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Epílogo

A Radiant Tale | Golden Heart · por Aldex29 · 22 de septiembre de 2026

18 de agosto de 2023, el teléfono vibró sobre la mesa de su oficina, rompiendo el silencio que Alex tanto apreciaba durante las tardes de verano. Llevaba horas revisando informes dispersos sobre el TCO que había conseguido recolectar y casos sobre antiguos ayudantes de Nicholas Foster, convencido de que tarde o temprano alguno reaparecería buscando retomar los planes originales que el TCO tenía en mente. 

Contestó sin demora. 
¿Wilson? —la voz al otro lado era formal, contenida, pero con un leve temblor que delataba nerviosismo— Tenemos un hallazgo en el Mar del Norte, costa del Reino Unido. Un equipo civil de investigación marina localizó una válvula metálica sellada… contenía varias cápsulas intactas del compuesto que catalogan como Elixir. 

Alex se incorporó de golpe. El corazón se le aceleró como hacía tiempo no le ocurría. 
¿Estás seguro? —preguntó incrédulo, pero con la esperanza brillándole en los ojos 

Absolutamente. La persona que hizo el hallazgo se llama Anne Miller, una joven bióloga marina. Por protocolo, el material ya fue transferido a un laboratorio privado en las cercanías. Permanecerá bajo custodia hasta que lleguen refuerzos para investigarlo. 

Alex cerró los ojos un segundo, respirando hondo. El Elixir, otra oportunidad de asegurarlo, de comprenderlo, de impedir que volviera a caer en malas manos. 
Bien. Gracias por el aviso. Yo mismo viajaré a Reino Unido para encargarme de esto. Manténganme informado de cualquier movimiento. 

Colgó y se dejó caer en la silla, con una sonrisa breve que hacía tiempo no sentía. Había pasado semanas sin nada que pudiera mover por completo a la OISS, pero esa noticia encendía una chispa: el Elixir podía ser estudiado más a fondo y con ello dejarían en paz a Mark y Nicholas se volvería prescindible. 

Su ilusión, sin embargo, apenas duró veinticuatro horas. El 19 de agosto recibió otra llamada. Esta vez, la voz era seca, sin rodeos. 
Las cápsulas han desaparecido. El laboratorio fue asaltado durante la madrugada. El lugar amaneció destrozado, vandalizado y con los pocos guardias que había, heridos. Nadie sabe quién lo hizo ni por qué. 

Alex permaneció en silencio, apretando el auricular contra la oreja. Una rabia contenida le ardía en el pecho. 
Entiendo… —respondió finalmente, aunque la decepción le hizo casi imposible articular la palabra. Colgó sin más 

Pasó el resto del día frente a la ventana de su oficina, repasando mil escenarios posibles. Alguien había robado el Elixir, y esa sola idea bastaba para desatar fantasmas de lo que Nicholas había causado. 

El 22 de agosto, mientras tomaba café en la madrugada, un noticiero internacional atrajo su atención. La transmisión mostraba imágenes borrosas, tomadas con teléfonos móviles en las calles de Londres la noche anterior. Dos figuras luchaban contra algo indescriptible: 
Un hombre cuya piel parecía corteza y cuyo cabello recordaba al follaje de un bosque… 
Una mujer que manipulaba el agua como si la obedeciera a voluntad… 
Y su enemigo: un monstruo formado de lodo, basura y pestilencia que arrasaba con todo a su paso. 

Alex dejó la taza a medio camino. Observaba atónito cómo los improvisados combatientes lograban contener a la criatura. 
¿Qué demonios…? —murmuró para sí. Ya había visto cosas raras, pero eso era otro nivel— 

No sabía quiénes eran, pero algo le decía que todo estaba conectado. Demasiada coincidencia, demasiado cerca del robo del Elixir. 

