GUÍA PARA CONSTRUIR UNA CARRERA ARTÍSTICA

1. Antes de empezar: decide qué crees
Antes de buscar premios, publicar un libro, enviar una obra a una editorial o intentar conseguir un contrato, hay una pregunta mucho más importante:
¿Qué crees que estás haciendo cuando haces arte?
Parece una pregunta demasiado grande para alguien que recién empieza. En realidad, es una de las primeras decisiones que debes tomar. Un artista no construye solamente obras: construye una manera de entenderlas.
Puedes aprender técnicas, estudiar a otros autores, participar en concursos y acumular experiencia. Todo eso sirve. Pero si no tienes una idea propia sobre lo que quieres conseguir, corres el riesgo de producir obras técnicamente correctas que no tienen una dirección.
Por eso, el primer paso es establecer tus convicciones artísticas. Y para hacerlo necesitas conocer, aunque sea de manera básica, qué significa la estética.
2. ¿Qué es la estética?
La estética es la rama de la filosofía que estudia el arte, la belleza, la experiencia artística y los criterios mediante los cuales valoramos una obra.
No se limita a preguntar si algo es bonito. También pregunta:
¿Por qué consideramos que una obra tiene valor? ¿Qué hace que una obra sea poderosa, profunda, original o bella? ¿Existen criterios para distinguir una obra extraordinaria de una mediocre?
La estética sirve para cualquier disciplina artística.
Un escritor puede preguntarse qué hace que una novela sea literariamente poderosa. Un músico puede preguntarse qué convierte una composición en una gran pieza. Un pintor puede preguntarse qué hace que una imagen tenga fuerza. Un cineasta puede preguntarse qué convierte una película en una experiencia artística memorable.
Por eso, antes de construir una carrera artística, conviene construir una proposición estética: una idea sobre qué quieres hacer con tu arte y qué consideras valioso dentro de él.
Por ejemplo:
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«El arte debe provocar una emoción que permanezca después de terminar la obra».
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«La literatura debe utilizar el lenguaje de una manera que no pueda ser reemplazada por una conversación cotidiana».
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«Una obra artística debe transformar aquello que representa, no limitarse a copiarlo».
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«El arte debe explorar aquello que normalmente resulta difícil expresar».
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«La belleza puede encontrarse también en lo desagradable, lo trágico o lo perturbador».
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«Una obra vale por la intensidad de la experiencia que consigue producir, no solamente por su dificultad técnica».
No necesitas adoptar ninguna de estas ideas. De hecho, lo importante es que construyas la tuya.
Esa proposición será una especie de brújula. Te ayudará a decidir qué obras quieres crear, cuáles quieres estudiar y, sobre todo, qué clase de artista quieres llegar a ser.
3. Dos maneras de pensar la superioridad artística
Aquí aparece una discusión mucho más profunda: ¿todo arte tiene exactamente el mismo valor o existen obras superiores a otras?
Para explorarla podemos plantear dos teorías estéticas: la naturalista y la idealista.
La teoría naturalista
La perspectiva naturalista parte de nuestra naturaleza biológica.
El ser humano no siempre tuvo las capacidades cognitivas que posee actualmente. Nuestro cerebro evolucionó durante millones de años y, con él, aparecieron capacidades cada vez más complejas: lenguaje, imaginación, memoria simbólica, abstracción, planificación y reconocimiento de patrones.
Desde esta perspectiva, nuestra capacidad artística también depende de determinadas capacidades cognitivas.
Nuestros antepasados primates no producían novelas, sinfonías o pinturas como las que podemos producir actualmente porque todavía no poseían el conjunto de capacidades necesarias para hacerlo.
Lo mismo ocurre con otros animales. Algunos pueden mostrar preferencias, resolver problemas, comunicarse, jugar o incluso producir patrones que nosotros podemos interpretar como interesantes. Pero eso no significa necesariamente que posean una experiencia estética comparable a la humana o que puedan desarrollar deliberadamente sistemas artísticos complejos.
