I. Onni
Llegué a la azotea diez minutos antes de la hora del club.
No fue algo planificado. Terminé de comer antes de lo habitual, el pasillo de abajo estaba más ruidoso de lo normal por los preparativos de una prueba, y subir al único lugar de la escuela donde el techo era el cielo me pareció mejor que quedarme alli.
Ella ya estaba ahi.
No era la primera vez que llegaba antes de la hora oficial del club. Hoshino-sensei solia aparecer quince minutos tarde desde que le asignaron una comisión de evaluación los martes. Pero si era la primera vez que, al abrir la puerta de la azotea, me encontraba con que alguien habia llegado antes que yo.
Estaba de espaldas, ajustando el anemómetro, con el cuaderno abierto sobre el banco de trabajo a su lado. Llevaba los audifonos colgados del cuello, no puestos, lo que significaba que el ruido de la tarde era soportable. Bien.
No hice ruido al entrar. No fue intencional; era el silencio natural de quien abre una puerta con cuidado porque no sabe que va a encontrar del otro lado. El resultado fue que pasaron cuatro o cinco segundos antes de que ella oyera mis pasos.
Cuando se giró, algo cruzó su rostro que no supe interpretar del todo. No fue exactamente sorpresa. Se parecia más a la expresión de alguien que esperaba que algo ocurriera en algún momento, pero habia calculado mal cuándo sucederia.
—Llegaste temprano —dijo.
—El pasillo estaba ruidoso. —Señalé hacia abajo con la cabeza—. ¿Y tú?
Tardó un segundo en responder.
—Los datos de la tarde son más precisos si empezás el registro antes de las cuatro.
Era una respuesta técnicamente correcta. Llevaba meses escuchándola y ya reconocia cuándo una respuesta verdadera también servia de escudo para algo que todavia no estaba lista para decir.
No lo señalé.
Me senté en el banco de trabajo del otro lado, saqué el cuaderno que habia empezado a llevar para las sesiones del club —mucho menos detallado que el suyo— y empecé a anotar las condiciones visibles de la tarde.
Nublado parcial hacia el este. Viento leve del norte. La temperatura habia bajado dos grados desde el mediodia, algo consistente con lo que ella habia predicho esa mañana.
Trabajamos en silencio los diez minutos que faltaban para el inicio del club, cada uno concentrado en su propio registro, sin decir nada más.
Fue, pensé, uno de los silencios más cómodos que habia tenido en Japón. Y eso, a esas alturas, ya era una lista bastante larga.
Cuando Hoshino-sensei abrió la puerta, tardó un segundo en procesar que éramos dos en lugar de ninguno.
—Llegaron temprano —dijo, con el mismo tono con el que habria dicho: «Hoy hay cirros».
Ninguno de los dos respondió.
Él asintió, satisfecho con aquel silencio, y se puso a revisar la planilla del dia.
II. Tsumugi
Llegué a la azotea veintisiete minutos antes de la hora del club.
Lo sé con precisión porque miré el reloj al entrar, ese gesto automático que hago para orientarme cuando estoy en un lugar donde el tiempo importa. Cuatro menos veintiséis. El club empieza a las cuatro y cuarto. Me sobraban veintisiete minutos.
Me dije que era por los datos de la tarde. Es más preciso registrar antes de las cuatro porque el sol todavia no terminó de bajar y las condiciones son más estables.
Eso es verdad. También lo es que llevo meses haciendo el registro a las cuatro y doce sin que los datos hayan sido menos precisos por eso.
Ajusté el anemómetro, aunque no lo necesitaba. Revisé el pluviómetro, aunque ayer no habia llovido. Abri el cuaderno en la página del dia y anoté la hora de llegada, la presión y los tipos de nubes visibles desde la azotea.
Hice todo eso sin pensar demasiado en por que habia llegado veintisiete minutos antes.
Y entonces escuché la puerta.
Lo primero que senti fue algo que tardé en identificar. No era alivio exactamente, ni tampoco sorpresa. Se parecia más a la sensación de que algo que estaba a medias en su lugar acababa de encajar. Como cuando una predicción que hiciste dias antes finalmente se confirma y el cuerpo responde con esa mezcla de satisfacción y de «claro, tenia que ser asi».
Me giré.
Era Onni.
Y en ese segundo, en el instante exacto entre verlo entrar y que él me viera a mi, mi cabeza hizo el cálculo que deberia haber hecho veintisiete minutos antes:
Llegaste temprano.
Sabías, en algún lugar, que él también llegaba a veces antes de la hora.
Sabias, en algún lugar, que la probabilidad de que estuvieran los dos solos arriba era más alta a las tres y media que a las cuatro y cuarto.
Y llegaste a las tres y media.
—Llegaste temprano —dije, porque necesitaba decir algo y ese era el dato más neutro disponible.
—El pasillo estaba ruidoso. ¿Y tú?
—Los datos de la tarde son más precisos si empezás el registro antes de las cuatro.
Él no dijo nada.
Se sentó en el otro banco de trabajo, sacó su propio cuaderno y empezó a anotar.
Me volvi hacia el anemómetro.
Los datos de la tarde son más precisos si empezás el registro antes de las cuatro.
Eso es verdad. También es verdad que, si eso me importara tanto, habria llegado a las tres y media todos los dias desde hace meses y no solo hoy.
No llegué a las tres y media todos los dias desde hace meses.
Llegué hoy.
Algo en eso queria ser examinado, pero decidi no hacerlo todavia. Hay datos que necesitan más tiempo de análisis antes de estar lista para sacar conclusiones. Los fenómenos climáticos más complejos no se interpretan en el momento en que los registrás: los anotás, los dejás reposar, y la lectura llega cuando el patrón tiene suficiente historia para volverse legible.
Este dato también podia esperar.
Trabajamos en silencio hasta que llegó Hoshino-sensei. Dijo que habiamos llegado temprano. Ninguno de los dos respondió.
Esa tarde, durante el camino de vuelta a casa, el sol bajaba sobre el mar con ese color particular del otoño tardio: más naranja que en verano, más breve también. El año se estaba haciendo más pequeño, como ocurre siempre en esta época.
Esa noche, en el margen del cuaderno, debajo de los datos ordinarios de un martes ordinario, escribi:
Las mareas no cambian de dirección por decisión. Solo cambian. El registro de hoy dice que algo ya está cambiando. Todavia no sé exactamente que, pero los datos están ahi.