ¿Cómo sabes que no soy parte de todo lo que está ocurriendo?

Cualquiera que dudara tenía algo de razón, todo lo que estaba pasando en aquella escuela era totalmente surrealista, sacado de lo más profundo de una serie o libro de terror. Pensar que ella mentía sobre todo y que la otra Rachel era un mal intento de engañarlos no era tan descabellado; más descabellado era creer que hay un espejo que habla.

Lindsy arqueó una ceja y dejó su mano sobre la cabeza de Rachel, acariciando gentilmente su amarillento cabello. Esa pregunta fue toda una sorpresa para ella.

―Porque te conozco, tú no eres alguien que mataría a sus compañeros de clase por llevar a cabo un juego maligno.

"Porque te conozco"

No lo comprendía, ¿cómo estar segura de que ella no era ese tipo de persona? No lo era, es cierto, pero no había forma de confirmarlo. Sus conversaciones anteriores a este día se habían limitado solamente a tareas y saludos de rutina, nunca profundizaron tanto en saber más de la otra, aunque Lindsy lo había intentado.

Pero pensándolo mejor, Lindsy era una buena persona. En todo el día no dejó de preocuparse por ella, la apoyó y defendió de los demás. No había que darle muchas vueltas para saber que Lindsy cuidaba a sus compañeros y tenía un fuerte sentido de la moral.

Apenas se daba cuenta de que esa pregunta que realizó fue totalmente estúpida e innecesaria, y eso la llevó a sonreír apartando la mano de Lindsy de su cabello.

Para ese punto de la conversación, ya habían pasado el cruce a lo que quedaba del pasillo, al final no había salida, y en un costado, junto a otro salón, estaban las escaleras. Dexter continuaba revisando puerta por puerta sin suerte alguna, pero la llamada de Clara hizo que todos voltearan a verla.

―¡Una carta y flores!

Clara corrió emocionada a recoger aquella carta tirada en el suelo junto a un ramo de rosas. Los demás se acercaron con curiosidad, pero al darle vuelta a la carta, se dieron cuenta de que estaba en blanco.

―Decepcionante. ―comentó Dexter. Miró la carta con aburrimiento, esperaba algo más.

―Alguien debió arrepentirse de declararse hoy. ―agregó Rose.

Rachel perdió totalmente el interés en aquellos objetos al saber que no eran importantes.

―Las rosas han sido muy bien cuidadas. ―Clara señaló el tallo y también las rojas hojas―. Lo puedes saber al no ver ningún tipo de mancha o fisura en el tallo y las hojas, además de que el color es uno muy intenso que no presenta tonos amarillos.

Era la primera vez en el día que Rachel escuchaba a Clara hablar con total seguridad sobre algo. Su entusiasta tono la hizo pensar que ella era una especie de aficionada por la jardinería. No era una información útil, pero era algo curioso para la rubia. Ya sabía que, si necesitaba conocimientos sobre plantas, debía hablar con Clara.

―... ¡Ah! ―gritó Clara y levantó aquella flor sobre su cabeza. Sin percatarse de que su inesperada reacción puso a todos en alerta―... ¿Quieren venir a ver mi jardín cuando esto termine?... Me gustaría mostrárselos, no parece la gran cosa, pero estoy orgullosa de lo lindo que es.

Lindsy bajó la mirada y relajó su cuerpo por esa petición. Casi le provocaba un infarto ese grito inesperado. Dexter, por otro lado, aplaudió con ganas, apoyando aquella idea con emoción en su rostro.

―¡Pues, claro! Acompañar a una preciosa chica a ver su esfuerzo en un jardín suena como una buena forma de pasar esta amarga situación a algo pasado. ―dijo juntando sus manos―. Además, nada dice que no pueda "florecer" algo en una tarde así.

―Me das pena.

Ya era difícil para Rose observar a Dexter por esos comentarios de tan mal gusto. Rachel no dijo nada y Lindsy llevó una mano a su barbilla.

―Claro, luego podemos acordarlo, hoy no. ―dijo Lindsy y Rose la apoyó.

―Sí, obviamente hoy no.

Ya con eso, Clara había obtenido una aceptación por casi todo ese grupo tan pequeño. Rachel quería permanecer al margen hasta que esos enormes ojos llenos de esperanza la apuntaron fijamente. No lo iba a cumplir, pero asintió en silencio con una incómoda sonrisa.

―Claro, no veo por qué no.

Clara dejó la nota donde la encontró, pero mantuvo las flores en su mano, y en la otra sostenía aquel bate de madera. Que todos aceptaran ir le generó una profunda felicidad. Ahora debía asegurarse de volver a casa sana y salva para tener todo preparado para una agradable tarde.

―¡Bien!

