Senku Ishigami era un omega obsesionado con el conocimiento y la ciencia. Lógico, orgulloso y emocionalmente reprimido, había algo que siempre había detestado por encima de todo: la discriminación.
Desde pequeño escuchó las mismas palabras una y otra vez.
"Los omegas son frágiles."
"Los omegas son débiles."
"Los omegas son sumisos."
"Los omegas necesitan un alfa."
Senku odiaba cada una de ellas.
Por eso comenzó a investigar por su cuenta desde muy joven. Leía libros, enciclopedias y cualquier cosa relacionada con ciencia, pero sin importar cuánto aprendiera, siempre encontraba la misma frase escrita en algún lugar:
"Los omegas, por naturaleza, son gentiles... pero débiles."
Ese fue el momento en que el pequeño omega decidió cuál sería su objetivo.
-Iré al espacio -declaró con absoluta determinación.
Todos a su alrededor se voltearon a verlo sorprendidos.
-¿Un astronauta? Es un sueño increíble, Senku. Tal vez puedas hacerlo cuando seas mayor.
-No. Lo haré inmediatamente.
Desde ese día, Senku comenzó a pasar la mayor parte de su tiempo encerrado en bibliotecas, estudiando todo lo que pudiera sobre ciencia, física y cohetes.
Porque si el mundo insistía en decir que un omega era incapaz de alcanzar las estrellas...
Entonces él sería el primero en demostrar lo contrario.
-¡Escúchame, Senku! -exclamó Taiju, abriendo la puerta corrediza del laboratorio-. ¡Tomé una decisión! ¡Le confesaré a Yuzuriha lo que siento por ella!
-¿De verdad? Eso sí que es interesante -dijo Senku sin voltear a mirar al beta-. Te animaré hasta destrozarme las cuerdas vocales desde el laboratorio.
-¿En serio? -preguntó con emoción-. ¡Gracias, Senku!
-Cállate. No haré nada de eso, grandulón -dijo el albino, más centrado en una máquina que en el beta.
-¿Qué? ¡Ya decidete!
-¿Cinco años y no has dicho nada? -preguntó el omega mientras buscaba algo-. Qué ilógico eres, tonto. Te daré algo de lo más lógico.
Sacó una botella de vidrio con un líquido en su interior.
-Una droga que activa tu secreción de feromonas al extremo. Digamos que es una poción de amor. Bébetela y estarás listo al diez mil millones por ciento -dijo con una sonrisa malvada en el rostro mientras le pasaba la botella.
Taiju miró la botella durante unos segundos. Acto seguido, derramó el contenido en el lavamanos del laboratorio.
-Gracias, Senku, pero lo siento. No dependeré de ningún truco -declaró Taiju.
Después de eso, salió caminando del laboratorio y cerró la puerta. La habitación quedó en silencio durante varios segundos.
-¿En verdad era una poción de amor? -preguntó alguien con curiosidad.
-Como si eso existiera -dijo el omega, lanzando un cerillo encendido al lavamanos.
Al instante, todo se prendió en fuego, dejando a todos boquiabiertos.
-Es gasolina.
Todos estaban junto a la ventana, mirando la confesión de Taiju. Los científicos comenzaron a hacer apuestas, y Senku apostó diez mil yenes a favor de su amigo.
Siguieron observando la reunión de la pareja hasta que una luz verde apareció en el horizonte y comenzó a expandirse rápidamente.
En un segundo, todo el cuerpo de Senku quedó rígido. No podía moverse, mucho menos hablar, pero, por alguna razón, seguía consciente y su mente todavía funcionaba.
Sintió cómo la desesperación crecía en su pecho. Estaba preocupado por sus amigos; no entendía qué estaba pasando, y eso era lo peor de todo.
-Uno... dos... tres...
Senku estaba contando los segundos para saber cuánto tiempo había pasado.