Carta 1: Por Alondra (No vuelvas nunca más al hospital)
Querido Odiado Antonio:
No sé qué hago escribiéndote esta carta. No sé qué hago en esta parte de mi vida tratando inútilmente de comunicarme con tu espíritu, alma o intento de corazón. Quizá ese sea mi problema principal ¿sabes? Que siempre creí en ti, en tus nobles sentimientos hacia mí sin reparar en tu actuar.
¿Sabes lo que ha causado tu actitud? Sí lo sé, tienes todo el derecho a no quererme. No estoy tan loca para obligarte a eso. Pero… ¿era necesario decirme mentiras? ¿decir te quiero? ¿decir que era especial, bonita y única para ti?. Después de tantas palabrería inútil ¿acaso no es lógico pedirte (no olvídalo, no usaré esa palabra) exigir que acabes con todo? A ti, el principal responsable que gatilló todo esto. Ni siquiera quiero que me quieras, tan solo no sigas mintiendo. Sé valiente y dime que no me quieres.
Antonio no he podido querer a nadie después de tu desastre. Perdón, voy a rectificarme, no he podido hacerlo en la misma medida que te amo a ti. Con ese sentimiento desbordante, quemante, frío, congelado, ordenado, desordenado, gigantesco sentir de adolescente ingenua.
Nada resultó como yo quería. Todo fue un invento de mi mente. Tus te quiero, tus besos y abrazos eran falsos. Porque fue demasiado sencillo para ti simplemente dejarme sola, sin respuestas (pero muchas preguntas). Romper mi corazón con tus despedidas inconstantes, tu lejanía cercana y tus llamadas intermitentes a mi celular.
Y después de este accidente en mi vida, ahora tengo otro desastre provocado por mí. Por mi inmadurez, cobardía y desorden en mis sentimientos. Quería escribirte porque ¿sabes? Siento que eres responsable de esto… aunque claro esto sea una enorme mentira para poder sentirme mejor.
La primera decisión estúpida que tomé fue tener un pololo cualquiera. Alguien que fuese tu doble opuesto. Y lo conseguí. Una persona capaz de besar mis pasos, que llenara tu ausencia tan bien, tan brillante y ruidosa que incluso se podía confundir con verdadero amor. La segunda decisión fue decirle “te amo” a esa persona. Convencerla en todo sentido que algún día podría superarte y amarle como él quería (y necesitaba).
¿Por qué soy tan idiota Antonio? ¿Por qué no pude botar mis sentimientos por ti? ¿Por qué me despierto en la mitad de la noche orando porque seas feliz? ¿Por qué no puedo mirar el cielo sin recordarte? ¿Por qué las heridas aún duelen tanto…?
Te amo tanto que me siento aterrada de la extensión de este sentimiento. Te amo tanto que no puedo dejar de hacerlo. Te amo tanto que sueño todas las noches que te encuentro. Te amo tanto que me he convertido en la mentirosa más asquerosa que existe en este planeta.
Antonio ojala te pasara un camión por encima. O no, ojalá me pasaran encima de mí cientos de camiones, que me parta un rayo, que me caiga un aluvión encima… porque ya no puedo con esto. Yo no puedo seguir sosteniendo esta mentira por no olvidar tu sonrisa, la calidez de tus abrazos, el contorno de tu boca sobre la mía… De verdad que no puedo más.
Pero jamás te mandaré esta carta. La quemaré junto con otras odas que he escrito hacia ti. Tiraré las cenizas por mi ventana, respiraré y pensaré que con esto todo ha terminado.
Aunque sea mentira
Te ama (aunque no quiera) por siempre.
Alondra