―...―Rose miraba en silencio a Rachel, sin poder entender lo descarada que podía llegar a ser, pero prefirió no decir nada para mantener a Clara en su actual estado, lo iba a necesitar si quería mantener la calma, aunque todos ahí parecían relativamente tranquilos a pesar de saber todo lo que ocurría a su alrededor― Ya apurémonos, todavía falta revisar el segundo piso. Al parecer, aquí no hay nada interesante.

―En camino, cuatro ojos.

―¡Dexter! ―exclamó Rose molesta.

―¡Bien, microscopio!

El juguetón joven de rojo salió corriendo para no recibir los batazos de la joven que se lanzó a golpearlo con furia. Ya le quedaban unos cuantos cuartos por revisar antes de bajar al segundo piso. Pero todos quedaron paralizados ante el atronador sonido desconocido que provino del otro extremo de la escuela. Lo que dejó a todos sin palabras.

―... ¿Qué... qué pasó? ―Clara miró a los demás con desespero. Anhelaba una respuesta que nadie le daría.

«Esa mierda fue muy fuerte, el grupo de Grace quizás esté en problemas».

Rachel asumió que William ya encontró su primer percance. Agradeció recibir este camino donde nada estaba sucediendo. William había hecho algo muy bueno por ella.

―Eso vino del segundo piso ―aclaró Lindsy―. ¿Vamos a ayudar?

―¡Sí! ―Dexter no dudó en responder.

―No, obviamente no. ―Rachel lo corrigió al instante. El pelirrojo hizo una graciosa expresión al sentirse regañado― Ellos tomaron ese camino, entonces es su problema. Asegurémonos de llegar rápido al segundo piso y seguir el plan.

Rose se descontentó aún más por aquellas palabras y no pudo evitar dar unos pequeños aplausos mientras sonreía y hablaba con sarcasmo.

―Claro, qué inesperado. Rachel se está preocupando solo por ella y no por los demás, que igual arriesgan su vida para resolver el problema que ella causó.

―No es el momento.

Lindsy trató de calmar a Rose. Rachel no dejó que esas palabras le afectasen por ser ciertas. Ella no iba a lanzarse al peligro por William y su grupo. Por algo aclararon los caminos y se dispersaron. "Nuestros problemas son por la izquierda y los suyos son por la derecha", no había necesidad alguna de irrumpir ese acuerdo implícito al dividirse.

―¡Cállate! ¡Cállate tú! Todo este tiempo has actuado en favor de esta... ¡Ah! ―el insulto no salió de su boca. Observó a la atemorizada Clara y señaló a Lindsy con ambas manos― ¿No ven que a sus ojos Rachel no ha hecho nada malo?

―Rachel fue engañada y manipulada, no es su culpa. No es ella quien nos está...

Rachel detuvo a Lindsy, levantando su mano frente a la boca de la pelinegra de ojos verdes. Estaba bien que la defendiera, pero luego de escuchar aquel alarmante sonido, lo más lógico era solo continuar. Lindsy se quedó en silencio, esperando que su compañera se defendiera.

Algo que no ocurrió, solo se limitó a callar a Lindsy y bajar su mano. El grupo quedó en silencio, dejando a Rose con los pelos de punta. Quería que Rachel dijera algo, gritara, la insultara. Ese silencio solo la enfurecía más, le hacía creer que ella quería demostrar que no le importaba, no era tan importante como para responderle.

―Voy a matarte, maldita.

―¡Rose! Respira, recuérdalo, inhala, exhala, inhala y exhala.

Dexter tomó a la rabiosa de lentes por sus hombros antes de que caminara hacia Rachel. Evitar el conflicto era su prioridad. El ambiente de tranquilidad se esfumó en segundos. Clara se levantó, posicionándose entre ambas mujeres.

―¡No peleen, por favor!

«¿Desde cuándo estoy peleando yo, imbécil?»

Para ella, todo se estaba volviendo ridículo. Rose tenía todo el derecho de odiarla, pero seguir con el tema en estos momentos solo los retrasaba mucho más. Continuó su camino a las escaleras, caminando junto a Rose sin dedicarle ni una mirada. Evitar el conflicto era ahora su prioridad, pero ese empujón en su espalda le hizo darse cuenta de que no era posible evitarlo. Había sido impulsada tan fuerte que chocó de frente contra la pared junto a las escaleras. En unos momentos había volado unos metros a gran velocidad, y por suerte logró usar sus manos para evitar estrellar su cara contra el muro.

Aquel viento fuerte seguido del sonido de cristales estallando le reveló a Rachel que algo había ocurrido, pero el impacto la dejó en tal confusión que apenas y sabía que estaba contra la pared. Todo ocurrió en un momento, y al alejarse tambaleante de aquel muro, con dolor en todo su cuerpo, se dio cuenta de que no podía ver nada.

―¿Ah?...