La teoría naturalista, llevada hasta sus últimas consecuencias, permite pensar que la capacidad artística tiene una gradualidad: diferentes seres pueden poseer diferentes capacidades para experimentar, comprender y producir arte.
Y si la capacidad para producir arte puede desarrollarse gradualmente, entonces también podemos preguntarnos si existen distintos grados de desarrollo dentro del propio arte.
La teoría idealista
La teoría idealista parte de una premisa completamente diferente.
Imagina que existe un ser superior responsable de la existencia del universo. Si ese ser es omnisciente y omnipotente, posee capacidades cognitivas infinitamente superiores a las humanas.
Desde este punto de vista, también existiría una diferencia entre las capacidades estéticas de ese ser y las nuestras.
Si nosotros podemos reconocer belleza, crear obras y establecer diferencias entre ellas, pero nuestras capacidades son limitadas, entonces nuestro juicio nunca sería absolutamente perfecto.
La teoría idealista permite, por tanto, imaginar una gradualidad estética: podría existir arte superior a otro porque existiría una inteligencia capaz de comprender la totalidad de aquello que nosotros solo podemos percibir parcialmente.
4. ¿Qué tienen en común ambas teorías?
Aunque parten de lugares muy diferentes, ambas pueden encontrarse en un punto interesante:
la capacidad de experimentar y producir arte depende de las capacidades del ser que lo realiza.
El naturalismo explica esta diferencia mediante la evolución y las capacidades cognitivas.
El idealismo la explica mediante la existencia de una inteligencia superior.
En ambos casos desaparece una idea muy popular:
«Si algo es arte para alguien, entonces necesariamente vale lo mismo que cualquier otra obra».
Pero cuidado: esto no significa que exista una fórmula matemática capaz de demostrar qué obra es más bella.
Nuestra percepción continúa siendo subjetiva.
Dos personas pueden observar una pintura y experimentar cosas completamente diferentes. Una novela puede conmover profundamente a un lector y dejar indiferente a otro. Una canción puede parecer extraordinaria para alguien y mediocre para otra persona.
La subjetividad existe.
El problema aparece cuando confundimos «mi percepción es subjetiva» con «por lo tanto, todas las obras tienen exactamente el mismo valor».
No son la misma afirmación.
5. Puedes equivocarte al juzgar una obra
Aquí aparece una consecuencia importante.
El ser humano tiene una capacidad limitada para percibir y juzgar. No somos omniscientes. Nuestro conocimiento es incompleto, nuestra atención cambia, nuestro estado emocional afecta nuestras decisiones y nuestra formación artística también determina aquello que somos capaces de reconocer.
Por eso podemos equivocarnos.
Podemos considerar mediocre una obra extraordinaria porque todavía no tenemos las herramientas para comprenderla.
También podemos considerar magnífica una obra mediocre porque conecta con nuestros gustos personales.
Esto significa que el gusto personal y el valor artístico no necesariamente son idénticos.
Decir «me gusta» describe una experiencia personal.
Decir «es una obra extraordinaria» plantea una afirmación mucho más grande.
Aprender arte consiste, entre otras cosas, en intentar reducir la distancia entre ambas cosas: desarrollar nuestra capacidad para distinguir entre aquello que simplemente nos gusta y aquello que posee cualidades artísticas que podemos argumentar, estudiar y defender.
Y esta diferencia será fundamental para tu carrera.
Porque si quieres convertirte en artista, no puedes depender únicamente de que alguien diga:
«Me gusta tu obra».
Necesitas aprender a preguntarte:
«¿Por qué funciona?»
«¿Qué estoy intentando conseguir?»
«¿Lo estoy consiguiendo?»
«¿Qué puedo mejorar?»
«¿Qué hace que mi obra sea diferente de las demás?»
Ahí comienza realmente una carrera artística.
No cuando ganas tu primer premio.
No cuando una editorial publica tu nombre.
No cuando alguien importante reconoce tu trabajo.
Comienza cuando desarrollas criterios suficientes para evaluar tu propia obra y decides conscientemente qué clase de artista quieres ser.