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CRISTAL TRIZADO

CASO 63: ENGRANAJES DE SANGRE · por Baron_blue2000 · 08 de agosto de 2026

Daniela camino con pasos fuertes, llevaba prisa, el viento, las gotas de llovía que empezaron a caer provocaron que se guareciera de las repentinas gotas, en una antigua farmacia de la capital de esos edificios que se niegan a morir, antiguos como atrapados por el tiempo son una y otra vez remodelados – edificios vacíos, no quedara nadie- se repetían las palabras de Luis en su cabeza, las precipitaciones se acentuaron, ella miraba su reflejo en el vidrio, el agua caía por su pelo, su cara era de preocupación, buscaba algo entre las imágenes en el vidrio como si fuera un mapa extendido si tuviera que entender algo en él.

Las gotas caían sobre el piso húmedo, sus pensamientos solo recordaron el reloj que ese hombre Luis le mostro, su imaginación la llevo atrás, cuando lo vio hace muchos años, podía recordar el sonido del reloj, pero hoy ese sonido que estaba en su mente parecía más bien una cuenta regresiva y lo más duro de aceptar en ese momento es que no existía en el plano de lo hipotético el reloj existía aun y esos nombres también todo era real. 

Su corazón, que normalmente funcionaba como una maquinaria de evasión —siempre llenándose de diálogos internos como si fuera el teatro, forma antigua de escapar de la dureza de la realidad—, como un cristal sometido a una presión atmosférica insoportable apunto de romper, incapaz de soportar el peso de una verdad que no solo era médica, sino también física. Daniela bajó la vista sus manos, observándolas bajo la tenue luz de un cielo nublado que parecían demasiado pálidas. 

Su piel, demasiado blanca contrastaba con aquel paisaje, sus venas se acentuaban más de lo normal, su mirada ya no tenía expresión, un aparador de tienda con un tubo de luz parpadeando pareciera apunto de estallar, -las formas son importantes- se decía a si misma, su angustia se notaba

¿Cómo podía ese extraño, de una supuesta línea de tiempo, conocer los registros de algo que tan solo intuía y apenas comenzaba a aceptar en el silencio?

La enfermedad ya no era una sospecha técnica, guardada en un cajón del que ni Elisa ni su madre conocían; se había transformado en una sentencia firmada y timbrada por un imbécil del futuro. No podía dejar de evitar esa sensación de hipoxia cognitiva que le provocaba la aparición de ese hombre.

Nada cuadraba, ese hombre no parecía haber llegado desde un lugar lejano, parecía "extrañamente bien con el entorno" su rostro, parecía haber sido impreso, esa "cara de nada", pretendiendo hackear su sistema de creencias. Pero fue la parte que más se lamentó y fue que hablo de María, su María lo que finalmente fracturó su última defensa. No era solo el miedo a lo desconocido era esconder lo más lindo que en la vida tenia, era quien le daba soporte y ganas de vivir en esto en lo que quedaba del mundo, es por esa razón que nada tenía tonalidades estaba sin ella, con maría todo relucía de colores y sus penas eran menos amargas.

Sin poder entender, cómo ni cuándo este cuerpo ya no respondía. -Como quisiera ser como los demás, felices con problemas simples con las personas que aman sin miedo a nada extraño, este cuerpo con obsolescencia programada- no era más que el horror absoluto de entender la paradoja que buscaba con palabras difíciles entender, el tratamiento que supuestamente se basaba en la sangre de María, nada de esto tenía ni pies ni cabeza en su cabeza.

La lógica, detrás de todo, esto era devastadora: El amor de María no era una cura, para ellos sin embargo no era otra cosa que ¿un medio de transporte para curarla? No tenía sentido, esto era algo más grande, nada encaja, -si fuera así porque no realizaba la transfusión aquí mismo, en Chile- con ella y no un año después. Su sangre, cargada con la anomalía necesaria para salvarla, se convertía al mismo tiempo en el "huésped perfecto" ¿para más cosas terribles? Su vida nunca fue fácil, sino difícil y solo porque un código genético creado para erradicar a la especie, de lo que ella no tenía ni arte ni parte. Para que Daniela Aldunate pudiera "sobrevivir", el sistema exigía ¿el sacrificio de toda la vida como la conocía?

Comprender que era ella un factor crítico; su salud era el interruptor que podía llevar al fin del mundo. Intentó organizar sus pensamientos, pero su mente, afectada por una dispersión que ahora se sentía como un fallo de sistema, faltaban detalles, poder encontrar un ancla.

El reflejo difuso de las luces de neón en los charcos —las grietas en la calle, provocaban una inmersión en sus pensamientos oscuros— y la imagen mental de su hermana. Se imaginó la expresión de Elisa al descubrir la profundidad de sus secretos: el viaje a España, la relación con María, la fragilidad de su propia salud.

La relación con su hermana era un hilo tenso, una conexión construida sobre silencios compartidos que ahora amenazaba con romperse, bajo el peso que Elisa la juzgara como siempre, con toda su ciencia y estudios que tanto se vanagloriaba, jamás podría diagnosticar. Daniela cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el frío vidrio de la farmacia.

En la oscuridad de sus pensamientos algo le molestaba, algo que ese Luis le había mencionado. Comprendió que la oscuridad no provenía del exterior, ni del movimiento de los astronomicos, sino que ascendía desde sus propios pulmones, de sus ganas de vivir, preparándose para ocultar el sol para siempre en una muerte lenta y solitaria.

El cristal se había quebrado por completo, y no había tecnología en este siglo capaz de restaurar la imagen que ella tenía de su propio futuro.

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