No solo era el mareo causado por el golpe y la sensación de que todo estaba dando vueltas, un extraño humo negro cubrió el pasillo, reduciendo mucho su rango de visión. Se cubrió la boca y la nariz con su mano poco después de toser repetidas veces. Cuando sus sentidos por fin se coordinaron, se dio cuenta del llanto entre las sombras: era una mujer llorando, y no le tomó mucho tiempo en darse cuenta de que era Clara.

―¿¡Lindsy!? ―Rachel levantó su voz sin recibir respuesta alguna. Al menos, no de Lindsy.

―¿¡Estás bien, Rachel!?

El humo no dejaba ver a Dexter, pero se escuchaba mucho mejor que Clara, quien dejó de llorar para toser violentamente. Rachel caminó hacia el frente, dándose cuenta de que su bate se había caído de su mano al salir volando y ya no sabía dónde estaba.

Trató de mantener la calma hasta donde pudo, como Lindsy, debía pensar con la cabeza fría.

«¡Algo explotó y nos lanzó lejos! El humo debe venir de lo que nos esté atacando.»

Antes escuchó las ventanas romperse por la presión, así que solo era cuestión de tiempo para que el humo se dispersara, y así ocurrió. Unos segundos después, pudo ver a Clara junto a una ventana, tirada en el suelo al lado de su bate, abrazándose a sí misma, tosiendo sin parar mientras lágrimas recorrían sus mejillas. Del lado contrario, contra una puerta, estaba Rose revisando a Dexter, que al parecer había recibido una herida en su brazo que Rachel no distinguía.

Rachel buscó desesperada a su guardián, quien brillaba por su ausencia. No había rastro de ella en ningún rincón del pasillo; había desaparecido justo en un momento como este.

―¿¡Lindsy!? ―volvió a gritar.

―¡Deja de utilizar ese nombre! No voy a permitirlo más.

Una voz, totalmente desconocida para Rachel, dirigió su mirada al cruce entre los pasillos y, entre el humo, emergió un elegante hombre vestido de negro y gris. No tenía idea de quién era ese sujeto, pero de manera instantánea, su atención fue robada por aquel brillo que cubría el cuerpo del hombre con intensidad, una especie de luz verde transparente lo estaba rodeando.

―Ustedes, que cometen el mal, prepárense para recibir un castigo acorde a sus intenciones perversas.

Rachel pudo sentirlo, el odio que iba dirigido hacia ella, como un susurro que el viento llevó hasta sus oídos.

"Voy a matarlos ahora mismo".

El trajeado estiró sus brazos hacia el grupo de confundidos y golpeados adolescentes. Rachel de forma instintiva se cubrió el rostro con sus brazos por el intenso miedo de recibir algún disparo. De las mangas largas del hombre fueron expulsadas algunas enredaderas con un verde tan vivo como las hojas que la cubrían. Las plantas volaron unos metros y luego se deslizaron por el suelo, cual serpiente a gran velocidad. Una de las enredaderas se enrolló en las piernas de Rachel, apretándolas entre ellas, provocando que cayera al suelo, mientras que lo restante se deslizó por su cintura y su abdomen hasta llegar a sus brazos, por último, su cuello.

«¡Se mueven solas! ¡Esto es magia!»

Ella trató de soltarse, pero sus intentos eran inútiles. No importaba cuánta fuerza aplicara, no aflojaba ni un centímetro esas lianas verdes que la amarraron por completo. Movía su cabeza observando cómo Rose y Dexter sufrían el mismo destino que ella y, con el sonido de un chasquido de dedos, las enredaderas alrededor del cuello de los tres incrementaron la fuerza de su agarre poco a poco. El aire escaseaba cada vez más y Rachel se contorsionaba en el suelo, regresando su mirada al mago, tratando de gritarle, pero nada salía de su garganta además de sus inútiles ruidos al intentar exhalar.

«¡Aire! ¡Aire! ¡Aire! Me asfixió, me asfixió, me asfixió, me asfixió, me asfixió, ¡me asfixió! ¡Ayuda! ¡Lindsy! ¡Ayuda!»

El nombre de la mujer se coló en su mente inundada con sus deseos por volver a respirar, pero al ritmo en el que apretaba esa soga verde su cuello, sentía que se rompería antes de perder la conciencia por la falta de oxígeno en su cerebro.

Dexter y Rose sufrían la misma tortura que Rachel, retorciéndose mientras luchaban con todas sus fuerzas para liberarse. Un montón de esfuerzo inútil.

―¡Hey!

De pronto, un fuerte grito llamó la atención de Rachel, quien miró y observó a la valiente castaña delante de la figura tan sombría del trajeado mago de cabello largo.

―¡Suéltalos!... ¡suéltalos ya! ―Clara alzó su voz tanto como podía. Entre lágrimas, forzaba sus ojos a dedicarle una mirada repleta de odio al mago que estaba por matar a sus amigos.

El mayor la miró con curiosidad y la vista de Rachel se nublaba a cada segundo transcurrido.

 

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