Al día siguiente, los noticieros volvieron a arder con imágenes nuevas: esta vez, junto al mar, la misma criatura, ahora gigantesca, enfrentaba nuevamente a los dos individuos misteriosos. El monstruo se desvaneció, y la prensa británica reveló eventualmente los nombres de los individuos: Edward “El Bosque” Miller y Anne “Aquaria” Miller. 

Alex memorizó los nombres de inmediato. Apagó el televisor y apoyó los codos sobre la mesa, pensando en silencio. Tomó su libreta y escribió los nombres con tinta firme. Luego levantó la mirada, convencido de que su siguiente paso estaba claro. 
Muy bien… ahora es mi turno. —dijo con una sonrisa— 

Alex se encerró en su oficina, oliendo el aire cargado de café y el murmullo constante de las teclas de su computadora. Lo primero que hizo fue rastrear sus nombres reales: Edward Miller y Anne Miller. 

Los archivos públicos confirmaban que eran hermanos, hijos de un empresario fallecido, Edward Miller Sr. El padre había muerto atropellado en un accidente de tráfico, caso que ya había oído antes, dejando atrás algunos bienes y una familia marcada por la normalidad. Anne, con apenas 23 años, figuraba como graduada en biología marina por la Universidad de St. Andrews, con sus primeras expediciones en su haber en el Mar del Norte, lo que encajaba de inmediato con el hallazgo de la válvula del 18 de agosto. Edward, por su parte, con 27 años, aparecía como empleado en la floristería familiar, en un pequeño barrio londinense, propiedad de su madre: Mary Rogers. 

Alex frunció el ceño al leer ese apellido. Rogers. Una chispa de sospecha lo llevó a indagar más. Podría ser una coincidencia, pero coincidencias de ese calibre no eran comunes en su línea de trabajo. 

Escarbó en registros civiles, actas de nacimiento, genealogías. Mary Rogers tenía un hermano: Charles Rogers. Y ese nombre lo terminó llevando a quién era su hijo: Mark Roger, Mentalis. 

El aire se tensó en la oficina. El corazón de Alex comenzó a latir con más fuerza mientras se recostaba en la silla. El Bosque y Aquaria no eran solo jóvenes con suerte. Eran sangre de Rogers. Familia directa de Mark. El patrón era demasiado claro para ignorarlo. El Elixir robado, los nuevos héroes, los Rogers. Todo encajaba en un rompecabezas que apenas empezaba a armarse. 

Abrió una carpeta nueva en su computadora con el nombre "Proyecto Miller" y empezó a organizar cada hallazgo: 

-Acta de nacimiento de Edward Miller, con dirección familiar. 

-Expedientes académicos de Anne, incluyendo los reportes de su expedición al Mar del Norte. 

-Documentación de Edward Sr. y su empresa, con los bienes heredados. 

-Línea familiar de Mary Rogers, con el vínculo directo a Charles y a Mark Rogers. 

Cada documento era una pieza, y él los colocaba meticulosamente. Sabía que si quería tener alguna oportunidad de entender la magnitud de lo que ocurría, tendría que hablar con ellos directamente. 

El 20 de septiembre de 2023, con toda la información bien resguardada en un maletín, tomó la decisión definitiva: viajaría a Londres. No solo para confirmar sus sospechas, sino para convencerlos de unirse a la OISS. Si el Elixir estaba involucrado, si el linaje de los Rogers aún seguía de algún modo, no podía dejarlos a su suerte. 

Aquella mañana, antes de salir, Alex se detuvo en la puerta de su hogar. Alice, su ahora esposa, lo esperaba en la puerta antes de que se fuera, con la sonrisa cálida que siempre lograba calmarlo. La besó suavemente y luego descendió la mirada hacia la creciente barriga que guardaba a su futura hija. Posó una mano con ternura, sintiendo la vibración de la vida que se gestaba allí. 

Empieza lo bueno. —susurró, más para sí mismo que para ella 

Con esa esperanza ardiendo en su pecho, cerró la puerta y partió rumbo a Londres. Listo para cumplir la misión que él mismo se encomendó. 

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